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Sábado 27 de Abril de 2019

La ardua experiencia de trabajar de noche, cuando la mayoría descansa

Muchos tienen familia y al llegar a sus casas el resto se levanta. Duermen menos de ocho horas y a veces siguen de largo para estar con sus hijos

Cuando la mayoría descansa, ellos trabajan, cumpliendo un horario que a veces limita los encuentros familiares, las reuniones sociales, y que hace imposible establecer una rutina de actividades, porque por lo general también sus días francos van variando. A algunos les toca hacer turnos rotativos y el cansancio del cuerpo se vuelve evidente. Con esfuerzo cumplen su labor y habitualmente llegan a sus casas a dormir y recuperar energías cuando el resto de la familia se levanta.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte sobre los riesgos de trabajar de noche, pero muchos no tienen elección y la necesidad manda, sobre todo cuando hay hijos que mantener y la oferta laboral es limitada. Taxistas, panaderos, playeros de estaciones de servicio, policías, enfermeros, son algunos de los que integran la larga lista de quienes viven a contramano en temas de horarios. Previo al Día Internacional del Trabajo, que se conmemora cada 1° de Mayo, muchos compartieron con UNO su experiencia.
Fabricio Rodríguez vive en Libertador San Martín y hace siete años ocupa el puesto de guardia de seguridad en un frigorífico aviar de Crespo. Tiene horarios rotativos que duran 12 horas y periódicamente le toca estar de 22 a 6. Para llegar a su trabajo, a diario viaja casi 20 kilómetros de ida y otros más a la vuelta. "Me ha pasado un montón de veces que me confundo el horario en que tengo que ir a trabajar", confió a UNO, pero no obstante destacó que al trabajar 12 horas corridas luego tiene más horas de descanso.
"El cuerpo está hecho para dormir de noche y no de día. No se descansa de la misma manera: uno puede dormir 14 horas seguidas de día, pero no se recupera de la misma forma que si se acuesta aunque seis horas a la noche. Uno jamás se termina de acostumbrar a esos horarios y llega un punto en el que el cuerpo dice basta. Me he quedado dormido manejando cuando volvía a mi casa, por eso trato de ir en colectivo, aunque me lleve más tiempo", refirió.
También opinó que con sus horarios tener una pareja que entienda sus tiempos también es complicado, y manifestó: "Vivo con mis padres y los veo cada vez menos. Me he perdido varios eventos familiares. Mi hija empezó primer grado este año y he ido a actos escolares dormido o ni siquiera he podido estar". En este marco, señaló: "Si bien es un trabajo que tiene sus cosas positivas, por el horario a veces pienso en ver otra opción. Lo que pasa es que la situación actual del país hace que sea difícil encontrar otra cosa".
Leandro Di Tomaso también es guardia de seguridad desde el 2011 en una empresa del Parque Industrial de Paraná. Trabaja una semana de tarde, otra de mañana y la siguiente de noche, y coincidió: "Uno nunca se acostumbra a los cambios de horarios. No es lo mismo descansar de noche que de día. Tengo una beba de siete meses y ahora con suerte duermo tres horas por día". Al igual que Fabricio, expresó: "Siempre me dieron ganas de conseguir otra cosa, pero en estos tiempos en complicado y uno busca quedarse en lo seguro, aunque siempre esté cansado y ya me afecte el humor".
Martín González vive en General Ramírez y es panadero. Hubo tiempos en que trabajó desde la medianoche hasta las 7; o hizo turnos cortados: unas horas de tarde y otras en plena madrugada. "Era bastante duro. Te cambia totalmente el sentido de los horarios. Pensás que vas a aprovechar el día para hacer distintas cosas, pero cuando llegás solamente querés dormir. Además te alimentás mal y llega un momento en que el cuerpo lo siente", contó a UNO.
Al volver a su casa su mujer salía se iba a su trabajo y él quedaba al cuidado de sus hijos. El más chico era bebé en ese entonces y demandaba más atenciones, así que no podía dormir demasiado. "A veces iba a alguna reunión de amigos y en lo mejor de la fiesta me tenía que ir", recordó, y contó UNO que después de mucho tiempo de tratar de adaptarse al empleo nocturno, desde hace un año logró poner un emprendimiento propio en su vivienda y si bien trabaja de noche, lo hace con horarios más flexibles y en compañía de sus seres queridos.
