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Transición municipal

Los problemas de ayer, de hoy y de casi siempre

La herencia se repite cada cuatro años, con pocos avances y más retrocesos en el funcionamiento de la vida cotidiana de la capital provincial.

Sábado 30 de Noviembre de 2019

En pocos días más finaliza la extensa transición que consumió casi seis meses de una vida cotidiana de Paraná, con alta dosis de tensión social y constantes golpes a la convivencia urbana. Y se cierra un gobierno cuyo poder de gestión se vio seria y duramente mermado tras la derrota electoral de junio.

Lo que queda para los paranaenses, y para la próxima gestión, son más problemas que los heredados. Como el eterno retorno, el paso de administraciones municipales va dejando, con algunas variantes, marchas y retrocesos, una serie de problemas estructurales que vienen de larga data en la capital provincial.

La lista aquí apuntada es larga, e incluso incompleta. Sobresalen, claro, la falta de solución al problema integral de la basura, desde su origen hasta su tratamiento (o falta de) y disposición final; el mal estado de la trama vial, con un progresivo deterioro de las calles y un bajo nivel de avance de desarrollo de infraestructura en los últimos largos años; el monopolio y deficiente servicio de colectivos urbanos; el caos y la falta de cultura cívica para transitar por la ciudad; las dificultades en los servicios de agua y cloaca, que representan la mayor queja en los últimos años en la Defensoría del Pueblo de Paraná; los problemas en el alumbrado público; el estado financiero del municipio, con un nivel creciente de deuda pública y de crisis de gestión; un proceso de descentralización administrativa iniciada hace 10 años pero prácticamente estancada en los últimos años que mejore la relación del vecino con la administración local; la falta de una política de incorporación, recuperación y de adecuado uso de los espacios públicos; la realidad social y, particularmente, la desatendida situación de las personas en situación de calle; y la falta de planificación urbana.

Estas demandas son algunas de las puestas a consideración por los vecinos, en sus diarios reclamos a UNO, pero que también se formalizan en planteos a instituciones como la Defensoría del Pueblo.

Basura

El problema de las más de 300 toneladas de residuos domiciliarios diarias que se producen en la ciudad es complejo. Parte desde la promesa incumplida desde hace varias administraciones por poner fin al Volcadero, un foco de grave contaminación ambiental de casi 90 años en el sudoeste de la ciudad, atravesado por una compleja situación social. En algún momento su intento de traslado generó la reacción de quienes, cada vez más, viven de lo que pueden rescatar de esas sobras de los paranaenses.

La planta de clasificación de residuos, habilitada en 2014, tiene una tarea acotada porque la población no hace la separación en origen: la instauración de contenedores iniciada en la gestión de José Carlos Halle empezó a poner fin a los minibasurales en la ciudad, que se contabilizaban por más de 200. Pero esos depósitos dificultan también la tarea de recolección diferenciada, ya que allí se vuelcan los desperdicios de todos los días sin clasificación.

A ello se debe sumar que el déficit de la recolección de residuos de los últimos meses volvió a poner como problemática la reaparición del fenómeno de los microbasurales.

Ante la consulta de UNO, Horacio Enríquez, histórico dirigente ambientalista local y fundador de Eco Urbano, opinó: “La ciudad necesita políticas socio-ambientales con eje central en la educación ambiental, que sea la palanca de una cultura ambiental y de una formación de niños, jóvenes y adultos”.

“El problema (de la basura) va a seguir si no hay una política con la participación de la comunidad, y la organización alrededor de los problemas ambientales que se viven no solo con el grave problema en el destino final de los residuos, que es nuestra deuda ecológica, sino en la problemática de los arroyos, las periferias, y los micro y macrobasurales que se producen. Una política de participación, me refiero no solo al vecino desde su condición de generador de residuos, sino al sector privado, a las empresas e industrias que deben gestionar sus residuos responsablemente, e incluso al sector del Estado, con programas de despapelización y de gestión responsable de los residuos”.

