Diálogo abierto
Viernes 19 de Octubre de 2018

Los linajes ancestrales incaicos y el poder energético del ritual

Los códigos del Munay Ki para crear un nuevo ser humano sin miedos, más evolucionado y conectado con su naturaleza trascendental.

El médico y antropólogo cubano Alberto Villoldo –autor de una docena de libros– aprendió las tradiciones y medicina chamánicas tras haber vivido en comunidades andinas y amazónicas. Fruto de ello, adaptó y actualizó un conjunto de diez ritos con fines terapéuticos y de autoconocimiento. Zulma Hergenreder –quien se dedica a impartir dichos conocimientos en la capital provincial– cuenta su vivencia y sanación personal al encontrarse con dicha sabiduría milenaria.

El campo como patio
—¿Dónde naciste?
—En Colonia Eustolia –Santa Fe–, zona rural, a 15 kilómetros de María Juana. Una zona donde se cultiva y que en mi infancia había más tambos. En el pueblo había una escuela rural, la comuna y un almacén. Yo vivía a dos kilómetros y medio de allí, y cuando tuve tres años nos mudamos más lejos, a tres kilómetros de la escuela.
—¿Qué recordás?
—Este último lugar, porque viví hasta los 10 años.
—¿Qué otros detalles presentaba la zona?
—Era una casa grande, linda, con un patio infinito porque era el campo, jugaba todo el día con mis hermanos y vecinos, y andaba en bicicleta.
—¿Qué veías al salir de tu casa?
—Salía al patio y al frente veía un molino a viento y un bebedero desde donde se sacaba agua para consumir en mi casa, a la derecha un horno de barro donde mi mamá hacía tortas alemanas, a la izquierda, hileras de rollos para el consumo de los animales y donde con mis hermanos nos pasábamos horas corriendo arriba jugando a la mancha. El campo estaba sembrado, había caballos y ovejas...
—¿Vecinos?
—A un kilómetro y a dos kilómetros; nos conocíamos todos.
—¿Podías llegar hasta allí?
—Sí, no había límites. Nos acompañábamos muchos entre los amigos.
—¿Qué atracción había en el pueblo?
—Nada (risas); la escuela –donde primeramente vivió la directora– y cuyas maestras viajaban desde María Juana.
—¿Ibas a María Juana?
—Una vez al mes, al médico.
—¿A qué jugabas?
—A la escondida, a la mancha –arriba de los rollos–, todo el día hacíamos casitas, me disfrazaba, actuaba, desfilaba, cantaba, andaba a caballo...
—¿Tenían televisión?
—No tuvimos luz eléctrica hasta 1994, cuando fue un gran cambio.
—¿El primer viaje importante?
—A Córdoba –por la conexión con la Naturaleza– con mis compañeros de la escuela en séptimo grado.
—¿Leías?
—No.
—¿Eras buena alumna?
—Sí... aplicada, me gustaba. Mi familia se mudó a María Juana cuando yo estaba en mitad de sexto grado, y fui abanderada.
—¿Qué materias te gustaban?
—Matemáticas y después Psicología.
—¿Extrañaste algo cuando se mudaron a María Juana?
—Mi papá había comprado la casa, entonces me atraía vivir allí, porque en la colonia no era nuestra, sino que estábamos por trabajo. Pero el cambio para mí fue difícil porque sufrí bastante el desarraigo, más allá de que María Juana es un pueblo chico de 5.000 habitantes y estábamos en contacto con el campo. Extrañaba los animales.
—¿Sentías una vocación?
—Jugaba a la maestra y me gustaba enseñar, y en cierta forma siento la necesidad de trasmitir. También me disfrazaba –con mis amigas y hermanos–, actuaba y bailaba, a lo cual hoy le doy tiempo porque me da mucha alegría. Aprendíamos las coreografías de Chiquititas y nos sacábamos fotos.
—¿Desarrollaste alguna afición?
—Participaba en los grupos juveniles de la parroquia, de los cuales luego fui animadora, aprendí mucho y fue un lugar de contención. También hice unos años de teatro –en María Juana–, lo cual me marcó.

