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Diálogo Abierto

"La organización fragmentada dificulta la transversabilidad"

Los obstáculos y posibilidades para que la escuela genere conciencia ambiental. Un contenido ausente en la formación docente.

Sábado 04 de Enero de 2020

Del dicho al hecho hay gran trecho, reza el refrán, que se ajusta perfectamente a la distancia que existe entre la legislación vigente que habilita contenidos y proyectos educativos en materia ambiental, y las tradiciones educativas que obturan su desarrollo. María José López, secretaría de Educación Ambiental de la Asociación Gremial del Magisterio de Paraná, esboza un diagnóstico y deja ideas cada vez más necesarias para un tema que exige compromiso de todos los actores políticos y sociales.

La orquesta y el ambiente

—¿Dónde naciste?

—En Nogoyá, cerca de la plaza, pero al año vinimos a vivir a Paraná, a media cuadra de la plaza de los Bomberos.

—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?

—Mi mamá, ama de casa, y mi papá, empleado de banco.

—¿A qué jugabas?

—A las muñecas y los autitos, no me trepaba a los árboles ni tenía muchos amigos; me gustaba leer y escribir poemas.

—¿Libros importantes de esos primeros años?

—No… El Principito; cosas de Pablo Coelho en la adolescencia y poemas de mi tía; a los 12 años leí Relatos de un náufrago, descubrí que me gustaba García Márquez, y luego leí Cien años de soledad.

—¿Mantuviste el hábito de escribir?

—De diferente manera pero nunca publiqué nada. De chica, poemas y cuentos, pero no terminaba de darles forma, luego material para los alumnos y de los actos, y ahora artículos sobre educación ambiental.

—¿Otras aficiones?

—La música, estudié piano, el arte, la comedia musical e hice teatro. A los treces años participé de un taller de educación ambiental que me abrió un nuevo universo. Tenía una mirada sobre el cuidado de lo natural y al conocer a otras personas le pude dar forma a proyectos.

—¿Lo artístico era una vocación?

—Sí, pero eran muchos intereses y no me dediqué en profundidad a uno. Me imaginaba dirigiendo una orquesta o protagonista de un musical, pero me parecía que el ambiente tan competitivo no era para mí, al igual que el tener que dejar otras cosas o irme de mi lugar.

—¿Qué materias te gustaban?

—Lengua y Literatura, aunque fui a una escuela con orientación en Comercio Exterior.

Lo transversal y el sistema

—¿En función de qué decidiste la carrera?

—Hice un test y me salió dirección de orquesta. Estaba por estudiar profesorado de Lengua y Literatura pero una persona de Ciencias de la Educación me dijo que probara con Comunicación Social. Para un trabajo sobre la contaminación del agua en la facultad lo entrevisté a Daniel Verzeñassi y conocí la profundidad de la temática. Cuando comencé a trabajar en la docencia en 2004 comencé con proyectos de intervención en espacios no tradicionales.

—¿Qué presencia en la currícula tenían por entonces estos contenidos?

—Era muy incipiente, había iniciativas sobre huertas escolares e investigación, pero no la Educación Ambiental como eje transversal, como lo es a partir de 2010.

—¿Cuáles son las dificultades que presenta la transversabilidad?

—La organización escolar fragmentada en espacios curriculares aislados, en los cuales cada docente enseña sus contenidos y punto, lo cual se está transformando. Otra es la formación docente, en la cual no aparece la transversabilidad, entonces es fácil dejarse llevar por la estructura y la carga horaria.

Resistencia al cambio

—¿Por qué la ausencia de la educación ambiental en la formación docente?

—Los procesos educativos son lentos. Hasta que las temáticas emergentes ingresan a los ámbitos universitarios o terciarios, pasa un tiempo. En la docencia está muy instalado lo de “puedo dar esto” y “no puedo dar esto”, aunque los diseños curriculares hablen de “recorridos posibles”. Muchos se resisten al cambio porque dicen que se pierde la especificidad del conocimiento disciplinar, por una mirada enciclopédica. Es un debate fuerte para pensar lo ambiental, ya que “somos ambiente”.

—¿En qué áreas hay más posibilidades?

—Desde las ciencias sociales hay más apertura a trabajar, pero en la escuela, en general, lo primero es asignarle al profe de Biología que se ocupe de la efeméride ambiental y de “cuidar las plantas”, lo cual se va superando y se integran el de físico-química o de Tecnología. Lengua y Literatura también habilita para hacerlo y Formación Ética sería un espacio muy permeable. Hasta hay experiencias con Matemáticas e Inglés, aunque es donde menos aparece. Hay proyectos que a partir de una huerta escolar han vinculado todos los espacios de un curso, desde medir el espacio que necesito para hacerla y los cálculos de los recursos necesarios.

