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Diálogo Abierto

Flores: Poner en otro lenguaje lo que nos sucede ya es terapéutico

La licenciada María Flores habla sobre el valor sanador de la expresión estética y creativa. Efectos del aislamiento social en niños y adolescentes.

Viernes 09 de Octubre de 2020

La licenciada María Flores logró conciliar e integrar en su profesión, la de psicóloga, la afición que practicó desde niña, el dibujo y la pintura. El puente para ello fue una formación de postgrado en arte terapia, sobre la cual explicó las posibilidades terapéuticas. A la vez, se refirió a los emergentes observados en las franjas etarias más jóvenes, su especialidad, como consecuencia de la ruptura de hábitos sociales a partir de las medidas adoptadas por la pandemia.

El dibujo, la pintura y el fluir

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en esta misma casa (La Paz casi Corrientes), en 1983.

—¿Cómo era esta zona cuando niña?

—Pleno centro, con bastante tránsito, las casas eran más antiguas y ahora con más edificios. No tuve la infancia de salir a jugar a la calle con los vecinos. Una movida grande fue el cambio de dirección de la calle hacia Wal-Mart.

—¿Lugares de referencia?

—Mi escuela era la Sarmiento, en la otra cuadra, la placita Alvear y la iglesia; enfrente está la casa de mi abuela paterna y las de amigas de la escuela.

—¿A qué jugabas?

—Siempre estuve muy conectada con el dibujo y la pintura, acuarelas, témperas y ceritas, mis hobbies favoritos. Tenía una abuela en Mar del Plata, iba de vacaciones y me gustaba jugar en la playa con cositas de la Naturaleza. También tenía muñecos, muñecas y mueblecitos.

—¿Cómo surgió la afición por el dibujo y la pintura?

—Tuvo etapas; no sé cuando comencé pero supongo que por mi mamá, mi abuela, que hizo alguna exposición, y bisabuela materna, quienes también tienen esa afinidad, aunque ninguna estudió y es profesional. Me desconecté de lo plástico cuando comencé la secundaria, al terminar no sabía qué estudiar, hice un año de Arquitectura, por lo estético y el dibujo, pero sentí que la carrera no era para mí porque no fluía ni quería sacrificar determinadas cuestiones por lo que demandaba de tiempo, dejé, comencé Psicología y me reconecté con lo creativo al terminar de cursar. Soy autodidacta y asisto a talleres.

—¿Qué materias de la secundaria te gustaban?

—Arte.

—¿Leías?

—Sí, vorazmente.

—¿Libros influyentes?

—El primero me lo regaló mi tía materna, de María Elena Walsh y se llama Chaucha y palito, y me fanaticé con Luisa Mail Alcott, Mujercitas, Ocho primos… de la Colección Robin Hood. Cuando fui mayor varié en cuanto a los géneros. Hay libros de la profesión que me sirvieron mucho para la vida y el trabajo, de enfoque gestáltico, como los de (John) Stevens. El darse cuenta es uno de ellos, por algunas cuestiones teóricas interesantes de aplicar en la vida. En la facultad mi orientación fue sistémica y algunos autores me gustaron, que tratan, por ejemplo la teoría de la comunicación humana y el constructivismo social, al igual que las lecturas de Psicología evolutiva.

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La licenciada María Flores logró conciliar e integrar en su profesión, la de psicóloga, la afición que practicó desde niña, el dibujo y la pintura.

La licenciada María Flores logró conciliar e integrar en su profesión, la de psicóloga, la afición que practicó desde niña, el dibujo y la pintura.

—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?

—Mi mamá es contadora y mi papá ingeniero electromecánico

Hacia la heterodoxia

—¿Por qué estudiaste Psicología?

—No sé… tengo una prima que estudia, intuí que mis lecturas iban por lo social y las humanidades, fue prueba y error.

—¿Qué imaginabas hacer como psicóloga?

—Comencé por gusto a hacer terapia cuando era adolescente, con psicoanalistas, aunque enganché mejor la onda cuando fui a gente que hacía sistémica, ya que me “cerró” la estrategia terapéutica. Cuando me recibí pensé en no ser una psicóloga ortodoxa ni “estar detrás de un escritorio”, vestida formalmente y con un estilo un poco anticuado. Al recorrer otros espacios me di cuenta de que hay otras maneras de hacer terapia que no tienen que ver con aquello.

—¿Tuviste formadores importantes?

