Suplemento Aniversario
Lunes 20 de Noviembre de 2017

La bella tarea de enseñar y contener

Sergio Pruzzo es un héroe anónimo. Todos lo conocen en Rosario del Tala. Hace más de 20 años que le da fútbol a los más necesitados.

Tiene 51 años, nació en Rosario del Tala, es ordenanza del Colegio 50 Naciones Unidas y es un apasionado del fútbol. Sergio Pruzzo, desde que tiene uso de razón lo siente, lo vive, lo juega y lo utiliza para una gran causa: La enseñanza y la contención para los más necesitados, esos que no la tienen fácil en la vida.
Pruzzo transmite sus conocimientos en una canchita alejada del centro y otra en pleno centro hace ya más de 20 años.
Todos, en Rosario del Tala, lo conocen por su obra y dedicación. Un día, Javier, hijo de Moncho Kriscautzky, le obsequió un terreno y el le dio forma. Es donde hoy esa labor continúa intacta con el predio que lleva el nombre de Moncho y el Poli que se llama Bicho, como lo apodan a Pruzzo. Todas las tardes, sea en el centro o en el polideportivo, Sergio hace feliz a muchos pibes. Lo educa, le enseña un deporte y los aleja de la calle. Pruzzo es un verdadero héroe anónimo, de esos que vale la pena resaltar.
— ¿Cómo se da tu vínculo con el fútbol?
— Yo me inicié en un club que se llamaba Instituto que ahora no funciona más. Hice inferiores y fui dirigente de muy chico. Ahí comenzó mi amor por el deporte y especialmente por el fútbol.
— Una vez que dejás de practicarlo se te da por enseñar
— Nosotros una vez que se terminó el club seguimos con otro en Primera División, pero jugando amistosos. Después seguimos como veteranos y comenzamos a trabajar con los pibes en una canchita en el centro, en un lugar de ancianos que el año pasado cumplió 24 años. Y después vinimos a este polideportivo donde hace cinco años estamos.
— Siempre enseñando
— Siempre. Salió el tema del terreno porque yo soy ordenanza de la escuela N° 50 Naciones Unidas y la escuela N° 9. Llegó un señor al colegio un fin de año y salió el terreno. Me lo regaló porque le gustaba el proyecto que yo tenía con los chicos. Me regaló seis hectáreas para que haga un Polideportivo y para que me inicie a trabajar con mi gente. Me dijo que mis sueño se iban a cumplir. Pasó el tiempo y yo nunca pensé que iba a llegar ese momento. Me llama y me dijo el monte que tenés detrás de la escuela es tuyo. Yo te lo doy, pero tenés que seguir con el proyecto me dijo. Y el día que yo no tenga más ganas de seguir esto va a continuar. Nosotros soñamos con este proyecto y hasta que dios nos dé vida vamos a seguir. Lo limpiamos nosotros y con una gran mano del municipio y ahí estamos, luchando. Algún día vamos a terminar el playón y soñamos con iluminar la cancha. Tenemos luz y agua. Tengo un montón de gente que me ayuda para seguir para delante.
— ¿Quiénes son esas personas?
— Mi comisión es mi familia. Mi madre, mis hermanos, mis hijas, mi señora Susana García, Carlos Massone un veterano y abogado de acá, Cecilia Campostrini que nos da básquet y trabaja mucho en lo social.
— ¿Cómo se llama el proyecto?
— Nosotros lo encaminamos como Polideportivo El Bicho y hasta que dios me dé vida se llamará así. El proyecto es continuar con esto que es un sueño y de sueños hay que vivir. La idea es seguir creciendo. Estamos detrás de la personería jurídica, queremos hacer un salón y muchas cosas más. Las puertas se abren, pero la mayoría de las cosas se hacen a pulmón.
— ¿Cuántos chicos tenés y de dónde vienen?
— Nosotros acá venimos los viernes y juntamos 30 gurises, siempre a la tarde. Después vamos alternando porque hacemos fútbol recreativo. Los barrios se van alternando. Trabajamos todos los días en cada barrio. El municipio me da una mano para que yo me pueda mover y la dirección de deportes me da las pelotas y eso es importante. También soñamos con una combi para que los chicos se puedan mover. Los pibes quieren competir y viajar.
— ¿Cómo se da la competencia?
— Nosotros hacemos una competencia interna por puntos acá en la ciudad. Vienen los barrios acá. Todos a pie. Se da un roce lindo, la pasan bien y nosotros le damos la merienda. Los chicos se van contentos, pero soñamos con competir afuera, ir a jugar con otras escuelas. Hace poco fuimos a Maciá y jugamos con un equipo de la liga. Jugamos con nuestros pibes y sólo nos ganaron 3-0. Para nosotros fue bárbaro. Jugaron 30 y 30 y estaban muertos pero pusieron todo, más que la selección (risas).
— ¿Qué significa para vos esta labor?
— Para mí es un orgullo y mi nombre siempre está latente. Igualmente hay mucha gente que trabaja conmigo. El 6 de agosto hicimos la fiesta del Día del Niño y juntamos 4.000 personas y 1.500 niños recibieron la merienda y regalos. La comunidad de Tala entiende, pero como en todo siempre falta más solidaridad porque uno no puede con todo. Lleva años. Creo que el tiempo les va a abrir la cabeza. Yo sé que pensaban cómo este loquito iba a armar un Polideportivo, pero de a poco lo entienden y me van a apoyar porque esto es para los gurises. El terreno que me regalaron no está a mi nombre. Esto es de la familia del Moncho como se llama el predio que es el papá de Javier.
— ¿El sueño es ir por más?
— Yo quiero seguir laburando y darle para delante. Cuando me jubile de la escuela quiero tener una casita acá para cuidar de esto. Yo amo esto. A mi mujer no le gusta el campo, pero yo quiero estar acá, comer un asado y ver cómo los gurises hacen algo sano. Siempre vamos a seguir luchando contras las adicciones y tantas cosas más.

La compañía femenina de Pruzzo
Cecilia Campostrini y Susana García, su mujer, están todas las tardes con El Bicho. Lo acompañan y lo ayudan a contener todos los días. Ellas también se destacan en esta tarea.
"Yo colaboro con El Bicho desde que le regalaron el predio, pero El Bicho cerca de su casa tiene la cancha hace mucho tiempo. Vos preguntás aá por la cancha de El Bicho y todos te mandan ahí. El hace más de 20 años que trabaja para todos, con o sin recursos. Es abierto para todos. Es un lugar totalmente inclusivo. En Tala no hay nadie que no lo conozca y es un ejemplo". Por su parte Susana, su mujer contó: "Desde que lo conozco la pasión por el fútbol está intacta. Hizo la escuelita, al principio como una salida laboral, peor como los chicos no podía pagar él la hizo gratuita para todo el mundo. El lugar se caracteriza por eso. Acá vienen todos y de todos los barrios. Se junta todo el mundo y todo apunta a un lugar de contención más allá del deporte. Eso es lo que estamos buscando porque queremos sumar muchas más actividades".

Comentarios