Y añadió: “Se necesita evidentemente un cambio cultural profundo, de respeto por el espacio común que tenemos los paranaenses, y de compromiso en el cuidado de esos espacios compartidos y bienes públicos que tenemos. Más que nunca creo que el gran desafío es generar un proceso político liderado por el municipio, pero involucrando a todos los sectores de la ciudadanía para transitar hacia el escenario de una comunidad más sana, sustentable y responsable”. Y recordó también, como reza la Ley provincial N° 10.311/14, que los municipios deben incorporar formalmente a los sistemas de gestión de residuos e higiene urbana a los recuperadores de residuos. Paraná ya cuenta con dos cooperativas (Nueva Vida y Un sueño Cartonero) y un grupo recientemente conformado como los Recicladores del Paraná y las cooperativas, que son fundamentales a la hora de pensar la valorización de los residuos y parte de la recolección. Es también fundamental la separación en origen para poder avanzar en un sistema integral con políticas claras e involucramiento de todos los actores y sectores, porque en tanto generadores todos de residuos, seamos parte de una revolución cultural ambiental”.

Trama vial

Por la característica morfológica de su tierra, arreglos precarios y las constantes roturas de redes de agua y cloaca, las arterias de la ciudad requieren millonarias inversiones permanentes para su mantenimiento. El presupuesto viene siendo en los últimos años seguramente uno de los más altos de cualquier ciudad del país, y sin embargo lo que se avanza en unos meses se retrocede en pocas semanas sin trabajos.

Desde junio cesaron las obras en las calles como consecuencia de la crisis económica y financiera del municipio: se cayeron las licitaciones en marcha y los pozos y baches se multiplican. En ello han venido fracasando todas las gestiones, con sus fórmulas e inversiones; hasta llegó en una oportunidad la empresa vial estatal de San Luis para poner manos a la obra.

Quedaron en los últimos meses también una decena de obras inconclusas de pavimentación y repavimentación, que se suman a un déficit de más de 2.000 cuadras de calles sin asfalto en la ciudad.

Transporte

El mal servicio de transporte público atraviesa con la misma intensidad las últimas dos décadas. Pese a la nueva licitación, el nuevo marco regulatorio y cambios de recorridos, sentidos de circulación de calles y carril exclusivo, los colectivos urbanos han acentuado su caída de calidad. Al mismo tiempo que se perpetúa el monopolio, no hay planes ni acciones para dar sustentabilidad a una movilidad urbana seria, que incorpore y beneficie a otros actores. A principios de siglo hubo un intento de implementar trolebuses, con comisiones de ediles que viajaron a distintas ciudades, entre 2002 y 2003. Más acá, hubo proyectos legislativos de implementar minibuses, con recorridos alternativos, que chocó con las presiones corporativas.

Alicia Glauser, referente desde hace más de dos décadas en el tema desde la Asamblea Ciudadana, opinó: “La próxima gestión debería escucharnos y conocer nuestras propuestas. Con esta gestión que se va ni siquiera pudimos vernos la cara. Se tomaron decisiones sin consultar a nadie y perjudicaron a todos”, dijo. Recordó el veto a la participación ciudadana en el Órgano de Control del Sistema Integrado de Transporte Urbano (SITU).

“El hecho de haber dado vuelta las calles fue un daño; se dejó sin transporte a un radio de 30 manzanas en el casco céntrico al salir por calle 25 de Mayo; las frecuencias son de 40 o 50 minutos, los barrios no tienen casi colectivos, pasan solo por calles centrales; a veces se camina hasta cinco o seis cuadras para tomar un colectivo. Faltan garitas y no se colocó ni siquiera un ‘palo’ para señalizar las paradas, acotó.

Asimismo, pidió que se tenga en cuenta el anteproyecto presentado por la Asamblea Ciudadana para el transporte de pasajeros en el área metropolitana. Y acotó: “Le diríamos (a Adán Bahl) también que deje sin efecto la actual concesión, y se vuelva atrás con los recorridos que se hacían antes”.

Por otro lado, en el transporte público siguen pendientes los planteos para un nuevo marco legal de los taxis y remises.

