Descubriendo Entre Ríos

Karel Fleites, puente entre países y géneros musicales

Un punto de encuentro de artistas desde la histórica hermandad cubano argentina, con visión de banda y sin apego a cánones ni estereotipos.

Sábado 30 de Julio de 2022

Desde hace un tiempo, el barrio Los Zorzales que ya era un reino de los trinos (Paraná al Este), está alimentando hermanamientos musicales alrededor del compositor Karel Fleites, venido de su Santa Clara natal a los aledaños de la capital entrerriana por asuntos del arte y el amor. Guitarra, bajo, batería, voz, poemas, canciones, y un aura que lo declara artista nato, capaz de deleitarnos en una actuación solista pero enteramente cómodo en banda, como los pájaros. Karel puede estar conversando con la vecindad, construyendo un hornito para la familia, asando unas costillas, o terminando alguna artesanía en maderas, como le gusta, pero en sus ojos y en sus dedos continúa vibrando un compás: la música no lo suelta ni a sol ni a sombra.

Frente al público, el cubano se muestra auténtico y sabe pasar de los momentos íntimos a las explosiones con ritmos que en su guitarra y en su fraseo son ya una marca.

Dice que en Los Zorzales, un rincón de Colonia Avellaneda, a 20 minutos del centro de Paraná, encontró algo de lo que añora de Cuba: comunidad, vínculos, y reconoce que, para las familias de la patria de Martí, la Argentina “nunca ha sido un país más”, principalmente por la historia de Ernesto Guevara, el Che, que los niños maman desde la más tierna infancia. Pero en su vocación artística eso fue potenciado por la influencia musical que reconoce en Fito Páez, Charly García, Spinetta, Cerati, entre tantos.

Ya afincado en Entre Ríos, donde nacieron sus dos hijos, el cantautor es uno más en la vecindad y, con su esposa paranaense, abre las puertas de su casa a sus pares cubanos que realizan giras por la Argentina. Así sostiene un repertorio propio a la vez que comparte escenarios con diversos músicos. Sumado esto a su natural locuacidad y buen humor, el resultado es un feliz puente permanente de ida y vuelta entre las culturas, los pueblos, las inquietudes.

En sintonía con esta actitud, su inclinación a abrirse a los ritmos y a las maneras musicales diversas, a la fusión de géneros, le da a sus presentaciones un aire singular. Claro: no es lo que ciertos estereotipos nos imponen como un clásico cubano. Guajira, rumba, puede ser, pero aquí veremos lo que ha debido hacer Karel para no ceñirse tanto a las categorías y para dejar volar la canción sin barreras.

Karel músico cubano en Luz, Cámara y a Jugar2.jpg
Karel Fleites, puente entre países y géneros musicales

Karel Fleites, puente entre países y géneros musicales

Gestión propia

Lo encontramos en Los Zorzales por un caminito de piedras un rato después de terminar un horno/estufa artesanal y le preguntamos en qué andan con sus amigos troveros.

—Tratando de hacer un programa que sea habitual en un espacio. Llevamos tanto tiempo trabajando que ya tenemos un circuito, sobre todo en zonas como Córdoba donde la gente es asidua a lugares; llamas a los amigos y siempre somos bien recibidos. Pero siempre es gestión personal de mucha gente, de ellos y de nosotros; y esa gente para mantener los centros culturales la debe remar más que nosotros.

—Si tuviera que clasificar tus obras…

—Son canciones de música contemporánea, no me apoyo en ningún género específico. Estoy abierto a trabajar muchos géneros, y a medida que voy conociendo voy implementando; hace diez años no conocía ritmos de acá. Uno va aprendiendo a trabajarlos, a tener confianza, pero no estoy cerrado a nada, musicalmente. Al contrario, siempre vamos buscando; a veces hay ritmos regionales, que se mueven en zonas pequeñas, y son ritmos espectaculares.

—En tus composiciones, ¿primero el poema o la melodía?

