Adicciones
Domingo 24 de Febrero de 2019

Fundación Lázaro, la resurrección de la esperanza

Impulso. La obra nació hace dos años y se sustenta principalmente con donaciones. La institución brinda contención a jóvenes sin recursos económicos con problemas de adicciones. Hoy la obra se expande, gracias a la solidaridad

La Fundación Lázaro alberga actualmente a 28 jóvenes que llegaron desde diferentes puntos del país con la esperanza de escapar de la prisión y los calvarios a los que los empujó la droga. Se levantan temprano para dedicarse a las tareas que la institución propone, a través de distintos talleres en los que aprenden un oficio para ganarse el pan el día de mañana, cuando ya recuperados decidan irse para abrirse camino por su cuenta. Muchos de ellos trabajan en la huerta, y tras acostumbrarse por años al suelo estéril de la marginación, la vulnerabilidad y la discriminación a la que la sociedad suele someter a quien padece una adicción, han logrado cultivar de todo un poco: verduras y hortalizas de distintas variedades para llevar a la mesa, y también lazos fraternos con sus pares. Con sus manos aran la tierra, siembran y ven crecer las plantas a la par de sus sueños, regados con fe y respeto, y cobijados por una obra que además de brindarles contención, educación, techo y alimento les ofrece una vida en comunidad, que con el tiempo se fue transformando en una gran familia.

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La institución comenzó a funcionar con esta modalidad el 17 de diciembre de 2016, por iniciativa de un grupo de religiosos y de laicos preocupados por el estado de vulnerabilidad de tanta gente con problemas por el consumo de sustancias. Depende del Arzobispado de Paraná, que les proporcionó un inmueble en calle Caputto 1158 en la capital provincial, que poco a poco fueron ampliando para poder ofrecer más espacios ante una demanda que crece, ya que no hay otros centros de estas características en Entre Ríos. Con donaciones, lograron edificar la estructura de una segunda planta, que ya cuenta con los baños gracias a la colaboración del club Rotary Paraná Plaza, pero les faltan los materiales para hacer el revestimiento interno.


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"Necesitamos la colaboración de la gente para poder terminar esta construcción, y así poder alojar más chicos, porque el problema acde la droga se expande, al igual que la violencia en la sociedad, y por más que muchas familias piensen que no les va a tocar, esto pasa en todos los sectores. Hoy muchos nos piden ayuda y no podemos recibirlos porque no teanemos más lugar", contó a UNO Jorge Achor, coordinador de la Fundación Lázaro, quien recordó que en 2018 lograron abrir un espacio similar en Santa Elena, donde hay otros 13 jóvenes que anhelan recuperarse de su adicción. Además de la huerta, en el lugar aprenden carpintería, tapicería, y pueden estudiar para terminar la escuela Primaria o la Secundaria; también hay un vivero y disponen de una verdulería que atienden ellos mismos, en la que ofrecen lo que cultivan. También incorporaron un lavadero artesanal de autos para lograr paliar los costos que la obra requiere, ya que a los residentes no se les cobra nada, excepto si alguno tiene un ingreso y quiere colaborar. Muchos se acercan apadrinados por las parroquias no solo de la región, sino de otras provincias.
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Matías es uno de ellos. Oriundo de San Rafael, Mendoza, llegó a la Fundación hace siete meses por recomendación de un cura que acompañó una misión en su provincia en la que había gente de Paraná y Santa Elena. Llevaba cinco años involucrado en el mundo oscuro de la droga y mencionó: "Vine con una situación difícil por el consumo. Estoy muy agradecido con Casa Lázaro y con Jorge, que me abrió las puertas. Y también con las personas que colaboran, porque esto es posible gracias a la caridad de corazones generosos". El joven, de 25 años, confió que llegó a robar para comprar sustancias, y comentó: "Esto me llevó a tomar la decisión de recuperarme. Nunca es tarde para poder cambiar. Anhelo volver a ser la persona que era antes de que aparecieran las adicciones y salir de este círculo, que es bastante complicado. Toda vida vale, y con Cristo y voluntad todo se puede. Hay que dejarse ayudar". Pablo Ojeda tiene 21 años y es de Bovril. Estuvo alojado más de un año, se fue y regresó.

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"Estoy con los chicos dirigiendo la huerta. Antes estuve en tratamiento acá y volví hace un mes y medio. En este lugar pude terminar la Secundaria e hice cursos. A mí me costaba mucho estudiar y acá fue distinto. Llegué a ser escolta derecha de la Bandera Argentina", señaló con orgullo. Pablo Leiva cumplió 28 años el lunes. Nació y creció en Resistencia, Chaco, pero antes de ingresar a la Fundación vivía en situación de calle en Santa Fe. Un colaborador de la basílica de Guadalupe conoció su triste historia, sumido en el alcoholismo y la indigencia, y lo acercó a la obra. "Estuve antes acá, el año pasado, me retiré y ahora tuve una recaída y tomé la decisión de volver, para poder seguir adelante", refirió.

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Jorge mencionó que muchos vuelven, y explicó: "Cuando salen de acá la sociedad misma empieza a cerrarle las puertas, no consiguen trabajo ni donde estar ni ayuda. Por eso buscamos ampliar nuestra capacidad para brindarle contención a más jóvenes. Queremos terminar las piezas de la planta alta para no tener que negarle el ingreso a nadie por falta de lugar, porque mientras están acá estudian, trabajan, tienen valores. El Arzobispado, con esta obra en la que estamos trabajando, les da la posibilidad de que puedan seguir su vida sin estar en la calle, y eso es bueno", concluyó. Hoy en día solo reciben un subsidio mensual de Comedores Comunitarios de la Provincia y necesitan ayuda. Además de colaborar con recursos económicos para sostener este valioso emprendimiento, se puede brindar algún taller, o atención médica o psicológica en el caso de los profesionales de la salud. La institución tiene una página web donde se puede conocer más sobre esta iniciativa: www. fundacionlazaro.com.ar. También se puede llamar al (0343) 4364694.


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