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Túnel subfluvial - 50 años

La obra marcó sus destinos y 50 años después lo celebran

Quienes participaron o fueron testigos de la construcción del Túnel destacan la magnitud de este enlace único en su tipo en América Latina.

Jueves 12 de Diciembre de 2019

Elke Pérez tenía 8 años la primera vez que llegó a Paraná, donde vivió entre octubre de 1962 y agosto de 1963. Su padre, Bruno Faenger, era ingeniero, y a través de la empresa Hochtief AG comenzó a trabajar en la construcción del túnel Raúl Uranga-Carlos Sylvestre Begnis, para unir Paraná con Santa Fe.

Hasta entonces la única alternativa de cruce era a través de lanchas y era la balsa la que transportaba los vehículos, incluyendo los de gran porte cargados de mercaderías y cereales. “Recuerdo, antes o durante la construcción del Túnel, las inmensas colas de camiones, sobre la rambla, esperando que llegara la balsa para cruzar y poder sacar los cosechas a través del río”, contó a UNO Elke, con los recuerdos intactos en su memoria.

A su vez, rememoró: “Los años que pasé en Paraná fueron algunos de los mejores años de mi vida. Me gustó mucho la forma de vida en Sudamérica. Con mi familia veníamos de Alemania Oriental, y nos fugamos hacia Berlín Occidental y luego seguimos en avión hasta llegar a Argentina”.

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Estuvieron poco menos de un año, hasta que el trabajo se interrumpió. Pero tras una breve estadía en suelo el germano, pudieron radicarse nuevamente en la capital entrerriana entre octubre de 1965 y agosto 1970. “Mi papá volvió a trabajar en el Túnel. Su función en la obra era la de ingeniero técnico, enviado de la empresa Hochtief, Essen, Alemania. Cualquier cosa que me recuerde ese tiempo es buena”, señaló con simpatía, dispuesta a compartir sus vivencias respecto a aquellos años.

“La segunda vez que llegamos a Paraná yo tenía 11 años. Estudié en la escuela Del Centenario. Ahí terminé la Primaria y después, en aquella época, fui al Liceo Nacional de Señoritas, en Plaza 1° de Mayo. Al culminar el trabajo al poco tiempo nos volvimos a Alemania. Yo tenía 16 años, y la última vez que cruzamos nos llevaban en coche a Buenos Aires para tomar el vuelo a Alemania y estaba muy triste por tener que irme. Me propuse mirar la ciudad de Paraná por última vez cuando saliera del Túnel, en el lado santafesino, pero al dar la vuelta ese día había una fulminante niebla sobre el río y no vi nada”, recordó entre risas.

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Elke Pérez
Elke Pérez

“Referente al Túnel tengo dos recuerdos especiales: uno es cuando iban a sacar cuatro tubos terminados del dique seco, y el cilindro cierre del dique (el del medio de los tres) no se movía como esperado. Era una situación medio peligrosa y mi papá estaba sobre el cilindro, vigilando las maniobras que al final fueron exitosas. Y el otro es cuando al ser sacado del dique, el cilindro se escapó de sus riendas y se fue río abajo, afortunadamente sin causar mayores daños”, señaló.

Hace 29 años la mujer regresó definitivamente a su país y hoy vive en Ratingen, cerca de Düsseldorf. Con la nítida remembranza de las épocas de construcción del Túnel, señaló que es una obra de referencia: “Quien habla con nosotros siempre llega a conocer esta obra, aunque no sé si es conocida por la gente en el mundo o en otros países; realmente me falta experiencia para contestar esa pregunta. Pero seguramente en el marco de empresas de construcción la conocen, porque fue algo excepcional colocar los tubos, construirlos en tierra, después bajarlos, y en el año 87 recuerdo que se trabajó con las capas geotextil, porque había peligro de que se levantaran”.

“Por un lado me alegra muchísimo que la construcción siga en buen funcionamiento y siga cumpliendo con lo que en aquel entonces se quería lograr”, sostuvo Elke, quien entre otras cosas es docente de castellano, idioma con el que tejió un vínculo en su paso por Entre Ríos, pero que se afianzó cuando se casó con un agrónomo uruguayo: “Después de irme de Paraná, mantuve el deseo de volver a Sudamérica, y en 1973 tuve la oportunidad de hacerlo, ya que mi padre estuvo en la obra del puente internacional entre Fray Bentos y Puerto Unzué, del otro lado de Entre Ríos, hacia Uruguay. En ese momento conocí a mi exmarido. Estuve varios años casada con un uruguayo y vivimos muchos años en Paraguay, administrando las tierras que unos alemanes habían comprado allí. Soy del folclore argentino, especialmente de Los Fronterizos. Y de Sandro, del cual tenía todos los discos y hasta hoy puedo cantar algunas canciones de él de memoria”, explicó con nostalgia.

