De la peña El Mangrullo en Rosario del Tala a su reciente debut cinematográfico, la vida de Inalina es un testimonio de vitalidad, elegancia y amor por las tradiciones
07:17 hs - Jueves 08 de Octubre de 2026
Inalina Uriarte de Cardoso recuerda como si fuera ayer el día que su maestra de primaria le encendió la chispa del amor por el arte. Fue con un gesto simple: le colocaba una pulsera de oro que engalanaba y resaltaba su presencia en las aulas de una escuela de Estación Solá, en el departamento Tala. Hoy, a sus 95 años, cualquiera que se la cruce por Santa Elena, localidad en la que actualmente vive, puede decir sin lugar a dudas que está en presencia de una artista. Y es que Inalina es una enamorada y representante de muchas artes: danza, moda, escultura, fotografía, literatura y actuación.
"El arte para mí es una composición que me llena toda el alma", dijo Inalina. Su vida comenzó en el pequeño pueblo del departamento Tala, donde creció en el seno de una familia numerosa de diez hermanos. De aquellos primeros años guarda recuerdos luminosos, en especial del aula de primer grado cuando apenas tenía siete años. Su maestra, atenta a su talento, visible ya a tan temprana edad, la convocaba de forma permanente para encabezar cada acto escolar y la apoyaba para que explore las distintas facetas artísticas. Entre los recuerdos escolares sobresale una anécdota entrañable que selló su amor por la belleza: “Era tan enamorada del arte que estaba enamorada de la pulsera de oro que mi maestra tenía. Entonces, ¿qué hacía? Ella cuando yo llegaba, se sacaba la pulsera y me la colocaba a mí. Me la prestaba. Y cuando terminaba la clase para irnos, yo se la entregaba”, contó a UNO. Aquel gesto de la maestra alimentó el sueño de ser artista, una meta que el tiempo se encargaría de cumplir con creces.
Profesora de danzas, diseñadora de modas, escultora, fotógrafa, escritora, sabedora y amante del arte en todas sus expresiones, a sus 95 años Inalina mantiene intacta la pasión que descubrió en su infancia. Entre la mítica peña El Mangrullo y su hogar actual en barrio CGT de Santa Elena, la protagonista de esta historia repasa una vida donde la creación nunca se detiene y la edad es solo un número. Su nombre completo es Inalina Uriarte de Cardoso, es mamá de Iris Malvina, Beatriz Antonia y María del Rosario. De voz dulce pero segura, las anécdotas se agolpan en su memoria con una nitidez asombrosa. Y no deja de planificar actividades.
Cuando vuelve a su pueblo natal sale con sus amigas, mientras tanto quiere reflotar la actividad de la peña El Mangrullo, y luego vienen las clases de canto, el baile, los trajes, en ratos libres garabatea escritos que terminan en cuentos y hasta canciones, exprime el tiempo y es tal su vitalidad que contagia, será por eso que su familia la acompaña en cada una de sus ocurrencias. La última, actuar en Buenos Aires, un sueño que la acompañaba desde chica. Interpretó a Lita, una elegante bibliotecaria que cumple 90 años y que, a partir de una situación de abandono familiar, queda sin hogar y debe enfrentarse a una nueva etapa de su vida. El cortometraje fue filmado en 2020 en Rosario del Tala, estrenado en 2022 y presentada en AreaTec, en Buenos Aires, el 28 de septiembre último.
Un alma que se transforma en el escenario
A sus 95 años, Inalina vive con la inquietud y la energía de quien recién comienza su carrera artística. Aunque la pandemia reubicó su cotidianeidad en Santa Elena junto a sus seres queridos, conserva intacta su casa, sus amistades y sus raíces en Rosario del Tala, ciudad donde su nombre es sinónimo de cultura. Cada jornada la encuentra activa: estudia, canta, baila, escribe cuentos que han sido publicados en la provincia y se viste a diario con la elegancia de peinetones, mantillas y sombreros traídos de diversas partes del mundo.
Al definir la fuerza que mueve su existencia, Inalina no duda: “El arte para mí es una composición que me llena toda el alma”. Cuando comienza a cantar, tocar un instrumento o marcar un paso de baile, se produce una metamorfosis absoluta donde el cansancio físico desaparece por completo.
Su filosofía creativa rechaza la imitación y abraza la originalidad pura: “No me gusta copiar. Todo inventado. Que me copien a mí no me interesa, pero copiar, no”. Bajo esa premisa, compuso canciones junto a profesores de música, escrito relatos y diseñado vestidos únicos durante décadas.
"El Mangrullo": 54 años de docencia y pasión ad honorem
En 1965, Inalina dio origen a uno de sus proyectos más queridos: la Peña "El Mangrullo" en Rosario del Tala. A lo largo de 54 años, enseñó danzas folklóricas, tango, recitado y zapateo de manera totalmente ad honorem, abriendo las puertas a jóvenes y adultos de toda la región sin cobrar jamás una cuota.
Con "El Mangrullo", Inalina recorrió escenarios icónicos. En la década de 1970 obtuvieron el segundo puesto en el certamen Pre-Cosquín y se presentaron en los estudios de Argentina Televisora Color (ATC) en Buenos Aires, compartiendo almuerzos en los patios del canal. También llevaron la danza al Encuentro Provincial de Folklore en Villaguay, donde la delegación vivió un momento inolvidable al obtener el premio máximo.
Ante el desencanto inicial de algunos jóvenes que anhelaban premios individuales, Inalina impartió una lección de vida: “Yo le dije: 'Querido, nos ganamos el premio a la mejor delegación. ¿Qué más lindo quieren que ser premiados todos?'”.
