La Provincia
Domingo 03 de Diciembre de 2017

La dinámica social obligó a repensar el destino del exhipódromo

Como en sus clásicos, el hipódromo volvió a dar una segunda oportunidad. El anuncio de la expropiación del predio, formulado esta semana por el intendente Sergio Varisco, es una síntesis de distintas expresiones, deseos y hasta proyectos para el patrimonio público urbano.

Por Daniel Caraffini
dcraffini@uno.com.ar





Los espacios públicos definen, identifican a una ciudad. Paraná es el emblemático, inigualable y paradisíaco Parque Urquiza; pero es también su desarrollo anárquico fuera de bulevares, donde más se sufre la falta de áreas naturales o espacios verdes.
Paraná se distingue por un río que la abraza a lo largo de varios kilómetros, por su norte y su oeste; y también refleja una costa mayoritariamente privatizada, casi inaccesible para todos.
La naturaleza prodigiosa, que generaciones de paranaenses fueron cuidando y enriqueciendo con el trazado de parques y plazas, y por lo cual se ganó el mote de Ciudad Paisaje, comenzó a quedar relegada, y las manchas verdes se empequeñecieron, perdieron escala en relación al incremento del ejido poblado.
Una de las características actuales de la capital entrerriana es un fuerte déficit de espacios verdes: la inversión, el negocio, el capital, no tuvieron freno ni piedad –tampoco planificación ordenada–, y a la par de la explosión demográfica fulminante de los últimos 30 años, se deterioró la calidad de vida urbana.
El anuncio de la expropiación del predio del exhipódromo Almafuerte al patrimonio público urbano, formulada esta semana por el intendente Sergio Varisco, es una síntesis de distintas expresiones, deseos y hasta proyectos formulados en los últimos años, para que la ciudad no pierda esta segunda oportunidad que da el Hipódromo Almafuerte. Pero fundamentalmente, es el reconocimiento a la apropiación y uso que ha hecho la ciudadanía del lugar, lo que empujó a que todas las fuerzas políticas se sumen coincidente e inevitablemente al histórico clamor de vecinos, instituciones y organizaciones intermedias.
Tuvieron que pasar muchos años y demasiados incumplimientos de los adquirentes de los restos del Jockey Club. Hubo que golpearse la nariz contra la realidad, para advertir que los millones de dólares y centenares de puestos de trabajo de un emprendimiento comercial pseudo-símbolo del progreso, no eran más que espejitos de colores. Y no avanzó, aun pese al dictado de normas y ordenanzas a medida, complicidades y un contexto que evitó la discusión y participación ciudadana, para no afectar el negocio inmobiliario.
Como ha testimoniado UNO desde la génesis de ese malogrado proyecto, empezó mal y terminó como debía terminar. Empero, el balance positivo es que se recuperó una oportunidad, para el presente y fundamentalmente el futuro de generaciones de paranaenses.

Derrotero
La caída, lenta e irreversible del Jockey Club de Paraná comenzó en los años 90. Fue como consecuencia de una actividad que dejó de ser rentable, y de que no supo aggiornarse a los tiempos. Esa institución símbolo de alto nivel social, fue cayendo y hasta desapareciendo en todo el país; sin embargo, en muchos lugares –basta solo ver Santa Fe o Rosario–, sus predios fueron defendidos, reformulados y mantenidos para el uso social y deportivo.
El 15 de septiembre de 1922 se inauguró el Hipódromo Almafuerte, en el predio ubicado entre la calle homónima, Gervasio Artigas y Salvador Maciá. Entre otros presidentes, condujeron al Jockey Club Paraná Luis F. Etchevehere, Francisco Medus, Francisco Bertozzi, Arturo J. Etchevehere, Horacio Pianello y César Luis Corte, por nombrar algunos de los apellidos de las familias más tradicionales.
La institución fue un centro de referencia social ineludible, durante el siglo XX. Y registró visitas históricas, como las del gran deportista Irineo Leguisamo o de Carlos Gardel, en octubre de 1933.
Es justamente en los 90, cuando sufrió su primera mutilación. Ya con síntomas de crisis, se construyó la galería comercial sobre avenida Almafuerte, para oxigenar las ya deterioradas arcas del Jockey Club.
Comenzaron a profundizarse los problemas financieros, laborales, y se acumularon deudas con el fisco nacional, y con los estados provincial y municipal.
Frente a esa ola de rumores de una posible venta del predio, en el año 2000, mediante Ordenanza Nº 8.232, fue declarado de Interés Histórico y Arquitectónico la zona de calle Maciá, para preservar el edificio y palco oficial, tribuna popular, boleterías, caballerizas y portones de rejas de ingreso, además de las especies arbóreas de Artigas. Y de Interés Público, con el fin de preservar su valor ambiental, urbanístico y arquitectónico.
Por entonces, el viejo reducto históricamente exclusivo de hombres, ya había sumado presencia femenina, con la práctica del hockey en su interior.
Las deudas acumuladas con los organismos fiscales, y la imposibilidad de hacer frente al pago de indemnizaciones o juicios laborales, derivaron en el inicio del proceso de quiebra, allá por 2003. La suma adeudada era irrisoria, en comparación con el valor del terreno: unos 6,5 millones de pesos, en un escenario económico que exhibía un dólar cerca de los 3 pesos. Y la mayor parte de las acreencias eran del Estado, en sus distintos niveles.
La Justicia pasó a disponer de sus bienes. Y así siguió funcionando el Jockey, durante varios años.
En 2008, el grupo inversor de capitales nacionales y extranjeros Libertad presentó su propuesta para levantar la quiebra. Entre otras cosas, se acordó que hasta tanto no esté finalizada la nueva pista en Oro Verde –lugar donde sería relocalizado el hipódromo Almafuerte– no se iba a tocar el predio histórico. A la vista, eso tampoco fue cumplido. El 28 de diciembre de ese año se colocó la placa de lo que nueve años después, todavía no es: el hipódromo de Oro Verde.
Ya en 2009, la Justicia autorizó la venta del predio del Jockey Club en Paraná, y dispuso así el levantamiento de la quiebra.
A tono con los pedidos empresariales, se cambiaron los permisos de usos en la zona. Por ordenanza, sin participación pública, se decidió la viabilidad de hacer un shopping, en el centro del sistema nervioso central urbano.
El 30 de octubre de 2010 se corrió la última carrera. Obrablack, con la monta de Ángel Raúl García, se alzó con el último Premio San Miguel. Ese día se disputaron 13 carreras.
Al año siguiente, en 2011, se iniciaron los trabajos de demolición de studs y movimiento de suelo para la traza de las nuevas calles. En mayo de 2012, comenzaría a transformarse la postal urbana de la zona: se derribaron las paredes perimetrales del predio, de calles Maciá y Artigas, para comunicar las nuevas calles ya trazadas en su interior. La habilitación para circular por esas nuevas arterias –designadas en los últimos años con los nombres de José María Cocuzza, Susana Acevedo, José Lambarri, Carmen Salvay de Germano, Héctor Pajarito Fernández o Marta Casaschi– recién se concretó en 2014.
Esa apertura, y fundamentalmente la inauguración el 30 de mayo de 2015 de la plaza Mujeres Entrerrianas durante la Intendencia de Blanca Osuna, permitió que la ciudadanía se volcara decididamente a la zona, y se apropiara con su uso permanente para la recreación, el esparcimiento, para compartir momentos, caminar, practicar deportes o solo alzar la vista y poder mirar un poco más lejos el horizonte.
Favoreció fundamentalmente a la zona este de la ciudad, donde se registra la mayor concentración urbana, y la más delgada proporción de espacios públicos.
La apropiación por parte de los vecinos se constituyó en un proceso contundente, elocuente e irreversible de una toma de decisión colectiva sobre el destino del lugar.
De las 22 hectáreas que componen el predio del exhipódromo, solo la plaza Mujeres Entrerrianas hoy es pública. Todas las manzanas lindantes tienen dueños: la más grande, pertenece al grupo inversor; el resto está repartido entre empresarios locales e incluso colegios de profesionales, muchos de los cuales están a favor de la preservación del uso público total del amplio lugar.


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En tanto, el sector ubicado debajo de la vieja tribuna, propiedad de lo que queda del Jockey Club, fue cedido en 2015 en comodato, por tres años a la Municipalidad de Paraná. Durante la anterior gestión, se pretendió darle uso como centro cultural; la actual administración municipal tenía como idea habilitar allí una dependencia de la Secretaría de Deportes: el riesgo serio edilicio y una inversión millonaria para garantizar la seguridad de su estructura, dejó tal propuesta en suspenso. No se pueden invertir 3 o 4 millones de pesos en algo que no es tuyo, o que por los escasos años de vigencia del convenio, no se iban a poder recuperar; por esa negociación no saldada, no se encararon trabajos de refacción.

Para no olvidar
A diferencia de lo ocurrido en los últimos años, la preservación y defensa de los espacios públicos se ha constituido en las últimas semanas en un tema de relevancia y prioridad para los paranaenses.
No siempre ha sido así. Vale recordar que en noviembre de 2007, la sola reacción del Foro Ecologista evitó un intento para permitir la comercialización del Parque Humberto Varisco. Tras la declaración de área natural protegida del predio por parte del Concejo Deliberante, el exintendente Julio Solanas vetó la ordenanza en una de sus últimas medidas de gestión. Al asumir José Carlos Halle, justamente una de sus primeras acciones de gobierno fue anular el veto, y dejar vigente esa norma que justamente ha impedido en las últimas semanas, que no prospere la instalación de un parque tecnológico.
Otro caso testimonial fue la cesión en 2012 mediante Ordenanza Nº 9.012, del predio de Botánico, para la construcción del denominado proyecto Estadio Único. Las hectáreas otorgadas a la provincia cinco años atrás, fueron recuperadas el año pasado, ante el fallido proyecto impulsado por el exgobernador Sergio Urribarri.
Este año, una reacción más generalizada frenó intentos de reducción de ambos lugares.
En cuanto al exhipódromo, desde el año 2000 hubo distintas acciones o presentaciones que no fueron atendidas. En esa línea se pueden recordar planteos en la primera década del siglo XXI de los exediles Aldo Bachetti o Emanuel Martínez Garbino, que casi en soledad política advertían la necesidad de mantener el lugar como pulmón verde. Se expresaron también organizaciones no gubernamentales, comisiones barriales y vecinos, pero no hubo caso: unos pocos decidieron que ahí debía construirse un shopping, en una extraña consideración acerca de lo que es el esparcimiento social. Más acá en el tiempo, con el abandono empresarial más elocuente, la exdiputada María Emma Bargagna presentó en 2015 en la Legislatura provincia, una iniciativa para la expropiación del predio.
Ahora, tras casi una década de incumplimientos de los inversores y un generalizado reclamo social, el intendente Sergio Varisco anunció el martes, el inicio del proceso de incorporación del vasto predio de 22 hectáreas al patrimonio público urbano.
Las instituciones escolares de la zona, y las miles de familias que a diario, y fundamentalmente los fines de semana, se acercan a disfrutar del lugar, son una muestra contundente de respaldo a esa idea, que ahora ya aglutina a todos los sectores políticos locales; meses atrás, una idea similar apostó la titular del bloque del Frente para la Victoria (FpV) Cristina Sosa.
Resulta entonces esperanzador que la coincidencia de las distintas fuerzas políticas locales amalgame esfuerzos y voluntad para concretar definitivamente la recuperación del lugar.
Los incumplimientos empresariales también alimentaron la madurez ciudadana sobre la necesidad de reforzar el uso público del lugar, ante la posibilidad de que otra disparatada idea se cierne sobre la zona.
Se avecina así un interesante debate social para desarrollar la idea de constituir un parque central en el exhipódromo. El intendente Varisco anunció, como primer paso, el envío de un proyecto de ordenanza para cambiar los usos permitidos en el lugar. Deberá entonces disponerse la quita de autorización de usos residencial y comercial cedidos al grupo inversor, y blindar para el cuidado futuro del lugar, con un carácter protegido, de uso público social, deportivo y de recreación.
Una interesante energía positiva ha inundado a la sociedad, convencida de que la disponibilidad y uso de los espacios públicos incide en su calidad de vida. La comunidad ya se expresó; resta que la política no desperdicie esta nueva oportunidad.


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