Entrevista con Sandro Salamone, técnico electrónico. Asimov, Sagan y el cura Carlos Barón. Antes y después de Internet y la Inteligencia Artificial.
08:48 hs - Domingo 17 de Mayo de 2026
El técnico electrónico Sandro Salamone hizo un repaso de las principales modificaciones e innovaciones informáticas de las últimas décadas y analizó particularmente el momento actual, caracterizado por el cambio tecnológico y laboral a niveles exponenciales. “Tenemos que usar la inteligencia artificial como herramienta pero no olvidarnos de la gente”, advirtió.
Un DT sanador
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, avenida Jorge Newbery, zona de la Base Aérea, donde viví hasta los 22 años, cuando comencé a trabajar en esto.
—¿Cómo era en tu infancia?
—Una zona periférica, con pocas casas, enfrente de la mía no había nada, salvo una tapera, a un costado había campo hasta la esquina y casas hacia el lado de la base. La única calle asfaltada era Newbery.
—¿Cuándo se transformó urbanísticamente?
—Cuando me estaba yendo fue la eclosión, con obras troncales para agua y cloacas. La parte de enfrente, hacia el sur, fue a partir de 2000, aunque antes comenzó a haber más casas al costado de la mía.
—¿Lugares de referencia?
—El Club Argentinos Juniors y pegado al barrio de los suboficiales el Club Entre Ríos, donde practicábamos con un equipo que teníamos, llamado Jorge Newbery, patrocinado por un empresario y con el cual fuimos segundos en categoría infantiles.
—¿Quién los dirigía?
—Un personaje muy raro, Panchito Rajneri, quien sabía mucho y nos enseñó también sobre lo humano. Luego terminó curando (risas).
—¿Pensabas en hacer carrera?
—No, era medio pata dura, aunque fuerte y corría por toda la cancha; jugaba de 5.
—¿Otros juegos?
—A todo lo que hoy los chicos no tienen ni idea, como la bolita y las figuritas, pero siempre al fútbol y en campeonatos de barrio.
—¿Qué visión tenías del centro?
—Lejana; era más de media hora para llegar en colectivo.
—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?
—Mi papá era colectivero y tenía un negocio de venta de pollos frescos; fue un conocido militante peronista, hizo mucho por el barrio, aunque no ocupó cargos, y fue presidente del Club Argentinos Juniors. Mi mamá tenía un taller grande de costura para Paranatex.
—¿Fueron inmigrantes?
—El apellido es de Sicilia y el papá de mi mamá, de apellido Cángeri, también de Sicilia.
—¿Cángeri quien fue senador provincial?
—Su hijo.
Ciencia, religión y el padre Barón
—¿Leías?
—Sí, aunque ahora dejé un poco por esta “miércoles” del celular. Me gusta la historia del país, la ciencia ficción e Isaac Asimov, quien diseñó las leyes de la robótica. En séptimo grado compré Cosmos, de Carl Sagan.
—¿Por qué te atrajo la temática?
—Por lo religioso. Soy católico, iba mucho a la iglesia y un día en catequesis me planteé qué es Dios y quién creó todo, pero la religión tiene sus límites, así que busqué por el lado de la ciencia. Lo escuché a Sagan y buscaba lo mismo, así que leí sus libros.
—¿Te generó tensión con lo religioso?
—Sí, pero Sagan en unos de sus libros dice que hay una parte que la ciencia no puede resolver, por situaciones sin explicación que le sucedieron, lo cual también me pasó y por eso sigo siendo religioso.
—¿Resolviste estas disquisiciones?
—Continuaron, hasta antes de cumplir quince años cuando hice un retiro espiritual con un cura muy controvertido, el padre (Carlos) Barón, quien me acercó nuevamente a la religión y limé asperezas. Sigo yendo a misa pero lo religioso no está sólo en cumplir los preceptos de la iglesia, sino en considerar la empatía, cuya falta va contra lo que dijo Cristo. La política lo atraviesa todo y si tuviera que encasillar a Jesús, diría que hoy sería justicialista y kirchnerista, sacando los políticos que pululan en ese movimiento.
Lúpin y la escuela técnica
—¿Qué más leíste cuando niño?
—La revista (de historietas) Lúpin, por la técnica y por la cual estudié Electrónica, aunque me arrepiento de no haber seguido la carrera. Me compré un libro de astronomía pero dejé porque había que comprar un telescopio, y leí sobre economía y sobre quiénes manejan el mundo.
—¿Armabas algo de los planos de esa revista?
—Un micrófono de AM y mientras fui a la secundaria hacía equipos de audio y se los vendía a mis compañeros.
—¿Materias predilectas?
