Cuatro jóvenes de Los Conquistadores llevaron a Entre Ríos a una competencia nacional y sudamericana en Icaño, donde combinaron formación, práctica y aprendizaje.
Viernes 02 de Octubre de 2026
La Escuela Agrotécnica N.º 37 Antonio Galli de Los Conquistadores se convirtió en la primera institución de este tipo de Entre Ríos en participar de las VII Ovinpiadas de Argentina y I Ovinpiadas Sudamericanas. Cuatro estudiantes de 7° año viajaron a Icaño, Catamarca, para competir y representar a su comunidad educativa.
Segundo Moreyra, Mia Salinas, Lucas Miño y Nicolás Torres afrontaron durante tres jornadas pruebas teóricas, prácticas y la defensa de un Proyecto de Gestión Productiva, en una experiencia que permitió poner en juego conocimientos adquiridos durante su formación y compartir con estudiantes y docentes de distintas provincias y países.
En diálogo con UNO, la docente y médica veterinaria Sophia Scandella, quien acompañó a los jóvenes junto con la rectora Julieta Brunini, contó cómo comenzó el camino que llevó a los estudiantes hasta Catamarca. Todo surgió durante una visita a la Expo Palermo, donde conocieron al médico veterinario Rubén Flores y al organizador de las Ovinpiadas Argentinas, José Luis Roberi, de la Universidad Nacional de La Pampa.
“Nos realizaron la invitación formal para participar. Era una oportunidad muy importante, ya que Entre Ríos nunca había participado en esta competencia”, explicó Scandella. A partir de allí, la docente comenzó a trabajar con los alumnos en los contenidos de Producción de Ovinos y en la preparación necesaria para afrontar una competencia que combinaba conocimientos teóricos con situaciones prácticas.
La preparación incluyó visitas a distintos establecimientos de la zona. Los estudiantes conocieron cabañas, diferentes razas y sistemas productivos, además de observar y practicar tareas vinculadas con el manejo de los animales.
Lucas Miño destacó que esa etapa fue una de las partes que más disfrutó. “Viajamos a varias cabañas de distintos lugares y distintas razas ovinas para capacitarnos y aprender sobre el manejo de cada establecimiento”, señaló.
Segundo Moreyra también recordó especialmente esas jornadas previas al viaje. Entre los lugares visitados mencionó la cabaña de Gustavo Muzzachiodi, la cabaña de raza ideal de Rubén Flores y el establecimiento de su padre, Antonio Moreyra. Allí pudo observar y practicar tareas como castración, descole, señalada, desparasitación, vacunación, esquila a tijera y evaluación del estado corporal de las ovejas.
El trabajo previo resultó fundamental para afrontar las pruebas en Catamarca. Según explicó Scandella, los estudiantes debieron reconocer instalaciones, razas y biotipos, métodos de identificación, alimentación, reproducción y manejo de corderos. También fueron evaluados sobre sanidad, enfermedades parasitarias, zoonosis y diferentes procedimientos prácticos.
Entre las actividades estuvieron la esquila, el descole, la castración, el despezuñado, la sujeción y el volteo de los animales, además de la aplicación de vacunas y métodos de desparasitación. También debieron reconocer características de la lana, como la finura y el largo de mecha.
Uno de los momentos que más sorprendió a la docente ocurrió durante una de las pruebas prácticas. Los chicos tuvieron que colocar dispositivos intravaginales utilizados para la sincronización de celos, una práctica que nunca habían realizado previamente. Si bien conocían el procedimiento desde la teoría, lograron resolverlo correctamente.
“Para mí fue una muestra de que pudieron trasladar un conocimiento teórico a una situación práctica concreta”, sostuvo Scandella.
Una experiencia que va más allá de las pruebas
La competencia también significó un aprendizaje fuera del ámbito estrictamente productivo. Los cuatro estudiantes compartieron jornadas con jóvenes y docentes de otras provincias y países, conocieron distintas realidades vinculadas con la producción ovina y descubrieron que una misma actividad puede desarrollarse de maneras diferentes según cada región.
Mia Salinas contó que una de las cosas que más la sorprendió fue precisamente el nivel de preparación de los demás participantes. “Ellos hacía dos años que se venían preparando para esto porque esta competencia se hace cada dos años”, explicó.
También resaltó las diferencias entre las regiones y las formas de trabajar con los animales. Para la joven, la dimensión de lo ocurrido todavía es difícil de asimilar: “Para mí fue un viaje más con mis compañeros, pero esto fue algo mucho más grande, no solo para la escuela sino para la provincia. Marcamos un antes y un después”.
Lucas, por su parte, se quedó con los vínculos que pudo construir durante esos días. “Lo más lindo para mí fue hacer compañeros de otros lados, convivir y la experiencia junto a mis compañeros”, contó.
El viaje también dejó algunas anécdotas que quedarán entre los recuerdos de la delegación. Segundo relató entre risas un particular intercambio con un vecino de Icaño, a quien terminó afilándole unas tijeras y un cuchillo a cambio de dos docenas y media de empanadas.
Más allá de las historias del viaje, los cuatro regresaron con entusiasmo por continuar vinculados a la actividad. Lucas aseguró que la experiencia lo dejó con ganas de seguir en la producción ovina y aprovechar los conocimientos adquiridos.
Para Scandella, justamente allí aparece uno de los principales valores educativos de la experiencia. “La formación no queda solamente dentro del aula: los conocimientos que adquieren pueden ser aplicados en situaciones reales y pueden convertirse, en el futuro, en una herramienta para desarrollarse tanto laboral como profesionalmente”, explicó.
La participación en Icaño dejó así una marca para la Antonio Galli y para Los Conquistadores. Los estudiantes no solo afrontaron una competencia vinculada directamente con su formación: también llevaron por primera vez el nombre de una escuela agrotécnica entrerriana a una instancia nacional y sudamericana.