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Maestra de Concordia y Paraná con el corazón mirando al sur

A los 95 años encarna la hermandad de los pueblos, de las Malvinas a Haití, y el amor a la patria grande en la entrega de los hijos a la causa de la emancipación. Con ella, la asombrosa historia de los panzaverdes Dachary Franchini

Domingo 02 de Abril de 2017

Blanca Rosa Franchini es la madre de seis entrerrianos, entre ellos los mellizos Alejandro y Maximiliano Dachary que entregaron su vida a los más altos ideales de la patria grande y la humanidad.
El combatiente Alejandro Dachary murió en la Guerra en 1982, por la recuperación del territorio del Abya yala (América) usurpado por el colonialismo.
El doctor Maximiliano Dachary, su mellizo, fue miembro de la organización Médicos sin Fronteras, distinguida con el Premio Nobel de la Paz en 1999 "en reconocimiento de la labor humanitaria".
De costa a costa
La maestra paranaense Blanca Rosa vive en Concordia, con 95 años.
Nacida en la bella capital entrerriana, esta docente forjó su hogar en la no menos bella capital del citrus, junto al profesor de historia también de Paraná Frank Andrés Dachary, que fuera director de la escuela de Comercio Gerardo Victorín, entre otras destacadas responsabilidades docentes en la cuna de Ibarra Grasso.
Allí nacieron cinco de los seis hijos de la pareja. El mayor de todos había visto la luz en la clínica Modelo de Paraná, adonde viajó Blanca Rosa como mamá primeriza para estar acompañada de su familia. Podríamos suponer, de puro atrevidos, que Sergio es también un concordiense de Paraná.
La vida de esta madre de guardapolvo blanco y su prole resume algunas de las intensas historias argentinas recientes, con mucho de lágrimas y más de compromiso con el pueblo, sino de gloria. El matrimonio optó por una vida dedicada al conocimiento y la armonía, pero no eludió la violencia de este medio siglo.
El capitán de corbeta Sergio Andrés Dachary combatía también en las Malvinas como teniente de fragata cuando debió enterrar a su hermano en la turba. Alejandro no es un soldado desconocido en el cementerio de Darwin porque Sergio le colocó una medalla en la boca, una cruz, y le guardó los documentos en un bolsillo. Y no decimos más, ¿qué palabras encontraríamos, para describir el corazón del guerrero sepultando a un hermano menor bajo el trueno de los cañones?

La amistad
Sergio vive hoy en Río Grande, un municipio autónomo de la provincia argentina de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, la misma provincia que guarda los restos de su querido hermano y compañero. Como guarda Blanca Rosa en Concordia esa trágica memoria colectiva, nacional, latinoamericana, de un Abya yala que se rebela al imperialismo; memoria también tan íntima, insondable.
En esta mujer y su familia se manifiesta hoy la unidad indisoluble de las dos ciudades charrúas, Concordia y Paraná. En aquella costa hay vestigios de presencia humana hace 12.000 años. Esta costa, en cambio, preservó cacharros de unos 2.000 años. Con diferencias notables, ambas constituyen una Entre Ríos plural y encuentran en el mate un símbolo de unidad compartido con los pueblos de la región. ¿No explica eso la simbiosis de los panzaverdes con la Pachamama? ¿No anticipa el mate la solidaridad que es marca en los Dachary?
Abya yala, tierra en plena madurez, tierra de sangre vital, ¿qué caracho tiene que ver esto con el invasor occidental, euroasiático, pirata?