Fritz Matthiess fue uno de los ingenieros que trabajó en la construcción del túnel subfluvial. Sus padres eran alemanes, pero él nació en Argentina, precisamente en Santa Fe, según contó a UNO. Hoy tiene 90 años y reside en Buenos Aires. Tiene 10 nietos y subrayó que algunos han viajado al Litoral para atravesar el Túnel que su abuelo ayudó a edificar.

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Fritz Matthiess
Fritz Matthiess

“Había mucha gente que no tenía confianza en esta obra, sobre todo la de Buenos Aires, porque era un proyecto que iniciaron las provincias, pero nosotros siempre confiamos en que la íbamos a hacer”, afirmó.

A mediados de septiembre viajó a Santa Fe para participar del encuentro que el ente interprovincial organizó para agasajar a quienes trabajaron en su edificación, y tras el reencuentro con sus pares, expresó: “Es un sentimiento de gran satisfacción haber hecho una obra así. Siempre trabajé en grandes obras de ingeniería, sobre todo diques, como el Frontal Río Hondo, Piedra del Águila, ambos en Argentina, y otro en Rincón de Baigorria, en Uruguay. Respecto al túnel subfluvial, estuve prácticamente desde el principio hasta el final. Empecé a trabajar ahí en mayo del 62 y me fui a fines del 69, cuando ya estaba inaugurado”.

“Estuve el día de la inauguración. Se había puesto una tarima en el lado de Santa Fe, y vino el presidente en aquel tiempo, el general Juan Carlos Onganía. Fue un día muy emocionante”, agregó.

Matthiess destaca los buenos recuerdos, pero no omite los inconvenientes que debieron sortear para seguir adelante con los trabajos: “Fundamentalmente hubo algunas dificultades administrativas, porque el contrato establecía que para cada compra superior a los 100.000 pesos de aquella época teníamos que solicitar permiso a la comisión interprovincial y después hacer una licitación. Todo ese proceso demoró bastante la construcción. Fue difícil y era mi tarea, como representante técnico, presentar las bases, los pliegos, y esperar que los aprueben”.

Una vez concluida la obra, fue uno de los primeros en transitarla: “Yo venía del lado de Santa Fe y un ingeniero de apellido Demonte venía del lado de Paraná. Cuando hicimos la rotura de la última compuerta, nos estrechamos la mano. Ese día fuimos a Santa Fe a hacer una entrevista con un diario de allá y después hicimos un festejo”, manifestó con orgullo.

Proyecto innovador

Luis Paulina actualmente tiene 73 años, es de Paraná, y ya unos meses antes de recibirse de técnico mecánico empezó a trabajar en la construcción en el enlace. “Fue antes de cumplir los 20 cuando entré en el Túnel, estando en el último año de la escuela industrial, ya que por la numeración no iba a hacer el servicio militar”, dijo, y reflexionó: “Para nosotros era algo totalmente desconocido. Los alemanes trajeron una ecosonda, un láser y una computadora. Nunca nos habían hablado de eso en la escuela industrial, y en aquellos tiempos no teníamos Internet ni los celulares que hay ahora”.

Por otra parte, indicó: “La profundidad del río se medía con un escandallo, una soga con bolillitas a cada metro, con un hilo de lo más finito. Con eso hacíamos la batimetría, que es un relevamiento del fondo del río. Ellos trajeron esas cosas”.

“Este túnel subfluvial es el más importante, más grande y más complicado que se haya hecho sobre un río como este. Después los franceses e ingleses hicieron el túnel del Canal de la Mancha, pero ese es otro fondo, el mar tiene un suelo rocoso, no es arcilloso como el Paraná. Allá se hizo un túnel por debajo, acá no, sino que se hizo una zanja en el fondo del río, se puso el túnel y después se tapó. Continuamente se estuvo bajo el sometimiento de una presión impresionante de un río que corre siete u ocho kilómetros por hora, con una masa de agua de tres kilómetros de ancho por 25, y en la parte del túnel hasta 36 o 37 metros de profundidad. Son millones los metros cúbicos los que pasan por hora”, explicó Paulina, quien una vez que finalizó esta obra trabajó en las represas del Chocón y el Cerro Colorado, en la Central Atómica de Río Tercero, en Atucha II, y en otros empredimientos en México y en Sudáfrica. “Y también he participado en la reconstrucción del puente colgante en Santa Fe”, subrayó.

