Secciones
La Provincia

La tenaz experiencia de trabajar con diarios y revistas

Néstor Pato Bustem tiene su puesto en Diamante y Perú, desde hace 30 años. Conoció el esplendor de la actividad, los cambios en el barrio, se enoja con Internet y se aferra a la sensación de leer en el papel.

Jueves 29 de Noviembre de 2012

Néstor Pato Bustem tiene su puesto de revistas desde 1980 en la esquina de Diamante y Perú.
 

Su trabajo le permitió comprar una casa, tener una estable posición económica y crecer junto a sus cinco hijos. Hoy vive con Alicia, su pareja, y Federico, el único varón. Romina lo ayuda en el reparto de diarios y revistas. Se perfila como la heredera, le gusta decir al padre. Carolina, Florencia y Valentina son sus otras hijas que “ya se independizaron”, cuenta orgulloso.
 

Su historia con los diarios comenzó cuando tenía 9 años. Es que por aquel entonces se le presentó la posibilidad de viajar, con sus compañeros de la escuela Bavio, a la turística ciudad de Colón. Como a todo hijo de obrero, más en aquellos tiempos, se le hacía complicado juntar el dinero para la excursión de fin de curso. En ese momento apareció un amigo que le propuso vender diarios para poder juntar unos billetes y así poder viajar. “Esos fueron mis comienzos. Primero con cinco diarios, después con 10 y cuando me di cuenta ya era un vendedor ambulante”.
 

Siguió trabajando un par de años vendiendo en las calles aledañas al Cementerio, una gran barriada a la que nunca se le conoció un nombre. Quizás por ser un límite urbano entre el centro de la capital provincial y el populoso barrio de San Agustín.
 

Un día mientras transitaba su vida de canillita, recibió la palabra justa. El dueño del mercadito, que funcionaba justo enfrente de donde él ahora tiene su puesto, le dijo que, en la zona, lo que faltaba era un puesto de revistas. “El paisano estaba enojado porque tenía que ir hasta el centro a buscar sus lecturas”, recordó sobre aquellos tiempos en donde el movimiento de personas, en la zona era mucho más grande. Es que con el tiempo pudo realizar una especie de estudio casero sobre los cambios sociales y económicos del barrio.
 

“Cuando el supermercado Abud (de calle España) funcionaba, pasaba gente a toda hora. Una vez que cerró, no fue lo mismo. Algo similar sucedió con el cementerio municipal. Por acá pasaban todos los que iban a visitar a sus muertos. Después se pusieron de moda los cementerios privados (fuera de la ciudad) por lo que también bajó la circulación de personas”, contó en la puerta de su kiosco que al parecer mudará a media cuadra, sobre Diamante más cerca de calle España. Es que los emprendimientos inmobiliarios siguen creciendo y modificando la fisonomía del barrio que ya está abandonando las casas bajas por altos y modernos edificios.
 

La sensación es ambigua porque ahora todo parece volver a cambiar. Antes, por los robos en las cercanías del Cementerio, le gente prefería evitar la zona. Ahora, las decenas de departamentos le vuelven a dar un movimiento inusitado de gente que va y viene.

El trabajo
El Pato Bustem arranca a las 4 todos los días y termina de trabajar cerca de las 3 de la tarde, porque con los años pudo reducir el horario de la jornada laboral. Durante gran parte de la mañana la tarea consiste en distribuir entre sus clientes las publicaciones encargadas y luego vender en el puesto mismo.
 

Con algo de nostalgia cuenta que Internet es la enemiga número uno de su negocio. Enseguida aclara: “Estoy seguro de que no hay nada mejor que palpar el diario”. Lo dice y agarra uno de los diarios de Buenos Aires que los tiene ordenados para los clientes y vecinos que pasan y, en silencio, miran los títulos.
 

Los que lo saludan son muchos, todos le dicen Pato y él contesta por el nombre y con la mano. En eso se detiene una morocha que vuelve del trabajo evitando el resplandor con unas gafas de aviador. “¿Cuánto sale el libro de Horangel (predicciones 2013- 2014)?”, le pregunta a Pato que responde: “86 pesos”. A ella le parece muy caro y le tira la peor de las frases: “Lo voy a leer por Internet”. Rápido, Pato aconseja: “Juntate con dos o tres amigas y después se lo van pasando”. La clienta sonríe y él aprovecha: “Si querés te puedo leer la mano”, le dice, pícaro.

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario