San Martín

La estampita de San Martín

La semana que reivindica la gesta de José de San Martín y los ideales de esa generación puestos en revisión por el sistema educativo.

Sábado 13 de Agosto de 2022

“Febo asoma, ya sus rayos, iluminan el histórico convento…”. La marcha de San Lorenzo se canta de mañana, de tarde y de noche en nuestro hogar porque mi hijo mayor debe aprenderla para el acto del 17 de agosto.

Suena la estrofa y es casi imposible abstraerse de esa maravillosa composición que evoca el triunfo en combate del Regimiento de Granaderos al mando de José de San Martín. La escuela, la misma escuela pública que educó a nuestra generación, nos transporta en un viaje imaginario a esos actos escolares de guardapolvo blanco y desfile militar en pleno invierno. No era el mejor plan levantarse tan temprano para acompañar una actividad que quizás a los 8 años no tenía tanto sentido. De aquellos años quedan en la memoria sólo retazos fugaces del frío que se pasaba, de la multitud de uniformados y, por supuesto, de las marchas que se tocaban en vivo.

“Tras los muros, sordo ruido, oír se deja de corceles y de acero…”. Todos los días se arranca con la memorable marcha en honor al Padre de la Patria y a la batalla que inmortalizó para la eternidad al soldado que salvó su vida: Juan Bautista Cabral.

Suelo pensar que es bueno que un niño demuestre esa admiración por un prócer de nuestra querida Argentina, una figura que en cierto modo representa la lucha por los ideales de libertad y de igualdad. ¿Puede ser que San Martín o Manuel Belgrano representen más que un monumento o un busto en el imaginario de las nuevas generaciones? Con todas sus limitaciones el sistema educativo está intentando reconstruir esa conexión con un modelo de país como el que soñó San Martín en aquellos años convulsionados.

“Son las huestes que prepara San Martín para luchar en San Lorenzo...”

En vez de conmemorarse la semana sanmartiniana la sociedad argentina no piensa en otra cosa que en el fin de semana largo. Estamos así porque perdimos de vista lo importante, los hechos fundacionales que gestaron los cimientos de un país con hombres y mujeres unidos por la misma causa.

La historia nos interpela a cada momento, sobre todo cuando la realidad nos devuelve una Argentina envuelta en una crisis inédita y que pese a ello se ufana de una grandeza que alguna vez supo tener.

La gesta sanmartiniana se recuerda cada tanto en algún acto político por dirigentes que se atribuyen actos que lejos están de representar los ideales del Padre de la Patria. Son los voceros de una Argentina que pregona diferencias por diferentes razones, un estado de división permanente que en cierto modo nos define como sociedad. El otro es diferente porque milita a favor del kirchnerismo o es partidario de las ideas de Juntos por el Cambio, y en ese contexto siempre prevalece el enfrentamiento.

En la Argentina contemporánea no podemos tolerar que alguien piense distinto, por más que el debate sea sobre fútbol en una mesa de café. Entonces se va a contramano respecto de los ideales sanmartinianos que se tratan de enseñar en las escuelas. Son valores prácticamente olvidados, lamentablemente, para pensar en una salida que sea entre todos.

No hay chances de construir las bases de un país distinto si nos vivimos peleando, si no partimos de un acuerdo social con bases sólidas y que deje de lado las diferencias.

Llevemos a todos lados (que no existe pero que se puede crear) la estampita de San Martín como un símbolo de unidad. Seguramente sea un iluso por pensar de esa manera, aunque es cierto que nunca es tarde para comenzar de nuevo.

“El clarín estridente sonó y a la voz del gran jefe a la carga ordenó...”

Quizás sean las infancias las que impulsen un cambio verdadero, de raíz y en función de forjar intereses en común. Los niños y niñas que serán parte de los actos escolares que comenzaron esta semana, pero que seguirán hasta el 17 de agosto. Que todos los días sigan cantando esa marcha, que evoca una batalla, pero que a la vez encierra valores tan importantes como la unidad, la libertad y la lealtad por un país que algunos soñaron sería grande e inclusivo, pese a las diferencias.

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