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Agroecología

"Los bienes naturales son finitos, por eso es un problema de ética"

Lo afirma Cristina Martínez, especialista en Educación Ambiental y Paisaje.

Sábado 01 de Febrero de 2020

La especialista en Educación Ambiental y Paisaje, Cristina Martínez, compartió detalles de cómo fue su evolución en cuanto al pensamiento de la cuestión ambiental, desde su originaria formación en Geografía y Ciencias Biológicas. La funcionaria destacó avances logrados con el plan de su creación pero no dejó de reconocer las resistencias que presenta el sistema educativo, especialmente en la instancia de formación de los educadores. “Todavía me sorprende el desconocimiento que tiene la sociedad del valor de nuestro territorio, los bienes naturales y las especies nativas”, enfatizó respecto a la falta de conciencia general.

—¿Dónde naciste?

—En Concordia, por avenida Las Heras, zona de gente trabajadora y solidaria, pero pasaba poco tiempo allí porque estaba por la mañana y la tarde en la Escuela Comercio N° 1, y estudiaba danza y piano.

—¿Hasta cuándo viviste allí?

—Hasta que me fui a estudiar Biología a Buenos Aires, en 1984. Cuando volví me casé, viví cerca de la Iglesia Nuestra Señora del Valle y luego me mudé a Paraná.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Los dos eran empleados administrativos, él luego tuvo un comercio chico, ya falleció, y mi mamá está jubilada.

—¿A qué jugabas?

—Poco, pero por lo general salía mucho por las zonas cercanas a cazar mariposas y sapos, por lo cual me retaban. Tenía una gran colección de muñecas y juguetes, pero los cuidaba mucho.

—¿Estaba marcada la atracción por la Naturaleza?

—No me daba cuenta pero ahora pienso que, sobre todo en el secundario, estaba enamorada incondicionalmente de Jacques Costeau. Mi sueño era ser bióloga marina y compartir alguno de sus viajes. Por eso fui a Buenos Aires a estudiar y trabajar. Cuando volví, en Concordia estaba el profesorado de Biología, que hice, y tuve que cursar el de Geografía, lo cual me ayudó a complejizar la mirada ambiental. También hice una adscripción en Ecología y Biogeografía, un post grado en Ciencias Sociales, y Diseño del Paisaje y Medio Ambiente.

—¿Había un mandato familiar en cuanto al estudio?

—Mi papá decía que tenía que estudiar abogacía pero siempre me gustaron los procesos de vida, la salud humana y la psicología. En los test me dio que me involucraba mucho en los problemas y aconsejaron que estudiara algo en lo que no hubiera sufrimiento. Por eso me especialicé en plantas nativas.

—¿Leías?

—Muchísimo; mi profesor de Literatura, una persona muy prestigiosa, se asombró cuando supo todo lo que había leído.

—¿Los libros estaban en tu casa?

—Había muchos, iba a bibliotecas y pertenecía a la Acción Católica, donde el padre Odiar, un gran sacerdote, tenía una gran biblioteca.

—¿Algunos influyentes?

—Muchos sobre Naturaleza, pero hubo uno que leí a los catorce años y me marcó como persona y mujer, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, que interpreté como pude y resignifiqué muchos mandatos.

—¿Y cuando niña?

—Los clásicos, de hadas y Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga. Fijate que ahora trabajamos los cuentos, mitos y leyendas de la Naturaleza entrerriana. También El almohadón de plumas; me gustaba García Márquez; El brazalete y otros cuentos, de Manuel Mujica Láinez, comics y las colecciones completas de Billiken y Anteojito. Luego fueron las revistas National Geographic, que regalé recientemente, y Natura.

—¿Cuál fue la primera toma de conciencia respecto al cuidado del ambiente?

—Fue algo concreto: un incendio en el Amazonas, cuando tenía trece años y estaba haciendo mi primer trabajo de investigación sobre los pueblos originarios de esa región. En el último año de la secundaria formé parte de una ONG, cuidadores del Parque San Carlos, y cuando era estudiante del profesorado, trabajaba en INTA, donde conocí el mundo de la genética vegetal, y después en el Jardín Botánico de Concordia, el primero que tuvo plantas nativas, donde aprendí mucho sobre los ciclos y usos de cada planta, y el valor del saber de los baqueanos.

—¿Qué visión tenías de los problemas ambientales por ese entonces?

—Focalizaba en lo biológico, entonces mi defensa estaba en las plantas, el bosque nativo, las reservas naturales y los animales. Luego fue variando hasta trabajar desde una categoría totalmente sociológica, ya que hice el doctorado en Ciencias Sociales, cuya tesis estoy escribiendo. Por aquel entonces fui asesora de la secretaría municipal y tuve acercamiento a la problemática de la basura, con una experiencia piloto de separación de residuos en La Bianca, y creación de cooperativas de recolectores, junto con la UTN.

—¿Qué especies se han extinguido desde que estás involucrada en el tema?

