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La mujer hace la guerra a veces y teje siempre, como Bartolina

Vida y muerte de esta joven tejedora que desafía paradigmas para apreciar el aporte de la mujer y dudar del patriarcado colonial.

Domingo 05 de Septiembre de 2021

Tejedora, lavandera, comerciante como su familia, Bartolina Sisa Vargas supo visitar de niña y adolescente las comarcas de nuestro antiguo territorio y experimentar en carne propia los atropellos que sufría su pueblo, nuestro pueblo. Por conocer bien al opresor y darle pelea fue ejecutada un 5 de Setiembre y descuartizada para escarmiento. De ahí sale el Día Internacional de la Mujer Indígena.

Bartolina fue colgada un 5 de Setiembre de 1782. Las partes de su cuerpo despedazado, clavadas en picas para exhibición y miedo. El mismo día, el conquistador mató a Gregoria Apaza, su cuñada. Ambas guerreras principales en la sublevación de Tupac Katari, Julián Apaza, compañero de Bartolina y hermano de Gregoria.

Poco antes había muerto también por suplicio Micaela Bastidas, la compañera de Tupac Amaru.

Tres jóvenes mujeres valientes, mártires de la revolución: Bartolina, Gregoria, Micaela; víctimas, como tantas, de las arbitrariedades coloniales, y semillas principales de la independencia que cuajó pocas décadas después.

Mariposas en el hormiguero

Aquel suplicio de las bellas tejedoras por cuna, y guerreras por necesidad de la hora, es una excusa sin igual para abordar un grave vicio argentino: la consagración de próceres varones por mayoría absoluta, y la disputa entre partidarios de unos y otros, con escaso margen para la mujer. Y abordar también la nueva tendencia a rescatar mujeres próceres, como un anticipo de la gradual extinción del ciclo patriarcal, pero con una trampita escondida que convendría despejar.

Si queremos hallar mariposas, ¿porqué vamos al hormiguero? La Argentina saca próceres del fracaso, por eso en su mayoría son machos guerreros. ¿Y no es la guerra un fracaso?

Cuando agotamos el amor, la amistad, el diálogo, la comprensión, el consenso, la elasticidad, la negociación; cuando las mil vías del conocimiento y la comunicación y el entendimiento son mal transitadas o menospreciadas; cuando en vez de la armonía manda el interés, y la verdad es pisoteada; entonces sobreviene ese fracaso llamado guerra. Y en la Argentina vamos a esa laguna maloliente a pescar próceres.

Casualidad, es el mundo en el que predomina el varón. Así es como los modelos son machos guerreros.

No es que uno reniegue de toda guerra o menosprecie las estrategias, el valor, la entrega total, la clarividencia de algunos que pusieron su vida y hasta su sangre al servicio de un ideal. Inclinados ante los héroes y las heroínas, sí decimos que hace ruido el predominio casi exclusivo de la guerra a la hora de elegir guías.

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Tejido. Silvia Rivera Cusicanqui revela la singular condición de la mujer para la trama comunitaria.

Tejido. Silvia Rivera Cusicanqui revela la singular condición de la mujer para la trama comunitaria.

Estado o Comunal

Los varones fundaron y exprimieron el Estado-Nación, y muchos creen con candidez que allí se marca el rumbo de una comunidad, pero ese no es más que un culto que hechiza por igual a la derecha y a la izquierda.

Decirles a los partidizados que su dios (Estado-Nación) es un engendro reaccionario parece un insulto, tanto como dudar de la virginidad de la Virgen ante un católico. Con esta diferencia: cuando se trata de creencias antiguas y tradiciones que se pierden en el fondo de los tiempos, la razón resulta una vía inadecuada; en cambio, el Estado-Nación es un invento racionalista bastante nuevo cuyos resultados están a la vista: es colonial, racista, reduccionista, y en un punto deja incluso de ser público.

En tiempos coloniales, a las y los artiguistas les resultaba casi imposible convencer al resto de que podía reemplazarse la monarquía por una república, porque en el mundo había una sola república. Parecía una locura. Y bien: plantear hoy cuestionamientos al Estado-Nación encontrará la misma reacción, pero para evitar el choque podríamos ver tres aspectos del asunto. Primero: que en otros países ya se habla de Estado plurinacional, incluso por Constitución. Es decir: las culturas han logrado mostrar sus modos regionales, sus comunidades distintas, con autonomía, y no necesariamente enfrentadas sino complementarias. En segundo lugar: el posible reemplazo del Estado-Nación no tiene por qué ser un feudo, cosa que aquí no existió jamás, ni una organización impensada: puede ser un retorno al comunal, a la relación comunitaria, participativa, y con territorios vinculados a otros territorios por confederación. Es decir: no hay, necesariamente, en el horizonte algo totalmente novedoso sino más bien una tradición con pruebas milenarias de funcionamiento pleno, opacada por el atropello reciente del Estado-Nación racista, uniformador. Y tercero: ya existen actualmente en el mundo y muy especialmente en el Abya yala (América) decenas de experiencias comunales que ponen en el banquillo al Estado-Nación. El reverdecer está a la vista, aunque sin prensa, claro, como todo lo que interroga a un sistema avejentado y terco como un patriarca en decadencia.

