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Gisela Ascaino sigue de misión en Perú, mientras espera por ser repatriada

En enero de 2019 llegó a los Barrios Altos de Lima para iniciar el voluntariado. El Covid-19 trastocó el regreso a su Rosario del Tala natal.

Miércoles 03 de Junio de 2020

Cuando en enero de 2019 partió rumbo a los Barrios Altos de Lima (Perú) donde iba a misionar por el término de 13 meses, Gisela Ascaino no imaginó que una pandemia iba a cambiar los planes de su apostolado y a extender su estadía un poco más.

Oriunda de Rosario del Tala, forma parte de la asociación Puntos Corazón Argentina, que tiene casas en todo el mundo y jóvenes argentinos llevando adelante su trabajo pastoral.

Profesora de Matemáticas y catequista, Gisela dialogó con UNO desde el voluntariado donde se encuentra pasando la cuarentena y a la espera de volver cuando estén dadas las condiciones. “No tengo un vuelo definido, estoy pendiente de la Embajada cada día. Me incluyeron en el censo de los argentinos en Perú, pero como deben priorizar a aquellos que se encuentran sin alojamiento, a los mayores y familias con niños y además tienen en cuenta primero a los que han llegado entre febrero y marzo, se me ha hecho difícil ingresar en la lista de los repatriados hasta el momento. En mayo venció mi permiso de residencia. Estoy a la espera de un lugar en vuelos de repatriados, cuando Dios quiera. Mientras tanto sigo compartiendo muchos momentos significativos en la misión junto a mi comunidad”, manifestó vía correo electrónico.

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Gisela tenía que regresar a fines de abril, pero el vuelo se canceló por el cierre de fronteras.

“Desde que comenzó la cuarentena nuestra manera de vivir la misión cambió, porque ya no podemos recibir a los niños por las tardes en la permanencia ni visitar personalmente a los amigos en el barrio. Ante estos cambios nos propusimos armar una caja de intenciones y colocarla en la ventana de la capilla, también solemos escribir un cartel con frases del Evangelio o de algún santo para animar a nuestros vecinos”, describió la misionera entrerriana que agregó: “Le dimos, a algunas familias bolsitas con propuestas de manualidades para que los niños hagan en sus casas y puedan estar entretenidos”.

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Cuando en enero de 2019 Gisela (remera azul) partió rumbo a los Barrios Altos de Lima (Perú) donde iba a misionar por el término de 13 meses, no imaginó que una pandemia iba a cambiar los planes de su apostolado

Cuando en enero de 2019 Gisela (remera azul) partió rumbo a los Barrios Altos de Lima (Perú) donde iba a misionar por el término de 13 meses, no imaginó que una pandemia iba a cambiar los planes de su apostolado

Como en muchas ciudades, la economía de las familias es el tema más preocupante. “Para las familias muy numerosas es realmente difícil permanecer todo el día encerrados en sus casas pequeñas. Nos enteramos de amigos que al no poder trabajar ya casi no tenían para comer y no estaban incluidos en los bonos del gobierno. Por un lado nuestra misión no es cubrir las necesidades materiales, sino en la amistad y el acompañamiento, por eso son tan importantes las permanencias con niños, las visitas a las familias y la oración. Pero nada de eso estaba siendo posible y muchos de los amigos necesitaban una ayuda diferente. Entonces contactamos a conocidos que podían realizar donaciones y nos encargamos de pasar las direcciones con sus nombres para que lleguen las provisiones”, destacó.

Junto a Gisela se encuentra una voluntaria santafesina, que llegó en enero. Macarena estudió Bellas Artes. “Ella nos guió para pintar un bello paisaje peruano, con mucho color, en una de las paredes de la sala de permanencia, donde recibimos a los niños. Marie Liesse, otra hermana de comunidad, tuvo la genial idea de armar una pequeña casita para los niños. Cuando salíamos a hacer las compras aprovechábamos a traer los cajones de frutas que encontrábamos en alguna esquina y a veces solemos pedir a los vendedores de frutas. Otra cosa que hicimos, sobre todo con ayuda de Amaella, otra hermana de comunidad, es cantar, practicar como coro. Comenzamos a prepararnos para Semana Santa y Pascuas, para algunas fechas especiales, para regalarle a Jesús nuestro canto. Nunca había cantado tanto en mi vida”, relató sobre los días de encierro.

Atenta al compromiso de fe que asumió al decidir integrar la misión, Gisela reflexionó: “Este tiempo, en lo personal, me permitió encontrar más a Dios y con eso más a mis hermanos de comunidad, más a los amigos en la oración, más a mí misma”.

La Salud peruana colapsada

Según informan los medios peruanos, los hospitales colapsan por escasez de camas y tanques de oxígeno. Esto lleva a que las personas que puedan estar contagiadas con coronavirus tengan que regresar a su domicilio. Dado que la enfermedad es grave, muchos fallecen en sus casas y no son contabilizados.

Lima registra 1.786 fallecidos por coronavirus, el 38% de los 4.634 contabilizados a nivel nacional hasta el 31 de mayo, pero tiene otras 10.000 muertes sospechosas e inusuales, por encima de las cifras habituales de años anteriores.

“El incremento de muertes en el Perú se sigue acelerando. De acuerdo con el Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef), en mayo en todo el país fallecieron 23.351 personas, 14.414 más que en ese mismo mes de 2019 (8.937).

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