El río Paraná marcó los 0,60 metros frente a la capital entrerriana, muy por debajo de las previsiones del INAI. Se estima que la situación empeorará
Miércoles 21 de Agosto de 2024
El río Paraná registró en el mediodía de este miércoles una altura de 0,60 metros frente a la ciudad de Paraná y la pronunciada bajante volvió a dar lugar al puente de arena que une las islas Puente y Curupí. Según se informó en los últimos tres días, el curso de agua bajó poco más de 30 centímetros y la situación continúa siendo compleja ya que el descenso del caudal de agua tocó “valores críticos”. Las autoridades proyectan que la situación empeore en las próximas semanas. En un primer momento, se creía que el tope máximo que se podría registrar en estas fechas sería de 72 centímetros, pero esa marca ya fue superada con las mediciones que se registraron en los últimos días frente a la costa paranaense.
Al respecto, el Instituto Nacional del Agua (INA) explicó que esta situación se debe a que las descargas continúan significativamente por debajo de lo normal en el Alto Paraná y el río Paraguay, según el último informe semanal. Así, la afluencia llega desde Itaipú por el incremento en la distribución desde Porto Primavera. Todos estos son afluentes del río Paraná, por lo que el descenso en el caudal de los principales ríos se vincula directamente con la situación que se registra en el territorio nacional. Se trata de una enorme cuenca de 2.5 millones de kilómetros cuadrados, que actualmente registra marcas similares a las de 2020 cuando comenzó este fenómeno. En este contexto, el INA proyectó que el descenso en el caudal de agua continuará hasta fines de agosto.
Más información desde el INA
En este marco, el subgerente de información y alerta hidrológico del organismo, Juan Borus, adelantó que las previsiones indican que el río tendrá una bajante adicional y volvería al orden de los “40 centímetros”.
La bajante se acentuará en un mes, pero sería diferente a lo que se vivió en los inviernos de 2021, cuando la situación fue crítica y dramática”, agregó y se mostró optimista al decir que, según las proyecciones, el descenso en los valores será más corto a la situación vivida en el periodo 2020-2022. En esa línea, afirmó que estas condiciones se mantendrán hasta las primeras semanas de primavera, para luego estabilizar los niveles hídricos en los meses siguientes con la llegada de las lluvias.
“La visión para adelante marca la posibilidad de que esta bajante no sea tan larga como la que sufrimos en 2020, que después se vino el 2021 y finalmente tuvimos tres bajantes seguidas”, dijo a La Capital.
Las autoridades ya habían advertido esta situación a inicios de junio, cuando los niveles se encontraban en el rango de aguas medias bajas en gradual ascenso. En esa oportunidad, adelantaron que el descenso ocurriría también en el río Uruguay luego de que sufriera un desborde producto de la corriente que llegó desde el sur de Brasil. Estas proyecciones se basaron a su vez en las previsiones de lluvia para el invierno realizadas por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que está marcado por la poca presencia de lluvias y un considerable descenso en las temperaturas.
Esta situación repercute directamente en el comercio, ya que la navegación fluvial se ve afectada e, incluso, interrumpida en algunas ocasiones, por lo que se registran grandes pérdidas económicas. “Esta bajante impone limitaciones muy fuertes, pero tras los niveles históricos de los últimos años se han adoptado medidas. Todos los operadores fluviales, portuarios y las empresas navieras saben hoy cómo afrontar mejor esta situación”, señaló.
En Victoria también hay preocupación
Esta semana, se registró en Victoria una lectura de nivel de 1.66 metros, marcando un estado de aguas bajas, es decir, un metro por debajo del umbral de aguas medias. Esta cifra se asemeja a las oscilaciones registradas en los inviernos de 2020 y 2022, pero se mantiene notablemente por encima de los mínimos históricos de 2021. Para Borus el escenario actual, aunque similar a los de hace unos años, presenta una notable diferencia al compararlo con los últimos 30 años, ya que las bajantes severas como la de 2020 fueron eventos extraordinarios no observados previamente en tres décadas.