Concepción del Uruguay
Martes 11 de Diciembre de 2018

La nostalgia permanente

El periodista Gerardo Iglesias escribió, en caliente, sobre la muerte Juan Luis Puchulu. "Puta carajo. Se fue el Gordo nomás".

En los tiempos que corren, la muerte parece más rápida, tan veloz como dolorosa lo fue siempre. Basta un wasap de un colega para que te desarme la tarde, la cabeza se ponga a mil, con "recuerdos como gema" y papeles que salen del corazón.


Lo otro fueron miles de imágenes de quien fue –es- para mí un gran amigo, aunque su paso por mi vida fueron quizás pocos, pero esos momentos fueron sublimes, luminosos, bohemos y barriales, como me gustan a mi. Como le gustaban a él.

Lo conocí cuando despuntaban los 90 y estábamos a punto de embarcarnos en una revista uruguayense que llamamos Juntos, en compañía de Betina Scotto, Carlos Ariel González Cardozo y su hijo, Pablo Salomone, Américo Schavartzman, Cristina Villanes, Marga Presas y Pablo Salomone. Revista que tuvo unos pocos números, rescató algunas cosas del Concepción diario y me dejó la amistad eterna con el Gordo y varios de los nombrados.

Cada vez que maniqueaba una nota decía "vamos a hermosearla" y ya sabíamos que se veían largas hojas escritas a mano de algún personaje de la ciudad o de lo que fuera. Yo las leía casi con emoción porque eran imágenes que veíamos todos los días, personajes que cruzábamos a diario por las calles, que se transformaban en poesía desde los palabras.

La muerte de su hijo Estanislao en un terrible accidente de tránsito lo golpeó y nos golpeó a todos, surgiendo de ese dolor una movida solidaria recordada como una épica de noches sin dormir. Y junto a ella, la Campaña del Juguete, de la que fue parte motorizadora, junto a sus amigos de LT11, que aún la continúan, y la continuarán este 24 de diciembre, como debe ser, como el seguramente espera.

El nacimiento de mi hijo mayor, mucho tiempo después, valió una carta que aún emociona a mi mujer Juliana y a mí, cuando la leemos tras 20 años de haber sido escrita.

Puta carajo. Se fue el Gordo nomás. Sobre el momento de la noticia la lluvia se adueñó de Concepción, para reafirmar esa sabia frase de las viejas, esas que tanto amó el, "cuando muere alguien bueno, el cielo llora".

Se murió el Gordo nomás. La última carta que me mando con Ata, uno de sus hijos, músico y pingazo, decía "Esta es la primera carta que escribo dictándola. Mi enfermedad es una degeneración (....) Te imaginas Pipo vos que me conoces, que a los 66 años, el médico que diga que tengo una "degeneración" es redundante. Que yo era un degenerado ya lo sabía a los 16 años" hasta en esas situaciones yo perdía el humor y su genio.

Creo que con su muerte se va el último de los periodistas de escaño y noches, de vidas al borde de las sillas desfondadas, de madrugadas interminables, con historias diarias que se transformaban en bellezas de escrituras. De mostradores de la Marcela y la Lusera, de amistades eternas, del amor por la radio. De la nostalgia permanente. Se fue el Gordo nomás. Un día de lluvia y a poco de la navidad, quizá para pasarla, de una vez por todas, con todos los que tiene allá arriba, que lo están esperando con los brazos abiertos. Salute Gordo querido. Fue un placer.

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