Secciones
Descubriendo Entre Ríos

Feliciano: bella obra tallada hace 1.600 años

Imágenes que vuelven a mostrar la milenaria historia de este territorio, con lo poco que el suelo húmedo ha permitido conservar, sólo en piedras, en Feliciano.

Domingo 04 de Octubre de 2020

Una familia de Feliciano contó a UNO que atesora en su casa una escultura milenaria en piedra, de una belleza y una simetría que sorprenden, hallada en cercanías del río Guayquiraró.

Se trata de una punta de lanza morada, construida en basalto, que habría sido esculpida mil años antes del desembarco de los europeos en este suelo.

bola.jpg
Parte de lo encontrado en Feliciano. 

Parte de lo encontrado en Feliciano.

“Por la conservación, se cree que se fue adentro del cuerpo de algún animal, y seguramente en el lugar que cayó quedó metida, protegida por el suelo calcáreo y la arena de la zona”, arriesgó ante las consultas de UNO José Carlos Gómez, el vecino de Feliciano que halló el lítico en el distrito Chañar del departamento Feliciano.

“La mandamos a estudiar a Córdoba (por intermedio del geólogo Martín Iriondo) y le hicieron pruebas, primero geológica del material y luego de la antigüedad aproximada desde el momento que se talló. Es un método relacionado al carbono 14. En resumen: roca ígnea basáltica 24 millones de años de su formación, flecha tallada hace 1600 años”, precisó Gómez.

Conserva el filo

Se trata de una pieza de excepción, con detalles de un artista (o varios, mujeres u hombres, no se sabe), que ha buscado cierta perfección en el filo, en la forma, en la simetría. Una verdadera obra de arte, como puede apreciarse en la fotografía, probablemente esculpida con el uso de piedras.

José Carlos Gómez no deja de asombrarse por la joya que en una visita a las costas del Guayquiraró le devolvieron las arenas y arcillas, y que ya registró en la provincia. “Todavía se aprecia el filo, es hermosa”, reconoce.

Gómez es un estudioso de la historia regional, muy concentrado en el paso del ejército revolucionario a las órdenes de Manuel Belgrano por el litoral, y avezado en el registro de datos, poblaciones, caminos y elementos de las comunidades que han habitado el suelo entrerriano.

La punta de lanza fue encontrada en un sitio que entregó otras piedras talladas, puntas de flecha, boleadoras, y un rompecabezas de muchas puntas, de los que se encuentran también en la República Oriental del Uruguay y algunos adjudican a culturas charrúas. Esa obra es otra perla, entre los líticos que se registran en la arqueología de la provincia de Entre Ríos.

Los Sigifredos

A ese sitio arqueológico del departamento Feliciano se refirió el historiador Miguel Ángel Fernández en estos términos. “Después de haber estado ausente del pago por unos años, Sigifredo volvió a recorrer los lugares que conocía como la palma de su mano. Las lluvias torrenciales de la primavera habían hecho subir el nivel del arroyo casi hasta el borde de la barranca. Corriendo furiosamente entre los sauces, los pajonales y las isletas, el Guayquiraró había arrasado con todo lo que encontraba a su paso. Al ir bajando la creciente, el arenal dejaba ver los efectos del agua bravía en su carrera irrefrenable hacia el Paraná. Por los senderos que había recorrido desde chico bajó a la playada, procurando las pistas de algún carpincho. De pronto, junto a un desprendimiento de tierra de la costa, entre la resaca depositada en la orilla, casi tropezó con unas piedras semienterradas. Les quitó la arena y aparecieron unas esferas con hendiduras, muy parecidas a las que una vez, cuando era niño, le había llevado al maestro. Siguió caminando con la mirada atenta y unos metros más adelante vio aflorar unas pequeñas puntas que pertenecían a un artefacto de piedra muy distinto de los que tenía vistos. Estos hallazgos realizados en los campos de don Sigifredo Espinosa, por su nieto de igual nombre, son los que nos permiten ilustrar el comienzo de este libro”, se lee en el texto de Fernández.

Sigifredo Espinosa (el autor escribe el apellido con ese) era primo de la madre de Eulogio Gregorio Espinoza (con zeta), conocido en Paraná y Feliciano como “el Gaucho Quitilo”, un referente en la danza del chamamé y viejo hachero en los obrajes del norte entrerriano.

Consultado por UNO en su casa de la calle Miura, don Quitilo (de 91 años de edad) contó que en sus tiempos de hachero solían encontrar “piedras caladas”.

El texto del historiador Fernández continúa: “La utilización de material perecedero como madera, hueso o cuero, a lo que hay que sumar la insuficiencia de estudios arqueológicos y antropológicos especialmente para el centro de la provincia, son factores que dificultan el seguimiento de los primitivos habitantes del territorio entrerriano en general, y de nuestro departamento en particular. Por lo tanto, para aproximarnos al conocimiento de los pueblos indios que pudieron haber vivido en las costas del Feliciano o del Guayquiraró y sus afluentes, debemos basarnos en las apreciaciones de los conquistadores y exploradores europeos”.