—Hay muchas en estatus de vulnerabilidad y algunas especies fueron declaradas monumentos.

—¿Por ejemplo?

—El cardenal amarillo y en cuanto a las plantas, el Mburucuyá (Pasionaria) se ve menos. Fue base de la comida del pueblo guaraní.

—¿Y un cambio más sutil que, por ejemplo, la devastación brutal del monte nativo?

—Los cambios más sutiles en la vegetación tienen que ver con las modificaciones climáticas. En Concordia teníamos especies de hierbas y flores herbáceas que luego de la represa de Salto Grande dejaron de verse, aunque no hay mucha investigación sobre nuestra flora.

—¿Qué conlleva la deforestación del monte?

—¡Uh, es muy grave, porque se rompen los ecosistemas y se desprotege el suelo! La vegetación es el hogar de la fauna y el oxígeno que respiramos se debe a las plantas. Las personas debieran entender que un árbol, por más que moleste, tiene una función ecológica que mejora nuestra calidad de vida.

—¿Qué elementos de tu formación te resultaron claves para complejizar la mirada de estos problemas?

—Cuando comencé a trabajar en 1999 en escuelas, en General Campos, me marcó que no había materiales específicos informativos y libros, sino que venían de México y España, con lo cual resultaba imposible construir conocimiento. Estudié en la UTN la licenciatura en Tecnología Educativa, lo cual me permitió repensar la cartografía y fichas técnicas, para hacerlas más atractivas para el alumno. Además, cada espacio educativo trabajaba los contenidos, cuando la idea que implica lo ambiental es complejizarlos e interactuar, pero era difícil por la formación docente. En 2005 comenzamos a pensar con alumnos, desde el eje de un desarrollo regional sustentable, proyectos de domesticación de especies nativas, con finalidades comerciales, cuidando el suelo y solucionando un problema social, con lo cual obtuvimos premios internacionales. Hubo otros proyectos, cuestionando el monocultivo, a través de un mapeo del crecimiento de la soja transgénica en la provincia y lo que producía en el sistema productivo, territorial y de la biodiversidad.

—¿La formación docente minimiza o desconoce estos problemas?

—En ese entonces todavía no se hablaba mucho y la formación ambiental venía desde la Biología y la Ecología, así que la gente de otros profesorados tenía dificultades para abordarlo. También se minimiza, porque tenemos el paradigma de que los recursos son ilimitados, al igual que el crecimiento, lo cual es ilusorio. Los bienes son finitos y el progreso no es el mismo para todos, como sucede con el nivel de consumo de los países centrales. ¿Quién define éticamente eso? Es un dilema político.

—¿Cuál es el problema ambiental más grave de Concordia?

—Como dice Leonardo Boff, “el problema ambiental más grave es la pobreza”. Hay muchos temas: salud, alimentación, posibilidades de trabajo, cloacas, residuos… más lo heredado por la represa de Salto Grande, que impactó en las costas, el río, los peces y la biodiversidad. Nuestra definición de educación ambiental es que es una ética que orienta valores y comportamientos hacia dos objetivos: sustentabilidad ecológica y equidad social. Es una transformación cultural, porque hay una crisis social y somos ambiente.

—¿Cuál es el paisaje de Entre Ríos más brutalmente modificado?

—Casi todos, las costas, la llanura, el monte espinal, por el avance de la frontera agrícola…

—¿Postales?

—No la vi en vivo pero sí en video: cuando se terminó la represa y se llenó el espacio del lago había una isla llamada De los pájaros, con muchas especies. Un especialista en observación, el señor (Faustino) Torrano, nos mostró un video donde luego de que la isla se tapó, los pájaros daban vueltas sobre el lugar, buscando. Fue muy triste y doloroso. También cuando hicimos un trabajo entrevistando a gente de Federación, que cuando había bajante iba a ver la cruz de la iglesia sumergida en el agua. Me marcaron mucho.

—¿En qué modificaste el mapa de situación cuando asumiste la función pública?

—La mirada que tenía era más localizada en instituciones educativas de General Campos y Concordia –en las cuales se hicieron proyectos interdisciplinarios. En 2007 se decidió crear en el CGE un área de Educación Ambiental, en la cual puse un fuerte eje en la capacitación y la producción de material didáctico específico sobre la realidad regional. Fue equipo con diferentes titulaciones, geógrafos, biólogos, comunicadores, ingenieros agrónomos y cientistas políticos. El programa se lo pensó transversal a todos los niveles y modalidades, con la idea de modificar poco a poco el concepto biológico y hacer un corrimiento hacia las ciencias sociales, lo cual es muy difícil por los patrones culturales arraigados. Todavía en los medios de comunicación se habla de “medio ambiente”. En el artículo 260 de la Constitución provincial se declara la educación ambiental como inherente a la educación común. Ya no hablamos de contenidos o materias, porque proponemos la complejidad ambiental.

