Frente a Paraná, el Islote Curupí conserva humedales, especies nativas y un ecosistema esencial para el equilibrio ambiental del río.
13:09 hs - Domingo 10 de Mayo de 2026
En diálogo con UNO, el guardaparque del Islote Curupí, Elías Sigura, destacó la importancia de conservar los humedales y proteger la fauna autóctona del río Paraná, en un contexto donde estos ecosistemas cumplen un rol clave para el equilibrio ambiental y la biodiversidad de la región.
Islote Curupí: el pulmón natural que resiste frente a Paraná
Frente a Paraná, a pocos minutos en embarcación desde la costa, el Islote Curupí se mantiene como uno de los últimos grandes refugios naturales del entorno urbano. Rodeado por las aguas del río Paraná, cubierto de vegetación autóctona y habitado por cientos de especies, este humedal protegido representa mucho más que una isla: es un reservorio de biodiversidad, un espacio de educación ambiental y un símbolo de la necesidad de conservar los ecosistemas ribereños.
Aunque para muchos todavía es un paisaje que se observa desde la costanera, el Curupí guarda una enorme importancia ecológica. Su origen se remonta a las grandes bajantes del río Paraná registradas entre 1943 y 1944, cuando comenzó a emerger un banco de arena conocido en aquella época como “El Dique”. Con el paso de los años, la vegetación fue colonizando el terreno hasta consolidar la isla actual, de aproximadamente 16 hectáreas.
“Esta isla empezó a formarse ya en los años 40 aproximadamente, donde unas bajantes extraordinarias fueron consolidando lo que era un banco de arena”, explicó Elías Sigura.
“La vegetación fue haciendo su trabajo y hoy tenemos un área natural protegida”, agregó.
Actualmente, el Islote Curupí integra la ecorregión Delta e Islas del Paraná y forma parte del sistema de humedales del río Paraná con grandes lagunas. Su geomorfología es la típica de las islas del tramo medio del río: presenta albardones más elevados en los bordes y sectores interiores más bajos, donde se forman lagunas permanentes y temporales que permiten el desarrollo de distintos ambientes naturales.
En esos espacios conviven bosques jóvenes, bosques maduros, arenales, vegetación acuática y zonas inundables que funcionan como refugio y área de reproducción para una enorme cantidad de especies animales.
Un refugio para la fauna autóctona
Entre la vegetación y los cuerpos de agua del Curupí habita una importante diversidad de fauna propia del ecosistema ribereño. El silencio del humedal suele interrumpirse con el canto constante de las aves, uno de los grupos más representativos de la zona.
En el islote pueden encontrarse especies como el martín pescador, caranchos, benteveos, sirirí pampa y carpinteros reales, además de carpinchos, nutrias, iguanas, mulitas y cuises que conviven dentro del ecosistema natural del humedal.
La vegetación también forma parte esencial de este ambiente. Entre bosques jóvenes y maduros, el Curupí alberga especies nativas y distintas plantas medicinales características de la región, fundamentales para sostener el equilibrio ecológico del lugar.
Además, el islote toma su nombre del árbol “curupí”, una especie nativa típica de ambientes ribereños que forma parte de la flora autóctona del litoral y que históricamente estuvo presente en la zona.
“Hay mucha gente que piensa que es una isla donde no habita mucha fauna, pero en realidad existe una gran biodiversidad adaptada a este ambiente”, sostuvo el guardaparque.
La presencia de estas especies convierte al Curupí en un corredor biológico fundamental para el equilibrio natural del río Paraná y en un espacio estratégico para la conservación de la fauna y flora autóctona.
En ese sentido, desde la reserva remarcan la importancia de proteger estos ambientes naturales y generar conciencia sobre el cuidado del hábitat. La conservación de los humedales resulta clave para garantizar la supervivencia de las especies que dependen directamente de estos ecosistemas para alimentarse, refugiarse y reproducirse.
La importancia de los humedales
Más allá de la biodiversidad, el Islote Curupí cumple funciones ambientales esenciales para toda la región. Los humedales actúan como grandes esponjas naturales: absorben excedentes hídricos durante las crecidas, regulan inundaciones, filtran sedimentos y ayudan a mejorar la calidad del agua.
También son fundamentales para la purificación del aire y para el sostenimiento de múltiples cadenas biológicas asociadas al ecosistema del río Paraná.
“Estos ambientes naturales cumplen roles esenciales para nuestra vida, como la limpieza de nuestras aguas”, expresó el guardaparque. “Cada vez que abrimos la canilla para tomar agua o preparar un mate, tenemos que saber que es nuestro río el que está ingresando a nuestro cuerpo”.
El sistema hidrológico del Paraná funciona a través de pulsos naturales de creciente y bajante que determinan el comportamiento del humedal. En los últimos años, la histórica bajante extraordinaria registrada entre 2020 y 2022 volvió a poner en evidencia la fragilidad de estos ecosistemas y la necesidad de protegerlos.
Además de su valor ambiental, el islote posee una fuerte importancia paisajística y cultural para la ciudad de Paraná. Su cercanía con la costa —a apenas tres minutos en lancha— lo transforma en un espacio único para el contacto directo con la naturaleza.
El rol del guardaparque en la conservación
Detrás del trabajo cotidiano de preservación del Curupí también aparece una figura fundamental: la del guardaparque. Además de cuidar el área protegida, son quienes realizan tareas de educación ambiental, monitoreo de especies y acompañamiento a visitantes.
“Mi objetivo hace varios años es que la figura del guardaparque sea una profesión más reconocida”, expresó el trabajador del área protegida. “Las áreas naturales tienen que ser tomadas con mayor importancia porque son claves para proteger la biodiversidad”.
El guía se definió además como “un agente de cambio”, al explicar que gran parte de su tarea consiste en modificar la manera en que las personas perciben la naturaleza y el vínculo con el río Paraná.
Las visitas guiadas, el avistaje de aves, los paseos en kayak o lancha y las actividades educativas forman parte de las propuestas impulsadas para acercar a vecinos y turistas al humedal desde una mirada sustentable.
“Muchas veces, para poder cuidar hay que conocer. Y cuando uno empieza a conocer estos ambientes, los empieza a querer”, reflexionó. “No se puede cuidar lo que no se conoce”.
En una ciudad históricamente vinculada al río Paraná, el Curupí resiste como un recordatorio permanente de la importancia de preservar los humedales y proteger la fauna autóctona que todavía encuentra allí un refugio. Un pequeño territorio isleño que, silenciosamente, continúa sosteniendo vida frente al avance de la urbanización y el impacto humano sobre el ambiente.