La obra releva los aportes de varios viajeros e historiadores sobre pobladores antiguos de la zona del Feliciano y el Guayquiraró, y de las comunidades que vivían allí cuando los españoles ya galopaban en este territorio. Y hace foco en el Guayquiraró, del lado entrerriano, donde los Espinosa y nuestro entrevistado, José Carlos Gómez, hallaron las piedras esculpidas.

¿Quiénes eran?

En otro capítulo, Miguel Ángel Fernández cita un aporte del arqueólogo Carlos Natalio Ceruti.

“Nos resulta sumamente valiosa la investigación realizada hace algunos años por el licenciado Carlos N. Ceruti, quien a bordo de una piragua navegó el Guayquiraró desde Puente de Hierro hasta Paso Yunque. Este reconocido arqueólogo, que fue director del Museo Etnográfico y de Ciencias Naturales de Paraná, generosamente puso a nuestra disposición el resultado de su recorrida por el área en busca de evidencias arqueológicas de los habitantes aborígenes, al igual que diversos estudios sobre la población aborigen del noroeste entrerriano. Como este material, hasta ahora inédito, resulta fundamental para el conocimiento de una cuestión poco conocida por la mayoría, transcribiremos casi en su totalidad aquellos aspectos referidos a los yacimientos detectados en el Distrito Chañar”.

Entonces, las palabras del santafesino Ceruti: “Sitio río Guayquiraró IV. ‘La Piedra’. Localización. Sobre margen izquierda del río Guayquiraró, a 6 Km. al NE de la Escuela Provincial Nº 9, y entre 100-300 m al E del Arroyo Grande (departamento Feliciano), en el establecimiento propiedad del Sr. Julio Mármol (departamento Feliciano, provincia de Entre Ríos). Descripción (Sigue Ceruti): el perfil de barranca presenta dos grandes unidades: a) En la base, areniscas estratificadas, arenas y sedimentos areno-arcillosos de la Formación Yupoí, estériles arqueológicamente. b) Por encima, un estrato limo-arcilloso a limo-arenoso de color castaño a gris oscuro, conteniendo materiales arqueológicos. Probablemente equivalga a la Formación San Guillermo. El relieve circundante es de colinas suaves, cubiertas por pastos cortos y un bosque xerófilo muy degradado. La mayor parte del terreno, en una u otra oportunidad, fue utilizado para cultivos. El lugar, que presenta características topográficas únicas en toda la cuenca superior del Guayquiraró, termina abruptamente sobre el río, con un afloramiento de areniscas de la Formación Yupoí, teñidos de ocre. El área fue profundamente alterada por maquinarias viales, que lo utilizaron como cantera para la extracción de broza. Hay sectores que han desaparecido, pero en otros se advierte la presencia de materiales en capa, hasta los 0,30-0,35 metros de profundidad. Superficie (visible): 400x200 metros”. “Materiales: en superficie, lascas pequeñas y esquirlas de calcedonia de color blanco y rosado, cuarcitas, madera silicificada, etc.; microraspadores, puntas de proyectil pequeñas, pedunculadas; guijarros pequeños partidos; núcleos pequeños, semiesféricos y cónicos. La ausencia de materia prima local utilizable, obligó a emplear los núcleos hasta su agotamiento, y a reducir notablemente el tamaño de los instrumentos. Cerámica lisa, punteada e incisa de línea (similar a algunos tipos de Salto Grande), con antiplástico de arena fina. En el espesor de las barrancas: fragmentos cerámicos lisos. Carbón. Una piedra de boleadora con surco, fragmentada. Entidad cultural: probablemente se trate de una entidad cultural nueva, aún no descripta”.

Es decir: el licenciado Ceruti no adjudica, de entrada, estos hallazgos a ninguno de los pueblos conocidos en tiempos de la colonia o previos, y al tiempo que lamenta la invasión con fines extractivos reconoce varios líticos.

