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Los chicos aprenden a vivir y a ganarse un sueldo cocinando

Un grupo de talleristas va todos los miércoles al Centro Comunitario Nº 4 de La Floresta para capacitarse en el curso de Envasados, en donde hacen dulces y proyectan producir escabeches.

Jueves 01 de Noviembre de 2012

Juan Manuel Kunzi / Redacción de UNO
jkunzi@unoentrerios.com.ar

Una brigada de cocineros se desenvuelve entre ollas y hornallas como aprendices de profesionales. Los chicos que van todos los miércoles al taller de Envasados en el Centro Comunitario Nº 4 de La Floresta entraron este año en el plan nacional Promover. Ellos y sus docentes la tienen reclara. Para crecer, aprender y poder desenvolverse en la vida (más allá de las limitaciones) no queda otra que hacer las cosas con responsabilidad.
 

Por eso, mientras este cronista recorría la cocina y hablaba con Estela Martínez la capacitadora del taller desde hace siete años, Luis Emilio que tiene 43 años, es el que se encargó de revolver lo que terminaría siendo un súper dulce de leche. El estudiante más grande llega al edificio de calle República del Líbano, a metros de la cancha de Sportivo Urquiza, en un colectivo de línea.
 

El que sigue atento las conversaciones es Eduardo, hincha de Boca y de la V Azulada, tiene 31 años y vive a unos 200 metros de la cocina, en donde se mueve como un pez en el agua. Ayer, de reojo, controló las calabazas que luego se iban a convertir en mermelada.

“De todo lo que hacemos, me gusta acá (sic) y lo que más lindo nos sale es el dulce de leche”, responde contento enfundado en un delantal marrón habano.
 

Alrededor de la gran mesada da vueltas Javier, el más chico del grupo. A los 19 años es uno de los que menos habla y siempre está dispuesto a ayudar. Es el primero que busca rápido los dulces para mostrarlo en la foto grupal. Todos aseguran que los productos son riquísimos y que además le prestan mucha atención al packaging.
 

Mientras la cocina está algo revolucionada por los presencia de los visitantes, Matías (27 años) se acomodó en una esquina a cortar las fetas de queso cremoso con un hilo, que después colocarán en las pizzetas que ellos mismos hornearon. Al mediodía se sentarán alrededor de la mesa a saborear la comida que acompañarán con la gaseosa preferida por todos. Entre risas Matías cuenta que su debilidad son los pickles que también se preparan en el taller. Por eso lo llaman Envasados. Porque todo lo que preparan va fraccionado a los frascos que intentan comprar en Santa Fe para abaratar costos.
 

Entre tantas historias aparece la de Miguel (26 años) que también vive en el barrio y desde 2003 asiste a los diferentes talleres que se dictan en el Centro. Ya sabe hacer dulces, cocinar platos salados y aprendió los secretos de la panificación.
 

Entre ellos surge, con su remera blanca impecable que tiene los logos de diferentes empresas paranaenses, José Alberto, que está convencido de dedicarse de lleno a la elaboración de productos dulces.
 

En silencio, sonriente, Estela Maris escucha lo que cuentan sus compañeros. Ella tiene 28 años y ya no se acuerda cuándo fue que llegó al taller, pero tiene bien en claro que le encanta.
 

Ahora se están preparando para comenzar a producir escabeches de pollo, de peceto y de vizcacha, que el año que viene estarán entre los productos que venden al público. Algunas veces, como paseo, llegan hasta el edificio del Consejo General de Educación en el centro cívico de Paraná y venden lo que cocinan.
 

Ganarse el sueldo
También tienen clientes entres sus compañeros que asisten a los talleres de adultos y los docentes del Centro. Así se financian una pequeña caja que les permite comprar insumos y planear algunos viajes cortos en la ciudad y organizar la despedida de fin de año que habitualmente la hacen en un bar del centro capitalino.
 

Mientras tanto, como están dentro del plan Promover cobran “un sueldito”, cuenta la profesora Estela. Los ojos se le llenan de lágrimas cuando asegura: “A mí me encanta la doble posibilidad que me da la vida de poder trabajar con chicos especiales. Si yo pudiera tener todas las horas con ellos las tomaría porque no me canso. Con ellos es un ida y vuelta permanente. Yo les doy 1 y ellos me devuelven 20. Es un regalo que me dio la vida”, insistió la tallerista que trabaja con los chicos desde las 9 a las 15.30. Un ejemplo más de que hay más de una manera de vivir con optimismo.

El plan que incluye a la gente través del trabajo
El plan Promover tiene como objeto asistir a personas con discapacidad en el desarrollo de su proyecto ocupacional, a través de su inclusión en actividades que les permitan mejorar sus competencias, habilidades y destrezas laborales, insertarse en empleos de calidad o desarrollarse en emprendimientos productivos independientes.
 

Los beneficiarios son trabajadores desocupados mayores de 18 años con discapacidades que tengan residencia permanente en el país.
 

Los proyectos se dividen en dos líneas. Por un lado están las Actividades Asociativas de Interés Comunitario que están dirigidas a personas con limitaciones funcionales de carácter psicosocial o cognitivas, promoviendo su participación en actividades de utilidad social en forma tutelada.
 

En tanto que en la Línea 2 están las Actividades de Apoyo a la inserción laboral, que están dirigidas a la inclusión de trabajadores y trabajadoras con discapacidad en prestaciones formativas o de promoción del empleo.
 

La orientación va hacia la inclusión de personas con discapacidad en diversas prestaciones como: talleres de orientación laboral o apoyo a la búsqueda de empleo, cursos de formación profesional, certificación de estudios formales, acciones de inserción laboral. Certificación de competencias laborales y asistencia para el desarrollo de emprendimientos independientes. El Centro Comunitario de La Floresta está en República del Líbano 2327.

Matías está por cortar las fetas de queso que luego les agregarán a las pizzetas que ellos mismos hornearon en el taller de panificación que también realizan los miércoles por la mañana en el barrio La Floresta, de la capital provincial.

Luis Emilio está concentrado revolviendo lo que terminará siendo el dulce de leche. Es el estudiante más grande del taller y llega en un colectivo de línea a tomar las clases de cocina. También hacen actividades deportivas.

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