Nutricionistas destacan que la ley de Etiquetado frontal mejoró el acceso a la información, ayuda a elegir alimentos más saludables y a prevenir enfermedades.
09:43 hs - Domingo 31 de Mayo de 2026
La posibilidad de modificar o incluso derogar la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida popularmente como Ley de Etiquetado Frontal, generó alarma entre profesionales de la salud, organizaciones científicas y entidades vinculadas a la nutrición. La norma, sancionada en Argentina en 2021, estableció la incorporación de sellos negros de advertencia en los envases de alimentos y bebidas que presenten excesos de azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías, además de restricciones a la publicidad dirigida a niños y regulaciones para la compra estatal de alimentos.
Especialistas consultadas coincidieron en que se trata de una herramienta que permitió transparentar la información nutricional de los productos y facilitar decisiones de compra más conscientes. Sin embargo, también remarcaron que el etiquetado debe complementarse con políticas de educación alimentaria para lograr cambios sostenidos en los hábitos de consumo.
La licenciada en Nutrición Laura Larrateguy, integrante de los Comités de Lactancia y de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría, sostuvo que la ley argentina fue reconocida internacionalmente por su amplitud y alcance. “Argentina recibió felicitaciones de organismos internacionales porque la ley no se limitó a los sellos de advertencia. Incorporó educación alimentaria, reguló las compras de alimentos por parte del Estado y estableció criterios para el expendio de alimentos en escuelas e instituciones de salud”, explicó a UNO.
Según Larrateguy, reducir el debate únicamente a los octógonos negros implica desconocer la complejidad de una normativa que fue construida durante años con participación de organizaciones civiles, entidades científicas y distintos sectores del Estado. “La ley nació desde la sociedad civil. Hubo un trabajo conjunto entre organizaciones sociales, instituciones científicas y organismos públicos. No fue una medida improvisada ni tomada de un día para otro. Por eso resulta difícil comprender los fundamentos de una eventual derogación”, señaló.
La profesional consideró que no existen evidencias sanitarias que justifiquen un retroceso en esta materia. “No hay un motivo científico ni de salud pública que permita afirmar que la ley está perjudicando a la población. Por el contrario, facilitó la identificación de productos con exceso de nutrientes críticos y permitió que las personas tomaran decisiones más informadas”, afirmó.
Información más clara
Uno de los aspectos más valorados por los especialistas es la posibilidad de identificar rápidamente productos ultraprocesados que históricamente fueron presentados como saludables. Larrateguy ejemplificó con los cereales para desayuno dirigidos a niños. “Muchos padres los compraban creyendo que eran nutritivos cuando en realidad tenían niveles de azúcar comparables a una golosina. Los sellos permitieron visibilizar algo que antes estaba oculto detrás de estrategias de marketing”, subrayó.
A su vez, destacó que la herramienta resultó especialmente útil para personas con restricciones alimentarias o enfermedades crónicas. “Quien necesita controlar el sodio o el azúcar puede identificar rápidamente qué productos evitar. Antes había que leer etiquetas extensas y complejas. Hoy la información es mucho más accesible”, indicó.
La especialista también remarcó el efecto educativo que generó la ley entre niños y adolescentes. “Los chicos aprendieron a identificar los sellos. Incluso se convirtió en una herramienta para dialogar sobre alimentación dentro de las familias. Eso es un avance enorme en términos de educación alimentaria”, sostuvo.
Impacto en las infancias
Por su parte, la licenciada en Nutrición Yanina Gioria expresó una fuerte preocupación ante la posibilidad de modificar la normativa y consideró que cualquier flexibilización representa un riesgo para la salud pública.
“El etiquetado frontal hace que la población preste atención a lo que consume. Clarifica información que de otra manera resulta difícil de interpretar para la mayoría de las personas”, afirmó a UNO.
La profesional señaló que la experiencia en consultorio demuestra que los sellos han generado cambios concretos en la conducta de los consumidores.
“Una paciente pediátrica me dijo que había decidido no comer determinado producto porque tenía muchos símbolos negros. Eso demuestra que la herramienta está funcionando y que incluso los niños pueden comprender mensajes simples y directos”, relató.
