#Destacados2018
Domingo 30 de Diciembre de 2018

"Fue el año de poder vencer"

Fabián Schunk, Cristina Giménez y Walter Ardinson; Santino Guglieri y Guillermo Barreto hicieron la diferencia. Aportaron su compromiso y ganas de superación para mejorar la vida propia y la calidad institucional y social de la comunidad.

La frase que titula esta nota pertenece a Fabián Schunk y resume su lucha por justicia en la causa de abusos del cura Ilarraz, pero puede ser utilizada por Santino Guglieri que logró su objetivo de modificar la Ley de Donación de Alimentos; y también por Walter Ardinson que recibió el riñón que necesitaba para vivir una buena vida gracias a su amiga Cristian Giménez que no dudó y donó y también para el guerrero de Star Wars, Guillermo Barreto que consiguió a fuerza de tesón, poder ingresar a la Legión 501 de los Estados Unidos.
A su forma, todos están unidos por un hecho que los hizo trascender y entender que 2018 no fue un año más, eso descubre Diario UNO en sus ediciones diarias que luego repasa para elegir que historias sobresalen.
Y como en cada oportunidad, el octavo piso del Hotel Howard Johnson Mayorazgo de Paraná se llenó de buenos momentos que después se volcaron en las notas de este último número de la edición impresa del año que se va.
Invitados que se conocieron y saludaron por primera vez; figuras rutilantes que deslumbraron con su presencia; empresarios, políticos, deportistas, se reunieron para brindar por los logros alcanzados.
Esta reunión en diciembre de 2018 fue singular, porque coincidió con un momento muy sensible para la sociedad que llegó a través de una denuncia, de una voz que se silenció por años y que por fin juntó coraje y dijo su verdad. Si bien fue una mujer –en su momento una menor– no hay diferencias con el año que vivió uno de los invitados a la foto de UNO como Fabián Schunk que llegó acompañado de su esposa y sin titubear respondió contundente: "Este fue un año de poder vencer".
Sin lugar a dudas poder llevar al banquillo de los acusados al cura Ilarraz después de tantas dilaciones por parte de la defensa del sacerdote fue el primer logro. Alcanzar una pena por los abusos en el seminario fue la conquista y Fabián se muestra aliviado y afianzado.
"Fue un año muy esperado. Durante mucho tiempo. Ahora, con todo el tema de las denuncias que se han hecho públicas de actrices, famosos que denuncian, uno va leyendo lo que vivieron y no puede dejar de ponerse en la piel de esa persona y siente la misma indignación, la misma tristeza que deben sentir todas esas personas que están pensando en denunciar. Pero también leo lo que la gente escribe sobre la noticia y siento que mucha gente que habla, que dice, y no mira desde los ojos de la víctima, lo hace desde los ojos de aquel que no le pasó nada o desde los ojos del denunciado. Y realmente este ha sido un año donde yo pude poner en palabras tanto tiempo, tanta vergüenza, tanto dolor, injusticia. Un año de poder vencer, eso sobre todo. Para mí fue un gran año".
—¿Cómo se sigue después de la condena de la Justicia?
—Estas cosas no se cierran. Los otros días estuve en el Chaco –para brindar una charla– y una de las preguntas que me hicieron fue si se cura el dolor, y esto nos acompaña toda la vida. Depende de uno qué hacer con esta memoria que me trae este dolor. Este dolor hay que encauzarlo y yo creo que se ha cerrado por una lado una etapa de mi vida donde he podido hacer justicia, pero por otro lado estoy seguro de que uno tiene mucho por aportar. Lo hago desde el silencio, desde donde me llaman, en mi escuela, con mis alumnos, mis gurises. Ayudar y ponerse en el lugar del otro es algo que uno nunca debe dejar.
—¿Sentís que abrieron un camino?
—Nos costó mucho hacerlo pero creo que la causa Ilarraz ya no es nuestra, no es por nosotros es por los niños de hoy y por los niños de mañana. Si uno pone en la balanza la vergüenza de denunciar y todo lo positivo que se logró, hoy no lo dudaría. Pensá en las víctimas del cura Moya, de Escobar Gaviria, abrimos un camino para muchos. Fue mucho el bien. Ni hablar del cambio de perspectivas que se dio a partir de aquí, la Ley 27.206 el respeto por el tiempo de las víctimas, porque implica otra mirada, la de ver la justicia desde los ojos del abusador sino mirar la justicia desde los ojos de la víctima. Es un cambio Copernicano.
—¿Por qué cuesta entender que pasó algo que no está bien?
—Hay que ponerse en el corazón de la víctima, de su vergüenza, de su culpa, dolor, de no saber qué le está pasando. Porque un nenito de 5, 6, 8, 10 años no sabe, no tiene idea de que lo que le sucede es un abuso, se da cuenta cuando es adulto. Y cuando ve, escucha, asocia. Para decir esto tenemos que saber algo de psicología y darnos cuenta que nuestra mente trata de subsistir, sobrevivir a la angustia. Nuestra mente trata de olvidar ese recuerdo, de taparlo para seguir, de pensar en otra cosa, de negarlo. Nosotros pasamos más de 20 años negando el hecho. El estrés, el dolor de cabeza, las úlceras estomacales tiene esta causa. A mí me pasó y me pasa y a cada una de las víctimas, esto no es gratis. El abuso tiene un montón de consecuencias, personales, psíquicas, sociales. En la charla que tuvimos en Chaco, la pediatra y coordinadora del centro de ayuda a la víctima decía que "el abuso no es solamente un delito, es también un problema de salud". Fue la primera vez que lo escuché de parte de alguien. Es un problema de salud y hay que abordarlo institucionalmente, al igual que en la Justicia.

