Descubriendo Entre Ríos

Informe de Osvaldo Bodean sobre el gurí narco de Concordia

Narcotráfico. Crudos testimonios de un niño y una madre revelan el drama de Concordia, y se suman a los casos fatales conocidos en Paraná.

Domingo 08 de Mayo de 2022

“Gabrielito todavía no ha cambiado la voz. Es por ello que su timbre aniñado, agudo, inocente, resuena como una puñalada al corazón para los funcionarios policiales y judiciales a la hora de repasar las escuchas de la causa caratulada ‘González, Antonio Ariel y otros S/Asociación ilícita y otros’, Legajo de Investigaciones 8097/20. Lo más grave del asunto es que el pequeño Gabriel, por la forma en que responde a una llamada telefónica, no hay dudas de que ‘trabaja’ preparando los pequeños envoltorios con cocaína fraccionada para su venta”.

Impacta el aporte del periodista Osvaldo Bodean sobre la utilización de niños en el tráfico de estupefacientes en Concordia.

—¿Qué pasó? -dice, ni bien atiende.

—¿Cuántos salieron? -le pregunta el hombre que dialoga con él.

—Estamos armando -responde.

Este diálogo que reproduce Bodean en el diario El Entre Ríos se puede escuchar por un enlace, incluso, en la nota, y en verdad que sorprende esa voz niña en el teléfono que pide un rato para la entrega.

“Que quede claro: no está ‘armando’ una maqueta para la clase de tecnología. Tampoco alguna casa con los ladrillitos. Gabriel está ‘armando’ paquetitos de ese maldito polvo blanco”, explica el periodista.

El miedo manda

La nota, ineludible a la hora de conocer el estado de las cosas en los barrios entrerrianos, se enfoca luego en una madre, de cuyo testimonio también aporta una grabación.

“La única verdad es la que se desespera por describir una madre que se animó a ir a Tribunales y entre lágrimas confesó su dolor porque no pudo evitar que su hijo más chico fuera captado por los narcos, mientras ella salía a trabajar varias horas por día para garantizar ropa y comida. Para esa mamá, frases como ‘la Justicia va a los barrios’ suenan a burlas. Su vecindario es el reino de lo contrario, de la injusticia, y se ha vuelto en su cárcel y su infierno en vez de ‘su lugar en el mundo’. Allí no manda el intendente, ni el gobernador, ni el presidente, ni el juez, ni el cura. Son los narcos y sus menores adictos ‘tira tiros’ los que, a base de inyectar dosis crecientes de miedo, manejan la calle”.

“Con la voz ahogada por la angustia y la impotencia, describe el mundo en el que intenta sobrevivir, un ‘mundo’ que -vale la pena repetirlo- está geográficamente ubicado acá a la vuelta. Su testimonio se resume en un desesperado pedido de auxilio”, dice Bodean y de inmediato la voz de la madre concordiense. “Necesito ayuda. No puedo más. No me puedo ir del barrio. Yo no tengo dinero. Ellos (los narcos) compran muchas casas, tienen 7 casas en mi barrio, en otros barrios tienen más… Hace 17 años que trabajo y cuando pude comprarme una moto me la robaron. No la pude recuperar nunca más. Ellos no han trabajado en su vida y tienen autos, casas…”.

Su relato, agrega el periodista, se vuelve aún más descarnado cuando describe a los chicos ‘zombis’ adictos: “Para ellos no son competencia los que consumen drogas, esos chicos zombis que están todo el día sentados en una esquina, que van a robar, que salen a cirujear, a vender cartón, para poder dejarle la plata a los narcos y al que se les rebela le hacen la vida imposible. La gente del barrio está vendiendo sus casas por menos que nada y se van, y ellos les compran y les dan a otras personas más humildes para que les cuiden esas casas y guardar la droga, porque tengo una vecina muy humilde y a ella le dieron una casa y ahí guardan droga. Así vivimos en nuestro barrio, esa es la triste realidad”.

Labor periodística

El relato de Osvaldo Bodean se sale de la llamada agenda oficial, que marca los temas del día repetidos por la prensa, y va al lugar que el poder prefiere ocultar. Otros periodistas como Daniel Enz de la revista Análisis y José Amado del diario UNO han mostrado la complejidad del entramado delictivo del narcotráfico y la política, con sectores de los partidos alternados en el poder involucrados (radicalismo, peronismo), y ramificaciones en diversas actividades. Incluido el fútbol.

“Es un drama gigantesco, amigo querido. Duele mucho”, nos comentó Bodean para sintetizar su percepción, metido como está en las investigaciones.