En referencia a los 50 años del túnel, destacó: “Realmente es un orgullo, no solamente para los que trabajamos en su construcción, sino para todos los entrerrianos y santafesinos. Hubo buena mano de obra. Había que cumplir y laburar. Se ganaba muy bien: yo cobraba cuatro veces el sueldo de mi padre, que era inspector de Rentas Municipal, pero trabajaba 14 horas por día, incluyendo sábados y domingos, y cuando me fui a los cuatro años cobré todas las vacaciones que no me había tomado en esos años que trabajé”.

Por otra parte, comentó que estuvo en el festejo que se hizo en septiembre: “Al de los 25 años del Túnel me lo perdí porque no sé en qué parte del mundo estaba laburando. Ahora estoy jubilado y fue muy lindo encontrarme 50 años después con gente a la que no había vuelto a ver”, celebró.

“Después de tantos años, encontrarse con un reconocimiento es muy lindo. Esa reunión fue muy gratificante para los pocos que nos encontramos, ya que muchos compañeros fallecieron, otros se fueron de Entre Ríos”, dijo por su lado Erasmo Otilio Moreno, quien es de Paraná, hoy tiene 77 años y fue empleado de la obra durante siete años.

Sobre su labor en aquellos años en que el Túnel fue tomando forma hasta que pudo ser inaugurado, mencionó: “Hacíamos lo que nos mandaban. Formé parte de cuadrillas prácticas para todo tipo de trabajo; también había cuadrillas para otros movimientos, y estaban los especialistas. Desde el momento en que entré ahí vi que el Túnel iba a ser una realidad, por la forma en que se encaró el trabajo. Los extranjeros que vinieron la tenía muy clara. Y todo se fabricó acá, nada se trajo de afuera”.

Asimismo, destacó: “Los alemanes, y los suizoalemanes que llegaron y fueron los que hicieron el poliéster, eran muy tratables. A veces entrábamos a las 6 o las 8 de la mañana y salíamos a las 10 de la noche, según la tarea. El túnel es un gran trabajo de ingeniería. Los que hicieron el revestimiento plástico garantizaron que esa capa va a tener 100 años de duración”.

“Estuve en la inauguración y fue un festejo hermoso, nos hicieron asado y todo allá en la isla donde estábamos nosotros. Y ahora es hermosa la sensación de poder estar en este 50° aniversario”, indicó el hombre, que tiene 18 nietos y cuatro bisnietos: “Los chicos, que algunos ya son hombres grandes, han llevado las fotos que tengo guardadas de aquellas épocas de construcción del túnel. Esas imágenes las compartieron en todos lados, en las escuelas o los lugares adonde han trabajado”, relató con estima al poder conservar ese testimonio.

Héctor José Micheloud tiene 75 años y vive en Santa Fe, y también recordó su trabajo en esta obra: “He trabajado 43 años en el Túnel. Entré cuando tenía 23 años y me retiré en 2010. Junto con todo el equipo de la comisión del túnel, ingresé a principios del 67 e integré toda la parte de supervisión de obra, dirigida por el ingeniero Alejandro Vega”.

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Héctor Micheloud
Héctor Micheloud

“Por ahí se está diciendo que 2.000 personas trabajaron en la construcción del Túnel, pero son casi 3.000, porque además de las tres empresas –la argentina Sailav SA, la alemana Hochtief AG y la italiana Vianini–, había subcontratistas que también trabajaron en esta obra”, aclaró.

Por otra parte, rememoró las épocas en que la obra avanzaba a paso firme: “La parte más emotiva que recuerdo fue cuando los primeros cuatro tubos con 1.500 toneladas tenían que flotar. Tanto al personal de obra de la empresa, como a nosotros, nos generó una gran expectativa una vez que se llenó el dique seco de agua y debíamos verificar si flotaban, y lo más emocionante fue cuando cabeceó el primer tubo y comenzó flotar. Es algo que no puedo describir con palabras, que nos tocó las fibras íntimas, porque a más de uno se le cayó un lagrimón. Fue algo muy impresionante. Pero además hemos tenido muchos otros motivos de emoción”.

También analizó: “Cuando se inauguró el Túnel fue algo magnífico. Tal vez en ese entonces nosotros no medíamos la importancia y la magnitud de lo que habíamos terminado de hacer. Y hoy, al cruzar por el túnel 50 años después, me vienen tantos recuerdos de los compañeros. Siempre tuvimos muy buena relación con el consorcio”.

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