—Física e Historia; Matemáticas no me disgustaba, no estudiaba nunca pero era necesaria para lo mío, porque era todo cálculo. En segundo año el profesor de Física se equivocó en algo, se lo marqué y me mandó a rendir. Mucho tiempo después llamó alguien al negocio por un televisor, le reconocí la voz, fui a buscarlo, le pregunté si se acordaba de mí, me dijo que sí, que habíamos tenido unos desencuentros y se rió. No era mal tipo sino que fui un desubicado. En cuarto año pasé a la nocturna, comencé a trabajar con mi viejo, puse un biombo (risas) y tenía un tallercito de electrónica, más que nada para diseñar, rústicamente, por ejemplo alarmas.
—¿Formadores importantes?
—Los profesores Macché y Pacífico, en cuanto a lo importante de la educación técnica para un país, porque decían que se estaba capacitado para trabajar en industrias y que siempre habría algo para hacer, como sucede hoy. Sabíamos soldar, pintar, hojalatería, carpintería y hasta calcular una estructura, porque en los primeros tres años veías de todo.
Pollo transistorizado
—¿Qué desarrollo tuvo ese primer "taller"?
—Comencé a arreglarle cosas a los vecinos. Una vez desarmé un equipo, se me perdió un transistor, al otro día viene una clienta con la bolsita y me dice “encontré este bichito en el pollo”, le dije que era un transistor, un componente electrónico. Después le arreglé un televisor. Mi hermano con el negocio comenzó a dedicarse más a lo mayorista y luego lo vendió.
—¿Cuánto cursaste de Ingeniería Electrónica?
—Mientras cursé primer año ingresé al IAPV y dejé la carrera, pero el IAPV no me gustaba, estaba por irme y me enteré que buscaban personal para los casinos, hice el curso, comencé en diciembre de 1991 y en marzo de 1992 ingresé en una empresa de computación de Santa Fe radicada acá, con la cual llegamos a vender diez veces más que allá, porque yo era técnico y comerciante, y fue el boom de la informática.
—¿Con quién aprendiste lo esencial de la informática?
—Tuve que hacerme autodidacta, buscar información y viajar, estudié el iBase, programación de bajo nivel y era importante manejar el (sistema operativo) MS-DOS, luego se pasó al 286 y me di cuenta de la importante herramienta comercial que sería. Esta gente desarrollaba un software de gestión comercial y yo vendía el paquete; se hicieron representantes de Epson y comencé a vender laptos. El primer mes me compré un Fiat 600, el segundo un Renault 12 y el tercer mes, cambié de modelo.
Internet: antes y después
—¿Preinternet, qué fue disruptivo en materia de innovación?
—El boom de las comunicaciones aplicadas a las redes informáticas. Por ejemplo, Bazar El Entrerriano y El Diario tenían terminales Weis con Unix y una antena, un sistema de comunicación que posibilitó lo que fue la explosión de Internet.
—¿Qué vislumbraste por ese entonces?
—Quienes estábamos en este tema decíamos que todavía no estaba volcada toda la información en la nube pero tenías acceso a una computadora o servidor que estaba, por ejemplo, en Europa. Al hijo de un compañero de trabajo y profesor de Matemáticas le gustaba la astronomía. Le vendí la primera XT para los hijos, quienes querían conectarse con la Nasa, porque estaban haciendo un seguimiento de una misión, y la Nasa les mandaba información. ¿Sabés dónde terminó uno de los chicos? Trabaja en la Nasa, porque lo captaron y becaron, ya estando en la facultad, a partir de la comunicación que se estableció cuando el chico tenía doce años.
—¿Otros hitos?
—Ya se vislumbraba la inteligencia artificial. Hubo un científico que enunció una ley que decía que cada cinco años se duplicaría la capacidad de proceso. Se hacían procesadores X y con esos mismos se diseñaban procesadores XX… lo cual era exponencial y vertiginoso, sumado a los volúmenes de información. La IA actual tiene una gran capacidad de procesamiento de información. Por aquel entonces lo que la frenaba era la imposibilidad de miniaturizar, pero la escala de integración tuvo un boom con las tierras raras. El celular actual tiene un determinado tamaño porque necesitamos una pantalla, pero sino sería sólo un chip, gracias a este último descubrimiento. No tiene límite.
La IA y el trabajo
—¿Qué nunca imaginaste?
