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Descubriendo Entre Ríos

Jubileo del tekohá: recuperar el tejido artesanal de la vida

Quebrar el sistema con una vuelta a la comunidad para que las familias se desarrollen a salvo del saqueo y la contaminación

Sábado 17 de Agosto de 2019

El proceso de destierro que sufren las mujeres y los hombres de Entre Ríos es un flagelo repetido y naturalizado por décadas, con efectos dañinos potenciados en la Argentina por el hacinamiento de millones expuestos a enfermedades en sinergia. Muchos de sus protagonistas son víctimas de un tipo de racismo por desarraigo y amontonamiento, en la paulatina destrucción de la sociedad campesina y la sociedad urbana, dos caras del mismo fenómeno de expulsión y aglomeración.

Visualizamos un quiebre del sistema con un jubileo del tekohá, opción extraordinaria para devolver a la biodiversidad (y en ella a las familias humanas) otra oportunidad. Para ello, nos enfocamos en la relación del ser humano con la Pachamama (madre tierra en equilibrio), el suelo, el resto de la naturaleza, el trabajo y los alimentos, recuperando tradiciones comunitarias, símbolos, conocimientos y modos que el sistema menospreció por siglos. La ausencia de la Pachamama en constituciones, programas, cátedras, o su menosprecio ha facilitado la desviación fatal de considerar la tierra como una mercancía, los alimentos como un negocio.

En nuestra región confluyen actitudes para la vida comunitaria y la armonía en el ambiente, lecturas en torno del jubileo, medidas políticas clave sobre la tenencia y el uso de la tierra (Rocamora, Artigas), denuncias reiteradas a través de los años contra la concentración de las propiedades y el destierro (economistas, historiadores, escritores), y una condición particular de los suelos arcillosos, que sugiere una rotación natural llamando a la emancipación, como veremos en una segunda parte de esta entrega.

Efectos devastadores

Lejos de resignarnos al sistema, diremos que los desterrados pueden volver a respirar con el amanecer; el sol negado por generaciones nos llama una y otra vez, cada día, a sanar las heridas del éxodo, los males del hacinamiento.

Para muchos, el sol fue quitado de su cielo para quedar flotando sin sentido en la bandera.

En Entre Ríos hay paisajes extraordinarios sin caminos de acceso, y en las antípodas, barrios con familias amontonadas, expuestas a un montón de ataques en sinergia.

La tradición del vivir bien y bello en el litoral exige un lugar adecuado, un espacio, una trama en la naturaleza. El tekohá es un hogar, como un tejido artesanal donde no faltan fibras del monte, el río, los trinos, la historia familiar, el trabajo, los oficios; fibras del arte, la fiesta, las relaciones comunitarias, el trabajo comunitario, la colaboración para los alimentos.

La economía llamada “de escala” es discutible en términos de producción pero sus efectos en el necesario equilibrio poblacional y los lazos comunitarios son devastadores. En vez de revertir la macrocefalia argentina, fuente de tantos disgustos, la ha acentuado. Hoy ya no podemos mirar el vacío del campo sin ver el repleto del barrio, dos caras del mismo fenómeno.

Jubileo pagano

Jubileo es una suerte de indulgencia mutua, colectiva; el tekohá guaraní equivale a comunidad en la naturaleza, ni individualista ni extirpada del entorno. Huelga decir que la confluencia de las dos voces, en “jubileo del tekohá”, encuentra fuentes que se pierden en el fondo de los tiempos, de culturas milenarias con herederos, hoy, en nuestro territorio.

Al contrario de lo que podría suponerse, el origen de los roces, la fricción, debe buscarse en el individualismo y no en el estar juntos. El individualismo choca, la comunidad en cambio tiene sus aceites y acolchados. El individualismo amontona, compite, uniforma; la comunidad sostiene la unidad en la diversidad, y el tekohá, en la biodiversidad.