—Casi siempre trabajo en la armonía de la canción. Esa armonía me sugiere lo que tengo que escribir. No hay un libro. Hay veces que sale una oración, un mensaje que puede ser el disparador. Pero casi siempre me pasa que no sé muy bien de lo que voy a escribir. Escribo algo que me interesa y sé que ahí puedo indagar; después la misma canción te va mostrando un mundo lleno de sentimientos que tienes ocultos ahí. A veces por la velocidad de la vida uno no se da cuenta que los tiene ahí dentro; o preocupaciones, y eso sale en el papel, lo más sincero que uno tiene.

—Hay en tus temas relaciones juveniles, amor, y también está la comunidad, el encontrarse con cosas distintas a las esperadas; como que la situación social te estimula.

—Sí, no me puedo desligar. En la canción hay veces que se sufre. No es todo tan lindo. A veces es un sufrimiento constante, pero es parte, el sufrimiento hace a la obra también, además si no lo escribes, explota. Es la manera de uno de hacerse entender.

—Hemos comprobado que por ser cubano la misma vecindad te lleva a hablar de la isla. Cuba termina siendo tema.

—Es tu gran responsabilidad. Yo estoy en la Argentina y me siento como un argentino más, estoy muy arraigado donde vivo, a la comunidad; siempre uno trabaja con respeto, primero eso, entender, porque uno es de otro país y este país es muy complejo en cuanto al pensamiento; uno tiene un poco de cuidado. Pero Cuba es tu responsabilidad. Y es muy efervescente en lo político, social, que no para nunca, se mueve, y te llama la atención. A veces uno quisiera refrescarse de todo eso, y hasta ahora no lo he logrado.

Pensar en banda

—Tus actuaciones con guitarra y voz, pero manejás otros instrumentos, tecnología.

—Las canciones fueron concebidas para banda. Me aburre mucho tocar solo con guitarra. Siempre pensé el concepto de banda, y con la pandemia y lo demás todo se redujo, lo público, se encareció mucho moverte con gente, o no poder asegurarle a esa gente un dinero, una cosa económica, entonces me gusta andar con unos aparatitos, con tecnología, como esa loopera que repite lo que ya grabaste, y otros que hacen miles de sonidos. Yo soy instrumentista antes que nada, para mí la sonoridad que pueda tener una canción es el 50 por ciento, yo no pienso en la canción sola. Si bien hay cantautores extraordinarios que se defienden con una guitarra y solo la canción, yo no concibo; cuanto sólo tengo la guitarra y la canción me parece que falta algo, y trato de complementar eso.

—En esto de pensar más en lo colectivo, ustedes han formado parte de una corriente, La Trovuntivitis.

—La Trovuntivitis está cumpliendo 25 años ahora, es un movimiento extraordinario de cantautores, todos cubanos, que a su vez empezaron en Santa Clara que es la ciudad donde nací. Cada autor con una obra extraordinaria. Se fue sumando gente que quisiera hacer algo; es un movimiento también de decadencia musical; mucha gente que emigró de Cuba en los años 90.

—¿Decadencia?

—Por mucha gente que se fue de Cuba, gente valiosa, que hacía obras importantes.

—El movimiento tiene algo en Cuba y algo afuera.

—En los 25 años mucha gente vive afuera por razones de trabajo o por otras razones, pero sigue perteneciendo al movimiento; son las canciones que quedan, que forman parte de una historia, momentos que se vivieron; canciones que se siguen cantando. Las obras se ponen a disposición del movimiento, las cantamos, las defendemos juntos. Eso empezó como una peña, un lugar, en un centro cultural, y con el tiempo fue creciendo y se exportó. Nosotros celebramos los 20 años de la Trovuntivitis en la Argentina con una gira grandísima. Es algo que enseña también, a agruparse, a estar en contacto con otras personas.