Tránsito

Hay una grave falta de cultura ciudadana en el tránsito. Infracciones de toda índole, que requieren medidas más estrictas y claras de funcionamiento. Como falta de ordenamiento basta graficar que desde la caída de la concesión a la empresa privada Dakota –en 2002– nunca se pudo implementar un sistema serio de estacionamiento medido. En el país, y en la provincia, la gran mayoría de las localidades ya incorporaron la tecnología para el estacionamiento en la vía pública mediante el uso de celular.

Redes sanitarias

Agua y cloacas son servicios públicos básicos que lideran la lista de reclamos formales presentados en la Defensoría del Pueblo de Paraná. Básicamente se deben a dificultades en los domicilios por inconvenientes en las redes, y también por roturas de cañerías distribuidoras. El acceso al agua está garantizado en más del 95% de la población, mientras que la red cloacal pasa por el frente de más del 60% de la población.

La problemática sobre cañerías centenarias comienza a profundizarse y su rotura convertirse en problemas diarios, con la habilitación de la nueva planta potabilizadora en 2007. Hasta entonces, el agua escaseaba y los barrios se abastecían con más de una treintena de pozos semisurgentes, de baja calidad del suministro. La singular geografía paranaense, con fuertes contrastes de alturas entre los sectores urbanos, obliga a imprimir determinados niveles de presión al suministro; el efecto son roturas a su paso por la red.

Justamente, la renovación de las redes son una tarea a largo plazo.

En cuanto a la red cloacal, las conexiones clandestinas y el mal uso en los hogares –arrojando todo tipo de desperdicios o conectando los desagües pluviales a ese sistema– son las principales causas de inconvenientes que se denuncian.

Alumbrado público

La incorporación de tecnología LED fue una mejora inmediata y sustantiva en el servicio de alumbrado público, aunque quedó acotada a sectores. Sobre un total de más de 36.000 luminarias en la ciudad, el cambio llegó a unas 5.000, en un proceso que planificaba la sustitución del 50% del sodio por LED.

Hay zonas urbanas que no tienen roturas, pero es muy baja la potencia lumínica; pero hay un retraso crónico de reparaciones de estructuras fuera de servicio.

Finanzas públicas

Desde el inicio de la transición los números de las finanzas públicas fueron el tema más relevante. El estado económico y financiero del municipio llevó a que se paralicen las múltiples obras viales que se venían ejecutando en la ciudad hasta el primer semestre, se deterioren los servicios públicos, no haya aumentos salariales desde junio, y en las últimas semanas hayan caído centenares de contratos de trabajadores.

Según las nuevas autoridades, recibirán un Estado con más de 1.000 millones de pesos de deuda, sin equipamiento ni maquinaria en condiciones de prestar los servicios básicos o mínimos.

Pese a ser más graves las dificultades que en otras ocasiones de cambios de mandato, son situaciones que se han repetido cada cuatro años.

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Ciudad deshumanizada

La falta de dispositivos públicos y una naturalización de la realidad de cada vez más personas en situación de calle, refleja una ciudad deshumanizada, tal como opina el padre Esteban Madrid Páez, cura párroco de La Piedad, a cargo del hogar de Cristo de Paraná –que trabaja con niños con adicciones– e integrante de la red de instituciones que conformaron recientemente más de una docena de organizaciones con el propósito de que se encare un programa de abordaje integral e interdisciplinario.

“La crisis es de todos como sociedad, porque a todos se nos ha vuelto invisible esta situación, y si no nos exponemos un poco, es como que se las naturaliza. Y si la sociedad no las ve, no la reclama, no genera interés en gastar recursos por parte del Estado. Todos hemos sido responsables para que se vaya deshumanizando un poco la sociedad”, dijo a UNO.