Psicología y tabú familiar
—¿Qué decidiste estudiar al terminar la Secundaria y por qué?
—Psicología, que me llamó la atención a los 14 años, porque fui a una psicóloga.
—¿Fuiste o te mandaron?
—Fui a escondidas (risas), con la complicidad de una tía que me llevó a María Grande.
—¿Por qué?
—Mi papá falleció cuando yo tenía 10 años, nos quedamos sin trabajo y nos mudamos, así que fue una época complicada en cuanto a lo económico. Pasé el duelo pero a los 14 años comencé a tener notas bajas y estaba muy triste. Mi tía me escuchó y supo qué ofrecerme, ya que desconocía lo que era un psicólogo.
—¿Era un tabú en tu hogar?
—Sí, sí, como que era para los locos.
—¿Resolviste la cuestión?
—Sí, y luego continué con una psicóloga de María Juana.
—¿Qué idea te formaste sobre la Psicología?
—No encontraba una salida y ella me dio técnicas para conectarme con cosas que no imaginaba poder hacerlo. Me quedó lo de ayudar y acompañar a otras personas.
—¿Elegiste la carrera por eso?
—Sí, me gusta mucho, me ayuda a conocerme y a abrir mi mente –muy estructurada–. Me ayudó y tomé mucho de la Psicología Social. Antes de venir a Paraná viví siete años en Córdoba, estudié dos años de la carrera, pero por la situación económica me dediqué más a trabajar. Fue una gran escuela porque me pude independizar y tuve hermosos trabajos. Hasta que un día mi tía me invitó a ir a un lugar donde me conecté con la Naturaleza y sentí que no tenía nada más que hacer en Córdoba, así que en dos meses me vine a Paraná.
—¿Por qué acá?
—No sé, fue un impulso, ya que no conocía.
—¿Sufriste el contraste?
—Sí, me costó mucho encontrar mi lugar, porque me vine sin nada. Así que vivía con compañeras de la facultad.