—Dar un lugarcito a alguien que está empezando…

—Y la conformación del bloque, la unión es más importante. Si bien dentro de la Trovuntivitis hay obras más populares que otras, esas obras ayudan a sostener las obras del que no es tan conocido.

—En la Argentina hay escenarios para el folklore, para el rock, ¿cuál es el lugar para tus canciones, que no se encasillan?

—Yo tengo influencias de muchas cosas. Vagué por mundos de rap, rock, canción de autor; escuchar mucha música para ser un mejor instrumentista; tu vas recopilando información, somos producto de lo que agarramos; mi vida de andar por distintos lugares me lleva a no ser de un lugar tan específico, y pasa lo mismo con mis canciones; es lo que surja, si sale una chacarera, una chacarera, si sale una zamba, una canción más pop, no importa.

Parte de la maquinaria

—En cuanto a esas influencias, en tus gustos, ¿a quiénes mencionarías de los más conocidos?

—Tengo mucha influencia del rock nacional, Spinetta, Charly García, Gustavo Cerati, Fito Páez, son muy conocidos en Cuba, sobre todo Fito Páez; escuché mucha música americana, el blus americano de los 70 y 80, y un poco del rock. De la música cubana hubo también muchas cosas, de la gente que empezó a mezclar ritmos, tengo mucha influencia; la época de La Habana abierta, una generación de autores, antes de la Trovuntivitis, que hizo esto. Tengo mucho de eso, mezcla de muchos ritmos; viví la época en que el rap se empezó a mezclar con el rock, se empezó a genera un nuevo rock, el new metal que le llamaban, y era mezcla. Se convirtió en algo tan natural que capaz que adopté algo de esa forma de hacer música.

—¿Padecés en la Argentina que te pidan más clásicos cubanos?

—Sí, me pasa siempre, es el tipo de folklore que se vende, no encajo en el prototipo de lo que se piensa que es ‘lo cubano’; por eso difundimos Karel Fleites cantautor, ya está. La gente no tiene la culpa, es como cuando estás en otro lugar y hablan de la Argentina la gente piensa en tango, y este país culturalmente es muy grande, se hacen muchas cosas… Cuando vine a la Argentina pensé que iba a ver la cara del Che Guevara en todos lados y que iba a escuchar a Charly García en todos lados, y ni una cosa ni la otra.

—Hace 15 años venías a la Argentina como un país más.

—Argentina en Cuba nunca fue un país más. Por el Che Guevara y todo. Es el primer país que uno conoce, cuando tiene conciencia de que existen otros países. Siempre hay un acercamiento amistoso.

—Ya viviendo acá, ¿te han sorprendido cosas o era lo que vos esperabas?

—No sé qué esperaba. Al inicio todo me parecía extraordinario. Es que Cuba es un país muy diferente a todo lo que existe. Saliendo de Cuba todo me era raro, me asombraba. Había cosas lindas, cosas feas que nunca había visto. Situaciones, de lo agresivo que puede llegar a ser el capitalismo. Todo en un lugar y nada en otro, esa me afectaba. Porque esto no es Cuba, donde no hay nada: acá hay recursos. Y después aprendes, no a aceptarlo, pero lo dejas de ver, y empiezas a formar parte de la maquinaria sin darte cuenta. Es triste. La primera vez que vi gente durmiendo en la calle me afectó al punto de no poder dormir. Después te duele, pero formas parte de la maquinaria, tienes tus problemas…

—¿Qué se extraña de Cuba?

—Se extraña una parte de la idiosincrasia cubana. Igualmente, uno se adapta a otras idiosincrasias, y la Argentina tampoco es tan diferente. Somos muy parecidos, escandalosos; creo que estar en la Argentina me ha ayudado a estar lejos. Se extraña la puerta abierta, la gente en el barrio, se vive como capaz se vivía aquí hace 40 o 50 años. Gente más de barrio, jugando en la calle a la pelota.

—Un poco el barrio Los Zorzales.