Probablemente charrúas

Pero su aporte continúa: “Las puntas de proyectil se asemejan a las del Tipo Cultural Los Sauces (Rodríguez y Rodríguez, 1985), en menor medida al Tipo Cultural Río Uruguay; no así el resto de los elementos líticos que aparecen. Por otra parte, estos tipos culturales no tienen boleadoras. El Tipo Cultural La Paloma, que sí tiene boleadoras, no presenta puntas de proyectil. En cuanto a la cerámica, es muy escasa, y por su contenido en arena y el tipo de decoración apunta a los tipos descriptos para el Río Uruguay, y no a la cuenca del Paraná. Por otra parte, los tipos culturales ceramolíticos descriptos por Rodríguez para la zona de Salto Grande (T.C. Salto Grande y T.C. Cerro Chico) no presentan puntas de proyectil líticas, aunque sí piedras de boleadora. El sitio La Piedra, aparentemente, está marcando el límite oeste de la expansión de los tipos culturales propios del Río Uruguay. Existe la posibilidad de que estos materiales puedan ser atribuidos a los charrúas históricos”, cierra el aporte de Ceruti, como fragmento de su Informe Final Proyecto: ‘Las modificaciones ambientales del Pleistoceno Final Holoceno, y su relación con los asentamientos humanos en el noroeste de Entre Ríos”, un estudio para el Conicet.

Allí no terminan las referencias que Ceruti le mandó a Fernández, y que el historiador de Feliciano incorporó en su libro. “Sobre margen derecha del Arroyo Chañar, en las proximidades de su desembocadura sobre el Guayquiraró, ubicó (Ceruti) el Sitio Arroyo Chañar I, del que tuvo conocimiento a través de datos brindados por informantes locales, no siendo reconocido personalmente por el arqueólogo. Los materiales hallados consisten en ‘apéndices ornitomorfos (cabecitas de loros) pequeños, de cerámica. Fragmentos cerámicos lisos, punteados y asas, con antiplástico de tiestos molidos’ pertenecientes a la entidad cultural Goya- Malabrigo. Según este investigador -dice Fernández-, el sitio aparentemente estaría marcando ‘el límite Oeste de dispersión de las entidades culturales del Paraná sobre la cuenca del Guayquiraró”.

Como se aprecia, el sitio La Piedra y el sitio Arroyo Chañar han permitido a los investigadores una serie de conclusiones.

Omar Sigifredo Espinosa nieto nos contó ayer desde Feliciano, por teléfono, que conserva las piedras y que a casi todas las halló en el lecho del río cuando bajaban las aguas tras una creciente.

El historiador Fernández agrega en otro fragmento de su estudio: “La cultura Goya-Malabrigo aparece como ‘Cultura de los Ribereños Plásticos’ en la bibliografía anterior a 1970 y se caracteriza por la existencia de campamentos situados en proximidades de cursos de agua, generalmente sobre pequeñas elevaciones naturales en áreas favorables para la subsistencia. En Chañar I debió ocurrir algo similar a lo que Ceruti describe en otro de sus trabajos: ‘En casi todos ellos llevaron a cabo múltiples actividades: durmieron, trozaron piezas de caza, cocinaron y consumieron alimentos, confeccionaron y dieron de baja la cerámica, enteraron a sus muertos con rituales complejos... Pescaron con aparejos compuestos por pequeñas pesas de cerámica o piedra y anzuelos de hueso, o con redes y arpones; cazaron con arco y flechas de punta de hueso. Ocasionalmente usaron la boleadora. Sus desplazamientos, realizados en canoa, estaban relacionados con los movimientos de la fauna’”.

Historia milenaria

En diálogo con UNO, Ceruti recordó hace pocas semanas que la boleadora es utilizada en Entre Ríos “por lo menos hace de 6 a 8 mil años… Muchos recogían las que encontraban en el campo, las retobaban y las volvían a utilizar, de manera que cualquiera las pudo haber utilizado”.

Ante las fotografías de bolas de boleadoras recuperadas por agricultores de Larroque de apellido De Zan, indicó que unas “parecen de granito, materia prima que tiene que provenir de las Sierras Centrales (Córdoba es lo más cercano) o del sistema de Tandilia-Ventania, en Buenos Aires”, pero hay también una negra que “parece de basalto, así que quizás sea local, de la cuenca del río Uruguay”.

Apuntó que a las “mazas estrelladas” (rompecabezas), como la hallada cerca del río Gualeguay (y la que estamos mostrando, de las orillas del Guayquiraró), se las solía atribuir a los charrúas.

“La boleadora se usó en Entre Ríos desde hace 7-8.000 años hasta el presente; la cerámica aparece en la costa del Uruguay hace más de 2.000 años; y las puntas pedunculadas están presentes hace 6-7.000 años, pero luego desaparecen y no son utilizadas por los pueblos ceramistas del Salto Grande. La asociación boleadora-punta pedunculada-cerámica, no fue descripta para ninguna población prehispánica de la costa del Río Uruguay”, escribió Ceruti.

“Existe al menos un sitio, ubicado en la costa del Río Guayquiraró, cerca de San José de Feliciano, donde esta asociación se repite, con materiales en capa en la parte superior del perfil”. El arqueólogo se estaba refiriendo al punto donde fueron halladas las piezas de factura exquisita, a las que llegamos gracias a los estudiosos José Carlos Gómez y Miguel Ángel Fernández y al puestero Espinosa, de Feliciano.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario