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Gualeguay: pistas de la Capital de la Cultura de Entre Ríos 

Vio nacer a Juanele, Villanueva, Barrandeguy, Mastronardi y tantos más. ¿Qué historias guarda Gualeguay, este enclave de arte y pensamiento universal?

Sábado 13 de Noviembre de 2021

Si uno llega a Gualeguay por la ruta 12, desde el norte, se encuentra con el cartel a mano derecha. Letras blancas, fondo verde: Ley Provincial N° 10351. Gualeguay “Capital de la Cultura de Entre Ríos”. Hace casi siete años, el 3 diciembre de 2014, cuando la Legislatura entrerriana aprobó la declaración, la mayoría de las personas que se evocan como fundamento para semejante afirmación ya habían muerto.

Escribe: Santiago J. García (especial para UNO)

No sería una novedad decir que los reconocimientos suelen llegar tarde. De todas formas, las obras de quienes se eligió destacar oportunamente tienen una enorme vigencia y han servido como inspiración para generaciones de artistas de diversas latitudes, no sólo de nuestra provincia. Mientras se debatía en ambas cámaras la declaración, los legisladores destacaron: “En la ciudad de Gualeguay se da la misteriosa conjunción de reunir un nutrido ramillete de gente que ha trascendido las fronteras provinciales”.

Será interesante indagar sobre ese supuesto misterio. A su vez, vamos a evocar a las y los artistas a través de su obra. Ahora bien: ¿de quiénes estamos hablando? Juan L. Ortiz, Carlos Mastronardi, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Juan Bautista Ambrosetti, Amaro Villanueva, Isidro Maizteguy, Derlis Maddoni, Emma Barrandeguy, Alfredo Veiravé, Juan José Manauta, Leoncio Gianello, Roberto “Cachete” González, Antonio Castro, Adolfo Cosso, Humberto Vicco. En la declaración se afirma que estos son los notables.

No vamos a hacer una colección de biografías. Lo que sí podemos hacer con esta lista es un par de análisis preliminares. Como signo de una época pasada, la mayoría son hombres. Entre estos nombres, se destacan las letras, la pintura y las artes plásticas. Ahora sí, dejemos de lado el misterio y vayamos contestando un par de preguntas para comprender por qué–más allá de una iniciativa legislativa- esta ciudad del sur entrerriano es tan reconocida por sus aportes culturales a la región, el país y, en algunos casos, el mundo.

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¿Por qué Gualeguay?

Roberto Romani, gestor cultural, periodista, poeta, cantante y conocedor de la cuestión, hace 15 años, en una entrevista a la revista Río Bravo daba sus razones para explicar la supremacía cultural de Gualeguay: alegaba el magnetismo del paisaje y la influencia del Puerto Ruiz durante el siglo XIX.

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En relación a la primera de las causas, podemos citar una anécdota que ilustra esta cuestión. Una tarde, hace casi 100 años, Juan L. Ortiz y Amaro Villanueva fueron a pasear al Parque Quintana de Gualeguay (cuya fisonomía agreste nada tenía que ver con lo que hoy podemos encontrar allí). Cuando caía la noche, Juanele le dijo a su amigo: “No salgamos del Parque todavía”. Amaro, encantado con la frase, lo comprometió a que cada uno de ellos escribiera un soneto con ese primer endecasílabo, y así lo hicieron tiempo después. Juanele esbozó: “No salgamos del Parque / Hasta la más humilde hierba está cómo transida / de esta delicia clara y extasiada”. Amaro no se quedó atrás: “Recorrimos soñando los caminos / de la glauca sauceda y de los pinos / que se dan cita con la luna pálida”.

Esta relación mimética con el paisaje, que la crítica suele atribuir a Juanele, es una constante en la mayoría de los artistas gualeyos.

Respecto a la segunda cuestión referida por Romani hay que recordar que en Gualeguay se redactó el primer documento que le pone nombre a “Entre Ríos”, fue la primera ciudad fundada de la provincia y la que dio los primeros gobernadores. El hecho de que hoy sea la quinta ciudad en población nos puede hacer olvidar estas cuestiones.

Claudia Rosa, quien fuera docente de la UNER y también especialista en cultura entrerriana, en su texto introductorio a las Obras Completas de Amaro Villanueva, lo deja en claro: “Hacia el 1900 -fecha en que nace Villanueva- las familias más ricas de la zona – que es decir la parte importante de la ganadería provincial que aún tenía capacidad de competencia con la provincia de Buenos Aires – toman parte activa en las disputas de poder en el orden nacional (…) La tradición intelectual entrerriana hasta esos días no sentía que tenía que pasar por Buenos Aires para aggiornarse”. Las situaciones económica y política de la región cobijaron a esta comunidad de artistas, intelectuales y bohemios que hoy destacamos.

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Ernesto Hartkopf fue una suerte de “mecenas pobre”, que tuvo una librería (El rincón de Kopf) con el funcionamiento propio de un centro cultural. En sus Cronosíntesis, Emma Barrandeguy le dedica dos notas. Allí nos cuenta: “Es apenas un joven con un puñado de libros cuando abre su primer ‘boliche’ en la calle San Antonio en el año 1931”. También lo destaca en su rol de editor: “fue quien me impulsó a editar mi primer libro y juntos lo imprimimos en hojas de papel Canson de diferentes colores”. Luego de señalar sus ideas firmes, “que hoy diríamos socialistas”, Emma resalta el aporte que Hartkopf hizo a la cultura de Gualeguay: “Era un hombre que estaba siempre en la vanguardia, tanto en literatura como en pintura, en hermosas artesanías, en el surgir de voces y pinceles, en las personas que frecuentaban su librería. El primer Cachete y el primer Castro se me hicieron conocidos por su intermedio”. Y cierra: “Le debemos muchos homenajes para continuar recordándolo como un hombre excepcional en su generosidad, su lucidez, su incansable actividad en pro de la cultura”.

Como bien señala Emma, las primeras exposiciones de Roberto “Cachete” González, Antonio Castro y DerlisMaddoni, fueron realizadas en el Rincón de Kopf. Antes de morir, Hartkopf donó su casa a la Sociedad de Escritores de Gualeguay (SEGuay), que hasta el día de hoy ocupa dicha sede.

Además de este espacio central para el acceso a la cultura de los grandes referentes de Gualeguay, se debe mencionar a la Biblioteca Popular fundada por la Sociedad de Fomento Educacional en 1891, que luego fue bautizada Carlos Mastronardi.

De las “Memorias de un provinciano” del propio Mastronardi podemos conocer algunos detalles interesantes sobre el funcionamiento de dicha institución. Allí se conocieron con Juanele y empezaron a involucrarse en la dirección de la biblioteca: “En dos ocasiones integramos con Ortiz la comisión de aquélla. Y si en los altos anaqueles se advirtieron los signos de una renovación alentadora, ello se debió a su espíritu emprendedor y abierto”, recuerda el autor de “Conocimiento de la noche”.

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Además de la compra de libros, organizaron numerosas charlas con escritores de la corriente denominada Martín Fierro. Sin embargo, estas ideas progresistas no fueron bien recibidas por toda la ciudad. “Según los más temerosos (…) estábamos llevando adelante un plan revolucionario, cuya primera etapa consistía en desviar a la juventud del recto camino”, cuenta con ironía Mastronardi. Finalmente, fueron expulsados de la comisión por intermedio de la Iglesia Católica. Mastronardi volvió a Buenos Aires, y Juanele (luego de jubilarse en el Registro Civil de Gualeguay) se radicó en Paraná.

Estas que enumeramos (y otras tantas) son las causas que hicieron posible que Gualeguay fuera un centro de referencia cultural para la provincia.

