Día del Trabajador

La venta ambulante, una alternativa para sobrellevar la crisis y los efectos de la pandemia

En el Día del Trabajador, experiencias de quienes se dedican a la venta ambulante y encuentran en ese espacio una oportunidad, aunque no un trabajo formal

Domingo 01 de Mayo de 2022

“Pan casero…, hay pan casero...”, quienes frenan en el semáforo de calle Salvador Maciá de Paraná pueden escuchar desde temprano la tentadora oferta de Claudio Utz, un vendedor ambulante de los tantos que hay en Paraná. Allí se instala desde hace dos meses con una mesita plegable y varias cajas apiladas y bien tapadas donde guarda la mercadería. Fue desde muy joven y por el lapso de 20 años maletero en la terminal de ómnibus, la poca paga y alguno que otro entredicho con sus pares lo llevaron a tomar la decisión de cambiar de rumbo. Su cuñado paralelamente también definió dedicarse a otra cosa y fue ahí cuando se organizaron para trabajar en conjunto y dedicarse a la venta ambulante. Desde hace más de dos años uno es el que amasa y prepara el horno de barro, el otro comercializa. Salvo los días de lluvia por falta de resguardo, cada mañana el puesto está fijo en ese lugar, muy cercano a la plaza Mujeres Entrerrianas de lunes a sábado. El domingo, descansan.

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“Te sorprendería ver la gente que viene a comprarnos. Se les nota que tiene una buena condición económica, pienso que alguna vez se animaron a venir a la feria, vieron la calidad en general y el buen ambiente y optaron por nosotros, porque la verdad es que comprar en el centro, en los negocios de la peatonal, es carísimo”, así describe Paula Torres los cambios de hábitos a raíz de la pandemia. Ella es integrante de la asociación civil Feriantes Unidos de plaza Francisco Ramírez, un multitudinario grupo que sábados, domingos y feriados se instalan en las veredas, muy cerquita de la plaza y a pocas cuadras de la terminal de ómnibus.

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Paula es ama de casa. Se había aventurado a poner una verdulería pero con la pandemia y las restricciones para evitar la propagación de Covid-19, no tuvo otra opción que cerrarlo. También probó con una tienda de ropa en su casa, con el mismo final. “Hace un año que estoy acá y realmente soy feliz. No sólo por las ventas, es por las amistades que se construyen acá, somos una gran familia. Particularmente yo lo hago para distraerme, para compartir, pero hay muchas personas que tienen necesidades y la feria les brinda la oportunidad de vender, comprar a bajo costo e incluso permutar productos. Realmente la pandemia fue un quiebre para muchos trabajadores, los puso en jaque”, relató la entrevistada.

PAULA TORRES - DIA DEL TRABAJADOR.mp4

Elsa Zapata es jubilada y vive junto a su compañero en barrio San Agustín. Llegó a la feria de la mano de su nuera, que hoy vive en otra localidad, cuando aún funcionaban en la plaza. Mientras le da el sol de la mañana, arregla todas las prendas en la mesa para su exposición. “Es una entrada extra. A mí me dan familiares y amigos prendas que ya no usan, yo las arreglo, las lavo y las plancho para poder ofrecerlas al público. “Trabajé toda la vida, ya desde chica ayudaba a mi mamá, no me reconozco en mi casa sin hacer nada”, indicó a UNO.

En el día del Trabajador, tres historias, y en el relato de los referentes del trabajo en la vía pública, detalles de la actualidad, los vestigios de la pandemia y un trabajo que gusta, pero muchas veces no alcanza.

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El comercio callejero está presente desde el inicio mismo de la civilización misma, el intercambio de productos está a la orden del día y es una salida rápida sobre todo en tiempos de crisis, son actividades informales y si bien al estar en ferias o puestos de mercado puede estar bien reglamentada en la mayoría de los casos funcionan sin permisos ni instalaciones normalizadas.

El debate siempre vigente es: ¿Se trata de una actividad ilegal que debe ser perseguida o una opción válida en la crisis?. La realidad es que las recurrentes crisis económicas han llevado en los últimos años a un crecimiento de la venta informal, es que los cimbronazos financieros provocan que los trabajadores que se quedan sin empleo se decidan por la venta ambulante. Es una salida laboral provisoria que en muchos casos termina por convertirse en permanente.

Muy frecuentemente los vendedores ambulantes se enfrentan con serias dificultades para llevar a cabo sus actividades de subsistencia. Tienen un acceso deficiente a los servicios y la infraestructura como el agua, la electricidad y los servicios financieros. Los dueños de tiendas a veces acusan a los vendedores ambulantes de competencia desleal; con frecuencia se los trata como delincuentes y a menudo se los considera un obstáculo para el desarrollo de las ciudades. Temen los enfrentamientos con la policía o las autoridades municipales, los desalojos, la confiscación y hasta la destrucción de sus bienes.

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2.000 obreros dieron el puntapié inicial

La primera conmemoración del Día del Trabajador en la Argentina ocurrió el 1° de mayo de 1890 en el barrio porteño de Recoleta, más precisamente en el barrio del Prado del Español. La convocatoria había sido lanzada por iniciativa del club de trabajadores alemanes Worwaerts, que había motorizado un comité obrero para convocar al mitin a todos los asalariados. La reunión se inició a las 3 de la tarde y junto a 2.000 personas, una concurrencia numerosa para la época. Al día siguiente, los asistentes se enteraron de que habían perdido su jornal “por faltar al trabajo”.

Aquella vez se reivindicó la declaración del Congreso de París de 1889 “donde los representantes de los trabajadores de diversos países, resolvieron fijar el 1° de mayo de 1890 como fiesta universal de los obreros, con el objeto de iniciar la propaganda en pro de la emancipación social”.

