Invierno amargo para el sector del citrus: precios bajos y pocas ventas

Con valores deprimidos por la escasa demanda y una sobreoferta en el mercado interno, los productores de citrus no alcanzan a cubrir los costos fijos.

07:29 hs - Viernes 10 de Julio de 2026

Los productores entrerrianos de citrus enfrentan una de las temporadas más difíciles a nivel económico. Mientras las verdulerías exhiben mandarinas y naranjas con precios accesibles para los consumidores y una oferta que parece inagotable, en el otro extremo de la cadena la realidad es muy diferente.

Para miles de productores citrícolas de Entre Ríos, el invierno 2026 encuentra al sector atravesando uno de los momentos más complejos de los últimos años: los precios que reciben no alcanzan para cubrir los costos de producción, el consumo interno permanece deprimido y los mercados externos siguen sin ofrecer el alivio esperado. “Es una situación compleja”, resumió Fernando Borgo, integrante de la Federación Entrerriana del Citrus, al describir un escenario donde conviven una excelente producción con una demanda insuficiente.

Paradójicamente, el dirigente sostiene que este es el mejor momento del año para que los argentinos consuman cítricos. La amplia diversidad de variedades permite encontrar frutas en su punto justo de maduración y calidad. “Hoy hay seis o siete variedades de mandarinas, distintas variedades de naranjas para mesa y para jugo. Es la mejor época para elegir y consumir cítricos”, explicó.

Sin embargo, esa misma abundancia que beneficia al consumidor genera un cuello de botella para la producción. La coincidencia de numerosas variedades listas para cosechar incrementa la oferta en un contexto donde el poder adquisitivo de las familias continúa resentido.

Oferta y demanda

El mercado funciona bajo una lógica sencilla: cuando sobra mercadería y falta o escasea la demanda, los precios caen. Pero en la producción citrícola esa dinámica tiene un agravante: la fruta no puede esperar indefinidamente, ya que es un producto perecedero.

Borgo explicó que el productor está obligado a cosechar porque dejar la fruta en la planta compromete la producción siguiente. Esa característica convierte a los cítricos en un producto con escaso margen para especular con mejores precios. “Hay que sacar la fruta de la planta, sea para venderla o para otro destino. No hacerlo condiciona la próxima campaña”, señaló.

En consecuencia, muchos productores aceptan valores muy por debajo de los costos simplemente porque no existe hoy otra alternativa.

Brecha que sigue creciendo

Uno de los puntos que más llama la atención es la enorme diferencia entre lo que paga el consumidor y lo que finalmente recibe quien produce.

Borgo puso un ejemplo contundente: por un bin de entre 300 y 350 kilos destinado a industria, algunos productores llegan a cobrar apenas unos 10.000 pesos.

Traducido a la práctica, ese monto equivale aproximadamente al valor que un consumidor paga por apenas unos pocos kilos de fruta en una verdulería.

El dirigente aclaró que esa diferencia no responde únicamente a la comercialización, sino a una larga cadena de costos integrada por transporte, energía, empaque, impuestos y logística, que fueron aumentando muy por encima del precio que recibe el productor. “Estamos vendiendo la fruta al mismo precio o incluso menos que el año pasado, mientras todos los costos aumentaron significativamente”, sostuvo.

La industria no ofrece alivio

En otros años, la industrialización aparecía como una salida para absorber los excedentes de fruta fresca. Pero hoy esta opción tampoco alcanza.

Alrededor de la mitad de la producción de cítricos dulces se destina al mercado interno, cerca del 10% encuentra destino en la exportación y el resto termina en la industria elaboradora de jugos. Pero el negocio industrial también perdió rentabilidad.

Según Borgo, el precio internacional del jugo concentrado cayó luego de dos temporadas favorables, reduciendo el valor que reciben los productores a niveles mínimos. “El jugo es un commodity cuyo precio internacional ha bajado mucho este año. Actualmente, el precio que paga la industria por la fruta apenas cubre los gastos de cosecha y flete, dejando casi nula ganancia a los productores”, describió.

Exportar es un desafío

Aunque Brasil se consolidó en los últimos años como uno de los principales destinos para la fruta entrerriana, las exportaciones continúan lejos de representar una solución estructural.

Los elevados costos internos y la logística dejaron fuera de competencia a mercados que históricamente resultaban importantes, especialmente los de Medio Oriente.

Además, nuevos jugadores internacionales, como Sudáfrica, ganaron espacio gracias a menores costos y ventajas en cuanto a distancias geográficas.

En ese contexto, el sector mantiene una expectativa que ya lleva más de una década: la apertura definitiva del mercado estadounidense para los cítricos dulces argentinos. “Estados Unidos tiene un potencial enorme para nuestra producción. Hace años que se anuncia su apertura, pero todavía seguimos esperando”, manifestó Borgo.

Fruta casi todo el año

Uno de los aspectos menos conocidos de la actividad es la enorme diversidad varietal.

La producción entrerriana comienza con las primeras mandarinas de marzo, continúa con las variedades de media estación durante el invierno y finaliza con las tardías, tanto de mandarinas como de naranjas, que incluso llegan a superponerse con las primeras frutas de la campaña siguiente.

Gracias al desarrollo de sistemas de conservación en frío, hoy es posible encontrar cítricos de buena calidad prácticamente durante todo el año.

Economía regional clave

Según el último relevamiento de la Federación Entrerriana del Citrus, en la provincia existen alrededor de 2.200 unidades productivas y cerca de 2.000 productores.

Detrás de esas cifras se encuentra una de las principales economías regionales entrerrianas, generadora de empleo permanente y estacional, especialmente en los departamentos de Concordia y Federación.

Consultado sobre las perspectivas para los próximos meses, Borgo evitó hacer pronósticos contundentes. Consideró que la recuperación dependerá, principalmente, de que los consumidores recuperen capacidad de compra. “Si la gente vuelve a tener más poder adquisitivo, el consumo seguramente reaccionará. Después, pensar cuándo ocurrirá eso ya es casi una cuestión de fe”, reflexionó el productor.

Mientras tanto, la paradoja continúa vigente. Los consumidores atraviesan una de las mejores temporadas para comprar mandarinas y naranjas por calidad y precio. Pero, al mismo tiempo, cientos de productores entrerrianos viven uno de los inviernos más difíciles de los últimos años, intentando sostener una actividad que hoy produce mucho, vende poco y cada vez deja menos margen de rentabilidad.