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Día del Padre

María hoy es feliz junto a los dos papás que la adoptaron

Osvaldo y Jaime celebran el Día del Padre por partida doble. Junto a María, quien nació con una discapacidad, constituyeron una hermosa familia, y prima el amor

Sábado 19 de Junio de 2021

Osvaldo Gómez y Jaime Díaz están juntos hace 18 años y hoy celebran el Día del Padre junto a María, una niña con discapacidad a la que adoptaron y con quien formaron una hermosa familia.

Viven en Colonia Santa María, a 28 kilómetros de Chajarí, adonde se llega por una ruta provincial de ripio. En la zona hay cuatro escuelas rurales. Jaime es director de la escuela N° 21 Belisario Roldán, y Osvaldo el director de la N° 39 Santos Vega.

Después de muchos años de amor, la pareja decidió inscribirse en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con fines de Adopción de Entre Ríos (Ruaer). Presentaron la documentación correspondiente, tuvieron una serie de entrevistas, y cumplieron cada uno de los pasos estipulados en este proceso, que a veces se torna extenso.

Para no incrementar la ansiedad de la espera, no le contaron a nadie sobre esta idea. Recién después de tres años, cuando María llegó a sus vidas, compartieron la feliz noticia. Osvaldo aseguró que si bien parece mucho tiempo, es un lapso necesario para prepararse para un hecho tan transcendente, y destacó el acompañamiento del organismo provincial, con un equipo integrado por una psicóloga y una trabajadora social, entre otros profesionales.

Osvaldo Gómez y Jaime Días, papás de María.jpg

Hoy festejarán el Día del padre por partida doble junto a su hija, quien ya tiene 4 años y 10 meses. El 23 de agosto cumplirá los 5. “Tengo 58 años y tenía 53 cuando decidí ser papá nuevamente. Jaime cumplió 39 el martes pasado”, contó a UNO Osvaldo, quien además tiene una hija de 36 años con su primera esposa, que a su vez le dio dos nietas, de 20 y 15 años actualmente; y es papá del corazón de los hijos de su segunda mujer, quienes se criaron con él y hoy tienen 32 y 30 años.

Jaime y Osvaldo sabían que adoptar un bebé de hasta dos años es difícil, y se anotaron en el Ruaer para adoptar a niños más grandes. También, a medida que fueron teniendo contacto con el Registro, advirtieron que los pequeños con alguna discapacidad muchas veces quedan a la espera de tener una familia. “La mayoría de la gente quiere adoptar niños de 0 a 2 años. Entonces, resolvimos anotarnos en el segmento de 4 a 10 años, que es donde más posibilidad se tiene, pero fuimos viendo que los niñitos con discapacidad conformaban un segmento desfavorecido, ya que no todos se animan a cuidarlos, y nos inscribimos también”, recordó Osvaldo.

Sobre el día que surgió la posibilidad de adoptar a María, refirió: “Un día nos llamaron del Juzgado de Familia N° 2 de Concordia, y fuimos sin demasiadas expectativas. Nos hablaron de María, que en ese momento tenía 2 años y 8 meses. Ella tenía retraso madurativo, síndrome alcohólico fetal, que tiene sus características y no sabíamos qué era; además no caminaba y el diagnóstico era que si lograba hacerlo, recién sería a los 5 o 6 años”.

Acto seguido, subrayó: “Enseguida dijimos que sí y el equipo de Ruaer nos pidió que lo pensáramos, ya que María venía de dos vinculaciones frustradas y no querían exponerla de nuevo a esa situación”.

“Si algunos de mis tres hijos grandes hubiese nacido con alguna discapacidad, lo hubiésemos criado con el mismo amor. Así que estábamos decididos y lo vivimos bien, sin ningún tipo de angustia”, reflexionó Osvaldo.

Por su parte, Jaime comentó cómo fue el primer encuentro con su hija: “La conocimos un viernes 26 de abril. Llegamos al Juzgado y avisaron al hogar que había dos papás para María, para establecer la vinculación, posible guarda y adopción, que son los pasos hasta la sentencia de definitiva, en la que para establecer la vinculación, posible guarda y adopción, que son los pasos hasta la sentencia de definitiva, en la que se cambia el apellido y demás”.

La nena estaba en un hogar evangélico, y más allá de algún posible prejuicio sobre la posibilidad de que ella creciera en una familia que no es la convencional para una congregación religiosa, pronto establecieron contacto con el encargado, de nombre Juan Carlos, con quien hoy están en contacto y mantienen una amistad.