En la reunión hablaron varios oradores señalando “las deplorables condiciones de trabajo en todos los gremios” y reclamando la limitación de la jornada a ocho horas.

Los diarios de la época hicieron su propia interpretación de la movilización. La Nación , publicó que “había en la reunión poquísimos argentinos, de lo que nos alegramos mucho”. Otro periódico La Patria, ironizaba porque todos “los oradores hablaron en el sentido de que era necesario que se aumentaran los salarios y se disminuyeran las horas de trabajo, lo que es algo que sobrepasa los límites de la excelencia”.

El cronista de El Nacional, recalcó que en los discursos se observaban “bien dibujadas las diferencias que aquí, como en todas partes, dividen a los obreros en dos grupos: anarquistas y socialistas”. La reflexión fue confirmada cuando estos últimos, al año siguiente, prepararon un acto similar; recibieron la negativa anarquista y la celebración fracasó.

Eran los gérmenes de la vida sindical en Argentina.

El pan que da trabajo

Claudio contó que su primer puesto ambulante estaba en avenida Zanni y Jorge Newbery, pero por obras en la zona debió reubicarse. Está contento con el cambio, porque encontró un lugar más estratégico y en poco tiempo ya tiene su clientela fija.

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En el Día del Trabajador, experiencias de quienes se dedican a la venta ambulante y encuentran en ese espacio una oportunidad, aunque no un trabajo formal

En el Día del Trabajador, experiencias de quienes se dedican a la venta ambulante y encuentran en ese espacio una oportunidad, aunque no un trabajo formal

“El pan lo hace mi cuñado, yo le ayudo. Arranca a las 17 y para las 23 ya queda todo armado para traer al puesto al día siguiente. Me encanta vender. La gente es muy buena, me aprecian. Hay días mejores, peores, pero puedo vivir con esto. Les ofrezco a los que van temprano para su trabajo. Si me queda mercadería vuelvo a la tarde. Así son mis días. Tenemos un horno para 24 latas, hacemos distintos tamaños de pan y también pan con chicharrón. Van desde 200 pesos el más chico, 350 el doble y el de chicharrón cuesta lo mismo. Tengo 50 años y vivo con mi pareja desde hace ocho años, no tenemos hijos. Es nuestro ingreso”, contó el vendedor ambulante.

Mientras dialoga, levanta el pan en su mano para captar la atención de los automovilistas. Algunos frenan y estacionan metros antes, y lo llaman por su nombre, claramente ya tiene fidelizada la clientela. Un cartel recostado a un árbol completa la imagen. Mientras el sol de media mañana comenzaba a “picar” Claudio explicó que vive en la zona del Kilómetro 5 ½ y que año tras año colabora en la organización de la tradicional Fiesta de los Reyes Magos. Además despunta el vicio como actor, al personificar a uno de los guerreros que levanta la cruz de Jesús durante el Vía Crucis.

“Un espacio fundamental para la mujer”

Paula Torres es oriunda de Paraná, tiene dos hijos y una nieta. “Me dieron la oportunidad de estar en la feria y ya hace un año que estoy acá. La mayoría tenemos permiso municipal, la vereda es amplia y cada uno tiene su número. Para mí la feria es especial; con la pandemia nos encerramos, dejamos de ver amistades y familiares, acá nos sentimos libres y además salimos de la rutina diaria. Yo vengo porque me hace bien, no por necesidad, pero termina siendo de gran ayuda al ingreso familiar”, sostuvo.

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Paula también opinó sobre las restricciones por el Covid-19: “La pandemia fue un quiebre para la mayoría de los trabajadores. Acá pasa mucha gente con autos último modelo y compran acá hasta la leche. Es un gran centro de venta a cielo abierto”

También habló sobre el rol de la mujer y el trabajo: “El trabajo es todo, fundamentalmente para la mujer. Dejamos de estar pendientes de que un hombre nos ayude, de depender económicamente y acá hallamos una puerta para salir, no sólo desde lo económico, porque acá encontramos amistades, motivos… hablo por las mujeres en general”, dijo.

“El trabajo significa mucho para mí”

A sus 66 años, Elsa por su parte contó que trabaja desde que tiene memoria. “Toda la vida trabajé. Cuando mi mamá era cocinera en una escuela y se enfermaba, con mi hermana la ayudábamos. Después entré yo a una escuela y me jubilé como ordenanza. Nunca dejé de trabajar. Siento que estar haciendo algo me saca de los problemas, me mantiene la cabeza ocupada y no pensás en lo negativo”, sostuvo.

La feriante destacó la armonía que hay en la gran feria a cielo abierto. “Siempre fuimos los mismos y hay mucha unión. Cuando un feriante está enfermo o tiene algún problema familiar, hasta juntamos dinero entre todos y colaboramos en lo que sea necesario. También nos respetamos, lo cual es fundamental para el buen funcionamiento de la feria”, dijo.

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“Hoy la gente busca mucho la ropa usada. No importa el poder adquisitivo, vienen y se llevan varias prendas. Esto se nota mucho más desde la pandemia”, describió la vecina de San Agustín.

Quienes brindaron su testimonio no se conocen entre sí, aunque Elsa y Paula se cruzan constantemente y hasta colaboran entre ellas indirectamente porque están a pocos metros, pero los tres saben lo que implica la venta ambulante, una actividad que disfrutan, es notable en sus expresiones, en el cuidado al armar los puestos, en el entusiasmo al contar su historia, pero de la cual no se puede obviar el grado de precarización laboral en la que está inmersa. El trabajo informal impide a quienes lo llevan adelante acceder a derechos básicos como obra social, aportes jubilatorios, cobertura en caso de accidente de trabajo y seguro por desempleo.

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