Para Madrid Páez es una problemática muy compleja, y al serlo, necesariamente requiere encuentros profundos: “No basta con generar un pequeño dispositivo o una política veloz. Asumir la complejidad significa gente dispuesta a encontrarse, a acompañar los procesos vitales más profundos de los recorridos de esas personas. Para nosotros eso es clave. Eso empezamos a generarlo con la red; distintas organizaciones trabajando en el acompañamiento de personas, empezamos a abrir un poco más ese círculo, e invitamos a las universidades públicas y privadas, y algunos otros organismos que están dispuestos a poner su trabajo y compromiso”.

La red, dijo, muestra las distintas aristas del problema. “No están muy presentes los organismos del Estado, algunos que responden como la Defensoría del Pueblo o la Defensoría General de la Provincia, empiezan a darse diálogos con Salud, pero lo que tiene el Estado es que está muy firme en sus estructuras, y en esta problemática o se genera una estructura nueva o se hace un ejercicio muy difícil de articulación con el Estado; eso cuesta mucho. Cuando hablo de estructura firme, refiero que todas las organizaciones grandes tenemos una fuerza de inercia que nos lleva a manejarnos en los carriles que conocemos”, explicó, y planteó la necesidad de modificar enfoques conceptuales; graficó con el ejemplo de la problemática del consumo de alcohol, que no se lo ve ya como un tema de delincuencia sino de salud, pero requiere trabajo que esa óptica llegue a los dispositivos o profesionales.

“La problemática de la situación de calle requiere que te involucres en el aspecto integral de la persona. ¿A quién se lo pedís? ¿A Salud, a Desarrollo Social, a Justicia? Cada uno tiene su enfoque y el diálogo es difícil de articular. Y después tenés un conector básico que es el afecto de la historia de la persona concreta; tiene que haber alguien que logre entrever la importancia de cada historia concreta, que una Salud con Justicia y Desarrollo Social, porque la persona que está en situación de calle está tan lastimada que quizás no quiere, más allá de que tenga, por ejemplo, el hospital a mano. La persona se ha lastimado tanto en sus relaciones interpersonales que terminó encontrando el único lugar en la calle; eso quiere decir que se le rompieron muchos vínculos antes. Entonces, si se le rompieron con la familia y gente conocida, se necesita restablecer desde eso, alguien que lo vuelva a llamar como persona y le vuelva a dar fuerza para aprovechar los distintos recursos y su propia vida”.

Finalmente, remarcó: “No es una problemática inabarcable. Para una ciudad es abordable. La situación de los adultos mayores se tiene que poder solucionar. Hicimos un ejercicio con Cáritas, nos animamos sin recursos y solo con donaciones e hicimos el hogar para mujeres en situación de calle. Eran 10, no era inabarcable, más allá de que puede fluctuar el número. Y acompañamos los procesos para que puedan reencontrar sus lugares, y en otros casos, acompañamos a dos en un dispositivo provincial y otros dos, en uno municipal. Las herramientas para tratar esta situación están, hay una ordenanza que ya dice que debería estar esto, un dispositivo con un equipo interdisciplinar, pero no está implementada. Y eso lo deberían empujar todos. Hasta los medios pueden ayudar para que la sociedad entienda y quiera”.

Espacios públicos

Durante la intendencia de Blanca Osuna hubo una fuerte ofensiva por la recuperación del uso público en la costa del río. La decisión enfrentó intereses y permitió unos leves avances en una ciudad que se acostumbró a vivir de espaldas al río. Envuelta en ocho o 10 kilómetros de río sobre sus extremos norte y oeste, franjas mínimas permiten el acceso público de los paranaenses a la costa.

A diferencia de otras ciudades como Rosario o Santa Fe, no hubo políticas de Estado de incorporación de espacios para el uso colectivo, tan necesarios para mejorar la calidad de vida actual y de las generaciones futuras. La excepción fue el Nuevo Parque gestado por Humberto Cayetano Varisco a fines del siglo pasado; mientras tanto la ciudad crece demográficamente a un ritmo vertiginoso. Sin nuevas áreas y espacios, colapsan el casi centenario Parque Urquiza, y la escasa costa pública.

El grave déficit es un problema para hoy, y más aún para las futuras generaciones.