Noelia Gallo es enfermera del hospital San Martín desde hace 12 años. A veces le toca estar de 22 a 6, y en esas ocasiones duerme apenas unas horas. "Ya estoy acostumbrada, pero al comienzo cuesta mucho el turno noche, porque el cuerpo pide dormir. Uno va a trabajar y se siente cansado, pero hay una responsabilidad y se cumple. Y es un turno complicado porque hay que seguir con otras actividades al otro día", dijo a UNO.
La joven vive con su esposo, que trabaja en un comercio, con horarios muy distintos. Sobre este punto, aseveró: "Es difícil. Él llega, comemos y ya me voy. Así que nos vemos un ratito". A su vez, lamentó: "Por ahí uno se pierde fechas importantes. Si bien hay una planificación, no es tan fácil conseguir que alguien cambie el turno de noche y me pierdo un cumpleaños, o un bautismo".
Vanina Díaz hace un año cuida a una señora mayor de 22 a 6 desde. Mientras la acompaña, aprovecha a leer o mirar televisión, y en algún momento puede dormir un rato. Como además es fotógrafa, a veces sigue de largo si tiene que entregar algún trabajo, y recién se acuesta a la siesta, no más de dos o tres horas. "Te cambia todo el día. No descanso bien, y me pasa que no tengo hambre o que como de más. Y también noto que estoy más propensa a enfermarme, como ahora que estoy resfriada", reflexionó.
Iván Taylor trabaja desde hace 13 años en un frigorífico en María Luisa, de 1.45 a 10.15. "Es un horario terrible. Cuando recién arranqué, a los 18 años, no era tan complicado, porque era algo nuevo y no tenía tantos compromisos familiares. Pero cuando va pasando el tiempo uno advierte un desgaste y es complejo. El cuerpo no está diseñado para los horarios nocturnos", resaltó, y añadió: "Es difícil también para el círculo cercano de uno: a veces se complica acompañar a tus gurises a cenar tranquilos una noche o ir a un cumpleaños. Si me invitan a una fiesta no me puedo quedar más allá de las 23, porque tengo que comer y dormir un poco antes de ir a trabajar".
Iván es técnico en Seguridad e Higiene del Trabajo y cursó la mitad del Profesorado de Historia, carrera que le gustaría culminar. Además es escritor y le gustaría participar de más eventos a los que lo invitan con su libro "La parte blanca de la noche" y otras producciones literarias, pero no puede por los horarios. Y también quisiera estar más tiempo con su pareja, que vive en la capital entrerriana: "Estamos tratando de reunir las dos vidas con mi compañera. Tengo un pie en María Luisa y otro en Paraná. Con ella tenemos horarios distintos, pero nos queremos mucho y esa es la base para entenderse", dijo, y evaluó: "Me he planteado cambiar de empleo, pero el hecho de ser padre me lleva a priorizar el sueldo y en la empresa donde trabajo nos pagan bien, lo hemos que logramos en el sindicato del que formo parte. Mantengo cierto nivel de vida que me condiciona mucho para tomar la decisión de cambiar de laburo, más con esta situación política y social".
Samuel Dlin se jubiló hace tres meses, luego de trabajar en distintos casinos durante 47 años, habitualmente de noche. Durante los últimos años fue gerente de control de activos, luego de pasar por diversos puestos. Aun disfrutando de su trabajo y del reconocimiento de la gente gracias a su vocación de servicio, contó a UNO que hay situaciones difíciles que deben atravesar quienes trabajan cuando la mayoría descansa: "El casinero no está nunca en la casa. Es el papá ausente, el marido que no está, porque trabaja de noche y a la mañana le cuesta levantarse; se le dificulta ir a las fiestas escolares o revisar los cuadernos de los hijos, o hacer las compras", señaló.
"Al empleado de un casino, al no estar muchas noches en su casa, le cuesta mucho más mantener el vínculo familiar, porque generalmente se ve poco con su compañera y cuando llega de trabajar está cansado. Es un sacrificio que muchas veces la sociedad no contempla. Y cuando llega a su casa después de jubilarse, molesta. Y ahí empiezan a caer sus defensas y verse afectada su salud", concluyó.

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