—Varios docentes. Me enamoré de la carrera y me gustaba leer los textos que nos daban. Hace poco falleció un docente muy querido, Miguel Ángel Mirotti, de Córdoba, quien enseñaba técnicas de evaluación de personalidad. Aprendí muchísimo con él, lo cual aplico cuando hago pericias judiciales. También de Graciela Clement, de Santa Fe, bastante temida (risas) pero me gustaba mucho, y la cátedra de Corrientes de Psicología. En los últimos años de la carrera tuve como docentes a dos psicólogos sistémicos renombrados de Paraná, Virginia Bravo e Iván Martínez, y sigo esa línea de trabajo, mientras que hice mi tesis con un enfoque gestáltico. En Córdoba hice un postgrado de arte terapia y viví cuatro años.

—¿El enfoque en la Universidad Católica fue sistémico?

—Sí, elegí esa línea, si bien una colega en el Hospital San Martín me decía que yo tenía una mirada analítica. Uso mucho la sistémica.

—¿Revisaste o cuestionaste algunos aspectos?

—Voy leyendo y trabajando, y de la experiencia me nutro con distintas herramientas. Lo psicoanalítico tiene que ver con el arte terapia. Como trabajo bastante con niños hay que usar otro lenguaje que no sea el verbal exclusivamente, así que aprendo otras estrategias.

El arte y lo inconsciente

—¿Cuál es la relación entre arte terapia y psicoanálisis?

—Los procesos del arte están muy vinculados con los del inconsciente, como se ve claramente en, por ejemplo, las obras de Dalí. En el arte esos procesos están integrados, que no es lo mismo en una persona con psicosis, cuyo inconsciente está desordenado.

—¿Qué coincidencias encontraste entre el arte terapia y tu práctica artística?

—En cuanto a lo terapéutico, poder expresar a través del arte es poner en otro lenguaje lo que pasa internamente.

—¿Eso, a priori, ya es terapéutico?

—Sí, porque permite hacer algo con lo que me pasa y poner en el afuera algo que, tal vez, no podemos verbalizar fácilmente, a través de formas, dibujos y colores, es catártico. Muchas veces ese contenido inconsciente viaja directamente a la obra y tal vez no lo tenía tan claro para explicarlo. Se van haciendo trabajos artísticos y el terapeuta hace intervenciones y lecturas construidas junto con el paciente.

—¿Por ejemplo?

—Se pueden trabajar los miedos y se propone una obra, en un proceso llamado isomorfismo, ya que la misma forma de lo que está adentro se expresa en la obra.

—¿Cómo es adentro es afuera?

—Algo así, exactamente.

—¿Quiénes son los pioneros y referentes?

—No los recuerdo, aunque uno de los psicoanalistas que se considera por sus primeros desarrollos teóricos es (Donald) Winnicott, quien habla de una zona intermedia entre lo real y lo imaginario, la zona del juego, donde se juega al “como si”. Lo llama el espacio transicional. Hay mucha bibliografía en inglés.

—¿Cómo fue la primera vez que lo aplicaste?

—Un taller que hice en Córdoba con Selma Ciornai, brasilera, me marcó mucho. Trabajaba con un enfoque gestáltico, propuso varios ejercicios arte terapéuticos para trabajar en lo personal y ahí conocí a quien es mi supervisora, Carolina Berta, quien es uruguaya y muy creativa, y que este año dio un taller de arte terapia con muñecas.

—¿Hay una corriente del arte terapia que es gestáltica?

—Hasta donde entiendo hay una línea más psicoanalítica y otra más gestáltica. Son maneras de leer las cosas pero hay cuestiones importantes de ambas.

La sorpresa de los otros

—¿En qué te modificó como artista?

—Tal vez leo más analíticamente lo que hago y entiendo que tiene cierto sentido, a la vez que despegarme de cierto automatismo.

—¿Te has sorprendido de algo propio?

—Me sorprende cómo aparece una imagen que luego la vuelco, y a veces me sorprende lo que ven los demás. Nos pasa a quienes trabajamos con salud mental el hecho de que tomamos más livianamente cuestiones que a otros les impactan mucho.

—¿Te analizas a través de tu obra?

—No sé si tanto… durante unos días la miro, pienso y me sorprendo, pero luego la energía va hacia otra cosa. En sistémica hay una técnica que se llama externalización, en la cual se les pide, por ejemplo a los niños y para trabajar los miedos, que hagan un muñeco o un dibujo con la consigna de poner en el afuera lo que pasa por dentro. Si el miedo es un muñeco se pregunta qué se puede hacer para que “no te asuste a la noche”, entonces lo ponemos en una caja, lo dejamos en el consultorio y “te vas tranquilo”. Eso muchas veces genera alivio. En un taller de creatividad que hacemos, los niños trabajan con disfraces, obras de teatro y combinamos distintas artes.

—¿La creatividad se puede potenciar, para quien no la tiene?