SANTINO GUGLIERI: "LOGRÉ LO QUE ME PROPUSE"
De poco hablar pero muy movedizo, Santino agradeció la convocatoria para la foto y contó que el año "ha estado bien", sobre todo por la aprobación de la reforma a la Ley Donal. La nueva normativa establecida flexibiliza la responsabilidad de los donantes ya que modifica la ley 25.989 que reglamenta el Régimen Especial para la Donación de Alimentos.
"Logré lo que me propuse", aseguró el adolescente que se reunió con el presidente Macri para plantearle también su iniciativa.
"Estoy conforme y tengo ideas para el próximo año", adelantó Santino que llegó a la foto acompañado de su papá Germán, mamá María y sus dos hermanitos.
"Estoy muy contento de participar en la foto", confió sobre el final de la entrevista.

GUILLERMO BARRETO ES, EN VARIOS SENTIDOS, UN SER DE OTRO PLANETA
Guillermo Barreto llegó arrastrando su valijita. Las promotoras de Diario UNO lo buscaron en la lista y lo invitaron a pasar al salón. Ingresó y nadie notó demasiado su presencia, porque tenía que cambiarse. Se fue al baño, se alistó y se transformó en un soldado de nieve, en sus palabras "Snowtroopers de la Primera Orden".
En el universo de Star Wars, los también conocidos como "Fuerza Ventisca" son soldados de asalto pertenecientes al Imperio Galáctico, especializados en afrontar climas helados en mundos donde abunda el hielo y nieve. Nada precisamente de lo que depara el clima litoraleño y que debió padecer Guillermo enfundado en su traje. A pesar del calor, se mostró siempre feliz de caracterizar los personajes que lo apasionan desde niño.
Fue la figura que más repercusión causó, por su altura y por ir vestido todo de blanco con su estandarte. No hubo nadie que no le pidiera fotos, que se acercar a conversar y a preguntar por su actividad.
Cuando los flashes cesaron un poco, se quitó el casco y se acercó a la mesa para pedir una gaseosa. Claro que una vez que se refrescó debió calzarse nuevamente el equipo para posar con los mozos que no querían perderse la oportunidad de retratar el momento con el muchacho vestido con armadura aislante y viseras con ranuras reductoras de deslumbramiento, hecho por el mismo y con la aprobación de la Legión de Estados Unidos.
Finalizada la entrega de los premios Ovación, el integrante de La Legión 501, se ubicó para la foto de los Destacados.
Para el que no leyó la nota publicada por UNO en su edición gráfica, Guillermo forma parte de una agrupación que nació en 1997 en los Estados Unidos y que nuclea a 8.500 miembros alrededor del mundo, de los cuales más de un centenar son argentinos dispersos en el territorio nacional desde Ushuaia a La Quiaca.
"Esta pasión la traigo de chico. Y siempre me gustó y ahora que conocí y entré a la Legión puedo combinar mi pasión y también la beneficencia. Poder ingresar a la Legión fue lo mejor del año", aseguró.

TRASPLANTADOS: "NOS PASA QUE TENEMOS QUE COMPARTIR SÍ O SÍ"

Los dos son pura risa, pero Cristina Giménez tiene una sensibilidad que transmite en su decir con algo de tonada chaqueña (es oriunda de Roque Sáenz Peña), dulce, amable y carismática animó a las personas a que donen, pero no sólo un órgano, sino sangre, tiempo, amistad.
Y Walter Ardinson disfruta de esta gran oportunidad que le brindó su amiga al donarle un riñón para mejorar su calidad de vida. Se muestran inseparables, como niños descubriendo y disfrutando cada instante. Durante la reunión se sacaron fotos, enloquecieron con la vista desde el 8° piso del hotel, rieron mucho y también dialogaron para contar su año.
—¿Cómo ha sido este año?
—Cristina Giménez: Hermoso
—Walter Ardinson: Agitado, dinámico, feliz. Fui viviendo lo que pasaba día a día, sin expectativas. Y así se fue dando.
—¿Cómo se sienten hoy, después del trasplante?
—Cristina: Siempre tuvimos una hermosa conexión pero ahora nos pasa que sí o sí nos tenemos que ver una vez a la semana (se ríe de forma contagiosa). No sé por qué pero tenemos que compartir sí o sí. Antes pasaba un tiempo y no era nada, nos veíamos cuando podíamos. Y ahora le digo "¿Wal puedo ir a tu casa?"
—Walter: "Necesito verte", "Necesito charlar". Hablamos de cualquier cosa.
—¿Cuál es el mensaje que quieren dejar?
—Walter: La del coraje es ella.
—Cristina: Que se animen a dar, que no pasa nada y recibís el doble sin saberlo, sin creer. Yo nunca esperé nada, ni quise nada y me siento la más bendecida del mundo. Me olvido que doné un riñón, la verdad que no ando recordándolo y cuando voy a algún lado me dicen «ay vos sos la del riñón» o «¿cómo está Walter?»
—Walter: A mí me pasa lo mismo y les digo «¿te paso el teléfono y hablás con ella?».
—Cristina: Me siento muy bendecida. Es un honor para mi haber sido partícipe de esto, que él haya aceptado. Nos cambió la vida a los dos. Desde el día que lo vi le dije que le daba mi riñón y nunca volví para atrás, o dudé. Cero. Tengo mucha fe y sabía que se puede estar bien sin un riñón, más por el estilo de vida de llevamos. Hay que animarse a dar, una sonrisa, cualquier gesto.
—Walter: Tiempo, paciencia, una mirada, un llamado, una visita, un mate.
—Cristina: Estar atento al otro. Lo que puedo hacer yo por vos.

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