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La historia de Entre Ríos y la Policía en una sola familia

Los españoles Celis viven aquí desde 1700, y por su bravura y formación participaron en campañas de Ramírez, Urquiza y López Jordán, llegando a formar la fuerza de seguridad

Miércoles 12 de Noviembre de 2014

Javier Aragón / De la Redacción de UNO
jaragon@ uno.com.ar

 

Ser parte de la historia de Entre Ríos en todas las acciones institucionales debe ser un orgullo y este mérito lo tiene la familia Celis que desde el inicio de esta provincia a lomo de caballo, acompañó el crecimiento hasta nuestros días. Es la única que se pasó la herencia de coraje, bravura y conocimiento desde los primeros hombres que acompañaron a los caudillos entrerrianos en todas las campañas y dando forma a las milicias que luego se transformaron en la Policía. Es uno de los pocos casos donde los padres e hijos han formado de modo ininterrumpido parte de la historia grande de la fuerza de seguridad: desde sus inicios hasta la actualidad.

 

 

De España a Entre Ríos

 


Los Celerinos romanos eran una comunidad poblacional que comprende uno de los antiguos nombres étnicos de Galicia y que se encontraban en el Convenio Jurídico Bracarense. Los Celerinos tenían por capital a Caeliobriga y probablemente vivían en la sierra de Barroso y Valle Alto del Cábalo. Las primeras noticias seguras que tenemos de Galicia se remontan al año 138 de nuestra era y se trata de referencias sumamente vagas acerca de pueblos habitantes de un país todavía no visto por ojos romanos.
Los Celis son originarios de las montañas de Santander y descendientes –según la tradición- del linaje de los Celerinos o Celeres romanos, ya que antiguos españoles se unieron en matrimonio con las hijas de dichos Celerinos y estos descendientes (en memoria de ese enlace) usaron esa denominación por apellido.
Fueron un linaje bien reconocido y calificado en el Reino de León y Liébana en la Cantabria. Tuvieron Casa y Torre Solar en las antiguas Asturias de Santillana y en el Valle de Rionansa (en Santander) dándole nombre al pueblo de Celis; donde tuvieron castillo, junto a San Vicente de la Barquera, en Cantabria.
El primer varón que se conoce utilizó el apellido propiamente como se lo conoce, fue Gutierre Rodriguez, señor del Castillo de Celis y Ricohombre del Rey Fernando III “El Santo”, obrando constancia en la Real Chancillería de Valladolid del año 1551 por el cual se le concede titulo de Hidalguía, natural de Arenas de Rionansa. Su hijo se llamó Fernán Gutierre de Celis. De la misma familia salió el caballero de la Orden de Santiago don Lucas de Celis y Bedoya, quien fue cruzado en el año 1690 y de esta descendencia pasaron ramas a Andalucía, y también a América.

 

 

 

El virreinato

 

En 1776, se crea el virreinato del Río de la Plata, siendo designado para dirigir dicho cargo el general español Pedro Antonio de Ceballos Cortés y Calderón. A quien le cupo defender el territorio hispano de las pretensiones portuguesas, para ello contó con una fuerte misión militar que armó con muchos santanderinos por ser la tierra de su origen, entre ellos el Regimiento 77º de Cantabria; siendo uno de sus oficiales el joven don Manuel Gómez de Celis, quien al igual que muchos jefes de la época viajaban con sus familias, en su caso acompañado de su esposa Petrona Albarracín –natural de Córdoba, España- y la pequeña hija Cipriana de tan solo 2 años.
Entre las acciones de gobierno del virrey Ceballos estuvo fomentar el poblamiento del actual territorio entrerriano, que ya había comenzado entre las década de 1750 y 1760. Es así que Don Manuel Gómez de Celis, es designado en 1790 comandante de Milicias del partido de Nogoyá, dando inicio a una trayectoria familiar de carácter policial que permanece hasta nuestros días, siendo un caso único en la historiografía de la institución encargada de guardar el orden y prevenir los delitos.
Fue propietario de una extensión de campo, que compró a Francisco Ferreyra Braga de Couto en la costa del Arroyo El Animal -actualmente Sexto Distrito, Departamento Gualeguay-. Mientras desempeñó este cargo su familia se fue acrecentando con la llegada de nuevos vástagos: Petrona, María del Tránsito, Antonino, Toribio, Andrés; y los esclavos Manuel, Gabriel, Rita, Sebastián, Domingo, Pedro y el agregado Santiago Garzón –téngase en cuenta que durante el período tratado era algo común en las familias españolas poseer esclavos– todo este numeroso grupo de personas integraban el solar de don Celis; a quien hallamos en 1795 designado como comisionado del Ayuntamiento del Cabildo de Gualeguay; y desde 1802 fue alcalde del Cabildo, Justicia y Regimiento de la Villa de San Antonio de Gualeguay, es importante destacar que la figura del alcalde representaba no solo la autoridad política, sino también policial, porque entre sus facultades estaban comprendidas las referidas a mantener el orden público y prevenir los delitos.

 

 

Invasiones ingleses

 


Al producirse las invasiones inglesas de 1807, el Virrey requirió el apoyo de fuerzas del interior, es así que aquellas primeras fuerzas policiales de las principales villas como San Antonio de Gualeguay, San José de Gualeguaychú, Nogoyá y Concepción del Uruguay asistieron con el envío de tropas hacia Montevideo desde donde se organizaba la recuperación de Buenos Aires, de las Partidas de Milicias de Nogoyá asistió Pedro Celis (uno de los sirvientes de Don Manuel, que por propiedad llevaba el apellido de su dueño) con el grado de sargento, el mismo figurará años después entre las tropas que luchan contra los españoles para mantener en nuestra provincia los principios de la revolución de mayo. Asimismo Cipriana Gómez de Celis –aquella niña que llegó de España-, en su juventud contrajo matrimonio con Eloy Caminos, y serán colaboradores del general Manuel Belgrano, haciendo un importante aporte de caballos para la campaña al Paraguay de cuando éste cruzó por Entre Ríos en octubre 1810.

 

 

Manuel Gómez Celis

 


Cuando la Revolución de Mayo, don Manuel Gómez de Celis en su carácter de  alcalde de Gualeguay se proclama contrario a las acciones revolucionarias y cuenta con el apoyo del almirante Michelena, valiéndole varios combates con el capitán Bartolomé Zapata, para finalmente emigrar a la Banda Oriental, por unos años. Desde donde regresa, jurando obediencia al gobierno patrio, que ya había prohibido los títulos de nobleza por la Asamblea del Año XIII, que obligaron a cercenar su apellido de noble linaje, quedando solamente el indicativo del lugar de procedencia: Celis.

 

 

 

Toribio Celis

 


De sus hijos, tomaremos a don Toribio Celis que fue bautizado 7 de julio de 1799 en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Nogoyá. Don Toribio fue testigo directo de los acontecimientos de la patria naciente, con la República de Entre Ríos del General Francisco Ramírez; por ello desde temprana edad se inicio en la función de oficial de las Partidas de Milicias y del Ejército Entrerriano, siendo alférez en 1820, capitán en 1838, sargento mayor en 1844, teniente coronel en 1846 (Jefe de Milicias de Gualeguay) y coronel en 1850. Se destacó en cuanto cargo o batalla se le asignó conduciendo diferentes compañías de caballería siguiendo las órdenes del Supremo Entrerriano primero, cuando éste fue elegido en Gualeguay para conducir los destinos de la República de Entre Ríos; del coronel Lucio Mansilla, del “Restaurador del Sosiego Público” General Pascual Echagüe después, y del organizador de la República, brigadier general don Justo José de Urquiza. De quien fue leal oficial integrante de su estado mayor, y de la escolta del propio gobernador y primer organizador Constitucional de los argentinos; lo cual le daría el reconocimiento perenne por su lealtad y valor a toda prueba.
Participó en todas las campañas militares de Urquiza, lo cual le valió condecoraciones y distinciones honoríficas; en la gran cruzada de Caseros, marchó al frente como siempre de sus soldados de Gualeguay, como jefe del segundo escuadrón de la primera división de caballería entrerriana, donde sobresalió por su coraje y táctica militar para quebrar el ala “rosista” que se le oponía. Con Buenos Aires ya libre del poder del “tirano”, muchos de los jefes urquicistas se vieron sorprendidos por la posibilidad de retratarse con la utilización de la técnica del daguerrotipo; no siendo ajeno a ello el coronel Celis. Como tampoco lo fue su participación en la “gran parada de 1858 en Paraná” cuando el presidente de la Confederación Argentina demostró ante el cuerpo diplomático su poderío militar. 
Recibió el título de “Benemérito de la Patria” por disposición de la Legislatura de Entre Ríos, en reconocimiento no solo a su acción en Caseros, sino también a su paso como Diputado de la provincia, y presidente de la Honorable Sala Representativa en 1832 durante cuyo mandato sancionó en fecha 22 de agosto una de las leyes más progresistas para la riqueza de nuestra Entre Ríos: la creación y organización del Registro General de Marcas de la Provincia; herramienta de suma utilidad que permite hasta el día de hoy el control de nuestro ganado que ha sido y es una de las principales fuentes de potencialidad de nuestra región.
Sinforosa Arévalo fue su esposa, a quien el general Urquiza hizo llegar su reconocimiento, al hacer erigir un mausoleo en el cementerio de Gualeguay para depositar los restos de su ilustre coronel, al fallecer éste en 1863 y que aún se conserva como mudo testimonio de quien tantos sacrificios entregó.
Por diferentes cuestiones políticas y el paso del tiempo; las obras y las hazañas del coronel Toribio Celis cayeron en el olvido, no así en el seno familiar donde siempre se conservaron los recuerdos, las anécdotas, los objetos y sus cartas con el gobernador Urquiza, que se trasmitieron por generaciones tras los relatos de uno de los hijos del coronel: el capitán y comisario Juan Celis.