Entendemos aquí la voz “jubileo” como un tiempo de regreso de los expulsados y sus familias al pago; tiempo de cultivo y reproducción del tekohá, restitución de los espacios sociales dentro de la naturaleza, valoración de los emprendimientos comunitarios, liberación de las ataduras del amontonamiento enfermizo, recuperación de los lazos vecinales, con las connotaciones festivas propias del reencuentro. Un año en que la sociedad rompe los candados de la esperanza, reconoce que es el sistema el que ha expulsado a miles y así aliviana en los excluidos y desterrados el peso de la culpa individual o familiar, promoviendo un círculo virtuoso que beneficia a todos.

Este jubileo no se ciñe a la acepción religiosa original, es pagano pero tampoco rechaza el aire de descanso, meditación, perdón recíproco, tolerancia, hermandad, que esa voz sopla. Muchas culturas del mundo comparten la inquietud central, en pleno siglo XXI, por la destrucción de la naturaleza y eso está bien marcado en la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco como en decálogo de Evo Morales ante las Naciones Unidas. (Ver recuadro aparte)

Jubileo apela a la serena reflexión, a la conciencia de lo mucho que ignoramos como para sostener una condena eterna contra las y los desfavorecidos, en este caso los que se marcharon a las villas de las ciudades entrerrianas más pobladas, o cruzaron los límites del litoral para engrosar el conurbano bonaerense, es decir: las y los que perdieron el territorio.

Jubileo se comprende mejor desde el amor y la verdad, cuando las normas comunes garantizan supuestos títulos y derechos pero se presentan incapaces de ofrecer respuestas integrales. Por eso no funcionará el jubileo sin el ejercicio de la clemencia, y no sólo con los desposeídos sino, principalmente, con la comunidad entera porque somos nosotros, todos, los extraviados.

Para comprender la necesidad del jubileo debemos, primero, diagnosticar un estado de excepción, tras décadas de acumular problemas y no hallar respuestas. Y esos problemas se llaman desarraigo masivo, destierro masivo, hacinamiento masivo, fragmentación, racismo. Claro, es otro tipo de racismo que el mismo Estado oculta porque es cómplice, sino ejecutor.

La iniciativa sintoniza con los llamados de nuestras culturas originarias del Abya yala a la armonía con la naturaleza y el consenso, con la certeza de que en la competencia, la pelea, el encierro y la división unos ganan y otros pierden, en una disputa sin fin, con acciones y reacciones proporcionales encadenadas.

El jubileo reclama un estado de conciencia en el que la comunidad admite un error que ha involucrado a muchos, con efectos dañinos sobre muchos, y en vez de agotar sus energías buscando responsables o tratando de acelerar medidas reparadoras como parches, se sienta, escucha, deja que mande el silencio reparador. Sabiendo que el jubileo incuba una suerte de contrasentido, como una amnistía para los inocentes.

Con asumir la necesidad del jubileo del tekohá, los que padecen el desarraigo, los disociados del territorio, se sabrán protagonistas de una marcha de retorno al paisaje. Al modo de los peregrinos hacia la “tierra sin mal” que, en nuestro caso, es el lugar donde la comunidad pueda desplegar, nada menos, sus condiciones, sus sueños, sin discriminaciones negativas. Retorno sostenible, repatriación, “rematriación”, como una necesaria ejecución del proceso de independencia que había resultado inconcluso, y un decidido paso decolonial.

Alegría del trabajo

¿Por qué ahora? Porque hoy conocemos mejor: el destierro y el posterior hacinamiento de miles (macrocefalia); algunas causas y algunos efectos de esos males; las luchas de resistencia de nuestros pueblos (charrúas, guaraníes, aymaras, mapuches, criollos); las luchas por la emancipación ocultadas o tergiversadas por la historia más difundida (artiguismo); la cosmovisión común de nuestros pueblos (vivir bien, Pachamama); la conciencia ecológica; conocemos la conciencia sobre las limitaciones del crecimiento económico y el capitalismo; la conciencia sobre las limitaciones del Estado; el movimiento decolonial; y la organización de los excluidos (piqueteros, asambleas, empresas recuperadas, campesinos, etc). La sinfonía de esas notas bien afinadas transparenta el problema del territorio y los alimentos.