—Un poco, lo que pasa aquí. Nosotros hemos tenido la suerte de tener este tipo de vida. Seguramente lo más lindo se resguarde en este tipo de lugares. La ayuda, el estar pendiente del que tienes al lado.

—Esa intención artística, musical, ¿viene de familia? ¿Del barrio?

—Mi papá siempre tocaba la guitarra. Era un cantor de cosas más tradicionales. Las fiestas en mi casa siempre fueron con mi papá tocando la guitarra. La guitarra siempre estuvo ahí. Mis hermanos mayores también tocaban. Tengo tíos por parte de padre que se dedicaron a la música, en esa época de tríos, dando serenatas. De la parte de mi madre son gallegos orejicuadrados.

—¿Estudiaste de chico?

—Anduve toda mi infancia corriendo de un deporte a otro, en todos era muy malo, a la academia de música no me llevaron nunca de niño. Tuve que ir yo después; cuando ya estaba tocando, abrieron cursos de superación integral para músicos.

—Entonces al principio, con los parientes, con los amigos.

—Autodidacta, sí, estuve tocando, tocando, tocando, y obviamente vas aprendiendo.

—En las composiciones también.

—Sí, a escribir también se aprende. El mismo ejercicio te hace darte cuenta que tienes una forma de escribir que es tuya. Hay gente que dice las cosas más simples porque no puede hacerlas de otra manera, o porque le gusta escribirlas así, yo trato de escribir lo más directo posible. Hay veces que no me sale mucho, y me termino envolviendo en mi poesía.

—¿Para el futuro?

—Hay varios planes para el año que viene. Uno es regresar a Cuba a grabar un proyecto de disco con Egrén, una de las principales casas disqueras. Esto planificando un viaje a Estados Unidos, tipo abril, si sale así, hacer un circuito de trabajo por la zona de La Florida, donde está el público latino, y luego regresar. Trabajar un proyecto cultural más cercano a nuestra comunidad, sueños que uno tiene de poder llevar la música a este tipo de lugares donde uno vive, abrir un centro cultural, esas cosas que a uno lo llevan a querer seguir soñando y tocando, seguir recorriendo la Argentina. Hay un circuito muy lindo que quiero hacer, latinoamericano. Sueño con tener movilidad para poder recorrer.

—Mientras hacés música, no le esquivás a otros oficios.

—Me gradué de carpintero ebanista, nunca ejercí, y me gusta aprender a hacer cosas, todo lo que tenga que ver con lo artesanal, la construcción; prefiero siempre hacerlo yo. No me gusta estar sentado sin hace nada.

—Como hacer tu propia estufa.

—Claro. No estoy con ese fundamentalismo de que hay una persona para cada cosa.

—¿Qué te parece Paraná como plaza cultural?

—En Paraná en algún momento me gustaría tener alguna responsabilidad cultural, hay muchas cosas que se pueden implementar. Espero tener esa oportunidad. Paraná tiene toda esa costanera, todo espacio para brindarle a la gente. Con artesanías, música, teatro.

Casa de encuentro

Hemos visto y escuchado un montón de artistas de primera que han pasado por la casa de Karel Fleites, un día, una semana, lo que cuadre, y que tocan con él en escenarios de Paraná, Córdoba, Buenos Aires. Los más recientes pertenecen a Atemporal trío, y están haciendo una gira por el centro del país. Vienen de un grupo que se llama En Fusión. Estuvo Diego Gutiérrez, uno de los fundadores de La Trovuntivitis, nominado a Grammys latinos; también han estado Yaima Orozco, Yordan Romero, Yatsel Rodríguez...

Karel hace de nexo entre los músicos del litoral argentino y los cubanos. En sus actuaciones lo acompañan Seba Gómez en bajo, Juanma Benítez en percusión, entre otros artistas. En estos días espera la llegada de un baterista cubano que podría afincarse pronto también en la zona. Qué cerquita está Cuba, entonces, y qué bien suena por aquí.

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