Referente de la defensa de los espacios públicos, y autora de proyectos legislativos relacionados con esa lucha, María Emma Bargagna –que entre otros colectivos integra la Asamblea El Río es de Todos– opinó: “Los espacios verdes de proximidad son una necesidad urgente frente al aumento de temperatura ambiente, la nueva realidad urbana con su proliferación de edificios, disminución de árboles, desaparición de las franjas de césped en las veredas”.

En tal sentido, mencionó la necesidad de avanzar en políticas de Estado concretas, como la recuperación del balneario Los Arenales como balneario público por ser un bien de dominio público provincial sujeto a la administración interprovincial del túnel subfluvial. Marcó también que la Municipalidad debe prestar servicio público en el borde costero, en especial la franja denominada Camino de Sirga, mediante desmalezamiento, limpieza, iluminación, seguridad de las personas y protección de la naturaleza; y tramitar la delimitación de la línea de ribera, entre Bajada Grande y el límite del ejido municipal hacia el sudoeste.

“El Parque Varisco debe ser rescatado del abandono y maltrato que sufre hoy, que es imperdonable. Es un reservorio maravilloso de biodiversidad, que se expresa a través de decenas de especies naturales, en un lugar privilegiado por su belleza paisajística”, dijo a UNO.

Por otro lado, insistió en que el gobierno provincial debe sancionar cuanto antes la Ley de Expropiación del terreno del exhipódromo para transformarlo en el Parque Central de Paraná. “La ciudad se extiende hacia el este y los vecinos de esa zona necesitan un parque de proximidad”, mencionó.

Al respecto, vale recordar que además de la demanda colectiva de la ciudadanía, que ya se apropió del espacio, hubo una coincidencia de todos los sectores políticos en los últimos años, pero que finalmente no se cristalizó. Al proyecto legislativo en la Provincia por parte de Bargagna –durante su mandato como diputada provincial– se sumaron iniciativas en el Concejo; la última fue de la edila Cristina Sosa (FPV). Incluso, el intendente Sergio Varisco había anunciado su proyecto para la expropiación, en una necesaria negociación con el gobierno provincial.

En la lista de espacios públicos por recuperar, Bargagna agregó la restauración del Parque Gazzano, “sobrecargado por exceso de uso que no da tiempo para recuperación de su vegetación e infraestructura. Esta situación se aliviaría si se abriera un Parque Central en el exhipódromo”. Bregó por el cuidado del Parque Botánico, para una ciudad que también crece hacia el norte; mejoras en el Parque Urquiza –dijo que “debe ser restaurado y liberado de restaurantes y otras instalaciones con empalizadas, muros y otras construcciones que impiden el libre uso, tránsito y disfrute”.

Finalmente, planteó la necesidad de “ejecutar la frondosa normativa sobre arbolado y paños o franja de césped en las veredas en todo el casco urbano de Paraná, desmantelado por autorizaciones municipales violatorias de las normativas vigentes, vandalismo e ignorancia de los vecinos sobre el valor e importancia del servicio ambiental que prestan los árboles”.

Descentralización

Al borde de los 300.000 habitantes, la ciudad sufre la concentración administrativa. Pensada y gestada hace más de una década –durante la intendencia de Halle– desde hace años no se produjo ningún tipo de avance. Las distintas unidades municipales quedaron como meras sedes operativas de depósitos de maquinarias y vehículos, pero sin transformarse en ámbitos para la participación ciudadana, realización de trámites y avances de servicios y obras en cada sector.

Improvisación urbana

La falta de planificación urbana es el resultado de dejar en manos de actores vinculados al negocio inmobiliario el desarrollo y crecimiento territorial de la ciudad. Por eso cunden los reclamos contra la proliferación indiscriminada de edificios de altura, que borran identidades, memorias y postales ciudadanas. Se han desoído normas que velaban por el mantenimiento de corredores y fachadas históricas. Paraná vive cada vez más hacinada. Esa miopía a largo plazo lleva a que un predio en una gestión tenga como destino un proyecto de Estadio Único, o cuatro años después sea depósito para colectivos urbanos, en el Parque Botánico.

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