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Enseñar en lugares inhóspitos

Maestros celebran hoy su día con vocación y amor

En el campo o en la isla, maestras y maestros logran trasmitir no solo saberes, sino también valores. Hoy festejan su día con gran satisfacción

Sábado 11 de Septiembre de 2021

Hoy los maestros celebran su día. Son quienes, en cualquier contexto y afrontando los constantes desafíos que actualmente impone la pandemia, con vocación y compromiso afrontan a diario la noble tarea de trasmitir saberes, pero sobre todo valores. Para llegar al aula a diario, muchos redoblan sus esfuerzos, sabiendo que sus alumnos los esperan en cada jornada con entusiasmo, sobre todo cuando se trata de establecimientos educativos situados en zonas alejadas de los ámbitos urbanos, en contextos inhóspitos o desfavorables, a los que se llega recorriendo extensas distancias y en los que la escuela, además de ser un lugar de aprendizaje, es un espacio de encuentro.

Tal es el caso de la escuela N° 171 Rodolfo Garimberti, en Colonia Santa Luisa, en María Grande Primera, a 24 kilómetros de María Grande llegando por ripio. En este espacio trabajó hasta junio Alejandra Savio, quien vive en Colonia Crespo y por 11 años recorrió 160 kilómetros ida y vuelta todos los días, hasta que tuvo la oportunidad de desempeñarse como directora en la escuela N° 48 Ricardo Güiraldes de su localidad –a unos 40 kilómetros de Paraná–, y estar en una escuela próxima a su domicilio, a la que asisten 37 estudiantes.

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Maestros celebran su día. Alejandra Savio es maestra rural.

Maestros celebran su día. Alejandra Savio es maestra rural.

“Santa Luisa es zona desfavorable. Viajaba 80 kilómetros para llegar a la escuela, que hoy tiene 22 alumnos; todos los días 160 kilometros. Me levantaba a las 5.30, tenía casi una hora y media de viaje. Fue mucho sacrificio: siempre viajando”, contó a UNO y recordó: “Cuando llovía mucho antes de ir a la escuela, no íbamos, enviábamos actividades por WhatsApp. Y si nos agarraba la lluvia ahí, los papás los venían a buscar enseguida a los chicos, porque es todo camino de tierra, y nosotros rezábamos los 24 kilómetros del trayecto que teníamos hasta poder salir a la ruta.

Así que era un poquito complicado, pero es linda la experiencia de trabajar en un lugar así. Me fui porque a mitad de este año se dio la oportunidad de venirme a una escuela más cerca y es la primera vez que puedo estar al lado de mi casa”.

Hace 24 años que Alejandra es docente y previo a su paso por la escuela de Colonia María Luisa, trabajó durante más de una década en la escuela N° 208 Esparza, en el barrio Mosconi de Paraná, a la que van tantos chicos de zonas vulnerables en las que la escuela cumple también un rol fundamental de contención. Al igual que hasta hace poco, viajaba a diario, sin amedrentarse con las distancias ni el tiempo para recorrerlas, quemuchas veces extiende la jornada laboral y quita momentos para compartir con la familia. Sin dudas un sacrificio que solo se realiza cuando existe verdadero amor por lo que se hace.

“De la escuela Esparza me fui al medio del monte, y son realidades totalmente diferentes. Los chicos en la zona rural tienen grandes distancias. A los que tienen más suerte, los llevan los papás en auto o en camioneta. Los demás caminan cuatro o cinco kilómetros todas las mañanas; o van en bicicleta o a caballo. Muchos chicos son hijos de hacheros, de encargados de gallineros y demás, pero todos tienen actividades vinculadas al campo”, rememoró.

Por otra parte, señaló: “En las escuelas rurales se trabaja en aulas de plurigrados, con cursos agrupados en una misma aula en la que el director también da clases”. Pero la escuela además cumple otras funciones que demanda el contexto, y sobre esto mencionó: “Es como un centro social, hasta misas y reuniones de junta de gobierno había en la escuela en Santa Luisa”.

En referencia a la virtualidad, comentó: “Es muy poca la conectividad allá, Internet casi no llega y muy pocas familias tienen la posibilidad de conectarse a wifi. El año pasado trabajábamos con material impreso que les entregábamos cuando buscaban los módulos de mercadería, y con mensajes por wsp o llamados. Fue la única forma de poder conectarnos”.

Una situación similar se dio en la escuela Nº 45 Martín Jacobo Thompson, ubicada en la isla La Invernada, a unos 75 kilómetros de Victoria, cruzando el río. Allí Miriam Duré es la directora y el año pasado su historia se hizo conocida porque siempre estuvo para que a sus alumnos no les faltara ni el alimento ni el material de trabajo, ya que el acceso a Internet fue muy limitado, aunque tuviera que recorrer varios kilómetros en su vehículo y en lancha para llegar.

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Miriam Duré es directora de una escuela en una isla en la zona de Victoria.

Miriam Duré es directora de una escuela en una isla en la zona de Victoria.

“Hoy estamos en la presencialidad, pero afrontamos otro problema, que es la bajante del río, que ahora es más pronunciada y se complicó todo, inclusive la extracción del agua para la escuela y tuvimos que llevar una bomba a explosión al río”, contó a UNO.

A la escuela asisten 34 alumnos, contando los niveles Inicial, Primario y Secundario. En el caso de Miriam, hace 21 años que trabaja en la institución, primero como docente, un rol que sigue cumpliendo ahora, aún como directora. Actualmente vive cerca de la escuela con su esposo y sus dos hijos, que son alumnos de la escuela. “Mateo está en 5° grado y Francisco está en 3° año de Secundaria”, indicó.

“Damos clases en pluriaños, con chicos de Primaria y Secundaria en el mismo salón. Para llegar a la escuela hay chicos que caminan una hora, recorriendo unos 7 kilómetros, otros vienen en bicicleta, a otros los papás los traen en cuatriciclo porque se les murieron los caballos por esto de la bajante; y hay también dos familias que cruzan el río Paraná hasta cierto lugar y luego caminan, y las mamás se quedan a esperar en la zona que termine la jornada para volver con sus hijos a sus casas”, refirió sobre la forma de dar clases en una escuela isleña.

En esta fecha tan especial, Miriam agradeció a los compañeros docentes que la compañan: Adriana Aguirre, que está a cargo de nivel Inicial y Primer Ciclo; Hernán Piccin, del 4° y al 6° año en el ciclo orientado de la Secundaria; además a la cocinera, Rosa Gómez.

Por último, destacó que muchas veces aprendió de sus alumnos, hijos de pescadores, de cuidadores de casa de fin de semana o dedicados a otras tareas en la isla. “Viví mucho tiempo en la escuela, cuando no había celulares y nos teníamos que comunicar por radio. Pero si volviera a nacer, sería docente sin dudas, porque me gustan los chicos, y elegiría esta escuela”, concluyó.

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