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Puentes y amistades

Un elemento que queremos destacar es la estrecha relación de amistad e intercambio que hubo entre estos gualeyos notables. Como parte de su monumental investigación sobre la costumbre matera, Amaro Villanueva publicó una obra llamada “El mate a través del arte”. En ella contó con la participación de los pintores Carlos Alonso, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, entre otros, y de su coterráneo Roberto “Cachete” González (‘Carnaval y mate’ se llama la obra que pinta exclusivamente para esa publicación).

Las obras completas de Villanueva se abren con un texto de Juan José Manauta denominado ‘Maestro’. Emma Barrandeguy escribe ensayos sobre Mastronardi, comenta publicaciones de Veiravé, traza perfiles sobre Antonio Castro (Recuerdo un día cualquiera en que voy hasta la humildísima casita de Castro, en la que casi no hay sillas ni nada en lo que uno pueda sentarse: son todos cuados alrededor y un banquito para los retoques”). Juanele le escribe cartas a Emma que suele cerrar con la frase: “Con los cariños de los míos”. Mastronardi los evoca a todos en sus memorias. Y así sucesivamente.

“Los aventados”

En la novela de Juan José Manauta que se llama “Los aventados” se relata el éxodo de una familia de campesinos de Gualeguay que son expulsados y se trasladan por necesidad a un conventillo de Buenos Aires. Más allá de la notable actualidad del texto (trata temas como la desocupación y el aborto), queremos destacar que representa una gran metáfora de lo que pasó con gran parte de las y los artistas de Gualeguay.

Algunos fueron expulsados, otros debieron mudarse por necesidad o cansados de la incomprensión.

Emma Barrandeguy se fue a Buenos Aires, Amaro Villanueva también terminó sus días en la Capital, después de pasar primero por Paraná. Juanele luego de jubilarse se fue a Paraná. Mastronardi también vivió gran parte de su vida en Buenos Aires. Lo mismo sucedió con Manauta. Y sigue la lista.

De todas formas, otro signo distintivo es que en sus obras se percibe que quedaron “enganchados” con Gualeguay y su paisaje. Como dijimos al principio de la nota, el reconocimiento les llegó un poco tarde. Y hasta el día de hoy, gran parte del patrimonio arquitectónico e histórico que podría servir para homenajearlos, no es aprovechado. La casa de uno es un almacén, la de otro fue derrumbada, otra se cae a pedazos. Y así.

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Los corsos de antes y los de ahora

Más allá del auge que están teniendo algunos de los artistas mencionados en estos tiempos (en especial, Juanele y Emma), como cierre queremos decir que Gualeguay siguió y sigue siendo cuna de grandes artistas. La semilla que sembraron las y los “notables” dio sus frutos. Dar nombres y cometer omisiones sería injusto.

Yendo al aspecto más actual y “localista” vale destacar una manifestación cultural que, lejos de haberse conservado en su estado original, ha crecido y ha mutado con el correr del tiempo. Estamos hablando de los corsos, que tienen más de un siglo de historia en Gualeguay.

Mastronardi los evoca en sus memorias antes citadas: “La paz de las calles y de las almas era jubilosamente turbada por los festejos de carnaval. El pueblo tenía entonces su buena semana de paganismo inocente". Cabe recordar que, por entonces, el desfile se realizaba sobre calle San Antonio, la arteria principal de la ciudad, ya que no existían todavía los corsódromos y las estaciones del ferrocarril se utilizaban aún para los trenes. En las crónicas periodísticas del año 1913 se lamentaban porque “el corso haya tenido que suspenderse muy temprano todas las noches, debido al incontenible deseo de jugar con agua. En ese sentido, el excesivo entusiasmo vino a perjudicarlo”.

Cuando la pandemia lo permita, seguramente, el entusiasmo para jugar con espuma será similar. Eso sí, no habrá suspensiones por tan poca cosa.

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Gualeguaychú es Carnaval: Papelitos.

Gualeguaychú es Carnaval: Papelitos.

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