—Los teóricos de la creatividad dicen que todos la tenemos, es como un músculo, se trabaja y se pueden encontrar diferentes alternativas para hacer las cosas.

Importancia del diagnóstico

—Obviando las propias de la etapa actual del distanciamiento social, qué problemáticas observás como recurrentes en niños y adolescentes.

—Se consulta mucho por cuestiones conductuales, como desobediencia y falta de respeto al límite. Los papás tienen la dificultad para limitar horarios, trabajan un montón y no les quedan recursos para estar con sus hijos, entonces lo más fácil es una pantalla. Trabajar con niños requiere hacerlo con los padres, quienes ahora estás más predispuestos a consultar y con menos miedos de afrontar las dificultades de la salud mental de sus hijos, o de ellos mismos.

—¿Recordás un caso llamativo o desafiante por algún aspecto?

—Al principio, el de uno de mis primeros pacientes, con un diagnóstico complejo de trabajar y que me costó manejar. También el de otro niño, con quien comprobé la importancia de hacer un buen diagnóstico, para determinar la dificultad que tenía y poder integrarse mejor en el ámbito escolar. Sin en el diagnóstico se leía como una falta de conducta y en realidad era una patología que le dificultaba ciertas materias y se portaba mal. Con un buen diagnóstico se pudo subsanar, flexibilizar la currícula y ser un buen alumno.

—¿No es preocupante, también, que un niño no se porte mal?

—Los dos extremos son preocupantes, como sucede con la figura del niño sobre adaptado.

—¿Tenés página en Internet?

—Dos en Instagram, la de los talleres, @laboratorio.de.arte y @malicia_artevisual.

“Lo que más se observa es ansiedad y miedos extremos”

El aislamiento social conlleva como consecuencia estados de ansiedad que según las edades tienen distintas manifestaciones, que la licenciada flores enumera.

—¿Cuándo comenzaste a observar comportamientos o indicadores propios del aislamiento social?

—Ni bien comenzó porque a muchas personas se les disparó la ansiedad por la incertidumbre; más adelante aparecieron consultas por niños con síntomas de preocupaciones extremas o absurdas, que es cómo manifiestan la ansiedad.

—¿Por qué se dispara la ansiedad?

—Porque perdemos la ilusión de que controlamos nuestra vida, perdimos las rutinas y el empleo, más la crisis económica… son muchos factores. Lo que venía de antes se exacerbó un poco más. Tuve que profundizar un poco lo relacionado con las manifestaciones de la ansiedad en niños y adolescentes, porque se hizo más notorio, y es de una forma distinta a la de los adultos.

—¿Qué miedos aparecieron en niños y adolescentes?

—Mucha preocupación por el perfeccionismo con la escuela, sin que se lo exijan, o miedos raros, a catástrofes, de que les pase algo a los papás, hermanitos o amigos. Niños que no se pueden desprender de los papás sin que les de muchísima angustia, lo cual hasta cierto tiempo es normal pero después da cuenta de que hay ansiedad. Niños que tienen temores excesivos a determinadas situaciones u objetos, pánico a los insectos o perros, o una crisis de miedo sin saber por qué. En los adolescentes hay que estar atentos, sobre todo por las redes que son una graaan fuente de ansiedad, a los consumos de alcohol, tabaco y sustancias, y a quienes se aíslan mucho o les cuesta desprenderse de sus papás, sin la autonomía propia de la edad.

—¿Cómo emerge la ansiedad en los adultos?

—El exceso de pensamientos negativos y rumiación mental dispara las crisis. Si bien hay eventos que son ansiógenos, como los que estamos viviendo, si se le suma pensamientos catastróficos, negativos y desprendidos de la realidad, se genera un círculo vicioso en el cual aparece la ansiedad, miedo, y síntomas de ahogo y taquicardia.

—¿Pensás que cuando se estudie y analice la salud mental durante el aislamiento social el elemento determinante será el de la ansiedad?

—No sé, habría que indagar más en los estudios que ya se han hecho.

—¿Puede haber alguna consecuencia que todavía no se ha manifestado?

—No sé, no tengo una respuesta clara… pienso en cómo serán y cómo se transformarán los vínculos entre las personas.

—¿Tuviste o de enteraste de algún caso que te resulte simbólico de esta etapa?

—Le presté atención a dos noticias que junto con colegas nos resultaron claras de que había personas que hicieron un brote psicótico por la pandemia. Uno fue el caso de una chica de Paraná que fue al supermercado, comenzó a desvestirse y decir incoherencias. Me dolió el tratamiento de los medios porque claramente tenía psicosis. Otro caso fue el de una persona que chocó con un auto la embajada de China en Buenos Aires, quien había tenido un discurso desordenado con sus compañeros de clases a través de zoom.

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