La Provincia

Gabriela, una mujer valiente que tiene voluntad de hierro

Trabaja, estudia y practica muchos deportes. Tiene 37 años y hace 15 perdió parte de la pierna derecha en un accidente de tránsito. Superó esa crisis y vive la vida sin límites. Buceó con UNO

ltosolino@ uno.com.ar

 

“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo y a la vuelta contó que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Dijo que somos un mar de fueguitos”, relata el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano en El libro de los abrazos en un cuento que se titula El mundo. Esta metáfora es hermosa. Pensar en que cada persona brilla con luz propia entre todas las demás es algo fabuloso.

“No hay dos fuegos iguales”, explica Galeano y agrega: “Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.

Esto sucede cuando uno se acerca a Gabriela Castillo, se enciende, encandila y deslumbra por su emotiva historia de vida. Una historia que inspira y sirve como ejemplo para aquellos momentos en que tropezamos y necesitamos volver a levantarnos.

 

La vida, un subibaja

Se puede imaginar la vida como un subibaja constante, como una montaña rusa de emociones. A veces estamos arriba, en el cenit de la alegría, y al segundo siguiente abajo, en el infierno de Dante Alighieri. Pero lo importante de todo esto, es mantener el optimismo y saber que “siempre va a estar todo bien”. Así lo afirma Gabriela, quien es de Paraná y a sus 37 años, sabe más que nadie lo que es pasar del subsuelo de un edificio a la azotea.

Hace casi 15 años, Gabriela fue víctima de un grave accidente de tránsito, por el que tuvieron que amputarle la pierna derecha, debajo de la rodilla. Se sometió a duros y prolongados tratamientos en centros de rehabilitación de distintas ciudades; estuvo bajo la supervisión de equipos multidisciplinarios de profesionales y, a pesar de todas las adversidades, supo seguir adelante.

Actualmente Gaby, como la llaman sus afectos, combina en su rutina diaria trabajo, estudio, distintas actividades físicas y proyectos de inclusión para personas discapacitadas. “No voy a decir que sea sencillo, pero hay que hacer que lo imposible se vuelva posible y que cuando una puerta se cierra, otra se abra”, afirmó Gaby a UNO acerca de su filosofía de vida.

 

El tropezón

El 4 de octubre de 2000 Gabriela se desempeñaba como azafata en una empresa de transporte de pasajeros de larga distancia y, cuando el ómnibus en el que prestaba servicios chocó contra un monumento de Cristo en una ruta de Córdoba, ella sufrió graves heridas. “Dentro de todas las cicatrices que me provocó el accidente, perder parte de la pierna derecha fue la peor. Tuve que operarme varias veces y hasta el día de hoy sigo con operaciones y rehabilitación”, relató Gabriela, y explicó que luego del accidente, los primeros cinco años fueron los más difíciles, “me dolió muchísimo poder caminar. Me costó adaptarme tanto a la idea de que me falte parte de una pierna, como salir a la calle y que la gente me mire de manera diferente”.

Al respecto apuntó: “Hay muy poca inclusión y accesibilidad. La sociedad no está informada y, a veces, esto pasa a ser discriminación. Hay leyes que no se cumplen y, por lo tanto, uno debe adaptarse a la ciudad cuando en realidad la ciudad debe ser de fácil circulación para todos. Es ahí cuando te sentís diferente, discapacitado”.

 

Abriendo puertas

La mujer de 37 años contó que ahora está abocada a llevar adelante un proyecto para que “las personas con discapacidad puedan vivir la vida sin miedo y puedan hacer lo que quieran sin barreras”. “Si bien el proyecto no está terminado y aún es un borrador, la idea es crear un centro para poder ayudar y capacitar a personas con discapacidad para que se inserten en el campo laboral, en donde se las incentive para que trabajen o estudien o practique algún deporte”, señaló, y continuó: “Quiero lograr que la persona discapacitada puedan tener un ingreso económico digno, se sienta útil y le saque provecho a sus habilidades. La propuesta sería lograr un espacio en donde se sientan incluidas y se las prepare para el campo laboral, se les reciba un CV y se les dé la información necesaria acerca de ofertas laborales. Quiero lograr la inclusión”.

Sobre esto, en Argentina existen dos leyes acerca de los derechos de las personas discapacitadas en el campo laboral. Está la Ley Nº 25.689 Sistema de protección integral de los discapacitados (que modifica la Ley N° 22.431) y la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad y su protocolo facultativo, que es la Ley Nº 26.378.

“Ingresé a trabajar en el área de transporte del Ejército por medio de estas leyes”, explicó Gabriela, y prosiguió: “Hasta antes del accidente en colectivo era azafata, a los dos años del trágico hecho, la empresa me despidió y recién a los 10 años me jubilaron porque estaba incapacitada. Pero era joven, no quería quedarme en mi casa sin hacer nada; así que empecé a buscar trabajo hasta que di con un puesto en el Ejército y desde mayo de 2014 que estoy en él”.

El artículo 8 de la Ley Nº 25.689 indica: “El Estado nacional —entendiéndose por tal los tres poderes que lo constituyen, sus organismos descentralizados o autárquicos, los entes públicos no estatales, las empresas del Estado y las empresas privadas concesionarias de servicios públicos— están obligados a ocupar personas con discapacidad que reúnan condiciones de idoneidad para el cargo en una proporción no inferior al cuatro por ciento (4%) de la totalidad de su personal y a establecer reservas de puestos de trabajo a ser exclusivamente ocupados por ellas”.