—Me molesta que la tecnología se utilice para reemplazar a operarios, más allá de que está bien que se quiera más eficiencia y vender o producir más. La IA está causando desastres, no tanto como lo fue la robótica originariamente, pero la economía de mercado exige más bienes, que duran menos y que se puedan reemplazar. En ese vértigo los robots no generaron desempleo sino que ayudaron a producir más. Lo de ahora es más jodido porque la IA puede reemplazar varias cosas, al punto que China puso límites a los despidos de trabajadores reemplazados por la IA. Tenemos que usar la herramienta pero no olvidarnos de la gente, sino es un mundo para pocos.
—Están desapareciendo profesiones.
—Exactamente. Ya no se contratan programadores sino IA, que pueden trabajar en aspectos diferentes y luego se integran. Este problema llega en un momento en que la gente vive más y que el sistema de seguridad social tiene que atender, con quienes trabajaron y aportaron toda su vida. Pero la gente se reproduce menos y hay menos gente nueva trabajando. Ese sistema se caerá y no lo tenemos en cuenta.
—¿Qué puede acontecer con la informática cuántica?
—Creo que se saldrá de control y nos llevará al caos. Hoy ya no se puede hablar por un reclamo a ningún servicio de salud o de otra índole, porque te atiende una IA. La gente no está acostumbrada ni sabe cómo manejarse. Imaginate que ya hay operaciones que la supervisa un cirujano, pero la hace un sistema robótico.
“La gente no tiene plata para reparar electrónicos”
Salamone, desde 1993 en el rubro, reveló gajes de su oficio y del mecanismo de obsolescencia programada de los equipos electrónicos, la cual, según afirmó, se incrementó a partir del comienzo de este siglo.
—¿Qué es lo más curioso con lo que te encontraste al abrir un gabinete de PC?
—En las notebooks, hormigas muertas, porque algo las atrae. Cuando se mueren despiden un ácido que carcome la pista. Un cliente trajo una Mac porque se le había mojado al caerse una copa de vino y un amigo le dijo que le echara vinagre (risas). La máquina no sirvió más por lo corrosivo del vinagre. En un gabinete encontré una botella de Johnnie Walker, etiqueta roja, y en otro, un juguete erótico.
—¿Personajes?
—Hay gente que tiene la facilidad o bendición para que todo le chupe un huevo, tienen más de 50 años y todavía siguen jugando con la computadora, para lo cual gastan fortunas.
—¿Cuál es la constante en términos de obsolescencia programada?
—Comenzamos a verla a partir de 2000 y utilizan métodos muy sencillos: todo equipo electrónico funciona con una fuente llamada switching, las cuales no usan un transformador sino que cuando se enchufa a 220 W hay un circuito electrónico que una vez transformada la corriente en 360 voltios, baja a 2.5, 2.7, 5, 9 o 12, que son las tensiones con las cuales funcionan las computadoras. Las fuentes están compuestas por semiconductores, bobinas toroidales de muy pocas vueltas y capacitores, que son como una pila. Según los componentes químicos con los cuales está hecho el capacitor depende de cuánto durará y cuándo comienza a degradarse. Todas las reparaciones son cambiar capacitores, si el daño que se hizo todavía no es tan grande, por eso si el equipo comienza a tener fallas para el apagado, hay que desenchufarlo y llevarlo a un taller, antes de que la fuente switching, que hoy son de menor calidad, comience a funcionar mal y queme todo. La señora que te comenté de la anécdota del transistor y el pollo tenía un televisor híbrido, con lámparas y transistores, y cuyos capacitores eran de tantalio. Por entonces ese televisor tenía 30 años y el tubo todavía se la bancaba. Tengo un televisor de plasma de 30 años, que decían que se agotaba, mientras que los leds se rompen porque son de mala calidad, como todos esos que tengo ahí (muestra varios).
—¿Puede haber una renovación importante por las facilidades de importación?
—No; hace tiempo que estamos globalizados. Antes tenía que comprar un repuesto que no venía y lo hacía por AliExpress, aunque el problema era el costo. Una vez compré de Alemania un repuesto para un servidor de una empresa de acá y costó por el impuesto que te ponían acá. A los chinos le decís algo y si el negocio les importa, te llaman por WhatsApp. Hoy podés hacer hasta cinco pedidos de afuera, con un límite de 3.000 dólares por año, pero no es una solución a los problemas que tenemos.
—¿Qué cuellos de botella tiene el mercado?
—La caída del consumo. Cambiar los leds de un televisor de 32 pulgadas cuesta, como mínimo, 150.000 pesos y te arriesgás a romper la pantalla. Si tuviera que vivir del taller lo hubiera cerrado, porque la gente no tiene plata para reparar. Y quien tiene, compra uno nuevo, porque la vida útil son tres años. Antes con un taller de televisión te llenabas de plata. Incluso quien tiene un problema común con la computadora recurre a la IA y le busca la vuelta.