Jubileo del tekohá porque en este caso nos referimos a la necesidad de un equilibrio en la densidad demográfica, y de espacios adecuados para la vida de las comunidades humanas, al tiempo que preservamos corredores de biodiversidad intocables. Claro, corredores de biodiversidad, si ya sabemos que las reservas actuales son, miradas a largo plazo, un placebo, porque condenan a las especies a le extinción.

Volver no es repetir. En este aporte (expuesto en parte en las Jornadas de estudios socioeconómicos del litoral, de la UNER) nos proponemos subrayar la alegría del trabajo comunitario y en relación armónica con la naturaleza (basados no en un estudio desde el escritorio sino en saberes milenarios de este suelo, que se abren cuando mostramos disposición a escucharlos). Y queremos rescatar, o mejor, señalar cómo siguen vivas, las tradiciones de reciprocidad y complementariedad, que son las bases de ese otro mundo que el sistema quiere sepultar definitivamente, y no puede. Continuaremos en otra edición.

Terminar con la explotación y los saqueos

Decálogo de Evo Morales ante las Naciones Unidas. Primero: los cambios climáticos no son producto de los seres humanos en general, sino del sistema capitalista vigente, basado en un desarrollo industrial ilimitado. Hay que acabar con la explotación de los seres humanos y con el saqueo de los recursos naturales. El norte debe pagar la deuda ecológica en vez de que los países del sur le paguen la deuda externa.

Segundo: la guerra trae ganancias para los imperios, las transnacionales y un grupo de familias, pero supone muerte, destrucción y pobreza para los pueblos. Los millones de dólares destinados a las guerras deberían ser invertidos en la tierra, herida por el maltrato y la sobreexplotación.

Tercero: alcanzar relaciones de coexistencia y no de sometimiento entre los países en un mundo sin imperialismo ni colonialismo. Las relaciones bilaterales y multilaterales son necesarias porque somos favorables a la cultura del diálogo y de la convivencia social.

Cuarto: el agua es un derecho humano y de todos los seres vivientes del planeta. Se puede vivir sin luz (artificial), pero no sin agua. El agua es la vida. No es posible que haya políticas que permitan privatizar el agua. Por una convención internacional del agua para proteger las fuentes como un derecho humano y evitar su privatización.

Quinto: desarrollo de energías limpias y amigables con la naturaleza, acabar con el derroche de energía. En 100 años estamos terminando con la energía fósil creada en millones de años. Evitar que se promuevan los biocombustibles. No se pueden reservar tierras para hacer funcionar automóviles de lujo en lugar de para alimentos del ser humano.

Sexto: ningún “experto” o especialista puede debatir con los dirigentes indígenas sobre el respeto a la madre Tierra. El movimiento indígena debe explicar a otros sectores sociales, urbanos y rurales, que la tierra es nuestra madre.

Séptimo: los servicios básicos, como agua, luz, educación, salud, comunicación y transportes deben ser considerados como un derecho humano. No pueden ser un negocio privado porque son un servicio público.

Octavo: consumir lo necesario, priorizar lo que producimos y consumir lo local. Acabar con el consumismo, el derroche y el lujo. No es entendible que algunas personas solo busquen el lujo a cambio de que millones se vean privados de una vida digna. Mientras millones de personas mueren cada año por hambre, en otras partes del mundo se dedican millones de dólares a combatir la obesidad.

Noveno: promover la diversidad de culturas y economías. El movimiento indígena, que siempre ha sido excluido, está apostando por la unidad en la diversidad. Un Estado plurinacional, donde todos están al interior de ese Estado, blancos, morenos, negros y rubios.

Décimo: no es novedad el vivir bien. Solo se trata de recuperar la vivencia de nuestros antepasados y acabar con el modo de pensar que fomenta el egoísmo individualista y la sed de lucro. Vivir bien no es vivir mejor a costa del otro. Debemos construir un socialismo comunitario y en armonía con la Madre Tierra.

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