Al respecto Castillo señaló: “Es importante que se conozca esta ley, ya que es un derecho que tenemos los discapacitados. Por eso quiero llevar adelante el proyecto que tengo planteado, para que las personas discapacitadas se informen y así puedan trabajar, incluirse en la sociedad”.

Gabriela mostró su interés por la idea de difundir y de dar a conocer los derechos de los discapacitados: “Ahora estoy haciendo todos los trámites para estudiar Relaciones Públicas en la Universidad Siglo XXI junto al Instituto Autárquico Becario Provincial, para que me ayuden económicamente; porque mi idea es dar conferencias que animen a las personas como yo a que trabajen, estudien y hagan deporte. Quiero darles el valor para que sepan que si quieren, pueden. Que se trata de ganarle al destino”.

La mujer explicó que ella busca “hacer precedentes, dar el ejemplo” desde su lugar como discapacitada que trabaja, estudia y hace deporte.

“Siempre tenemos que buscar las puertas abiertas y tratar de estar acompañados. El acompañamiento de los familiares y amigos es importante. Sobre todo porque a veces el discapacitado se siente solo y una palabra o una mano ayuda mucho y así uno se siente más seguro”, contó Gaby, quien perdió a sus padres cuando era más chica y ahora solo le quedan dos hermanos y amigos.

 

Desde el agua hasta la pista

Antes de octubre de 2000, Gabriela hacía muy poca actividad física. “Practicaba gimnasia, pilates y otras actividades. Pero no tan apasionadamente como ahora, que entreno todos los días”, señaló, y explicó que todo cambió alrededor de 2012, luego de hacer durante más de 10 años rehabilitación en distintos centros.

“Llevaba mucho tiempo haciendo rehabilitación y estaba cansada, necesitaba un cambio. Así que hablé con Miguel Tortorelli, auditor de Galeno aseguradora de riesgos del trabajo, y él accedió a que empiece a practicar diversas actividades físicas en el Club Atlético Estudiantes (CAE)”, relató, y agregó que la idea era incluirse en la sociedad, en la práctica deportiva, algo que ella no lograba en los centros de rehabilitación, pero sí en el CAE.

“Fue como una reinserción en la sociedad. En el CAE me incluyen y me ayudan mucho. Hago natación, buceo, gimnasia, musculación y canotaje”, afirmó la mujer que es la segunda amputada del país que utiliza una prótesis especial de carbono con la que practica todo tipo de deportes. “Hubo un tiempo que me propuse participar de maratones pedestres, pero hace poco me operaron por una trombosis, así que ese objetivo está frenado por el momento. Ahora estoy abocada al buceo, que obtuve mi licencia en diciembre de 2014, y es algo que me gusta mucho y hace bien al igual que nadar”.

 

Buceo sin barreras

“Estar en el agua hace muy bien, permite al cuerpo relajarse, liberarse y poder moverse ágilmente. Es súper recomendable para alguien que necesita hacer rehabilitación”, aseguró Gaby, y destacó que cualquier persona puede hacer buceo ya que no tiene límites. En el CAE hay un equipo de cinco personas que dictan buceo, Miguel Coniglio, Gustavo Trossero, Jorge Lázzaro, Agustín De Mendoza y Humberto Varisco, son quienes están a cargo de enseñarle a la gente a explorar el mundo subacuático en aguas abiertas. Varisco, quien está capacitado para enseñar buceo a niños y a personas con discapacidad por la Federación Argentina de Actividades Subacuáticas miembro de la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas, indicó a UNO que Gaby es la primera alumna discapacitada que realizó el curso. “Ella se recibió en diciembre y sin ningún inconveniente. Es una experiencia recomendable para cualquier persona sin importar la edad y la capacidad”.

“En el club somos un equipo de cinco instructores de buceo capacitados para enseñar a bucear a personas que sufren discapacidades, incluso a quienes sufren parálisis cerebral. Además somos miembros de Buceo Sin Barreras, que es una organización sin fines de lucro que promueve el buceo para todos, absolutamente para todos sin ninguna distinción”, aclaró Varisco.

Buceo Sin Barreras nació hace siete años como una iniciativa de un grupo de instructores argentinos especializados en la enseñanza del buceo adaptado y formados con estándares internacionales de la Asociación Internacional de Buceo para Personas con Discapacidad. Liderados por Daniel Zuber, instructor con una reconocida trayectoria internacional. Su misión es acercar a la gente al mundo subacuático y permitirle experimentar, en un entorno controlado y seguro, la sensación de libertad, paz y gratificación que implica la práctica de este deporte.

“El buceo trae muchos beneficios, uno de ellos es practicar un deporte sin pensar en las dolencias físicas ni en una dificultad motriz. Buceando gravitás sin la necesidad de salir a tomar aire, sin que te pese el cuerpo, sin que te duela nada. En el agua sos libre, nadás con movimientos que no te cuestan y sin la necesidad de un bastón, de una muleta o de una silla de ruedas”, finalizó Gabriela.

 

 

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