Incluso en años recientes, la danza no se detuvo. En 2019 viajó a Montevideo, donde compitió y obtuvo galardones por categoría de edad. Más tarde, tras el estreno de un cortometraje realizado por un exalumno talense, Inalina deslumbró bailando tango en pleno Caminito, en el barrio porteño de La Boca.
Una casa habitada por esculturas, instrumentos y trajes de época
El hogar de Inalina es la prueba tangible de su prolífica trayectoria. Además de graduarse como maestra, se formó como profesora de artes visuales con especialidad en escultura, llenando cada rincón con sus producciones. Su afán de aprendizaje la llevó también a estudiar fotografía y a obtener una medalla de oro en diseño de modas y corte y confección mediante estudios por correspondencia.
En las habitaciones convive una impresionante colección de instrumentos musicales: piano, acordeón, violín, guitarra, órgano y el bombo con el que su peña fue premiada en la capital. Esta pasión por la cultura se complementó con un profundo espíritu viajero. Tras jubilarse junto a su esposo, recorrieron la Argentina de punta a punta. Como solía remarcar Inalina sobre aquel periplo patrio: “Vamos a conocer nuestra Patria y después el resto del mundo. Hay que conocer lo nuestro”, expresó en diálogo con UNO.
Cumpleaños de cien invitados y el baile de las generaciones
Cada 15 de enero, el cumpleaños de Inalina se transforma en un acontecimiento social que reúne a más de cien personas. En una de estas celebraciones, organizó un desfile de modas con las piezas históricas confeccionadas para su peña: trajes brillantes llenos de puntillas y encajes que desfilaron sus vecinas y amigas.
La música y el afecto familiar constituyen el motor central de su vida. En sus reuniones no faltan las guitarradas, el piano y los bailes compartidos. En una de sus últimas fiestas, la pista se colmó cuando sus nietos, bisnietos e incluso su tataranieta se unieron para bailar una zamba en su honor. El acompañamiento incondicional de su familia y de sus nietos (quienes la trasladan entre Paraná, Tala, Santa Elena y Buenos Aires) le permite mantenerse presente en cada proyecto cultural que emprende.
Al ser consultada sobre si le queda algún anhelo pendiente tras una vida tan plena, Inalina sonríe con la mirada puesta en el horizonte: “Siempre queda algo por hacer, a pesar de los 95 años que tengo, a Dios gracias”.
Viejos son los trapos: el cine independiente que da voz a los adultos mayores
El impulsor cultural Ezequiel Arredondo (actor, guionista, productor y comunicador), junto a Paulo da Silva, dieron vida en Rosario del Tala al cortometraje Viejos son los Trapos, una sensible pieza audiovisual independiente sobre las vivencias y desafíos de la vejez.
En diálogo con UNO Arredondo explicó que a través de una narrativa de profundo impacto social, la obra invita a reconsiderar el lugar que ocupan nuestros adultos mayores y a celebrar la vigencia inagotable de sus anhelos.
Rosario del Tala se convirtió en el escenario y motor de una obra que reivindica el valor del cine regional como herramienta de concientización social. Concebido y producido en la etapa prepandemia bajo la producción de Ezequiel Arredondo en un trabajo conjunto con Paulo da Silva, el cortometraje Viejos son los Trapos nació del compromiso ético y artístico por visibilizar realidades complejas que a menudo quedan relegadas en las grandes producciones comerciales. Desde la autogestión y la cercanía comunitaria, este proyecto audiovisual independiente logra plasmar con honestidad y sensibilidad una mirada profunda sobre la tercera edad, demostrando el poder transformador de la narrativa cinematográfica local.
El alma del cortometraje reside en la interpretación de la actriz Inalina Uriarte de Cardoso, quien encarna a Lita, la entrañable protagonista de este drama social. A través de su composición, la obra nos presenta a un personaje luminoso cuya energía desafía las visiones estereotipadas sobre la senectud.
Se trata de una mujer de 90 años desbordante de vitalidad y con una personalidad sumamente vivaz. Apasionada del saber, se desempeña activamente en una biblioteca, disfruta de salir a pasear por las calles de su comunidad y atesora profundamente los momentos compartidos con su familia.
Sin embargo, el relato adquiere una intensidad dramática estremecedora cuando la calidez de su rutina se quiebra intempestivamente. Tras la alegría de un festejo sorpresa en su honor, al día siguiente Lita es víctima del despojo y desalojo de su propio hogar por decisión de una de sus hijas, quien de manera drástica opta por dejarla abandonada en un geriátrico. El drástico contraste entre la plenitud vital de Lita y el dolor de la institucionalización forzada constituye el núcleo emocional de la propuesta.
Lejos de permanecer como un drama individual, la historia de Lita funciona como una potente radiografía social que interpela de manera directa al espectador. El relato expone una dolorosa y vigente realidad que atraviesa a numerosas familias tanto en la Argentina como a escala global: la marginación, el desarraigo y el abandono afectivo de los adultos mayores dentro de su propio entorno cercano.
Viejos son los Trapos contrapone a la dureza del conflicto una premisa enriquecedora: los años no representan un impedimento para la realización personal ni extinguen la capacidad de soñar. La producción sintetiza su propósito transformador en un lema fundamental: "Nunca es tarde para poder cumplir los objetivos y los sueños."
El cortometraje se puede ver de manera libre y gratuita en la plataforma YouTube buscando el título: "viejos son los trapos cortometraje".