Los ancestros y el Munay Ki
—¿Cómo tomaste contacto primeramente con la tradición chamánica?
—Siempre sentí un vacío, angustia y ansiedad, no obstante que hacía muchas cosas, hasta que llegó un momento en que no podía seguir más, porque siempre me enfermaba de gastritis, alergia, gripe fuerte... Tenía que encontrar algo para cambiar mi estilo de vida, vi que en Paraná hay un espacio que se llama Alquimia –al cual venía Vanesa Juriol– y comencé a investigar sobre Munay Ki, aunque no podía comprenderlo. Pero había algunas palabras que me llamaban la atención y sentía un impulso. Me llevó mucho tiempo comprender, pero inmediatamente luego del curso sentí la necesidad de hacer sanaciones energéticas.
—¿Qué palabras te resonaron?
—Salto cuántico, sobre lo cual no tenía ni idea.
—¿Qué entendiste primeramente?
—Sabía que vengo de familia de sanadores y videntes, pero quedaba reservado a la familia. Mi bisabuelo acomodaba los huesos y nadie le enseñó. Sentí como que ya lo sabía hacer desde antes y le di lugar a eso. El Munay Ki es vivencial, así que la experiencia te da las respuestas. Me preguntaba por qué tenía que transmitirlo yo, hasta que me llegó un escrito que dice que quien respete estas tradiciones, les llegará la sabiduría, entonces me sentí más tranquila y con una mayor comprensión.
—¿Conociste otros relatos sobre tus ancestros en tal sentido?
—Mis abuelos eran curanderos pero lo supe cuando fallecieron.
—¿Cómo definís el Munay Ki?
—Viene de las tradiciones chamánicas de los incas y nos llega gracias al antropólogo, médico y psicólogo cubano Alberto Villoldo (ver Datos), quien vivió en comunidades andinas y amazónicas, y aprendió sus sabidurías de linajes ancestrales –las cuales son muy complejas–. Las sintetizó para que nos lleguen en forma más sencilla a través de diez ritos (ver Datos) que se trasmiten energéticamente –los cuales ayudan a despertar la conciencia–. El Munay Ki enseña que todo tiene espíritu: las plantas, los animales y todo lo que nos rodea –de lo cual somos parte–. No obstante que siempre tuve mucho contacto con la Naturaleza, a partir del Munay Ki fue mucho más.
—¿Qué particularidad tiene cada rito?
—Uno de los linajes –el Hampe, el de los sanadores– nos permite sentir calor en las manos para la sanación, y hay otro que es el del vidente, el cual nos abre el tercer ojo para percibir el mundo invisible y la energía. El décimo rito lo trasmite la mujer de Alberto Villoldo –Marcela Lobos– y es el del útero, para sanar todo lo que hay allí –tales como los miedos, la relación con la madre y otras mujeres de la familia–. También lo pueden tomar los hombres. Todos los ritos son muy movilizadores porque son energéticos. Son como semillas que se siembran en las personas, quienes se tienen que comprometer a "hacerlas germinar" energéticamente.
—¿Cómo?
—Por ejemplo a través de la meditación y la autosanación. Los linajes quedan incorporados a las personas y pueden transmitirlos.
—O sea que son iniciáticos.
—Sí. Por ejemplo, quienes toman el rito del útero, pasan a ser guardianas de él y sienten la necesidad de transmitirlo a otras mujeres. Quienes toman los otros ritos pasan a ser guardianes de la Tierra, y tienen el compromiso de proteger la Naturaleza.
—¿Qué alcance tiene el del útero?
—Es una sanación energética que se transmite a nuestro útero y que nos llega de un linaje de mujeres medicinas de la selva amazónica. La pueden recibir todas las mujeres –incluso hombres– de cualquier edad que sienta el llamado a hacerlo. Están especialmente invitadas mujeres que ya no tengan físicamente el útero debido a que energéticamente hay mucho por sanar en su linaje materno femenino.
—¿Cuál fue el primero en tu caso?
—El mismo día hice el del sanador, el del vidente y el de la armonía –en el cual se trabaja con los chakras–. Al mes hice otro tres, luego de otro mes, otros tres, y el rito del útero más adelante.
—¿Cómo fue la vivencia con los primeros?
—Me llegó mucha información, estuve atenta a cosas que jamás hubiera imaginado, confié y dejé de sentirme sola –porque estaba asistida. Fue importante porque era muy controladora, lo cual me causaba mucha ansiedad. Y dejé de enfermarme (risas).
—¿Qué desaprendizaje hiciste a partir de esta experiencia?
—Al principio disociaba con lo que estudiaba, hasta que pude darle lugar a mi intuición, dejar de controlar, confiar en lo que sentía, acallar un poco la mente, sentir el cuerpo y escuchar mi alma. Mi desafío es poder unir todo y es a lo que voy (risas). Aprendí que las enfermedades vienen para decir algo, lo cual fue fundamental porque me enfermaba mucho. Todo esto me llevó a conocer mucho más mi sistema familiar, en cuanto a cosas que estaban trabadas y secretas.
—¿Cómo comenzaste a integrar todo esto con la Psicología?
—Fue gracias a una materia que se llama Mitología, en la cual el profesor me hizo hablar de las culturas incas, así que expuse sobre el tema y fue una forma de habilitarme –por lo cual luego le agradecí–. A partir de ahí tranquilamente lo hablo con mis compañeros –algunos de los cuales tomaron los ritos.
—¿Cuál es el enfoque dominante de la carrera?
—Psicoanalítico.
—¿En qué medida esta sabiduría te modificó la forma de entender la Psicología?
—(Piensa bastante) La cuestión de la intuición, que me habilita y me da más creatividad, y también el compromiso. La Psicología es una herramienta más, otro conocimiento, que me ayuda a relacionarme.
—¿Te identificás con algún enfoque en particular?
—No mucho, me gusta la Sistémica pero también tomo algo del Psicoanálisis...
—¿Qué otros elementos son identitarios de la cultura inca?
—Munay Ki significa amor incondicional por el creador y la creación, confían que esa sabiduría llegará a toda persona que sienta el llamado cuando lo necesite –a veces en momentos críticos como duelos, enfermedades o mudanzas. Vienen personas que lo sienten y no saben bien de qué se trata. No se basa tanto en el conocimiento, sino en acallar la mente para poder conectarse con seres de luz y guardianes de la Tierra, y recibir mensajes muy personales. Los encuentros son vivenciales y con poca información, un espacio tranquilo, relajado y sagrado –para estar centrado en uno mismo–, y lo más lindo es la experiencia que cuenta cada uno. El movimiento energético es mucho, así que después de tomar los ritos se mueven muchas cosas: hay personas que cambian de trabajo porque se dan cuenta de que no es lo que le gusta, encuentran su esencia, personas que se mudan...
—¿Las características de los ritos se mantienen como los originales?
—Villoldo los modificó no en cuanto a la esencia sino a las formas, ya que en nuestro caso hay cosas que todavía no podemos dimensionar por su complejidad en cuanto a los niveles de consciencia.
—¿Un libro de referencia?
—Recurro mucho a Chamán, sanador, sabio –de Villoldo–, donde cuenta sus experiencias.
—¿Hay iniciaciones de Munay Ki próximamente?
—La fecha de la próxima es el sábado 10 de noviembre, el sábado 17 será el taller del rito del útero y el sábado 1 de diciembre, iniciación en Aqualead, en el Centro Ayurvédico La Ventana – E. Carbó 558. Se pueden iniciar sólo en uno o en todos, como cada uno lo sienta. Los talleres están organizados para dar la iniciación en todos, aunque individualmente, es decir no grupal.
—¿Tenés alguna página en la Web?
—Publico información en mi Facebook.