—¿Qué conceptos son los que más obturan una mirada amplia de lo ambiental?

—El de medio ambiente-ambiente, ambientalismo y ecología, que encasillan, y el de recursos naturales, que es un concepto cuestionado y hay propuestas de denominarlos “bienes naturales comunes”, que tiene que ver con cómo entendemos la Naturaleza, considerada como sujeto de derecho. No son cosas nuevas sino de recuperación de saberes ancestrales, que fueron desplazados por la civilización europea y capitalista, que vio simplemente recursos a explotar.

Cuestión de sensibilidad

—¿Qué nivel de conciencia muestran los alumnos actuales?

—Hay avances y retrocesos, y una mayor receptividad de creer que son posibles los cambios y entusiasmarse cuando hay docentes que se lo trasmiten. Cuanto más pequeños son, nivel Inicial y Primario, hay más sensibilidad y en la casa le dan más importancia a lo que ellos dicen. Como por ejemplo, la separación de residuos, que llevan como propuesta al hogar y la exigen. A medida que crecen se pierde un poco porque el sistema se estructura más, se enfoca en conocimientos científicos, y se pierde la sensibilidad y el juego, que es vital para trabajar lo ambiental. Hay una perspectiva que dice que la educación ambiental no tiene contenidos a desarrollar sino que es una manera de encarar la educación, en armonía con el entorno. No es sólo cuidar el árbol sino crear vínculos positivos y resolver de manera pacífica los conflictos. La legislación vigente habilita todo esto pero las tradiciones educativas no permiten llevarlas adelante.

—¿En el nivel Inicial hay un trabajo más intenso?

—Hay más sensibilidad. Las jardineras aportan algo desde todas las áreas y la transversabilidad es más natural. En la Primaria quizás hay una o dos maestras que desarrollan el área natural y social. Y en la Secundaria 10 o 14 espacios curriculares distintos, donde cada profesor enseña algo diferente y sin vincularlo. El Plan Secundaria se Mueve prevé proyectos interdisciplinarios y cátedras compartidas, algo establecido desde 2011 pero que no se ha llevado a cabo y que presenta muchas complicaciones.

—¿Qué autores te resultan reveladores para profundizar la temática?

—Varios: en los materiales del programa de educación ambiental del Consejo y la bibliografía que ha socializado, con Cristina Martínez y su equipo, están Guillermo Priotto, Carlos Galano, Daniel y Damián Verzeñassi, la periodista Soledad Barruti, hay un médico que habla de la Alegremia…

—Julio Monsalvo.

—Sí; también Edgard Morin, por la idea del pensamiento complejo; Leonardo Boff…

Escuelas desinformadas

—¿En qué medida modificaste el diagnóstico previo a estar en el cargo de secretaria de Educación Ambiental?

—No es tan drástico porque con el grupo Por la libertad de los ríos, anterior a la secretaría, trabajábamos con inquietudes personales sobre la educación ambiental desde 2012, incluso teníamos apoyo del sindicato y participación como docentes afiliados. Anteriormente a mi gestión, otra compañera ocupó ese lugar, que se creó en 2015. Estando en el cargo pude dimensionar cómo ven la problemática en las escuelas, que no es alentador. Cuando se consulta, por ejemplo, sobre las fumigaciones con agrotóxicos, la mayoría de las escuelas expresan que no tienen ningún tipo de problema ni las afecta, más allá de que expresan su solidaridad con las que han sido fumigadas. Hay mucha falta de información y formación, más allá de los recorridos teóricos. La participación como sindicato en luchas ambientales se remonta a 1996, justamente con la lucha antirrepresas, que movilizó a amplios sectores de la sociedad entrerriana y logró la sanción de la Ley 9.092. El gremio participó activamente, al igual que en otras acciones aún antes de conformar la secretaría.

—¿Qué dicen desde los establecimientos rurales respecto a la problemática de la fumigación?

—Expresan la falta de mantenimiento y abandono de los caminos de acceso a las escuelas. Hay escuelas que funcionan dentro de estancias de productores y no pueden denunciar una fumigación, porque el que lo hace es quien brinda el espacio, colabora con la cooperadora, organiza el acto de fin de curso, hace los regalos del Día del Niño… y los hijos de los peones van a ahí. No hay unidad en la lucha por este tema, porque los docentes y directivos no quieren tomar posición. En cuanto a las escuelas agrotécnicas también fumigan con veneno y les implica cambiar el modelo productivo, aunque algunas lo están haciendo.

—¿Cómo juega la cultura propia del ámbito rural? ¿No hay una brecha con la urbana?

—Claro, en cuanto al vínculo con el ambiente, y el conocimiento de la flora y la fauna del lugar. El docente rural lo recupera y trabaja desde ahí, con una mirada más integrada que la de las escuelas urbanas, aunque Paraná no es tan grande. Siempre he trabajado en escuelas de barrio, marginales, donde se mantiene mucho espacio verde y vínculo con lo natural, aunque hay que hacer un esfuerzo por “traerlo” al aula y fortalecer desde ahí. Pero hay otras escuelas que no tienen ni un patio verde ni una huerta, entonces no ven la posibilidad, más allá de que hay iniciativas esperanzadoras. También hay que favorecer el vínculo con el río y los humedales porque la ciudad crece culturalmente de espaldas a ellos. En el caso de la escuela donde trabajo, la de la Toma Nueva, los chicos me dan cátedra en ese sentido.

—¿Tu balance sobre las idas y vueltas en torno al conflicto judicial durante 2019?

—Un aspecto negativo es la situación actual de la vigencia del decreto y el fallo de los cinco jueces desconociendo la información científica presentada. El aspecto positivo, el camino recorrido y la instalación de un tema sobre el cual no se hablaba, generando mayor conciencia, demostrado en la ronda número 100 que tuvimos hace poco y todas las presentaciones judiciales. Tal vez sea tarde, porque la gente ya está enferma, pero en algún momento tenemos que despertar, más allá de las amenazas que hubo en determinadas escuelas para que no se hablara el tema. Nuestro rol docente es al presente y al futuro, porque estamos formando. No podemos esperarlo ni desde el gobierno ni de los productores.

—¿Cuál es la realidad de las escuelas próximas a los arroyos paranaenses?

—Siempre hay iniciativas de investigación por parte de docentes, como los de la escuela Bazán y Bustos, muy de avanzada y que concluyó con una ordenanza para proteger el sector del arroyo Antoñico detrás del establecimiento. Pero hay una realidad social que la excede y no puede resolver, por lo que falta un trabajo integrado. Un arroyo próximo a una escuela tiene que ser motivo de estudio y vinculación, pero no poner expectativas tan altas con los chicos para que no se frustren y no te digan “¿para qué voy a limpiar si mañana lo ensucian de nuevo?”

Hacia la idea de bienes comunes, y una feria sustentable

Si bien todavía no hay unanimidad en cuanto al concepto, la reciente modificación del estatuto de Agmer estableció el nombre de “bienes comunes” para una de sus secretarías en el ámbito provincial de la organización gremial.

—¿La reciente modificación del estatuto incluyó algo relacionado con la temática?

—Sí, la creación en el ámbito provincial de la secretaría de Defensa de los Bienes Comunes (*), un paso muy importante para entablar acciones más generales en cada departamento y por la incorporación de dicho concepto.

—¿Qué lineamientos de trabajo tienen para este año?

—Proponer algunos otros talleres de formación para docentes. Desde 2016 se desarrollan el de Ambiente y comunidad, y Educación ambiental, recorridos posibles, abordajes concluyentes. Son principalmente para afiliados pero abiertos a docentes en general, con puntaje del Concejo. También sostener las ferias de alimentos saludables, que ya cumplió un año, y la jornada por la libertad de los ríos, donde las escuelas muestran lo que están haciendo y es una instancia de formación. Ha sido un camino junto a mi esposo, Carlos Andrade, a cargo de la Secretaría de Prensa.

—¿Cómo surgió la feria?

—Para responder a la inquietud que aparecía en los talleres sobre la soberanía alimentaria. Cuando analizamos qué estábamos consumiendo en un sistema de comida ultraprocesada, rápida, con muchos aditivos y fumigada, y los efectos sobre la salud, se generó la inquietud de dónde ir a comprar. Surgió la idea, decían “no va a venir nadie”, “aquí nadie se alimenta saludablemente” porque nunca faltan el mate y los bizcochitos (risas), pero dijeron “háganla”. Fue importante porque se llenó de gente, se entusiasmaron y continúa. No es sólo la venta del producto sino el intercambio de saberes.

—¿Tenés alguna página específica en Internet?

—Por la libertad de los ríos – Paraná, en la cual socializamos información, y compartimos enlaces y noticias.

(*) En general, se refiere a los dones de la naturaleza o bienes producidos, conservados y compartidos entre usuarios agrupados en una comunidad. Los bienes comunes naturales, el agua, la tierra, el bosque, el mar y los océanos, lo vivo, son hoy en día objeto de apropiación sin precedentes que, en lugar de preservarles, pone en peligro los equilibrios ecológicos y la vida de las poblaciones que dependen de ellos.

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