Sin recetas

Como son muchas y muchos quienes sienten incomodidad en el Estado-Nación, hay dirigentes que aprovechan en estos días para proponer su reemplazo por el mercado y esto, si no es una falacia, es un paralogismo. Como quien dijera: el enemigo de mi enemigo, es mi amigo. Otro engaño.

El Estado-Nación no sustituyó aquí a feudos sino a comunidades ancestrales, para lo cual se ocupó de reducirlas a servidumbre, desintegrarlas, demonizarlas, dispersarlas o aniquilarlas, sin más.

Es el emprendimiento humano más soberbio y racista de que se tenga memoria, en nuestros territorios, donde la inmensa complejidad de la persona se reduce a la restringida idea de ciudadano, es decir: en relación con el Estado-Nación.

Uno es persona en relación con personas, abuelas, amistades, oficios, árboles, casas, artes, saberes. Uno es ciudadano en relación con impuestos, ministros, pretendidos derechos, y a poco será nomás “contribuyente”.

¿Qué organización está en verdad en las antípodas del culto al Estado-Nación? Una muy antigua y muy vigente: la comunidad. ¿Y con qué receta? Con ninguna, y con muchas.

La revolución federal tenía un objetivo central y exclusivo: la soberanía particular de los pueblos. Esa meta calza a la perfección en una antigua y muy fructífera tradición: la vida colectiva, la minga, el ayllu; las comunidades con desarrollo propio, con decisiones autónomas, con modos singulares de conocer, relacionarse, hablar, comer, danzar, vivir en fin, pero no aisladas sino en permanente intercambio con otras comunidades y fieles a los ciclos de la naturaleza.

Propaganda y armas

Por derecha y por izquierda quieren dominar el Estado-Nación para imponer sus recetas, sea con el ejército, la policía, la escuela, la justicia, las leyes, la máquina de imprimir billetes, el derecho al endeudamiento. Y es tal la propaganda que generan sus usinas que no pocas familias creen que el Estado-Nación es tan natural como el árbol, como los trinos, como la montaña. Toda una farsa bien sostenida con los dineros del pueblo.

Sí es natural la comunidad, la interacción de unas personas con otras, unas familias con otras, unas comunidades con otras, unas regiones con otras, sin mandones, sin intermediarios; y la interrelación de todas las personas con las demás expresiones de la biodiversidad.

El Estado-Nación ha sido un instrumento del imperialismo para sostener la colonialidad con la fuerza de la propaganda y de las armas. A medida que nace, crece y se fortalece el Estado-Nación muere la diversidad cultural, se desnaturalizan las comunidades. Por eso el Estado-Nación exhibe próceres racistas, que justifican, cuando no alientan, las matanzas, y esos próceres racistas guían la escuela y las leyes. De ahí que el Día del Abogado celebre a Alberdi y el Día del Maestro a Sarmiento. Con vaivenes, ambos racistas, aun cuando la conquista europea y la esclavización llevaban ya 400 años…

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Pilares. Los rostros imaginados de Gregoria Apaza, Bartolina Sisa y Micaela Bastidas, que vuelven a florecer cada año tras el martirio y una historia blanqueada que las ignoró.

Pilares. Los rostros imaginados de Gregoria Apaza, Bartolina Sisa y Micaela Bastidas, que vuelven a florecer cada año tras el martirio y una historia blanqueada que las ignoró.

Individuos sobre colectivos

La guerra es el lugar de los varones, las mujeres participan allí de manera minoritaria. Por eso, si miramos desde la reverencia al Estado-Nación, entonces brillarán muchos varones y pocas mujeres. El Estado-Nación es una fuente de distorsiones. Si, en cambio, logramos zafar de esa categoría occidental guerrera patriarcal individualista, y miramos con detenimiento a la comunidad, entonces brillará el tejido comunitario y ahí sí que lucen sus atributos principalmente las mujeres, aunque no con exclusividad. Claro que, con el endiosamiento del Estado-Nación, viene la necesidad de próceres individuales, es decir: son dos categorías que se buscan. Y en la comunidad, en cambio, sobresale la vida colectiva, el trabajo en grupo, el tejido con las fibras de los seres humanos en diversos géneros y también las fibras del entorno, que constituyen esa comunidad: el árbol, el pájaro, el río, el suelo, los alimentos, la indumentaria, el intercambio, las artes, la amistad, el amor.

La humanidad es obra de la humanidad, con todos los géneros habidos y por haber, y lo mismo nuestro país, pero en el altar de los próceres se empujan los machos guerreros y políticos, como si sólo de guerra y política fuera hecha la humanidad.

