Diversidad
Lunes 19 de Marzo de 2018

Los días 22 ya son símbolo de conciencia universal y regional

Desde la dulce patria del agua dulce hacia la patria contaminada: abrupta modificación de las condiciones ambientales en el litoral.

Este jueves 22 marzo recordaremos el día mundial del agua. Sobre esa fecha hablaremos en esta columna, pero es tal la coincidencia de fechas simbólicas en los días 22 de cada mes, que nos detendremos en ello para mirar la misma realidad desde diversos ángulos.

El 22 de enero es el día internacional de la respiración y el día del estado plurinacional de Bolivia, primero, con Ecuador, en aplicar por Constitución la cosmovisión del vivir bien y buen convivir.

El 22 de febrero nos recuerda el día de la resistencia y las autonomías, por la Batalla del Espinillo. El 22 de marzo el día mundial del agua, el 22 de abril el día internacional de la madre tierra, el 22 de mayo el día internacional de la diversidad biológica, el 22 de junio el día mundial del suelo y la tierra fértil... Claro, se dirá: muchas palabras modernas para el tiempo de la contaminación, que es el nuestro. Pero precisamente, ¿no habrá una toma de conciencia?

Casualidad, todos estos temas se interpretan mejor desde la visión de los pares complementarios, yanantin, chachawarmi, que son el centro del pensamiento antiguo y vigente a la vez, en nuestros pueblos indígenas del Abya yala (América).

El día y la noche, el cielo y la tierra, el invierno y el verano, son ejemplos de esa mirada que no excluye lo diferente, lo distinto, sino que observa el conjunto, lo integral, la comunidad. En la cuenca Esta semana celebraremos el Día Mundial del Agua, que es como decir la vida. El agua es la leche de la vida, dicen nuestros pueblos. Somos agua. Y lo estamos mirando desde esta patria del agua que es el litoral, la cuenca del Paraná-Paraguay-Uruguay. Solo en Entre Ríos colaboramos con más de 7.700 ríos y arroyos, afluentes de esa cuenca, a lo largo de 41.000 kilómetros en nuestro territorio, principalmente en los deltas del Paraná y el Uruguay.

Todos aquí somos orilleros, y casi todos pisamos un suelo con arenas en profundidad saturadas de agua: los acuíferos. El agua está en la poesía, en las canciones, en la danza, en los oficios, en las investigaciones, y el agua está en las luchas sociales, la historia, la política. Así como la cuenca del Paraná cruza fronteras, desmiente los límites impuestos por el poder, también el acuífero Guaraní, desde su mismo nombre, trasciende los mapas superficiales.

El agua nos cura de chovinismos y otras cerrazones, nos obliga a conversar con el vecino. Como el sol. La herencia Millones de años nos dejaron esta herencia de agua, vida para los peces, los pájaros, los árboles, el monte, la piedra, el suelo, el ser humano.

"El agua manda", llamaron jóvenes entrerrianos a una agrupación que remaba en nuestros ríos para crear conciencia ecológica. Ese nombre es un descubrimiento. Pero en pocas décadas estamos generando peligros en este paraíso, desde la actividad humana.

El 22 de marzo celebramos el agua, y también tomamos conciencia. Los arroyitos de Paraná, la capital de Entre Ríos que toma el nombre indígena del río milenario; estos arroyitos están colapsados por la contaminación. Sus cauces están tapizados de plástico, gomas, latas, residuos de los más variados. Y en varios casos, en vez de limpiarlos y cuidarlos, hemos optado por taparlos. La plata de las mojarritas fue reemplazada por el nailon. Las arcillas, por los basurales. En el río Paraná, las universidades con sedes en Santa Fe, Corrientes y La Plata han detectado insecticidas y herbicidas.

Lo mismo constataron otras entidades en el río Uruguay. Acá glifosato, cipermetrina, clorpirifós, endosulfán, allá lo mismo y fósforo. Hay insecticidas asentados en el cauce, en los barros. Allí se alimentan los sábalos, que a su vez constituyen el forraje del río, es decir: muchos peces comen sus huevas y sus alevines, y es la principal especie de captura...

Ciudades como Gualeguay, a la vera de ríos maravillosos, toman agua de pozos porque el agua de río ya no es saludable. Industrias, agricultura de escala, residuos, cloacas sin tratamiento, represamientos. La Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay: somos una máquina de generar peligro.

La Pachamama

El 22 de marzo, día mundial del agua, habrá muchos limpiando los arroyos, juntando basura, porque no son pocos los que toman conciencia. Pero el mundo consumista promovido por el gran capital resulta por ahora arrollador. Y los entrerrianos somos una muestra en frasco chico.

El 22 de abril, día internacional de la madre tierra, ¿qué diremos, con nuestros suelos erosionados y saturados de herbicidas, incluso en zonas de recarga de los acuíferos? Sustancias muy dañinas para la salud, incluso algunas con efectos directos sobre diversas especies, causas de malformaciones y diversas enfermedades. No estábamos bien, y en los últimos años desembarcó el sistema agropecuario con insecticidas, herbicidas y transgénicos. Sobre ello, la amenaza de la fractura hidráulica para la extracción de hidrocarburos con una batería de químicos, y explosiones subterráneas, en zona de acuíferos.

La conciencia social logró salvarnos por ahora del fracking, aunque se están realizando perforaciones en la margen izquierda del río Uruguay; y nos salvó de más represamientos en el Paraná Medio, pero siguen las amenazas de Garabí y Panambí en el río Uruguay.

Es que el sistema impuesto reclama energía, principalmente para el transporte de grandes volúmenes, la producción a escala, y la recreación de algunos.

La situación es delicada para el suelo, para el agua, para la Pachamama, para la vida. Dice Juan L. Ortiz: "Allí estaba el agua/ en el cielo/ y en los pastos./ El agua, diosa también etérea de estos campos./ El agua, que daría la dicha a los hijos de estos campos,/ errantes por los caminos,/ o incorporándose de debajo de los carros con criaturas de pecho en el escalofrío del amanecer".

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