Miradas
Domingo 15 de Julio de 2018

La magnitud del ajuste tensa los nervios de los gobernadores peronistas

El martes el gobernador Gustavo Bordet se trasladó hasta Río Seco, en Córdoba, para rendir homenaje al caudillo federal Francisco Ramírez. Más allá del merecido homenaje al Supremo Entrerriano, la circunstancia era propicia para referirse al duro recorte de fondos que el gobierno nacional quiere dejar plasmado en el proyecto de presupuesto para el año próximo, para dar respuesta a lo acordado con el Fondo Monetario Internacional el mes pasado. Bordet habló de la necesidad de generar vínculos entre la historia y el presente "para no seguir resignando lo que legítimamente nos corresponde" en materia de recursos. Mencionó que el caudillo batalló en un escenario en el que había "una ciudad rica como Buenos Aires y provincias pobres que era donde se producía la mayor parte de las materias primas. Poco ha cambiado en el tiempo", apuntó luego.



Ese día todavía se hablaba de que el ajuste necesario para dar respuesta al compromiso asumido con el FMI era de 200.000 millones de pesos, de los cuales las provincias tendrían que afrontar la mitad. De eso hablaba el gobernador. Ese mismo martes por la noche el presidente Mauricio Macri recibió a los gobernadores radicales, acompañado el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y el jefe de gabinete Marcos Peña, para interiorizarlos del ajuste que se viene. "Tras la provocación de Carrió, Macri recibe a los gobernadores radicales", titularon algunos medios dando a entender que había en ese encuentro un gesto de valoración especial del presidente a los radicales, que presurosos se apersonaron en Olivos.



Al otro día el titular de Hacienda Dujovne salvó las formas en un encuentro con todos los ministros de las provincias gobernadas por Cambiemos. Los gobiernos de la ciudad de Buenos Aires y de la provincia homónima tienen el mayor nivel de privilegio en el trato que les da el macrismo a las provincias. Y en un segundo plano, aparecen los mandatarios que militan en la UCR. En la reunión del martes por la noche los gobernadores radicales de Mendoza, Jujuy y Corrientes (Alfredo Cornejo, Gerardo Morales y Gustavo Valdés) cerraron filas en torno a ajuste. Quedaban fuera y sin saber nada respecto de la forma en que se aplicará la reducción, los gobernadores peronistas y algunos de los partidos provinciales. Las señales políticas no eran demasiado alentadoras. En fina sintonía con Macri, Elisa Carrió había escandalizado a los radicales diciendo en Entre Ríos –el territorio donde se fundó Cambiemos en aquella recordada sesión de la Convención Nacional en Gualeguaychú– que harían lo que ella y el presidente les dijeran. Tal vez como una forma de hacerles notar que no tienen destino por fuera de la coalición gobernante, y que dentro de ella su rol es el de acompañar. El miércoles Carrió fue a Córdoba y habló de las declaraciones que hizo el gobernador de esa provincia, Juan Schiaretti en el acto que compartió con Bordet. Allí le advirtió: "Schiaretti tiene que apoyar porque sino, no tiene obras. No hay bancarrota del país porque podemos seguir trabajando con el Presupuesto del año anterior", señaló, luego de que Schiaretti declarara que el gobierno nacional tenía la responsabilidad de que Argentina "no se desbarranque". "Si Córdoba quiere hacer una obra que no está presupuestada y quiere que la haga la Nación, tiene que estar en el Presupuesto", lo apretó la diputada. Y después preguntó: "¿Por qué nadie fue tan 'machito' para ir a reclamarle a Cristina (Kirchner), que le robaba todos los días la coparticipación?".




En el acto del martes Schiaretti había elogiado a Pancho Ramírez como un valuarte del federalismo y gobernante de visión moderna, pero también elogió al exgobernador cordobés Bustos, que fue quien primero dejó solo a Ramírez en el plano militar, y después lo combatió junto al Brigadier López en las circunstancias en que el entrerriano encontró la muerte, dicen algunos por rescatar a la Delfina; dicen otros por volverse a ajustar cuentas con el traidor del capitán José Maldonado. Si Carrió tuviera que elegir a qué momento de la vida de Bustos tiene que parecerse Schiaretti, parece claro que prefiere que lo imite poniéndose del lado del poder central y en contra de las provincias pequeñas, como la historia le atribuye haber actuado a Bustos. Varios gobernadores peronistas atan cabos y creen que el gobierno nacional tiene una estrategia especialmente dura para tratar con ellos. Carrió los aprieta con las obras, en Economía no les dan datos de los alcances del ajuste y mientras tanto Macri se queja de que no tiene interlocutores en el peronismo, señalando además que su comportamiento no genera confianza en el mundo (partiendo de la base de que haber recurrido al FMI sí genera una imagen de solidez internacional). Ante esto mirada, un gobernador que reclame lo suyo en la discusión del presupuesto para el año que viene es poco menos que un dirigente que obstaculiza al gobierno nacional. A su vez, los gobernadores peronistas sospechan la intención del macrismo de arreglar solo con los propios, con los gobiernos de Cambiemos, y que en las otras jurisdicciones el achique de fondos se aplique sin atenuantes.



