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Hogar San Vicente de Paúl, 125 años de labor solidaria

En la institución, gestada y administrada por la Sociedad de Damas Vicentinas, residen casi 50 mujeres de edad, que reciben cuidado y cariño, hoy en aislamiento

Miércoles 24 de Junio de 2020

En Paraná, el hogar San Vicente de Paúl, que alberga a mujeres de la tercera edad que ya no están en condiciones de vivir solas o con sus familias, cumplió 125 años.

El personal del lugar anunció este aniversario con un cartel colgado en la puerta durante el día, en el que estuvieron plasmadas con pintura las siluetas de las manos de quienes residen en el lugar: actualmente la más joven tiene 68 años, y la más longeva 97.

Integran la población de mayor riesgo si se contagian de coronavirus y desde el 18 de marzo no puede ingresar nadie que no pertenezca al establecimiento, así que esta vez no podrán hacer ninguna reunión para celebrar.

Solo entra el personal y un kinesiólogo que va dos veces por semana respetando a rajatabla los protocolos, para que las usuarias del hogar hagan alguna actividad física o la que precise; reciba rehabilitación por alguna caída o un accidente cerebrovascular (ACV).

En la institución hay 49 camas, y por lo general siempre está el cupo completo. Sin embargo, ahora son 47, según contó a UNO Silvia Farías, una de las enfermeras que trabaja en el Hogar desde hace una década, quien señaló que cuentan con una pieza de aislamiento para quienes están hospitalizadas.

Está presente al menos una enfermera en cada turno, son tres o cuatro mucamas y hay otras personas que se encargan de bañar a las “abuelas”, como llama cariñosamente Silvia a las mujeres a las que acompaña cada día. Con una marcada vocación de servicio, quienes se desempeñan en estas labores se ocupan hoy, más que nunca, de acompañarlas, ya que desde hace más de tres meses no pueden recibir la visita de sus familiares y extrañan los abrazos, los besos, las charlas presenciales con sus seres queridos.

Silvia y sus pares conocen a las internas del hogar y saben a cuáles de ellas las puede afectar emocionalmente estar en contacto con alguno de sus allegados. En este sentido, contó: “A las que sabemos que no van a entrar en crisis cuando vienen los familiares a alcanzarles algo, las dejamos que las saluden desde las rejas, pero siempre manteniendo la distancia”.

Las videollamadas con el celular son un recurso al que también pueden recurrir algunas de las “chicas” –como también las llama Silvia– para estar cerca de su gente. “Es toda una novedad para ellas, porque verse en la cámara les llama la atención”, comentó, y acotó entre risas: “Las hijas de Amelia, la abuela de 97 años que tenemos, están en constante contacto, muy presentes, y la vienen piloteando así. Un día, mirando el celular, Amelia me preguntaba quién era esa persona tan arrugada que aparecía en la pantalla, y le conté que era ella. No le prestaba atención a la hija por mirarse, y le dije que no se preocupe, que cuando todo esto pase nos vamos a ir las dos a hacernos un lifting. Con ella siempre nos reímos, es una genia”.

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“Hace 28 años que soy enfermera y hace 10 que trabajo acá”, confió Silvia, pero la emoción le arrebató la voz durante unos segundos. Cuando se repuso, aseguró: “Cuando vine a trabajar acá, pensé en probar y si no me sentía cómoda me iba. Pero en este Hogar le encontré el eje a mi profesión. Me cambió un 100% la vida, es algo que no se puede explicar con palabras”.

Las abuelas se levantan temprano y después de desayunar algunas tejen para entretenerse. “Siempre hay alguien que nos trae lana. Hay una que teje para el hospital San Roque y otra para el Amparo Materno de calle Laprida”, refirió Silvia con ternura, a la vez que indicó: “Yo uso una cofia que me hizo una de ellas”.

Durante el día varias toman mate, cada una con su equipo. Hay quienes miran alguna película en televisión, otras que pintan, y van pasando el tiempo que les toca estar lejos de sus lazos de sangre durante la pandemia. “Con mirarles la cara uno ya se da cuenta de que extrañan a su familia”, analizó la enfermera.

Desde el 20 de marzo tampoco reciben la visita de Rita Devetac, la presidenta de a Sociedad de Damas Vicentinas, entidad que gestó esta encomiable obra, que comenzó mucho antes del 25 de junio de 1895: “Esa fecha obtuvieron la personaría jurídica, según consta en el acta, que es la única prueba escrita que tenemos de los comienzos, pero sabemos que varios años antes hubo un grupo de damas que se juntaba, supongo que a tomar el té y a jugar a las cartas, que empezaron a ayudar y luego decidieron transformarse en una institución”, comentó a UNO Rita, quien explicó que a sus 80 años su médico le indicó que no salga, porque también forma parte del grupo de riesgo ante el Covid-19.

En sus inicios, el asilo comenzó a funcionar en otro inmueble, y fue después de 1937 cuando María Nicocia Pauma de Federik donó un terreno en avenida Zanni 1011, donde está el hogar en la actualidad.

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“El hogar transita ya un tercer siglo: nació en el XIX, estuvo todo el siglo XX y ahora cursamos el siglo XXI. Cumplió 125 años de labor ininterrumpida, y eso es fruto de grandes sacrificios de varias generaciones de señoras”, expresó Rita, y bromeó: “Queremos aclararle a la gente que no somos nosotras las que cumplimos 125 años”.

A su vez, recordó que este aniversario coincide con el cumpleaños de Paraná y remarcó: “Queremos que sigan conociendo el trabajo que se hace en el hogar San Vicente de Paúl, una institución muy prestigiosa. Y si bien este aniversario se puede ver opacado por todo esto que está pasando, no interesa: en nuestros corazón late el amor por el hogar y es lo importante. Ya festejaremos cuando se pueda, mientras tato seguiremos cumpliendo nuestra misión principal, que es el cuidado de las ancianas”.

En su caso, hace 16 años que está al frente de esta institución, y si bien le gustaría que otra persona ocupe ese lugar, observó: “Es difícil que alguien acepte, porque es mucho trabajo y es ad honorem”.

A su vez, rememoró sus primeros pasos: “En poco tiempo perdí a mi esposo y a mi mamá. Me quedó mi papá de 93 años, que sobrevivió tres años más después de eso. En ese tiempo escondí mi duelo, y cuando él falleció, yo iba por la calle y lloraba. Una amiga me invitó a ayudarlas en el hogar, diciéndome que con lo que yo amaba a mis viejos me iba a gustar. Empecé a ir y me fui poniendo la camiseta, y me acuesto todas las noches con la tranquilidad de ser útil a quienes están desamparadas, desprotegidas, muchas veces sin el amor de su familia”, afirmó.

En el hogar son prestadores de PAMI y si hay residentes que no tienen acceso a esta obra social, de todas maneras son admitidas con un ingreso que es mínimo.

Por último, agradeció a quienes trabajan y colaboran con la institución: “Las empleadas son quienes realmente llevan adelante el hogar. Yo no puedo ir desde el 20 de marzo y el hogar sigue funcionando tal cual. Ellas tratan de cuidar al máximo a esas 49 cabecitas blancas que tenemos ahí. Y quiero agradecer a la gente que siempre nos ayuda”, concluyó.

Quienes desee hacer donaciones de pañales u otros elementos, puede acercarlos a la institución (por protocolo se reciben en la entrada). Y aquellas personas que quieran asociarse con una cuota mensual de 100 pesos para sostener la obra, se pueden comunicar al teléfono (0343) 4363849.

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