La causa tramita en las fiscalías auxiliares 1 y 4, a cargo de Francisco Azcue y Daniela Montangie respectivamente. “En el expediente salta a la vista un trabajo de investigación paciente y profesional acometido con la participación imprescindible de funcionarios policiales preparados y dispuestos. Los datos recopilados descubren el velo de lo que está sucediendo en la ‘Concordia profunda’, el ‘modus operandi’ del narcotráfico, la indefensión de los vecinos más vulnerables, la desesperación de padres que no saben cómo salvar a sus hijos, los chicos ‘tira tiros’ iniciados en el sicariato a cambio de dosis que calmen por algunas horas su adicción, el mercado de las armas y las municiones -tan grave como el de las drogas”, afirmó el profesional oriundo de Colón, y aclaró en su nota de El Entre Ríos que usó el nombre Gabriel, ficticio, para preservar la identidad.

“Ese niño de 13 fracciona cocaína mientras otros menores, entre 14 y 18, aparecen claramente identificados en esta investigación judicial-policial como el ‘brazo armado’ del narcotráfico. En su mayoría ya son adictos. Desesperados por conseguir unos pocos gramos de droga, ofician de ‘sicarios’, dispuestos a tirotear y matar si así se lo ordenan. ¡Y ya lo han hecho!”.

“Gabriel y estos adolescentes ‘ni ni’ captados por el poder narco no son actores de una serie de Netflix o de Amazon. No son colombianos, mexicanos o rosarinos. ¡Son pibes nuestros, de Entre Ríos! Luchan por sobrevivir matando y muriendo a algunos cientos de metros de nuestras casas. Esos chicos saben casi todo sobre cocaína, marihuana, armas de diversos calibres y balas y casi nada sobre literatura, matemáticas, geografía o biología”.

Muerte y más muerte

En la obra “Las cenizas del narco”, Daniel Enz advierte el flagelo en Paraná: “Sergio tenía 19 años. Lo mataron de tres balazos en la espalda en el barrio La Milagrosa. Estaba en la puerta de su casa. Ema (16) había ido a comprar una gaseosa. Lo acribillaron en la zona de Lomas del Mirador. A Yamil (18) le pegaron un tiro en la cabeza, en el mismo barrio. David (32) era remisero. Lo mataron los dos jóvenes (de 18 y 19), por la espalda, después que le pidieron que los traslade a la zona de Los hijos de María. Rodrigo (20) murió en un tiroteo desde dos autos. Efectuaron más de 40 balazos. Leandro (21) cayó muerto por otra bala que no lo dejó llegar hasta la escuela Esparza. Lo mataron desde una moto. Muerte y más muerte. Cada día, cada noche”.

“La clase política sigue ignorando el aniquilamiento de generaciones de pibes en por lo menos 20 barrios de Paraná y un número menor de distritos en Concordia, Gualeguaychú o Concepción del Uruguay”, alerta Enz, que publicó las obras Las cenizas del narco y Los hijos del narco, y luego junto a José Amado Territorio narco, y mostró vínculos partidarios y sindicales con el negocio de estupefacientes.

El santafesino Carlos del Frade, periodista y legislador, la cuenta del otro lado del charco y transcribe el relato de la vecina de Rosario llamada Natalia: “Se ven chicos de once o doce años con armas, metralletas, caminado por todos lados, vendiendo drogas en las esquinas. ¿Dónde está la policía, la seguridad para la gente? Los inocentes pagamos las consecuencias”.

Hay reclamos por mayor presencia policial. Del Frade señala una disyuntiva: “un ministro dijo que en los barrios donde se intervino de manera multiagencial, es decir que se invirtió en lo social configurando un estado virtuoso y cercano, los niveles de violencia urbana descendieron a casi cero. Hecho poco difundido pero que confirma que la seguridad no es hija de la mayor presencia de fuerzas policiales si no de la multiplicación de posibilidades de trabajo, cultura, educación, salud y alegría. Pero no tiene la escala que necesita la urgencia”.

Hizo la denuncia y no eludió el desfase: se ha subestimado (o alentado) el asunto durante muchos años, y por eso costará revertir el proceso. Lo notable: el avance del narcotráfico junto a los necesitados, en una de las ciudades donde la mayor riqueza circula por las autopistas y los puertos.

Del Frade entiende que en un territorio gobernado al mismo tiempo por peronistas, radicales, neoliberales y socialistas falta presencia del estado. Puede ser. Como puede ser que sobre, y que en verdad falten las relaciones comunitarias que el estado suele menospreciar. Mientras redactábamos esta nota se conoció el tercer caso de triple homicidio en Rosario en lo que va del año por conflictos vinculados al tráfico de drogas prohibidas. En los tres casos murieron niños.

Madres desesperadas, niños destruidos, barrios sumidos en el miedo, familias humildes desalojadas por los violentos, grupos con crecimiento patrimonial exorbitante, crímenes para el asombro, ríos de tinta para pintar un panorama aciago.

Rosario, Paraná, Concordia, y qué decir de Buenos Aires: los partidos de gobierno cambian y se acusan mutuamente, los poderosos se esfuerzan por los votos y la impunidad, los planes no dan respuesta adecuada, la droga avanza sobre la inocencia y muestra a los indigentes una ilusión de luz parecida a otras ilusiones de luz naturalizadas.

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