Hoy por Hoy

Maldita inflación

La inflación se traduce en sueldos deprimidos y trabajadores cada vez más pobres. El acuerdo social que hace falta para salir de "terapia intensiva"

Domingo 25 de Septiembre de 2022

Siempre prefiero transmitir un poco de optimismo antes que dejarme ganar por el desaliento. Pero no hay fuerza de voluntad que valga cuando nos enfrentamos a este mundo cruel y desigual. Solo basta con consumir un poco de realidad para darse cuenta que estamos un poco peor que ayer. La pobreza estructural en Argentina es sinónimo del fracaso de un sistema político (sin distinciones partidarias o ideológicas), y que ello se haya magnificado es responsabilidad también de todos los argentinos. El abogado laboralista, Héctor Recalde, quien en la semana estuvo en Paraná en el marco de su campaña para acceder al Consejo de la Magistratura, lo definió con sabia precisión: “Hay una pobreza de ingresos, lo que equivale a decir que incluso los empleados registrados no pueden tener una estabilidad salarial debido a la inflación”.

La maldita inflación es un elemento disruptivo que está empujando a millones de argentinos a “estirar” el máximo sus ingresos, si es que todavía tienen la suerte de tener un trabajo.Es fácil darse cuenta que el laburante consume lo justo y necesario, tanto que aquello que está por fuera de la categoría alimentos y de los servicios que se deben pagar mensualmente, ya pasa a convertirse en un objeto de lujo. Los sueldos deprimidos de la gran mayoría de los trabajadores formales sobreviven a las compras básicas para poder comer. Salvo aquellos sectores cuyos ingresos están por encima de la inflación, el resto de los asalariados apenas si tiene para cubrir el pago de los servicios de luz, agua e internet. El Gobierno pregona que frente a las actitudes de odio y de violencia por cuestiones ideológicas, es necesario garantizar la paz social.

Ese discurso se desvanece cuando el Ejecutivo no hace nada para controlar el aumento de los precios, y por ende, se generan condiciones de mayor vulnerabilidad en los sectores de bajos recursos. Esa es una forma encubierta de alimentar la inestabilidad, de ampliar la brecha de desigualdad entre los que más tienen y los que menos tienen.Es un momento realmente delicado del país y por parte de los gobernantes no se observa una reacción acorde a las necesidades de la gente.

Un ejemplo basta para ilustrar que las prioridades de la gestión de Alberto Fernández son realmente insólitas y fuera de lugar: en vez de establecer pautas para que las empresas que concentran la producción de alimentos no suban los precios en forma abusiva, el Gobierno intentó resolver la falta de figuritas del Mundial. Realmente insólito.Se evidencia la falta de liderazgo político y de un plan integral que contemple todas las variables de una crisis estructural.

El arco político, tanto oficialista como opositor, se esfuerzan por agrandar la grieta con enfrentamientos que solo sirven para demostrar la falta de empatía con aquellos que la están pasando mal.¿Cuando la clase política se va a dar cuenta que es necesario un acuerdo político con bases sustentables, que deje de lado las diferencias ocasionales y las aspiraciones electorales de turno?Esa posibilidad —por lo menos en el corto plazo— no parece ser una opción, al menos para los que profesan la vieja política donde vale más subir al ring al referente de la oposición para medir más en las encuestas.

La falta de un acuerdo social entre todos y con todos, conspira contra el afán de construir otro modelo de país, donde la gente se sienta representado por sus gobernantes y que exista una confianza mutua que permita desarrollar proyectos a futuro. Sin esa base no será posible crecer y menos de empezar a cambiar algo de nuestra esencia, es decir, dejar de pelearnos para trabajar en programas sociales que promuevan acciones contra la inflación, el desempleo y las falencias estructurales propias de una Argentina encerrada en su laberinto.Por lo pronto, la realidad nos indica que la salida a este problema no será inmediata, que el diagnóstico marca un escenario complejo y sin perspectivas alentadoras.Poder pensarnos como sujetos de un verdadero cambio social, quizás sea el próximo desafío para dejar de ser un país en eterna terapia intensiva.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario