Panorama
Domingo 26 de Agosto de 2018

La casi certeza del desdoblamiento electoral y algunos reproches

Con la sanción de la reforma electoral que habilita el desdoblamiento de las elecciones de 2019 –que Diputados terminaría de aprobar el martes–, el gobernador Gustavo Bordet dispondrá de la posibilidad de adelantar las elecciones provinciales a junio. Si se consideran la planes del macrismo respecto de un reverdecer económico para el segundo semestre de 2019, suena lógico el adelantamiento, para evitar competir contra la boleta de un Mauricio Macri fortalecido, siempre de acuerdo a los planes de la alianza Cambiemos.

Claro que el macrismo ha prometido ya varios segundos semestres que nunca llegaron y es de imaginar que la crisis económica que empobrece a los argentinos difícilmente se supere en pocos meses; aunque siempre está la posibilidad de maquillar la realidad en un "año electoral" para luego volver a la inflación descontrolada y la caída de todos los indicadores económicos.

Bordet tendrá esta posibilidad del desdoblamiento, que como decíamos parece lógico que use porque al margen de la suerte del macrismo, le permitirá compensar la debilidad de no tener un candidato presidencial potente, al menos todavía. Tendrá esta chance y a la vez ejercerá todo el amplio poder que también tuvieron sus antecesores Jorge Busti y Sergio Urribarri al momento de armar las listas y ejercer el rol de jefe del justicialismo.

Su intento de reforma democratizadora del sistema electoral, que le hubiera recortado un poco esas facultades, naufragó en un mar de olas bajas en la Legislatura, revelando (vaya sorpresa) que no era tal la intención declamada por muchos cuando se presentó el proyecto. Y aunque el mandatario se consuela prometiendo volver a impulsar la boleta única, la igualdad de género y la garantía de la participación de las minorías en las listas legislativas con un nuevo proyecto –que presentará al inicio de su eventual próximo mandato– el turno de 2019 ya está perdido. Ni vencedores ni vencidos La caída del proyecto de reforma electoral se fue asumiendo de a poco en el bordetismo. Las espaciadas reuniones de comisión, las vueltas para convocar a los partidos a opinar de aspectos tan amplios que resultaba difícil incluso ordenar las exposiciones, fueron advirtiendo, como señalamos ya hace tiempo, que la cuestión se estaba frenando. Igualmente, no hubo mayor costo político para la autora de la iniciativa, la ministra de Gobierno; ni para los jefes de los bloques legislativos, ni para el resto de quienes debían militar el proyecto.

Fue perdiendo fuerza y terminó guardado. Y tampoco generó mayores discusiones la reducción de la iniciativa original al mero artículo de desacople de la fecha de elecciones, que le dejaba abierto el camino a la oposición para fustigar al oficialismo denunciando su presunto oportunismo.

¿Ganó Bordet la pulseada legislativa? Evidentemente sí, aunque eso no significó la constitución de un bloque bordetista rojo punzó en Diputados. Las relaciones allí parecen más medidas, y sopesadas cada vez que sea necesario. El viernes el bloque de diputados provinciales del justicialismo emitió un comunicado expresando su preocupación por el avasallamiento del derecho de defensa de la expresidenta Cristina Fernández que no fue firmado por los diputados bordetistas Juan Navarro y José Allende, según se explicó desde el bloque.

Tampoco firmaron otros legisladores más cercanos al gobernador, como la diputada Miriam Lambert (esposa del intendente de Colón Mariano Rebord) o el bustista Gustavo Zavallo. Si la pertenencia al bordetismo hubiera sido lo que definió la adhesión o no al comunicado, es evidente que la situación del sector en el bloque es minoritaria. Al menos, puede señalarse que no existe un alineamiento incondicional.

Así lo demostró la caída del primer proyecto de reforma, aún si terminar de configurarse enfrente una propuesta alternativa, lo que corroboraría que la aprobación de la reforma abreviada (solo referida a la fecha electoral) se votó por la convicción de que, pese a ser Bordet el candidato más competitivo del justicialismo, podía no alcanzar a ser lo suficientemente fuerte como para competir contra todo Cambiemos en elecciones conjuntas.

El acompañamiento entonces de los legisladores no es incondicional, pero algunos creen que sí es condicionado; lo que resultaría inevitable desde la lógica que sostiene que si Bordet piensa en su futuro electoral, por qué no podrían hacerlo los legisladores y aspirar a que el acompañamiento al proyecto les garantice el apoyo del mandatario a su proyecto electoral. Esto no es nada nuevo en la interna del PJ, ni de los otros partidos. Tampoco significa que Bordet vaya a acceder a todos los planteos a la hora de armar las listas. De hecho, hay allegados al comando bordetista que se permiten decir, por ejemplo, que no ven con buenos ojos la cercanía del diputado José Allende, el hombre que ya lleva 19 años de permanencia ininterrumpida en la Cámara baja. Lo cierto es que la reforma electoral abreviada es lo que hay, o más precisamente, lo que habrá en breve, una vez completada la sanción de Diputados.

La separación de las elecciones provinciales y nacionales desalienta la posibilidad de que el kirchnerismo entrerriano busque la posibilidad de competir por fuera del Partido Justicialista. Esa chance hubiera quedado casi clausurada si la redacción final aprobada por el Senado hubiera mantenido la obligación de dar participación en las listas legislativas a quienes obtuvieran un piso del 15% de los votos, lo que se supone fue eliminado por el planteo de Cambiemos que quiere mantener el 25% que fija su reglamentación partidaria. Si la postura del oficialismo provincial fuera entonces mantener el criterio de que cada partido decida cuál es el porcentaje que garantiza la participación de las minorías, el PJ debería convocar a un congreso partidario para modificar su carta orgánica, y fijar ese porcentaje, que le permitiría al kirchnerismo provincial acceder a lugares expectantes en las listas de diputados y de concejales.

De lo contrario, el sector podría entender que tiene mayores chances compitiendo con el sello de Unidad Ciudadana, por fuera de la interna del PJ; aun en elecciones separadas de las nacionales. El otro sector que no se siente contenido por la reforma electoral abreviada, y menos aún con el proyecto original, es el de los peronistas que están en partidos vecinales. Si bien no son claras las posibilidades de triunfo de estas agrupaciones, en algunas ciudades serían capaces de dividir el voto justicialista, causando una derrota, y por eso algunos peronistas le reclaman a Bordet no haberlos "contenido" adecuadamente. Al frente de la federación que los agrupa se encuentran, entre otros, el exvicegobernador Domingo Daniel Rossi, y el exintendente de Gualeguaychú Emilio Martínez Garbino.

En el plano de las preocupaciones derivadas de cálculos electorales también se cuenta el impacto de haber sacado de la redacción de la reforma corta algunos artículos que proponía el senador por Colón, el vecinalista ortodoxo Pablo Canali. Puntualmente una de las propuestas del senador era que los partidos vecinalistas pudieran unirse y presentar candidato a senador provincial en el departamento que contiene a esas expresiones locales, aun sin tener candidato a gobernador como exige la normativa vigente. Más allá del derecho que pudieran tener con su planteo, sectores del peronismo veían con buenos ojos esta posibilidad ya que plantearía tres opciones a la hora de votar senador provincial, y la consecuente división del caudal elector en departamentos difíciles para el PJ como pueden ser hoy Colón, Nogoyá o Diamante aumentaba sus chances de triunfo.

También hubo peronistas molestos con las fechas que fija la ley, especialmente la de las elecciones primarias (14 de abril, en 2019). Sostienen que se retarda demasiado la elección general y que al momento de las primarias ya el gobierno provincial tendrá declarado el habitual conflicto salarial con los trabajadores estatales, entre otros temas. Dóciles o resignados El apoyo de los senadores de Cambiemos al proyecto, argumentando que como minoría en la Cámara lo mejor que podían hacer es acceder al desdoblamiento pero reservando para la Legislatura la fijación de la fecha de las elecciones, parece lógico si se lo observa aisladamente en la dinámica de la decisión de ese momento. Pero contrasta con la inicial cerrada oposición de Cambiemos al desdoblamiento. La resignada docilidad del senador Francisco Morchio, jefe del bloque de Cambiemos, al momento de explicar su apoyo al desdoblamiento contrastó con aquel legislador que se oponía tajantemente a esa idea hace poco más de tres meses.

Incluso usando su conocida muletilla "los que no venimos de la política..." pretendía distanciarse de cualquier tipo especulación, y de paso atribuir a esa situación un mérito que lo posiciona en supuestas mejores condiciones que sus pares para opinar de cualquier tema. En ese contexto, no pasó inadvertida una columna de Carlos Pagni en La Nación en la que sostuvo que la cláusula invisible del acuerdo del macrismo con los gobernadores peronistas para lograr la aprobación del presupuesto ajustador de 2019 era, a cambio, la promesa del gobierno nacional de que no iba a interferir en sus proyectos reeleccionistas, para lo cual debían lógicamente separar los comicios nacionales de los provinciales. El argumento de Pagni no es novedoso, y su peso se debe justamente a la estatura periodística de quien lo escribe y del medio que lo publica. Ya se dijo lo mismo cuando se logró la adhesión de los gobernadores al acuerdo fiscal el año pasado; o cuando apoyaron la sanción de cambios a la ley de movilidad jubilatoria. Un acuerdo de esta naturaleza sería inconfesable y, también, de difícil aplicación para Macri y Rogelio Frigerio, que deberían convencer a los radicales o al menos interferir en la vida interna para que el candidato que surja contra Bordet no sea una fuerte amenaza electoral. También puede ser un argumento del macrismo para afectar la imagen de esos gobernadores, que recurrentemente tienen que andar explicando que no cogobiernan. La otra alternativa es que los legisladores de Cambiemos no crean tan conveniente esperar a si el octavo semestre del gobierno macrista resulta el prometido segundo semestre, el del reverdecer económico; y decidan jugar a suerte y verdad en la provincia despegados de la boleta nacional.

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