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La panadería social San José y Casa Lázaro se unieron para producir más pan y esperanza

Esta semana iniciaron un trabajo conjunto, a partir del cual pueden aprender un oficio que les brinde un mejor porvenir, superando adversidades.

Miércoles 27 de Mayo de 2020

La panadería social San José funciona en calle República de Siria 494, en Paraná. Se trata de uno de los proyectos impulsados por la fundación Puentes, que depende de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, de barrio La Floresta.

El 5 de abril cumplieron un año de la puesta en marcha de esta iniciativa, que se gestó para poder brindarle una nueva oportunidad de vida a jóvenes recuperados de las adicciones, a través del empleo y la capacitación. Y desde esta semana se sumó un grupo que forma parte de la fundación Casa Lázaro –donde actualmente se ofrece contención a 19 personas que llegaron desde diferentes puntos del país con la esperanza de escapar de los calvarios a los que los llevó la droga– para unirse en esta tarea de aprender un oficio que en un futuro les abra las puertas al mundo laboral y les permita abrazar un proyecto a través del cual puedan ganarse su propio sustento.

Ambas instituciones “están trabajando y uniendo esfuerzos en la capacitación y contención de jóvenes con distintas problemáticas”, explicaron desde la parroquia, y destacaron: “Se capacitarán para luego constituir su propio proyecto de vida; se les otorga otra gran oportunidad y sobre todo herramientas para sus propias metas”.

En este marco, el padre Ricardo López, a cargo de la iglesia situada en una de las zonas vulnerables de la capital provincial, comentó a UNO: “Hicimos un convenio de trabajo. Ellos vienen a capacitarse, a trabajar y a producir en la panadería social San José. A lo que se elabora lo vendemos en la parroquia y también en Casa Lázaro, esa es nuestra idea”. A su vez, señaló: “Acá contamos con maquinaria industrial para que incorporen el conocimiento sobre cómo hacer una producción mucho más amplia y de esa manera a la vez se capaciten. Gracias a Dios nosotros nos hemos equipado muy bien y a los chicos de Casa Lázaro les sirve para aprender a manejar el horno, las demás máquinas, los tiempos, y convertirse en maestros panaderos”.

Luis Hualde, referente de la fundación Puentes y coordinador de la labor que se hace en la panadería social San José, contó cómo se originó la idea de realizar este trabajo conjunto: “Hace poco se acercó uno de los chicos del barrio solicitando ayuda a la parroquia para poder acercarse a Casa Lázaro a través de nosotros”.

Según mencionó, fue el padre Ricardo quien contactó a Jorge Achor, el responsable del proyecto que depende del Arzobispado de Paraná y funciona desde fines de 2016 en calle Caputto 1158, y que en 2018 logró abrir otra sede en Santa Elena, donde hoy están alojados 10 jóvenes más, quienes dispuestos a dejar atrás sus adicciones se incorporaron a esta propuesta. “En esa charla que tuvieron el padre Ricardo y Jorge Achor surgió la idea de hacer un trabajo en conjunto”, manifestó Hualde, quien mencionó que son siete jóvenes de San José y siete de Casa Lázaro los que se juntan a diario y con las manos en la masa van forjando un mejor provenir.

“Nosotros estamos trabajando con un maestro panadero que enseña en la escuelita Los Nazarenos, que debido al contexto actual no ha podido iniciar las clases. Se llama Eduardo Osuna”, dijo, sin dejar de recordar que al comenzar la obra contaban con la ayuda del maestro panadero Miguel Romero, con quien aprendieron mucho, pero sorpresivamente se enfermó y falleció a las tres semanas. “Después de que pasó eso, estuvimos un tiempo trabajando solos, pero no lográbamos continuidad en la calidad de los productos, sino que tuvimos muchos altibajos”, confió el referente de la Fundación Puentes.

Entusiasmo

Junto a la gente de Casa Lázaro, en la Panadería ya arrancaron con todo este martes, primer día hábil de esta semana. Con entusiasmo mezclaron los ingredientes, los amasaron, y con la sobadora estiraron la masa, la dejaron leudar y después, al calor del horno, la transformaron en alguna exquisitez.

Lograron elaborar unos 70 kilos de pan y galleta, más 10 kilos más de facturas y bizcochos. Ayer vendieron esta producción inicial, que fue un éxito, y esto los alentó a continuar con mayor alegría esta tarea.

“Esta panadería surgió porque en la parroquia se hacía un pequeña contención y en este contexto queríamos ver la posibilidad de hacer alguna actividad más bien vinculada a la capacitación y que pudiera proporcionarles una salida laboral a estos chicos”, refirió Hualde y rememoró: “Así fue que el padre Ricardo propuso comenzar con este emprendimiento. Justo entonces teníamos una amasadora en la parroquia y empezamos a hacer pequeñas elaboraciones. Después, a través de diferentes gestiones, con el municipio y la vicegobernación, se pudo gestionar la adquisición de las demás máquinas y todos los elementos necesarios para abrir una panadería bien equipada”.

Asimismo, reflexionó: “Como coordinador, la mayor satisfacción de todo esto es ver que quienes trabajan en esta panadería se sienten felices, contentos y útiles. Y a través de esta iniciativa pueden acceder a tener un oficio que les da dignidad”.

“Que contagien y puedan transmitirle a otros chicos que atraviesan los mismos problemas que ellos tuvieron y les demuestren que pudieron salir, nos motiva. A veces no es fácil, porque por ahí sufren algunos bajones, pero alentándolos han podido salir adelante”, subrayó.

Por su parte, sobre esta posibilidad de hacer un trabajo mancomunado con la panadería San José, el referente de Casa Lázaro, Jorge Achor, destacó: “La idea es poder aminorar gastos y darle potencialidad a lo que estamos haciendo. Por eso un grupo de muchachos va a la parroquia Guadalupe a hacer la panificación allá. De esta manera van forjando una conducta de trabajo, cumpliendo horarios”.

Achor agradeció esta oportunidad de que las personas en Casa Lázaro puedan emprender esta labor y aprender. “Nosotros recibimos una donación desde la sede de Cáritas italiana y pensábamos comprar un horno, una amasadora y una sobadora, pero con la inflación nos alcanzó solo para el horno, con 15 bandejas. Con este convenio con la parroquia Guadalupe tenemos dos objetivos: uno es trabajar en conjunto como Iglesia, y el otro es tratar de abaratar el producto, tanto para los clientes de la panadería social como para los nuestros, que son del barrio y compran lo que elaboramos”, dijo a modo de conclusión, visiblemente entusiasmado con esta alianza que les permite reforzar los lazos con la comunidad.

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