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Ley de Educación: Una norma de consenso que marcó un rumbo claro

Balance. Jorge Kerz era ministro de Educación en Entre Ríos, en 2006, cuando se gestó y aprobó la ley. "Fue muy buena, hubo mucha participación y un proceso de innovación importante", dijo. Habló de aspectos aún pendientes

Domingo 11 de Diciembre de 2016

El miércoles se cumplirán 10 años de la sanción de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206, que enterró la mercantilista y neoliberal Ley Federal de Educación, sancionado en los 90, que entre otras cosas había traspasado a las provincias, casi sin recursos, las escuelas de todos los niveles y modalidades.
La nueva norma resultó ser un producto de un amplio y hasta inédito debate político y en estamentos institucionales educativos, que trazó un nuevo rumbo en las políticas públicas: una de las medidas más salientes fue la decisión de la ampliación progresiva del presupuesto educativo, meta que se logró incluso en forma adelantada. Se había propuesto elevar en cinco años, a un 6% del PBI la inversión en educación; previo a ella, apenas superaba el 3%.
El concepto de derecho a la educación cruza toda esa normativa, y constituyó un paulatino ingreso y recuperación de sectores excluidos. Así, creció exponencialmente la matrícula –a partir del establecimiento de la obligatoriedad de la escuela secundaria– y de la inversión y crecimiento de la formación técnico profesional.
Fijó también la universalización de la sala de 4 años, el avance progresivo de las jornadas extendidas en el nivel primario, el estudio de un idioma extranjero, la vuelta de la secundaria, la creación del Instituto Nacional de Formación Docente, entre otros puntos.
Más allá de que en algunos casos no se pudieron alcanzar las metas fijadas, existe un amplio consenso entre especialistas y sectores gremiales y políticos ligados a la educación, acerca de la buena perspectiva trazada por la Ley Nacional de Educación, y hoy en todo caso se plantea como discusión de fondo profundizar aún más y ampliar los recursos, a través de una modificación de la Ley de Financiamiento Educativo.
A fines de 2005 asumió al frente de la cartera educativa entrerriana el licenciado Jorge Kerz. Venía de haberle dado reconocimiento y prestigio a la Defensoría del Pueblo de Paraná –instituida dos años antes– mediante una buena gestión, con su perfil serio y de trabajo. Vivió entonces, el proceso de gestación de la ley, y su sanción.
En diálogo con UNO, recordó la amplia participación y debate que tuvo, destacó los cambios y procesos de innovación que generó; y en otros aspectos puntuales, el lugar dado a la educación técnico-profesional, que tuvo en los años siguientes una gran inversión, equipamiento y aumento de la matrícula. En tanto, marcó como cuestiones pendientes la instrumentación de la jornada escolar extendida: "Ha ido despacio, más lenta de lo que debería haber ido. También –acotó–, lo que no hicimos en esa época, es el tema segundo idioma. Todavía estamos viendo si el francés, o el portugués que se hizo una ley, y en realidad eso está definido también: el segundo idioma es el inglés, que es universal".
En ese marco, observando la realidad, cuestionó la idea del gobierno nacional de que la sala de 3 años sea obligatoria. "Es una decisión apresurada", opinó (ver recuadro).
Desde el llano, como docente universitario de la Uader y la UCA, y responsable de capacitaciones laborales, trazó un balance y una perspectiva de la Ley Nacional de Educación.
–¿Qué recuerda de aquel proceso de hace 10 años atrás, que definió una ley que marcó el rumbo de las políticas educativas?
–Primero, que pudimos participar muchísimo. Se trabajó en escuelas, en todos los departamentos para facilitar aportes y sugerencias; hubo muchas posibilidades de trabajar. Hay que recordar que se venía de la Carpa Blanca Docente. Segundo, fue una iniciativa muy buena porque adecuó gran parte de aspectos de las políticas educativas que eran necesarias tener en cuenta; algunas cosas blanqueó adecuadamente y las instaló normativamente, como extender la obligatoriedad de la escuela, y graficó claramente cuál era la obligación de inversión en presupuesto educativo. Tuvo un proceso de innovación y de cambio importante. A partir de ahí se construyó una gran cantidad de escuelas, y hubo provincias como la nuestra, en la que pudimos mejorar, por ejemplo, el blanqueo de salarios. Con el paso de los años, uno la ve con buenos resultados en grandes aspectos.
Por otro lado, quedaron en el camino algo que algunos de los titulares de Educación que estábamos en esa época ya conversábamos y que otros seguimos conversando todavía: los cambios pedagógicos. Planteábamos la necesidad de adecuarnos a las nuevas tecnologías, de comprender la nueva infancia, cómo se transformaban en los jóvenes, los modos de aprender e investigar o entusiasmar de la escuela; esas cuestiones quedaron muy atrás, porque a pesar de inversiones y esfuerzos que pueden hacer los docentes, que son enormes esfuerzos, los resultados distan de llegar.
–El antecedente a esta norma era la Ley Federal de Educación, muy criticada por su visión y concepto de la educación.
–Ésa fue una ley de una impronta liberal bastante importante, y si bien no se puede decir de ausencia de inversión educativa, al menos hay que marcar de deficiencia en el destino del presupuesto de educación en aquel momento. Esta ley nueva marcó claramente el destino y meta del presupuesto; y tal vez haya que discutirla nuevamente hoy, para ampliar la inversión.
Lo que también nos quedó pendiente, no en la ley sino como responsabilidad en la política de educación, es la formación docente. Fundamentalmente en las herramientas con las que uno hoy trabaja en las escuelas, en función de que el chico no sea repetidor de conceptos, sino que sea una persona más creativa. Por más que vos tengas docentes preparados, con muchísimos dedicación, hay aspectos que no están saldados: uno es externo a la escuela, como el tema de la pobreza y la exclusión social; otro es cómo son las infancias y adolescencias de hoy, y vos ves que ponés esfuerzos pero los resultados no alcanzan a llegar.
–¿Qué falló entonces en esa meta no alcanzada?
–Es una discusión muy de fondo. Porque en las escuelas hoy conviven cuatro miradas simultáneamente: una es la mirada en la organización clásica; una mirada de una organización que enseñe y transmita el conocimiento válido, que esté encerrada en sí misma; otra mirada que hay que abrir la escuela; y otra que en la escuela se aprende, que aprende el docente con el niño conjuntamente, y crean el conocimiento. Ésta es la mirada con la que yo tengo más afinidad, pero no es la única y hay una disputa en la escuela para definir para qué lado rumbea. Por lo tanto vos tenés pedagogías orientadas a crear conocimientos y cuando vas a evaluar, evaluás clásicamente si sabe o no. Esas cosas son las que están hoy en discusión, y tampoco están saldadas mundialmente. Algunos de esos cambios y avances se ven en países como Finlandia, pero hay escuelas en Argentina que también están mirando de otro modo.
Hoy, por ejemplo, se ha dejado de exigir caligrafía cursiva, porque vamos dejando de a poco la mano para escribir cursivamente, y se está incluyendo, con el uso de la tecnología, la mecanografía porque tenés los teclados. Quizás más adelante dejen de existir los teclados y empiece a tener mucho más atención cómo moldear la voz, porque tus comandos para tu vida serán hablados y los dispositivos serán para escucharte a vos. Estos dispositivos técnicos están cambiando profundamente la sociedad, y la escuela tiene una discusión interna que no está saldada.
Después de esa época se prohibió el celular en la escuela. ¿Cómo no va a ser una herramienta el celular si tenés la búsqueda en Internet, la calculadora, un montón de cosas a mano, y es un dispositivo que está incorporado a la vida de la personas? Estas son las cosas de fondo que se están discutiendo.
–¿Es una cuestión de falta de claridad de las políticas, de ausencia de debate social o de tratamiento específico de algunos temas?
–Lo que creo que ocurre es que la necesidad de transformación de cambio es de una envergadura importante, y cuando tenés que hacer estos cambios, no es tan fácil la resistencia que se produce en general desde la sociedad misma, en los padres, directivos, y algunos docentes; está el temor de hacia dónde vamos. No es fácil salir de lo que es conocido, hacia otro lugar que no muestra los resultados, a algo que vos tenés que explorar o crear nuevamente. No es fácil tomar estas decisiones.

"Improvisación" de la sala de 3 años obligatoria

Una de los anuncios principales del gobierno de Mauricio Macri en materia educativa fue la decisión de la obligatoriedad de la sala de 3 años. El proyecto de ley del Gobierno presentado en el Congreso, tuvo media sanción de Diputados el mes pasado.
Entre especialistas y en las comunidades educativas, la medida generó distintas voces a favor y en contra, no por su metodología, sino por su conveniencia.
Para Kerz, se trató de una decisión "apresurada" y planteó: "Merecía evaluarse la obligatoriedad de los chicos a esa edad, o discutirse dónde deberían estar ese gurí, si en un jardín obligatorio, en uno de sistema u otro de inclusión, y ahí llevamos la discusión a otro lado. Se comete un error porque aparte no se puede garantizar, porque no podés tener un aula con tantos chicos cuando tienen esa edad, y las herramientas pedagógicas son otras. Fue muy improvisado".
Y añadió: "Es una medida que no se puede tomar de esa manera. Es más, hay países en el mundo donde los chicos empiezan la escuela los 7 años. En los países nórdicos, si querés que ingresen los chicos a esa edad a la escuela, el director te lo va a dejar entrar, pero te va a recomendar que lo dejes terminar de jugar. Es una perspectiva, de no incluirlo en el sistema de obligatoriedad porque el chico tiene que terminar de jugar, ése es el concepto. Ahora nosotros impulsamos la obligatoriedad a los 3 años, cuando además te demanda un esfuerzo enorme en formación y cantidad de docentes".

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