Gioria consideró además que la normativa impulsó cambios dentro de la propia industria alimentaria. “Muchas empresas reformularon productos para reducir sodio, azúcares o grasas. Eso demuestra que la ley no solo informa al consumidor sino que también genera incentivos para mejorar la calidad nutricional de los alimentos”, explicó.
Desde su perspectiva, uno de los aspectos más preocupantes es el posible impacto sobre la población infantil. “Argentina tiene índices elevados de obesidad infantil y problemas de malnutrición. Retroceder en una política que apunta a prevenir estas problemáticas puede tener consecuencias muy negativas para las futuras generaciones”, advirtió.
Asimismo, cuestionó que el debate parezca centrarse únicamente en cuestiones productivas o comerciales. “Entendemos la importancia de la industria alimentaria y de la actividad económica, pero también hay que pensar en los costos sanitarios futuros. Si hoy desprotegemos la salud de los niños, mañana tendremos más enfermedades crónicas, más gastos en salud y una peor calidad de vida para la población”, señaló.
Educación alimentaria
Por su parte, la licenciada en Nutrición Cecilia Salerno, una de las responsables del Servicio de Alimentación del Hospital San Martín de Paraná, planteó una mirada complementaria sobre el tema. Si bien consideró que el etiquetado frontal es una herramienta valiosa, remarcó que por sí sola no alcanza para modificar hábitos alimentarios. “El etiquetado puede orientar a las personas, pero necesita estar acompañado de educación nutricional. Sin contexto ni información adecuada, algunas personas pueden interpretar los mensajes de manera simplificada o incluso desarrollar temor hacia determinados alimentos”, explicó a UNO.
Salerno sostuvo que la alimentación debe analizarse en función de las características individuales de cada persona.
“Hay alimentos que pueden tener sellos por exceso de grasa o de algún nutriente y, aun así, formar parte de una alimentación adecuada según las necesidades particulares de cada individuo”, señaló.
Como ejemplo mencionó los planes alimentarios bajos en hidratos de carbono o las dietas cetogénicas, donde algunos alimentos con alto contenido graso pueden tener un rol específico dentro del esquema nutricional.
“No todas las personas tienen las mismas necesidades ni todas las estrategias alimentarias son iguales. Por eso es importante evitar interpretaciones excesivamente simplificadas”, indicó.
Sin embargo, la profesional aclaró que el verdadero desafío sigue siendo promover una alimentación basada en alimentos frescos y mínimamente procesados.
“Los alimentos más saludables suelen encontrarse en una verdulería, una carnicería o una dietética. Son productos reales, con pocos ingredientes y menor nivel de procesamiento. Allí debería estar puesto gran parte del esfuerzo educativo”, sostuvo.
Además, advirtió sobre una problemática que muchas veces queda fuera del debate. “Muchos productos ultraprocesados contienen conservantes, aditivos, saborizantes, colorantes y otros ingredientes que no siempre quedan reflejados en los octógonos. Por eso es importante enseñar a la población a comprender mejor la composición de los alimentos”, concluyó.
Cuestión de salud publica
Más allá de los matices, las tres profesionales coincidieron en que cualquier modificación de la Ley de Etiquetado Frontal debería discutirse a partir de evidencia científica y con la participación activa de los especialistas en salud, ya que la norma fue resultado de años de debate parlamentario, consultas técnicas y consensos construidos entre organizaciones sociales, sociedades científicas y organismos públicos.
Su objetivo principal fue brindar información clara al consumidor y contribuir a la prevención de enfermedades asociadas a una alimentación inadecuada.
Mientras el debate político continúa, nutricionistas, pediatras y organizaciones vinculadas a la salud pública ya comenzaron a manifestar su preocupación y a impulsar acciones para defender una legislación que consideran clave en la promoción de hábitos alimentarios más saludables.
Para muchos especialistas, la discusión trasciende la presencia o ausencia de octógonos negros en los envases. Lo que está en juego, sostienen, es el modelo de alimentación que se pretende construir para las próximas generaciones y el rol que debe asumir el Estado en la protección del derecho a una alimentación saludable.
octógonos. Por eso es importante enseñar a la población a comprender mejor la composición de los alimentos”.