—¿Descubriste algo?

—Sí, y todavía nos sorprende: el desconocimiento que tiene la sociedad del valor de nuestro territorio, los bienes naturales y especies nativas. En el conflicto del tipo de producción y modelo de desarrollo, tenemos un montón de especies y plantas que pueden ser nuevas alternativas, con nuevos valores de mercado y desarrollos de bajo impacto. Hacen falta más experiencias piloto e investigaciones, y trabajar sobre cuestiones culturales y valoraciones simbólicas. Hay que transformar el conflicto ambiental en un problema pedagógico, y construir conocimiento crítico, pensando nuevos futuros y formas de relación.

—¿Hay posibilidad de hacer transversales estas ideas en la administración del Estado?

—Están dadas todas las condiciones. En su primera gestión, el gobernador Bordet transversalizó en todas las áreas la cuestión ambiental y ahora hay una fuerte decisión de trabajar el tema alimentación, cambio climático y energías alternativas. El año pasado se creó una comisión para hacer una ley sobre agroecología, y participaron todas las áreas, universidades e institutos de investigación. Todas las áreas, poco a poco, han abierto sus puertas y habrá que consensuar miradas, discursos y posicionamientos epistemológicos. La comunidad está comenzando a prestar atención y tomar conciencia, para cambiar hábitos.

—¿Qué reajustes tuviste que hacer en el programa?

—Tuvimos que hacer cambios de rumbo en las propuestas de capacitación. El CGE brinda postitulaciones en educación ambiental, a nivel nacional, hubo uno muy interesante dado por Marina Vilte, de Ctera, y la Universidad del Comahue, dirigido por el profesor (Carlos) Galano y estuvo el licenciado (Guillermo) Priotto, que ahora son profesores de nuestros postítulos, además de la doctora (Silvina) Corbetta, (Américo) Schvartzman, Eduardo Cerdá, el doctor y la arquitecta Verseñazzi, la magister Myriam Martínez, de la Facultad de Agronomía, gente con mucha trayectoria y que proponen una mirada para repensar ciertas cuestiones y soluciones, como el desarrollo adaptado a nuestra realidad territorial. Detectamos que había que ajustar algunas cuestiones en la formación en los profesorados, por eso durante 2019 se dictaron sólo para formador de formadores. Otra cuestión es que decidimos que las nuevas referencias de nuestros materiales didácticos, también en Braile, los construyan los alumnos, junto con universidades y centros de investigación. En el nivel inicial estamos trabajando con libros para pintar, con nuestras plantas y aves.

—¿Qué concepto está más arraigado en los institutos de formación que colisiona con estas miradas?

—Que el ambiente es lo que nos rodea y que los profesores que deben tomar los cursos son los de Ciencias Naturales. Cuando llamamos a inscripción a los cursos no lo hacen los de Ciencias Sociales ni los de Arte, que son los que necesitamos porque son fundamentales para el cambio.

—¿Cuáles son las mayores dificultades propias de la gestión?

—Los trámites burocráticos tienen su tiempo y es lo más difícil, pero la mayoría de personas con las cuales trabajamos colaboran mucho y las cosas salen, porque hay mucho interés en lo ambiental. A veces la dificultad es acceder a especialistas que nos revisen y se demoran las publicaciones.

—¿Qué prioridades tienen para este año?

—Primero, mucha capacitación y actualización, que estamos definiendo la sede, pensada para profesorados, con un fuerte eje no solo en Educación Ambiental, sino también desarrollo regional y alimentación, cambio climático y alimentación. Son 200 horas cátedra. Ya están en edición nuevos libros: uno que habla de los bienes naturales de Entre Ríos y la biodiversidad, que se propone continuar con otros tres manuales relacionados con el monte nativo, el agua y energías, respectivamente. Otro son de estrategias para el aula y continuaremos con un trabajo para traducir a Educación Especial los materiales editados. Tenemos un concurso de fotografía que lleva doce años, se hizo un libro y un calendario, y otro de Literatura, once años, cuyo libro ya está en imprenta. Y continuaremos con la Olimpíadas de Ambiente y Desarrollo Sustentable, para secundarios, junto con la Uader y la UNER de Concepción del Uruguay, en las cuales se focaliza en las propuestas de solución, imaginativas, participativas y creativas.

—¿Las nuevas generaciones tienen más conciencia o simplemente es una moda políticamente correcta?

—Hay una cuestión de moda pero no en los niños ni en los adolescentes.

—¿No se corta cuando dejan la enseñanza media?

—Puede ser, por hábitos de los adultos. Los más pequeños tienen verdadera conciencia y los adolescentes están con nuevas formas de alimentación. Tenés razón en que cuando se llega a la adultez, se modifica o desdibuja.

—¿Tienen alguna página en Internet?

—La página del Programa provincial de Educación Ambiental está dentro de la del Consejo de Educación y hay otra que está en entrerios.gov.ar/pea.

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