Datos

El doctor Villoldo lleva estudiando las técnicas de sanación chamánicas entre los descendientes de los antiguos incas desde hace más de veinte años. Es chamán y sanador, y recurre a sus vastos conocimientos para elaborar un programa que se basa en los métodos de curación tradicionales utilizados por los chamanes, los cuales hasta ahora habían sido casi inaccesibles.
Un concepto clave de la sanación chamánica es el del campo de energía luminosa que envuelve al cuerpo físico.
Los diez ritos iniciáticos son 1) Hampe o rito del sanador, 2) Chumpi o bandas de poder, 3) Ayni o rito de la armonización, 4) Kawak o rito del vidente, 5) Pampa mesayok o guardián del día, 6) Alto mesayok o guardián de la sabiduría, 7) Kurak akuyek o guardián de la Tierra, 8) Mosok o rito del Porvenir, 9) Taitanchis rantis o rito del Creador/a y 10) El Rito del Útero.


La aplicación de las manos y los cambios del agua

Hergenreder también practica una terapia energética denominada Aqualead, la cual presenta ciertas similitudes con el Reiki, pero que trabaja sobre el aumento de la vibración molecular del agua.
—¿Cómo descubriste el Aqualead?
—Pensaba en lo que era la Naturaleza y me llevó a eso. La iniciación fue este año, aunque lo venía siguiendo porque es sanar el agua interna y la de todo el Planeta. Viene de Sabine Blais –canadiense–, se trabaja con símbolos y los uso en el día a día para mi sanación personal.
—¿Es una terapia energética?
—Sí, que se da por iniciación en tres niveles, en cada uno de los cuales se reciben símbolos para sanar –uno mismo, otras personas, plantas, bosques, ríos enviar a distancia, etc.
—¿Tiene similitudes con el Reiki?
—Sí. Se hacen aplicaciones con las manos en distintas partes del cuerpo y las sesiones son cortas. Lo característico es que no se puede cobrar por esa energía, ni siquiera las iniciaciones, así que son donaciones voluntarias. Recientemente di una iniciación –que también son breves– en La Ventana.
—¿Qué fundamento tiene la relación con el elemento agua?
—Con los símbolos se cambia la estructura molecular del agua, hace una limpieza emocional profunda y desintoxica a la persona. Tiene un aspecto ecológico en cuanto a cuidar el agua.
—¿Cómo se evidencia ese cambio?
—Algunas personas lloran.

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