Los mellizos
A la vera del río Uruguay nacieron Alejandro y Maximiliano. El primero era teniente de artillería del Ejército cuando fue alcanzado por un misil pirata. Tenía 25 años.
Su hermano integró la Cruz Roja Internacional y la organización Médicos sin Fronteras, y andaba ayudando a los haitianos tras un terremoto devastador cuando se le despertó un grave tumor. Nada pudo hacer la ciencia que él mismo había abrazado.
Los que lo conocieron en persona subrayan que cultivaba esa actitud solidaria de Alejandro, recordado por su voluntad de repartir, de compartir.
Si la valentía y la gauchada son dos condiciones del entrerriano, desde siempre, aquí reverdecen y se despliegan en los mellizos, y disuelven las fronteras internas de la patria grande.
En el eje Malvinas - Haití se conjugan siglos de conciencia y lucha antiesclavista y anticolonialista. Nuestra resistencia es inagotable.

África en el corazón
Maxi había sufrido de muy gurisito un virus que lo dejó rengo. Ya médico, en sus trabajos solidarios por el mundo se enamoró en Malaui. De allí, dos hijos con la historia del África a flor de piel.
Asumió el desafío en cargos de relevancia en la Cruz Roja Internacional y como Médico sin Fronteras. Supo de hambrunas, conflictos armados, choques étnicos, desplazamientos forzados, saqueos, masacres, guerras, terremotos, todo el abanico de los desastres. Estuvo en Malaui, Mozambique, Sudán, Nicaragua, Colombia, México, Haití y otros destinos que por ahora ignoramos.
Cursaba una capacitación en París cuando su compañera murió en un accidente. Los niños, Frank (malauí) y Fernando (entrerriano), perdieron a la mamá, luego al papá, y hallaron cobijo en Concordia, con esa Blanca Rosa que encarna, como una rosa blanca (al decir de José Martí), la amistad, la comprensión.
La familia Dachary Franchini se completa con los hermanos Patricia, Claudia y Fernando Augusto. Gran parte de la intensa vida de estos panzaverdes late en la excepcional obra Malvinas Tributo entrerriano, del paranaense Mario Raúl Francisconi.
Ese libro de más de 820 páginas que el autor empezó a escribir hace 35 años, con la guerra misma, es el saludo más hondo que un trabajador pueda ofrecer a estos hijos de docentes y a decenas de entrerrianos como ellos, ligados a las Malvinas en alma y cuerpo. Será por eso que Francisconi ha buceado en la vida y el entorno de los héroes, sus oficios, sus gustos, para presentar las familias obreras como tales.
Los guerreros
Entre los menores de los argentinos que entregaron su sangre en las Malvinas debemos contar al victoriense Juan Ramón Turano, con 17 años; el uruguayense Oscar Eduardo Labalta, también con 17 (cumplió 18 en Malvinas, murió diez días después); Julio César Monzón de Nogoyá y Luis Armando Gianotti, de Oro Verde, con 18. Los mencionamos solo por dar ejemplos cercanos (y no decimos "chicos de la guerra" como con lástima, decimos héroes).
No los olvidamos, gracias a la recopilación puntillosa de Francisconi y otros pocos.
Así como eran gauchos y charrúas los peones que resistieron a la invasión junto al entrerriano Antonio El Gaucho Rivero en 1833, también fue un tagüé el que encabezó con un puñado de patriotas la recuperación de las islas aquel 2 de Abril de 1982, hace 35 años. El comando anfibio de la Infantería de Marina, panzaverde para más datos, se llama Jacinto Eliseo Batista. ¡Salud! –desembarcó en la isla el 1º de Abril a la noche; el de la foto con los prisioneros ingleses, ¿se acuerda?–. Y es entrerriano el jefe de la Base Aérea Militar Malvinas, el halcón Héctor Luis Destri. ¡Salud!
Los Dachary, Batista, Turano, Labalta, Monzón, Gianotti, Destri, unos caídos en combate, otros Veteranos de Guerra, y tantos argentinos recordados cada 2 de Abril pelearon contra la potencia militar más grande del mundo en todos los tiempos, Gran Bretaña y su gigoló: Estados Unidos de América.
Aquí sí que no hay mercenarios. Nuestros combatientes eran y son hijos de amas de casa, maestras, jornaleros, agricultores, peones, ferroviarios, herreros; ellos mismos deportistas, músicos, estudiantes, obreros, militares, mecánicos antes de embarcarse a las Islas. Cada rincón charrúa ofrendó el corazón de un joven en Malvinas, de Feliciano a Tala, de Concordia a Gualeguay; de Nogoyá, Bovril, Maciá, Basavilbaso a General Campos, Holt o Federal; de caseríos campesinos a la gran ciudad.
Todas las fuerzas que participaron en las Malvinas registran a un panzaverde que dio allí la vida.
Así lo cuenta Mario Francisconi: "Ejército perdió 194 hombres en el conflicto, 8 de ellos entrerrianos; Armada sufrió 375 pérdidas, 15 eran entrerrianos; Fuerza Aérea perdió 55 hombres, 5 eran entrerrianos; Prefectura a 2 hombres, uno de ellos entrerriano; Gendarmería a 7 hombres, 2 de ellos entrerrianos y Marina Mercante perdió 16 hombres, 3 de ellos entrerrianos. Fieles a ese sacrificio supremo, 34 entrerrianos yacen en tierra patria malvinera, en el fondo del mar o se desintegraron en el aire junto a otros 615 argentinos".
En una carta titulada Muchacho entrerriano, dice Linares Cardozo al combatiente de las Malvinas: "Sé para el bien, espinillo tenaz que su oro alumbra o como los ceibales desángrate en manojos de flor, pasión y lucha. Aprende de tus viejos abuelos, aquellos que cumplieron el mandato elemental de defender su suelo; y recoge, por fin, la lección inmortal que te diera el Supremo: ¡Entrerrianos! ¡Acá no hay retirada!" (Está entera con otros poemas en Malvinas Tributo entrerriano).
A los combatientes los llevamos aquí ¿no? A veces nublados por un mar de miserias del día usadas por el sistema para distanciarnos de la lucha antiimperialista que nos inspira la sangre derramada en las Malvinas.