 

 

 

Juan Celis

 


Juan, fue Veterano de Caseros donde integró el Primer Escuadrón de la Primera División de Caballería, por su participación en la Guerra del Paraguay recibió la condecoración de Cruz con bellota de oro del Imperio del Brasil; de regreso a su tierra, se sumó a la defensa de la soberanía de la provincia participando junto al general Ricardo López Jordán en su lucha contra la intervención del ejército nacional en las siguientes batallas donde salió victorioso: del Sauce, del Tala, Arroyo Quebracho, de Santa Rosa, Punta del Monte y finalmente la derrota correntina de Ñaembé; por lo que sufrió persecución con precio de muerte y quita de bienes; pero su astucia y táctica militar le permitió sobrevivir con sus mejores quince soldados en las islas Lechiguanas del delta entrerriano, desde donde regresará casi dos años después beneficiado por la amnistía general.
Durante la gobernación del Leónidas Echagüe, en 1872 un 14 de diciembre, es designado comisario de Policía de campaña del departamento Gualeguay. Luego durante el gobierno del coronel José Antelo es designado comisario de la tercera sección de campaña del mencionado departamento; circunstancia esta en que lo sorprende la muerte en el cumplimiento del deber, el 14 de marzo de 1883.
De su unión matrimonial con Ana Ferreyra –hija del capitán urquicista Emiliano Ferreira- habían nacido: Tolentina, Tránsito, Anita, Mariana, Crecencio, Juan, Toribio y Gregorio. La triste ocasión que arrebató de su lado no solo al esposo, sino al héroe de tantas guerras, la dejó en una situación precaria, y tuvo que asumir la crianza de los hijos con todo valor y entereza para darles un destino de honor y de valores en la vida; habían perdido casi todas sus propiedades en bien de la patria, y lo poco que conservaron lo entregaron a la educación; porque don Juan Celis, fue quien donó el terreno para la primera escuela que existió en el Sexto Distrito Gualeguay, porque cansado de tantas batallas sabía que el futuro de su provincia estaba en la formación de la niñez.          
De estos hijos tomaremos a Gregorio Celis nacido en Gualeguay el 16 de diciembre de 1872, las aguas bautismales fueron recibidas en la parroquia San Antonio de esa ciudad, siendo sus padrinos el alcalde Miguel Febré y doña Pastora Sespeda. Luego en su adultez contrajo matrimonio con Jesús Teresa Galván. Gregorio (don Goyo como se lo conocía) dedicó su vida –al igual que sus hermanos varones- al servicio de la Policía de Entre Ríos; donde prestó funciones entre 1921 a 1945. Sus hijos fueron: Rómulo, Etelvina, Olga Ester, Irma Ramona, Blanca Orfilia, Gregorio de Todos los Santos, Julio Albérico y Arnoldo Luján.
De ellos tomaremos a Julio Albérico Celis, quien nació en Gualeguay el 9 de julio de 1938. Al igual que todos sus hermanos varones fue Policía, desempeñando distintos cargos en la Jefatura Departamental Gualeguay y en la Jefatura de Policía de la Provincia, con sede en Paraná, entre 1961 y 1987. De su unión matrimonial con Mirta María Medina, nacieron Julio Tomás, Mario Gregorio, Susana Teresa, María Rosa, Arnoldo Santos, Horacio Jesús y Juan Pablo.
De todos ellos, cuatro hijos, hoy siguen siendo Policías de Entre Ríos, manteniendo de este modo una tradición familiar, que los hace únicos en la provincia. Porque desde 1790 hasta la actualidad, tal cual si fuera un mandato de la sangre, de padres a hijos sea transmitido esa sagrada vocación de servir a los demás, de velar por el orden público, integrando la Policía entrerriana, desde sus orígenes con las primeras Partidas de Milicias, llegando hasta la actualidad, totalizando una cantidad de doscientos veinticuatro años de servicio policial ininterrumpidos, siendo una herencia generacional que perdura hasta nuestros días.

 

 

La autoridad con la palabra y el sable

 


Entre Ríos era una provincia de gauchos indomables que les costaba entender el concepto de autoridad, así y todo con la creación de la Policía la población comenzó a asimilar a mediados del 1900 cómo era convivir con los límites.
Por ese entonces los uniformados recorrían a caballo las largas distancias que debían controlar y verificar el buen orden.
Julio Celis recordó a UNO que fue el primero que realizó en el Quinto Distrito de Gualeguay un censo, fue en 1980. “Había 585 personas y de todas teníamos los datos para saber dónde vivían y cómo se componía el núcleo familiar”.
En esas épocas se estilaba hablar poco y a tomar decisiones acompañadas de la fuerza. Eran tiempos difíciles donde la autoridad se ganaba y se marcaba no solo con la presencia del uniforme sino también con el rebenque y el sable.
Los malevos aparecían por todas partes y en los boliches de campo el mantenimiento de la tranquilidad muchas veces pasaba por la sagacidad del almacenero.
“Recuerdo el bar y almacén de Aragón en el Quinto Distrito, donde los parroquianos llegaban y de inmediato dejaban sus cuchillos y armas de fuego detrás del mostrador, para que al menos en ese tiempo de copas y juegos de cartas se mantuviera la paz y la alegría por un tiempo prolongado”, resaltó el hombre que cuenta con una memoria prodigiosa sobre las familias que aún viven en la zona: “Recuerdo a los Castaños, a los González, Caminos, las maestras de las escuelas, toda esta gente recurría permanentemente a la comisaría de modo institucional y en esa relación se creó una amistad que perdura con los años”.
Celis les dice a sus hijos, que “el apellido se mantiene con honorabilidad, responsabilidad y conducta”.
El policía retirado se ve que tuvo una formación exigente y él trasladó esa forma de ser a su familia.
En estos tiempos, estas cuestiones “no son muy tenidas en cuenta, donde la palabra es el mayor documento para cumplir, porque los hombres deben tener palabra”, expresó el hombre que es la leyenda viviente de los bravos lugartenientes de los caudillos en Entre Ríos.
Por aquellos años “era común que en los bochinches siempre los policías quedaban en inferioridad de condiciones con los agresores, y es allí donde debía prevalecer el valor, con el rebenque y el sable se defendía la vida y la seguridad en las zonas rurales”, resaltó.
Las comisarías de campo no tenía luz eléctrica y más allá de esa circunstancia era común que los responsables de las dependencias fueran a vivir con sus familias que, finalmente se entremezclaban con los lugareños. “Esto servía para unir más a las personas y de esa manera las relaciones sociales permitían confraternizar”.
Las carreras de caballos o los partidos de pelota a paleta eran otros de los lugares donde cada tanto había “problemas”, ya que “al no quedar las cosas claras, había reclamos cruzados y los pocos policías debían poner orden como se podía, en medio de las multitudes”.
Por esa época había restricciones para jugar por dinero, y por ello es que se ordenó pintar en los frontones la prohibición de “timbear”.
Con risas recordó que los pelotaris le buscaban la vuelta de jugar la plata. “Lo hacían al costado de la cancha y no dentro de la misma para evitar quedar en falta”, contó.

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