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Parque San Martín

Lo mordió una yarará en el Islote y se recupera gracias a que actuó rápido

El músico Mariano Martínez sufrió un accidente con una víbora venenosa. Una especialista explicó qué hacer en estos casos.

Lunes 10 de Febrero de 2020

Mariano Martínez es uno de los músicos del grupo Combo Mutante. En consonancia con una filosofía de vida que promueve el respeto por la naturaleza, es asiduo visitante del Islote municipal, en Paraná, donde sufrió un accidente por el que permanece en reposo desde el 26 de enero: fue mordido por una yarará mientras recorría un sendero que hace tiempo está en desuso.

Consciente de que debía recibir atención médica enseguida, fue trasladado al hospital San Martín, uno de los casi 50 centros de referencia que hay en la provincia para atender este tipo de emergencias. Una vez que le aplicaron suero antiofídico tuvo que permanecer tres días en observación antes de regresar a su hogar, donde continúa sin poder apoyar el pie, esperando recuperarse definitivamente. “Ya estoy en mi casa. Lo principal que se estila en estos casos es contar con atención médica lo más pronto posible, y pude atenderme rápido. La recuperación me está llevando lo suyo, porque primero hay que superar el edema que produce el veneno y se hincha toda la pierna”, contó a UNO.

A su vez, refirió: “Cuando se sufre una mordedura de yarará, hay que aplicar suero antiofídico lo más pronto posible, hidratando el torrente sanguíneo para que el veneno no se aloje en ningún lado. Porque el problema surge cuando el veneno se aloja en las glándulas, en el bazo, los riñones, el hígado. Entonces, hay que hacer que fluya, que no se acumule. Los médicos en el San Martín al toque te analizan y te dicen qué cantidad de antiofídico te tienen que poner para neutralizar el efecto del veneno, aunque la mordedura tiene sus consecuencia naturales: se infla la pierna y genera un inconveniente si el edema es muy fuerte y muy localizado, porque puede dañar los tejidos, los conductos nerviosos, las venas, los músculos y las arterias. La hinchazón puede producir esas lesiones, por eso se tiene que desparramar el edema, si no hay que hacer un drenaje y abrir la pierna”.

Respecto del momento en que recibió la mordedura, recordó: “Me confié y fui por un sendero que siempre suele utilizarse, pero ahora está en desuso. Pensé que había pateado un fierro o algo enterrado, y cuando quise ver qué era, me encontré con un nido y eran varias yararás. La que me mordió seguro habrá protegido su prole, porque estaba con pichones y como pasé cerca se defendió”.

“Cuando la vi, me cayó la ficha. Miré mi pie y vi la marca de los dos colmillos. Primero tuve la esperanza de que no fuera una yarará, pero cuando corroboré que se trataba de este especie salimos en lancha lo más rápido posible buscando ayuda”, señaló, a la vez que evaluó: “La verdad es que tuve suerte, porque me mordió madre, la más grande; si son los pichones es más peligroso, porque no regulan el veneno y te largan todo, pero la bicha más adulta regula el veneno que usa en cada mordida”.

Consultada sobre el tema, Griselda Urich, licenciada en Biología, confirmó que reviste mayor riesgo si se es mordido por un ejemplar más joven, y explicó: “La concentración del veneno es el mismo, el problema con el pichón es que al asustarse clava los dientes y larga todo el veneno que tiene; en cambio una yarará adulta, si está haciendo una advertencia, va a soltar menor cantidad, porque entiende que lo necesita para alimentarse, ya que si se queda sin veneno tiene que esperar un lapso de tiempo para volver a producirlo para atrapar una presa”.

La especialista, que trabaja en el parque San Martín –donde por fortuna nunca se registró un accidente de este tipo–, recordó que las víboras suelen verse más cuando hace calor, y explicó: “Lo que se recomienda es no tocar la herida, si la van a lavar, que solo sea con agua”.

La decisión de Martínez de buscar atención médica de inmediato fue la acertada, ya que, según mencionó Urich, existen numerosas creencias erróneas sobre cómo proceder en estos casos, que pueden empeorar la situación: “Hay muchos mitos: que hay que chupar la herida, o que hay que cortarla, por ejemplo, pero en realidad esas acciones lo único que hacen es agravar el cuadro, porque el veneno de la yarará provoca hematomas y al lacerar la herida se generan hematomas más grandes y hace que la persona se deteriore más rápido. No hay que hacer torniquetes ni efectuar mordeduras ni cortaduras. Lo ideal es que la persona no se mueva, se quede tranquila y la puedan trasladar”, subrayó.

Asimismo, sostuvo que el hospital San Martín es un centro de referencia local en estas situaciones: “Ahí preparan suero y siempre tienen, además de contar con médicos preparados para atender a alguien fue sufrió una mordedura, identificando si realmente es de yarará, por la forma en que apoya los dientes. Por eso también es importante no tocar la herida. Si efectivamente fue una yarará, colocan el suero que corresponde Si no, hay que ver qué otro bicho fue y cómo proceder”, recalcó.

“Por ahí la gente puede entrar en pánico y es bastante normal por la gravedad de la situación, pero salvo en un caso de una persona muy alérgica la mordedura de yarará da tiempo para buscar atención, no es que uno se va a morir en una hora”, dijo, aunque confió que en el caso de un niño puede ser más grave.

Por otra parte, aconsejó: “Hay que tratar de no meterse donde hay pasto crecido, para ver dónde se pisa. Si no se tiene otra opción que pasar por ese lugar, usar bastón o un palo para ir tanteando que no haya nada. Tampoco hay que levantar piedras grandes o tapas que puede haber en el suelo, porque sirven de refugios para la yarará. Por lo general son animales que no atacan en primera instancia, el problema es que uno las pisa o las molesta demasiado; que es cuando se defienden”.

Por último, recordó: “Las yararás son muy importantes para el ambiente, ya que entre otras cosas y al igual que otras serpientes, son controladoras de los roedores, que trasmiten enfermedades al hombre. Si se las encuentra en un ambiente natural hay que dejarlas seguir su camino. Y para evitar que ingresen en una vivienda, con hacer un escaloncito de un par de centímetros o colocar una chapa en la puerta no muy alta, ya se logra que la yarará no ingrese”

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