María, niña adopatada por Osvaldo y Jaime.jpg

Fueron tres días visitando a María, llevándola de paseo por Concordia, para conocerse y saber si el vínculo fluía. El lunes siguiente les permitieron irse los tres a la casa de Colonia Santa María, tras advertir que entablaron una buena relación. Al respecto, Osvaldo afirmó: “Creo muchísimo en Dios como poder superior y todo estuvo de nuestro lado. La vinculación lleva meses a veces, y en nuestro caso se dio enseguida, así que a la semana siguiente ya teníamos el acta del Juzgado. María nos aceptó rebién de entrada. Había tenido vinculaciones previas que no avanzaron y más allá de su niñez, de su discapacidad, con nosotros fue todo muy mágico y enseguida los tres nos elegimos como familia. Desde el tercer día la trajimos y no nos separamos más”.

A su casa la llevaron con lo puesto, y enseguida tuvieron que aprender a organizarse con su nueva vida, remarcando que enseguida recibieron el apoyo de sus familiares, amigos y conocidos. “Muchas personas nos acompañaron”, agradecieron Osvaldo y Jaime, destacando la buena predisposición de la gente del Ruaer, del Juzgado, del Registro Civil y demás. “Se hace por seis meses la guarda con fines adoptivos y para diciembre ya teníamos la sentencia firme de adopción plena, para el cambio de nacimiento y el documento”, refirió.

En referencia a esa cuestión, explicaron que aun cuando se puede cambiar el nombre de pila de quien es adoptado, ellos decidieron que conservara el de la niña, ya que es parte de su historia. Con respecto a los apellidos, contaron entre risas que, para no pelearse, definieron que primara el orden alfabético: hoy figura en el DNI de la pequeña que se llama María Díaz Gómez. “Tanto en la partida de nacimiento actual y su documento, dice que es nuestra hija, sin diferenciar padre o madre”, subrayó Jaime.

Nueva vida en familia

Cuando llegaron con María a su casa y comenzaron a organizarse, vieron que existe un régimen de licencia descontextualizado para estos casos. Sobre esto, Osvaldo mencionó: “Por ley, le dan dos días al papá y 60 a la mamá. Y nos preguntamos en qué lugar quedamos parados. De la Departamental de Escuelas tuvimos un gran apoyo en esto, que era todo nuevo. Jaime tomó los 60 días de la mamá y yo fui sacando otras licencias mes a mes, porque María necesitaba un sostén en su parte afectiva. En ese entonces era el mes de mayo y procuramos que se extendiera hasta diciembre, para empezar las vacaciones y poder acompañarla todo el tiempo”.

Hubo muchas cosas que aprender, por ejemplo a evitar que María, muy sensible a los ruidos por su discapacidad, no se asustara y llorara con ruidos como una procesadora u otros que surgen en la cotidianeidad. “Fuimos aprendiendo, nos fuimos conociendo. Ella medía 76 centímetros y pesaba nueve kilos. Como había tenido problemas serios de salud, nos habían dicho que no debía bajar de peso porque si no tendrían que internarla. Al principio no comía, hasta que vimos cómo hacer y en estos dos años que está con nosotros creció 24 centímetros y pesa 18,200 kilos, casi el doble”, celebraron los papás.

Acto seguido, Osvaldo manifestó: “María está grande y hermosa. Le fuimos dando todo lo que está a nuestro alcance en cuanto a terapias. Va a kinesiólogo, terapista ocupacional, fonoaudióloga y piscopedagoga. Este año empezó el nivel inicial en la escuela donde Jaime es el director”.

“El año pasado le vino re bien en cuanto a reforzar vínculos, pero le faltó lo social. Ir al jardín va a hacer que hable más, porque nosotros la entendemos, pero el desafío es que se comunique con su maestra jardinera y sus compañeros, que son 11 en total”, añadió.

María, hija de Osvaldo y Jaime.jpg

Por otra parte, comentó que la pequeña logró aprender a caminar a los dos meses de vivir en familia. “Seguimos llevándola al neurólogo, y desde que estuvo con nosotros, el 19 de julio empezó a caminar. No lo podíamos creer, la tenemos filmada. Le avisé a Juan Carlos, del hogar donde ella estuvo cuando la adoptamos, y compartimos esta gran alegría”, expresaron Osvaldo y Jaime.

También llamaron a sus familiares para contarles, con quienes se reúnen cuando la pandemia lo permite. “Soy oriundo de Venado Tuerto y allá vive mi hija más grande. Siempre fuimos de construir familia, con mis exmujeres nos visitamos, somos de sumar y tanto en velorios como en cumpleaños estamos juntos. La familia de Jaime también está cerca” indicó Osvaldo.

Por último, subrayó: “Lo que queremos destacar es que Ruaer está muy abierto a que puedan adoptar dos mamás, dos papás y demás casos. En el Registro nos trataron con mucho amor, respeto y contención en todo momento. Por otra parte, lo que se está viendo hoy son muchos niños, niñas y adolescentes que necesitan una familia, alguien que los cuide y los cobije. Y el amor realmente no tiene género”.

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