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Maruca tiene 102 años y cumple el aislamiento tejiendo cosas para regalar

Es entrerriana y nació en 1918. Con 102 años vivió sola hasta el inicio de la pandemia. Lúcida y muy activa, hace manualidades para no aburrirse en cuarentena.

Lunes 29 de Junio de 2020

Se llama María Natalia Díaz, pero todos la conocen como Maruca Soto. Ella aclara que Maruca es su apodo, que le gusta que le digan así, y que Soto es el apellido de quien fue su esposo, hasta que enviudó, hace casi seis décadas.

Lúcida y muy activa, goza de buena salud y es autosuficiente. Hasta que se declaró la pandemia vivía sola en su casa en Paraná, pero su hijo mayor y su nuera decidieron llevarla con ellos a Oro Verde durante este tiempo, porque integran la población de riesgo y trasladarse todos los días hasta el domicilio de Maruca para verla iba a ser muy difícil.

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Maruca tiene 102 años y cumple el aislamiento tejiendo cosas para regalar

Maruca tiene 102 años y cumple el aislamiento tejiendo cosas para regalar

La mujer nació en Viale, el 23 de marzo de 1918. Nunca conoció a sus padres y la crió en Seguí la partera unos años, y luego se fue a vivir con otra persona hasta los 9. “A los 4 años en Seguí me adoptó una señora que era mi madrina. Después me fui a vivir a Paraná, pero he andado por Concordia otros lados trabajando”, contó a UNO.

Maruca aseguró tener muy buena memoria y acordarse hasta de cuando gateaba, y afirmó que uno de los momentos que rememora con mayor alegría fue cuando a los 4 años tuvo la altura suficiente para alcanzar a ver qué había arriba de la mesa del lugar donde vivía.

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Además de no conocer a sus padres, tampoco supo el motivo por el cual no pudo crecer junto a ellos. “No sé quiénes eran ni cómo se llamaban. Victoriana Olguín, la partera, fue quien me recibió en este mundo y me crió hasta los 4 años, me alimentó, me cuidó muy bien, pero como ella trabajaba afuera no me podía dejar sola. Entonces se hizo cargo de mí otra señora, que me dio la poca educación que tengo. Se murió cuando yo tenía 9 años, así que fui a la escuela nada más que hasta 3° grado”, explicó, y aseguró: “Hasta los 9 años tuve una infancia muy linda y muy feliz. Después murió mi madrina y adonde me llevaron ya tuve que empezar a trabajar”.

Cuando le preguntan cómo hizo para llegar a esa edad y de manera tan saludable, asegura que no sabe, aunque de inmediato contesta con humor: “La buena vida”. Y agrega: “También la buena comida y vivir tranquila”.

Sin embargo, tuvo una vida muy dura, a la que le hizo frente sin miedo y salió adelante. Su esposo murió cuando tenía 38 años y ella tenía seis años más que él, y quedó sola con tres hijos chicos a cargo. “Tuve un matrimonio de 10 años nada más. Cuando enviudé, trabajé haciendo de todo, porque no me dieron la pensión”, dijo, y afirmó que le negaron este derecho porque él era socialista y el gobierno de turno de ese entonces era de otro partido.

Limpió casas ajenas durante varios años, hasta que ingresó en el hotel Las Colonias, y este fue un empleo que le permitió una estabilidad económica y más tarde comprarse una casa propia, algo que jamás había tenido antes. “Recién termino de hablar con la hija del dueño, Yolanda Gabiud. Su padre, antes de morir, me pidió que la cuide. La quiero mucho y se puso contenta porque le hablé”, relató con entusiasmo.

“Hasta hace poco vivía sola, me gusta estar sola. Pero mi hijo me trajo a su casa con su esposa y sus hijos para poder cuidarme, porque de vez en cuando me caigo. La última vez me quedé en el suelo cinco horas y no me podía levantar”, indicó.

Al consultarle si recuerda a lo largo de su vida haber atravesado alguna pandemia similar a la que generó el Covid-19, contó que si bien no fue una enfermedad, hubo una situación que tiene muy presente, ya que tuvo en vilo bastante tiempo a la población: “Me acuerdo que cuando era chica vino una plaga de langostas horrible. Yo tenía 5 o 6 años. Había que arriar con una bandera que me hacían a la bandada de langostas hasta una zanja y ahí les prendían fuego. Se comían todo, y la gente pasaba muchas miserias en ese entonces, peor que ahora, porque arrasaban con las verduras, las frutas, no dejaban nada. Eran dos clases, la saltona y la voladora”, dijo al respecto.

Maruca se despierta a las 6 y a las 19 ya se acuesta. “Me gusta comer de todo, pero si quiero andar bien debo mezquinarme muchas cosas. Tomo un solo remedio, que es para la sangre, porque tengo mucho hierro y mucho calcio”, aseveró.

“Durante el día tejo. Hago alfombras y cosas para los chicos, como esas manoplas que se usan con los dedos afuera”, expresó, en referencia a sus nueve nietos y tres bisnietos, y explicó que algunos viven lejos, porque su hija se casó y se mudó hace años a Esquel, en Chubut, pero se comunican por teléfono todos los domingos.

Mary Lencina es la nuera con la que vive ahora, y señaló a UNO: “Ella se manejó sola toda la vida, se cocina, se lava la ropa sin usar lavarropas. Se hacía todo en la casa, sino que por la cuestión de la pandemia mis hijos la trajeron enseguida, porque tanto mi marido como yo somos personas de riesgo y no podemos andar en la calle y hubiese sido una preocupación más ir a verla”.

La idea de que su suegra teja para no aburrirse fue de ella y la puso en práctica. Sobre esto, explicó: “Ella necesita hacer algo, porque siempre en su casa está trabajando, si no se aburre o empieza a extrañar. Entonces le pedí a mis conocios que me traigan ropa vieja, yo se la corto en hilos y ella teje alfombras que se las regalamos o se las damos a quienes colaboraron con esas prendas en desuso. Y además a los nietos y a los bisnietos les teje manoplas, gorros y demás. Les hace todo lo que le piden, porque dice que tejer es la mejor manera de tener la mente bien”.

Por último, concluyó con admiración: “Maruca es muy positiva. Nos dice siempre que no hay que caerse, que hay que seguir adelante, que no hay que estar preocupándose. Reza mucho, está muy lúcida y tiene una memoria extraordinaria”.

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