Banda roja
Nadie ignora que José Artigas trazó una banda roja a nuestro emblema independentista, federal, popular y republicano en homenaje a la sangre derramada. Así lo escribió. Esa banda roja es un hilo que enhebra la conciencia y las luchas.
No los vamos a nombrar aquí a todos, pero queremos escuchar juntos ese latido de maestra y madre que nos viene como en campanazos, con los tesoros que guarda Blanca Rosa en un rincón.
A 35 años de la gesta decimos Blanca Rosa y decimos amor, rosa blanca por nuestra América, de Malvinas a Haití y más todavía, del Karukinká selknam al Nunavut inuit. Por los Alejandro y Maximiliano y tantos que nos enseñan a dar siempre un poco más.


Nuestros derechos

Al presentar el nuevo mapa de la plataforma submarina argentina, el investigador entrerriano Florencio Aceñolaza apuntó en Oro Verde que los estudios dejaron definitivamente aclarado que Malvinas, las otras islas y todo ese bloque pertenecen a este continente, es Abya yala (América).
"Quedó absolutamente demostrado que las islas forman parte de nuestra plataforma", subrayó el geólogo con cuna en Villa Urquiza.
En la obra Malvinas Tributo entrerriano hay cientos de páginas que explican los derechos argentinos sobre las Malvinas y el sector de la Antártida. La investigación, de la que participó Aceñolaza, ayuda a desacreditar algunas de las tantas argucias y trampas del imperio inglés, como la de sostener que Malvinas pertenecía al continente africano. Además, "ellos decían que no había problema, la ONU les dijo que sí, tienen un conflicto, y deben sentarse a conversar, a ponerse de acuerdo", explicó el geólogo entrerriano.

Los Dachary como símbolo

Tomamos aquí unos fragmentos de esa obra que recomendamos, Malvinas Tributo entrerriano, de Mario Francisconi.
En la página 307 se refiere a Alejandro Dachary. "Su hermano Fernando, hoy Capitán de Corbeta, recuerda las condiciones deportivas de Alejandro: 'como jugador de fútbol integró las primeras divisiones de los clubes locales Libertad y Ansel, pero además se destacó en el tenis y en equitación en el club Hípico Concordia, llegando a participar en torneos interprovinciales donde cosechó varios trofeos. También jugaba al rugby y practicaba natación y atletismo. Recuerdo que en las cartas que escribía desde Malvinas solía cerrar sus líneas con un ¡Viva la Patria!'".
Tras estas palabras de su hermano Fernando Dachary (el menor de la familia), agrega Francisconi: "Alejandro y Maximiliano eran mellizos. Mientras cursaban la escuela secundaria, ambos estudiaban francés y Alejandro participaba asiduamente en obras de teatro".
"Juntos fueron a estudiar a Buenos Aires, Alejandro al Colegio Militar de la Nación y Maximiliano, que a los seis meses había contraído poliomielitis, Medicina".
El gobernador Gustavo Bordet firmó un decreto el jueves pasado con un esperado reconocimiento a su madre, Blanca Rosa Franchini. Todos estamos juntos allí, en un abrazo agradecido.
Hoy se cumplen 35 años de la recuperación. Entonces vuelven los mellizos, un artillero y un médico, para ayudarnos a disipar los nubarrones, a ampliar el horizonte, a sabernos en el Abya yala, a mirar el eje independentista Malvinas – Haití, como un desafío, un compromiso, una promesa.

La fuerza de los misiles
El imperialismo anglo estadounidense en Malvinas se impone con la fuerza de los misiles. El imperialismo franco estadounidense en Haití con la fuerza del dinero y las armas. Occidente no podría estar mejor pintado.
La liberación definitiva de Haití, fuente de la mayor revolución antiesclavista e independentista de la humanidad y otras revoluciones; la imprescindible erradicación del colonialismo camuflado en misiones de paz (Minustah), corre pareja con la anhelada supresión del colonialismo europeo asentado y artillado en el Atlántico Sur, apuntando sus misiles al Abya yala (América), provocándonos. Los ingleses prueban sus armas en las Malvinas, en estos meses, en una amenaza ni siquiera encubierta.
Es que el pirata se adueñó de todo un país en el sur y aspira a hacerse así de la Antártida, para exhibir sus jinetas en la OTAN. Su ambición no es poca, y no debe asombrar: cuando Europa necesitó expandirse provocó un genocidio en Abya yala. Cuando necesitó esclavos provocó otro genocidio en África y Abya yala. ¿Qué hace hoy occidente cuando necesita petróleo? El atropello viene ahora por los caminos menos evidentes de las finanzas, las multinacionales, las patentes, pero el imperio no abandona la vía más rústica de la invasión y el enclave colonial. Eso es Malvinas: la expresión colonial más gruesa y retrógrada del universo en pleno siglo XXI que Gran Bretaña pretende sostener durante todo el tiempo en que goce de supremacía bélica.
Ya sabemos que para el imperialismo la razón viaja en sus ojivas. Por eso es impensable un diálogo con estados imperialistas, si no hay una relación de iguales ni de parecidos. Como Gran Bretaña se está divorciando de la Unión Europea, corresponde ahora seguir trabajando con cada una de aquellos estados y con el bloque, para denunciar los tratados colonialistas firmados por cipayos, y que la intrusión en las Malvinas no les resulte gratis.
Solo la fuerza del atropello de la OTAN permite la continuidad de un robo que hunde a Europa (incluidos sus "intelectuales" más renombrados) en su pasado más vergonzante: el genocidio y la esclavización del Abya yala y de África. Malvinas es para nosotros una llaga abierta y una luz. (Hay otras, claro).
Si usurpan el Atlántico Sur para control, expansionismo y guerra, como usurpan, nuestros pueblos crecerán en su conciencia antiimperialista. El tiempo dirá. Hoy, los entrerrianos resumimos la unidad de los pueblos orgullosamente negra en una maestra: Blanca.

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