Las bajas temperaturas, el sedentarismo y los cambios en la alimentación propios de los días fríos elevan las chances de padecer hipertensión.
07:32 hs - Miércoles 08 de Julio de 2026
Con la llegada de las bajas temperaturas, las consultas por enfermedades respiratorias suelen ocupar el centro de la escena. Sin embargo, los especialistas advierten que el invierno también representa un desafío para la salud cardiovascular, ya que el frío favorece el aumento de la presión arterial y puede agravar la situación de quienes padecen hipertensión, especialmente si la enfermedad no se encuentra correctamente controlada.
El médico cardiólogo Joaquín Serra, magíster en Hipertensión Arterial y expresidente de la Sociedad de Cardiología de Entre Ríos, explicó a UNO que existe una tendencia natural a que la presión arterial aumente durante los meses de junio, julio y agosto. Si bien este fenómeno puede observarse en la población general, adquiere mayor relevancia en las personas hipertensas, quienes durante esta época del año requieren un seguimiento más estricto para evitar complicaciones.
Según el especialista, no hay una única explicación para este comportamiento, sino que intervienen distintos factores que se potencian entre sí. Uno de ellos es la disminución de la actividad física. “El frío, la menor cantidad de horas de luz y las propias condiciones climáticas hacen que muchas personas abandonen las caminatas o reduzcan considerablemente el ejercicio cotidiano. En adultos mayores o pacientes con mayor fragilidad, incluso los propios médicos recomiendan evitar la exposición a temperaturas extremas, lo que puede contribuir al sedentarismo”, observó.
Cambios de hábitos que afectan la salud
A ello se suma un cambio en los hábitos alimentarios. “Durante el invierno predominan comidas más abundantes y con mayor contenido de sodio, como guisos, locros y otros platos típicos de la estación. El consumo excesivo de sal constituye uno de los principales factores asociados al aumento de la presión arterial y suele acompañarse, además, de un incremento del peso corporal”, precisó.
Serra recordó que existe una estrecha relación entre el peso y la hipertensión. “A medida que aumentan los kilos, también lo hace la presión arterial. Si a ello se agrega una menor actividad física y una alimentación menos saludable, el riesgo cardiovascular se incrementa significativamente”, explicó.
A estos factores se suma un mecanismo fisiológico propio del organismo. Cuando la temperatura desciende, los vasos sanguíneos se contraen para conservar el calor corporal. “Este proceso, conocido como vasoconstricción, reduce el diámetro de las arterias y obliga a que la sangre circule por un espacio menor, lo que provoca un aumento de la presión arterial. Es el mismo fenómeno que explica por qué las manos, los dedos o los labios suelen verse más pálidos cuando hace mucho frío”, sostuvo el especialista.
El cardiólogo destacó que la hipertensión continúa siendo una enfermedad silenciosa, ya que en la mayoría de los casos no produce síntomas. Por ese motivo, insistió en que no debe esperarse la aparición de dolores de cabeza, mareos u otras molestias para controlar la presión. Y subrayó: “La única manera de saber si una persona es hipertensa es mediante controles periódicos, ya que la enfermedad puede evolucionar durante años sin manifestaciones evidentes mientras ocasiona daños en el corazón, el cerebro, los riñones y otros órganos”.
La hipertensión en cifras
De acuerdo con el Registro Nacional de Hipertensión Arterial (RENATA), uno de cada tres adultos argentinos padece hipertensión. En las personas mayores de 75 años, la prevalencia alcanza aproximadamente al 75% de la población. Sin embargo, apenas uno de cada cuatro pacientes hipertensos logra mantener su presión adecuadamente controlada, una realidad que evidencia la necesidad de reforzar las estrategias de prevención y seguimiento médico.
En este contexto, Serra recomendó que todas las personas hayan controlado su presión arterial al menos una vez antes de los 30 años, incluso cuando no presenten síntomas. La recomendación cobra mayor importancia en quienes tienen antecedentes familiares de hipertensión o enfermedades cardiovasculares, ya que un diagnóstico precoz permite iniciar medidas preventivas mucho antes de que aparezcan complicaciones como el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular (ACV) o la insuficiencia renal.
Los controles son clave
El especialista también señaló que durante el invierno puede ser necesario ajustar el tratamiento farmacológico, y explicó: “Al igual que ocurre con otros aspectos de la salud, las necesidades del organismo cambian según la estación del año, por lo que el médico tratante puede considerar aumentar temporalmente la dosis de la medicación o incorporar otro fármaco para mantener la presión dentro de valores normales. Del mismo modo, cuando llegan las altas temperaturas, esos tratamientos pueden volver a modificarse”.
Otro factor que incide sobre la presión arterial es el estrés. Serra explicó que una situación de tensión emocional, una discusión, un sobresalto o un dolor intenso pueden provocar aumentos transitorios de la presión. No obstante, aclaró que esos episodios no significan necesariamente que una persona sea hipertensa. “La enfermedad se caracteriza por mantener valores elevados de manera sostenida y persistente, por lo que el diagnóstico siempre debe realizarse mediante controles médicos”, aclaró.
Frente a un invierno con temperaturas extremas, los especialistas coinciden en que la prevención continúa siendo la herramienta más eficaz para reducir riesgos. Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física adaptada a las condiciones climáticas, controlar el peso, cumplir correctamente con la medicación y realizar controles periódicos de la presión arterial son medidas fundamentales para cuidar la salud cardiovascular y evitar complicaciones que, en muchos casos, pueden prevenirse.