El patriarcado le echa polvitos de estrellas a los oficios que convocan a los varones, y hunde en el abismo los oficios en que se ha desenvuelto la mujer, eso pasó y pasa.

La tendencia a incorporar mujeres guerreras y políticas al altar de los machos es, a la vez, un acto de justicia y también un seguro de inmortalidad para el patriarcado.

Las mujeres han sido excepciones en la guerra y la política, y por supuesto que esas excepciones deben ser recuperadas y alumbradas para romper con la mentirosa exclusividad del varón. No hay dudas. Sin embargo, las excepciones son connaturales a la norma, y la norma seguirá siendo así la del prócer varón.

¿Puede sustituirse el varón por la mujer desde esa perspectiva, buscando justicia en el trato de los géneros, sin forzar la historia? Muy difícil. Sin desconocer los méritos de tantos varones, y tantas mujeres también, en la guerra y la política, y sin bajar de su pedestal a quienes han colaborado con la sociedad desde esas funciones, podríamos mirar maneras más edificantes en la vida social para detectar el rol de muchas mujeres (sin ignorar los demás géneros), y advertir que el pedestal de los próceres tuerce nuestra historia, al inflar unas funciones sobre las demás, y todo por hacer brillar al varón.

Toda la confusión comienza entre nosotros y nosotras con la reverencia al Estado-Nación, esa superestructura que se impone sobre la diversidad de comunidades y culturas para establecer sólo un modo de pensar, de ser, de comer, de hablar, de vestirse, de encontrarse, de organizarse, y menospreciar o destruir los otros modos. Es el Estado-Nación una de las vías más eficaces para dejar en el abismo las cultura que no se arrodillan a la imperial y a las que hace referencia el sociólogo Boaventura de Sousa Santos. Es el Estado-Nación el que menosprecia a la mujer, y el que oculta la interseccionalidad de opresiones para disimular su propio fracaso.

Etnicidad tejido

Silvia Rivera Cusicanqui aporta una metáfora brillante a este pensamiento. El hombre mapa, la mujer tejido.

Inspirados en esa dicotomía, diremos que el mapa, la política, la guerra, la frontera, el Estado-Nación, admiten con más facilidad la jerarquía, la verticalidad, la jefatura. El tejido dice grupo, dice horizontalidad, dice vida comunitaria, diálogo. El mapa manda, el tejido convoca. El mapa crea fronteras, el tejido las atraviesa.

Por eso, si cambiamos la categoría de pensamiento y llegamos a apreciar la urdimbre, también nos veremos obligados a modificar la selección de próceres, porque en el tejido es más difícil lustrar al individuo. Cada hilo allí es importante y sostiene al otro. El mapa es occidental, eurocentrado, antropocéntrico, macho, colonial, racista, individualista; el tejido es comunitario, ancestral, ambiental, integral, independiente, conversador, decolonial, antirracista.

En un diálogo con Boaventura de Sousa Santos, dice Silvia Rivera Cusicanqui: “Yo planteaba la etnicidad mapa como etnicidad masculina, y la etnicidad tejido como etnicidad femenina, basada en la idea de una estructura bilateral de parentesco, donde hay cierto reparto de papeles, rituales, propiedad, etc., pero a la vez hay un sistema de residencia patrilocal más dominante; entonces las mujeres de una comunidad han venido de otras comunidades, y por eso tienen la capacidad de hablar con los de afuera, y seducir a los otros para incorporarlos… ellas se ocupan de conjurar la amenaza de disolución que significa el dinero, conjurar el malestar que introduce el dinero, por eso son capaces de tejer alianzas con otros, con la otredad. Eso hace que el tejido que proponen las mujeres sea mucho menos guerrero, más pedagógico, capaz de coexistir entre diferentes”.

Guerra o trama

Con Bartolina Sisa y sus pares celebramos el Día Internacional de la Mujer Indígena. Ellas, tejedoras, debieron incorporar la guerra. Su sangre es nuestra bandera. Como Juana Azurduy, como La Delfina, como María Remedios del Valle. Pero este Día 5 de Setiembre nos trae un mensaje que dice vivir bien y buen convivir, dice armonía con la naturaleza en vez de extractivismo, dice consenso, dice comunidad participativa; en esa sinfonía desentonan los individualismos, los narcisismos, las famitas personales, las competencias tontas, la fragmentación partidocrática, porque es la comunidad ancestral la que canta a coro.

Por eso el 5 de Setiembre es especial. Luto y celebración a una vez. Los pueblos han logrado hacer del mar de lágrimas por la tortura y la muerte un riego de esperanza fértil contra la opresión. Es una jornada que recupera las diversas culturas hermanas, las distintas manifestaciones de la vida, y la presencia hoy, aquí, de tantas, cuyos nombres quedaron por ahí grabados o fueron sepultados con ellas.

Como no sabemos pronunciar esos nombres les llamamos, sencillamente, próceres.

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