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Los ecologistas advierten sobre animales que son atropellados en las islas

Nutrias, iguanas, zorros, gatos monteses y carpinchos son víctimas de los invasores del humedal ubicado frente a Rosario.

Domingo 05 de Enero de 2020

El año 2020 comenzó con una de las bajantes del río más prolongadas de las que se tiene registro, luego de tres meses en los que el Paraná no llegó a su caudal promedio. En Rosario, la altura se registra hoy en 1,8 metros, cuando en la misma época del año pasado medía 4,30 metros.

Grupos ecologistas advirtieron que el fenómeno tiene un impacto negativo en la abundancia de peces, porque restringe los lugares para reproducirse en el marco de una presión de pesca que no cede. Pero la poca altura trajo otras consecuencias nuevas al humedal; la más notable es el ingreso de vehículos desde diferentes accesos de la conexión vial Rosario-Victoria por bajadas clandestinas.

Así, los ambientalistas denuncian que pueden encontrarse caminos entre el monte y, en consecuencia, donde antes se veía fauna silvestre del lugar, ahora hay motos todo terreno y camionetas 4x4 que los pasan por arriba sin miramientos. “Siempre encontramos animales atropellados: nutrias, iguanas, carpinchos, zorros, y gatos monteses”, afirma Pablo Cantador, miembro de El Paraná No Se Toca.

“La gente se mete en cualquier lado. Hemos visto autos que llegan hasta sectores donde nunca entró un vehículo para practicar pesca. También detectamos una camioneta de la que bajaron dos motos Enduro para dar vueltas por la isla. Es un descontrol”, consideró el fotógrafo de naturaleza.

En ese sentido, una edila de Victoria presentó en octubre un proyecto en el Concejo Municipal de esa ciudad para que la Intendencia inspeccione y sancione a los conductores que circulan y se instalan con sus vehículos en las islas, que tienen estatus de zona natural protegida.

Terraplenes

Sin embargo, no es la única práctica que afecta al ecosistema que proliferó en el último tiempo. También hay “emprendimientos privados que ingresaron maquinaria pesada para levantar gigantescos terraplenes visibles desde la traza vial a la altura del kilómetro 44, cortando el ingreso de agua a lagunas que se forman con el río cuando tiene un buen caudal”, señaló Cantador.

Por ello, detalló que “sectores que antes eran de reproducción de peces y aves acuáticas ya se perdieron, se trata de amplias zonas que ya no filtrarán el agua”. Y agregó: “Se pretende hacer ganadería secando el humedal, que pronto se parecerá más a un ambiente pampeano”.

No todas las noticias son malas para el medio ambiente: el 19 de noviembre pasado, el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos rechazó por inadmisible el recurso de inaplicabilidad deley interpuesto por la empresa holandesa Bema Agri B.V., que pretendía desarrollar actividades agrícolas. La decisión dejó firme el fallo de la Justicia que protege los humedales del delta argentino. “Es importantísimo porque sienta precedentes para todos los demás que quieren hacer lo mismo”, destacó el activista.

Por último, está la preocupación permanente que generan las quemas de pastizales. Días atrás, se registraron algunos focos en la zona del banquito San Andrés que, al parecer, fueron involuntarios (alguien habría dejado fuego apagado de manera incorrecta), pero despertó el alerta entre los lugareños porque llegó hasta las cercanías de algunas viviendas a causa del viento.

No obstante, según el seguimiento de los ambientalistas, este año no se registraron grandes quemas en el área, algo que había encendido la alarma llegando septiembre, ya que el río estaba bajo y el invierno había dejado muchos pastizales secos. Sin embargo, apuntan los ambientalistas, la situación está lejos de tener la magnitud que solía verse años anteriores, de cientos de hectáreas arrasadas por las llamas. La decisión de la Secretaría de Ambiente de Entre Ríos de labrar multas de hasta 300 mil pesos a productores ganaderos responsables de quemas ilegales pudo haber tenido que ver con la merma, apuntaron desde El Paraná No Se Toca.

Cantador indicó: “El problema es que llevamos a la isla muchos de nuestros vicios de ciudad, el más visible quizás es la basura de la que podemos encontrar de todo tipo”, pero aseguró también que “todos los años se suma más gente a concientizar y hacer jornadas de limpieza”.

“Nuestros humedales tienen muchos problemas, pero cada día se ven más personas que lo valoran y se suman como pueden. Todos podemos aportar nuestro granito de arena, no dejar basura, asegurarnos que apagamos bien el fuego al retirarnos, y respetar las normas que protegen la flora y fauna del lugar”, finalizó el militante ambiental.

Victoria no ejerce tareas de control

Luego de las presentaciones que realizaron el verano pasado para sancionar a los organizadores,el municipio de Victoria informó a los grupos ecologistas que no autorizan fiestas masivas en la zona de islas. De todas formas, los eventos se siguen realizando, siendo las más notorias las que tienen lugar en el Paraná Viejo.

“Estos eventos son un gran negocio fuera de los controles y seguridad que hay en la ciudad, y dejan un gran perjuicio en un ambiente natural, música con volumen excesivo y la basura que queda o se lleva el río aguas abajo”, definió Pablo Cantador, del grupo ecologista El Paraná No Se Toca.

El integrante de la ONG mencionó que algo similar ocurre en la llamada isla De los Mástiles, ubicada frente a Granadero Baigorria y Capitán Bermúdez: “Un conocido parador realiza estos encuentros y la música se escucha desde esta costa”. En cambio, separó a los pequeños paradores familiares, “que son un caso diferente, porque cuidan el volumen y ellos mismos limpian el lugar ya que viven allí, y en algunos casos hasta brindan servicio de turismo ecológico”, enumeró Cantador.

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