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La directora Gerente del Fondo Monetario, Christine Lagarde, felicitó al Gobierno por haber logrado un acuerdo. Dujovne luego habló ante la prensa.
La directora Gerente del Fondo Monetario, Christine Lagarde, felicitó al Gobierno por haber logrado un acuerdo. Dujovne luego habló ante la prensa.



No se sabe cuánto es el monto del ajuste que deberán afrontar las provincias. Hasta el martes, se hablaba de 200.000 millones de pesos en 2018. Tras la reunión de Dujovne con los ministros de Economía de las provincias gobernadas por Cambiemos trascendió que el monto sería de 300.000 millones, de manera tal que a las provincias ya no les tocaría achicar 100.000 sino 150.000 millones. Y el viernes, cuando se conoció el contenido del menú de opciones que el Gobierno debatió entre mayo y junio con el Fondo Monetario Internacional (FMI) como camino para lograr aceleradamente el equilibrio fiscal, se supo de un recorte a las provincias que podría ser aún mayor. Entre las propuestas aparecen la reducción de un 1,2% del PBI en 2019 de las transferencias a las provincias para "asegurar recortes en gastos provinciales en bienes, servicios y salarios", y un recorte del 0,6% del PBI en gastos de capital, lo que suma 1,8 del PBI, bastante más de 1,3% que se mencionaba hasta ese momento.




La idea de que el Gobierno nacional y las provincias gobernadas por Cambiemos arreglarán "su parte" del ajuste antes de hablar con los gobernadores peronistas se fortalece con el hecho de que la única información de que disponen los mandatarios de la oposición es la que se publica en los medios. Las afirmaciones de Macri sobre la falta de interlocutores o la desconfianza que genera el peronismo en la mirada que el mundo tiene de Argentina, más los bombazos de Carrió, crean un clima que dificulta cualquier negociación. Para la semana que viene se anunció que el gobierno nacional comenzará a recibir a los gobernadores peronistas, en pequeños grupos, empezando por los dialoguistas. El articulador de ese mecanismo será el ministro del Interior Rogelio Frigerio, como tantas otras veces. Y como esas otras veces se intentará que los gobernadores garanticen el voto de sus legisladores nacionales para aprobar el presupuesto que incluya al ajuste. Habrá seguramente una negociación, pero acotada porque el volumen del recorte es tal que impide mayores concesiones a las provincias.





El silencio de buena parte de la dirigencia política al respecto lleva incluso a pensar que muchos dirigentes no tiene idea de la magnitud del achique comprometido con el FMI, o tal vez entiendan que no momento de hablar. Está claro que el gobierno nacional tiene un rumbo definido y no lo va a modificar, aún pese a ser 2019 un año electoral. Los gobernadores también tienen esa preocupación, y hasta se rumorea que en la negociación con el macrismo por el apoyo al presupuesto podrían incluirse aspectos electorales. Pero la realidad es que cualquier ajuste va en contra de las pretensiones electorales del gobernante de turno. En el caso de Bordet, ya ha pagado algún costo político por ser funcional al gobierno nacional al momento de juntar los votos en el Congreso.





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La situación con los fondos buitres es un caso, pero mucho más recordado es el apoyo a la sanción, en diciembre del año pasado, de la ley de reforma previsional que modificó la fórmula de cálculo por el que se actualizan las jubilaciones. Obviamente los gobernadores peronistas podrían adoptar una postura en común, aunque allí entran a tallar las divisiones internas del peronismo, divisiones que el macrismo intentará mantener vivas, en lo que de ellos dependa. Entre Ramírez, que se enfrentó al gobierno porteño; o como Bustos, un provinciano que respondió al poder central, hay otras alternativas. Claro que la búsqueda de un punto de negociación para morigerar el efecto del recorte es una opción que hoy depende casi exclusivamente de cómo el gobierno nacional plantee la discusión.

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