Paraná
Miércoles 28 de Noviembre de 2018

Estar en la calle: un drama que va más allá de no tener una casa donde vivir

Además de una situación económica adversa, hay problemas familiares, sociales y adicciones que el Estado no contempla al ofrecer alguna asistencia

Es difícil determinar cuántas personas en Paraná actualmente están en situación de calle, pero mucha gente advierte que son más que antes. En la placita que está frente a la Dirección de Tránsito municipal duerme un grupo, otro se queda en donde estaba el restaurante Petra, y otros pernoctan en la galería Almendral, en la Plaza de 1° de Mayo y en la Terminal.
De noche se acomodan en algún viejo colchón o en el piso, tapados con frazadas o cartones. De día deambulan por las calles, algunos vendiendo estampitas o pidiendo una moneda. Al mediodía varios de ellos van a almorzar al comedor comunitario de la iglesia San Miguel, y por las noches en la plaza Alberdi o en la Sáenz Peña la ONG Suma de Voluntades y otros grupos solidarios que asumen un gran trabajo social desde el voluntariado, les acercan un plato de comida y los acompañan humanamente.
Si bien la Municipalidad cuenta con un refugio en calle Blas Parera que abre en invierno para que no se mueran de frío y que aún hoy permanece en funcionamiento, no quieren ir, porque se los amontona a todos en una pieza con 20 camas sin contemplar sus necesidades. "No queremos ir al refugio, porque te roban todo. Nos pusieron a todos juntos como 'carne pa'chorizo', y la gente grande no podemos estar con los pibes, porque hay peleas", confió a UNO Miguel, quien hace años que no tiene un hogar y elige dormir en la plaza, a la intemperie, o junto a la reja de la galería Almendral cuando llueve. "Somos varios y no tenemos colchones ni nada. A veces tenemos algo para taparnos y a veces no", explicó.
A Ricardo le dicen el Turco y hace tres años está en la calle. Duerme en Petra porque tampoco se sintió cómodo en el refugio, y argumentó: "Ahí tenés que entrar a las 9 de la noche y a las 6 de la mañana te tenés que ir. Cuando hace frío te conviene quedarte tirado en la calle y no tener que salir a esa hora".
Hace días está con los dos pies vendados y apenas puede estar parado. "Me agarró una ulceración. Me sacaron un turno para ver cómo está la circulación de sangre y estoy contento porque la doctora me dijo que me estoy curando. Trabajo con las estampitas, como la mayoría, pero ahora no puedo caminar mucho, así que hay días que me quedo sentado pidiendo una moneda para los gastos", señaló.
"La gente es muy bondadosa, pasan y te dan dinero, o te traen comida, que la verdad no sobra. A veces nos llegan cosas que nos sorprenden, como antes de ayer, que nos trajeron una bandeja con una picada que costará como 300 pesos, o nos traen unas pizzas bárbaras o hamburguesas", dijo, rescatando algún lujo que lo hace sentir menos excluido y hasta privilegiado de vez en cuando.
"Nosotros acá no gastamos en comida. La gente nos ayuda y están los comedores", sostuvo, antes de hablar de la adicción al alcohol que lo alejó de su familia y soltar su llanto, dejando en claro que sus carencias pasan por otro lado: "Quiero que mis hijos estén bien; uno está en Paraná y el otro vive en Buenos Aires y juega en Lanús. Me acuerdo de ellos y me pongo a llorar. Por ellos quiero empezar a trabajar, pero me dejé estar y la calle te atrapa", expresó, visiblemente angustiado.
Guillermo, el Chileno, también duerme en la galería Almendral. En los dos últimos años logró zafar de la calle un par de veces, con la contención de la gente de Suma de Voluntades primero y después cuando encontró el amor por un tiempo. Estar bien lo ayudó a conseguir un trabajo con el que pudo pagarse una pensión. Afeitado, bien vestido y sonriente, parecía otra persona, muy distinta a la que ahora anda en la plaza. "Estoy mal, tuve una recaída. Llevo cinco años en la calle y no me gusta estar así. Perdí un diente y me hice los estudios para un postizo, pero después me separé y dejé todo tirado. Yo había cambiado, estaba trabajando bien, pero no sé qué me pasa que estoy de nuevo como antes. El alcohol es un vicio que nos hace mal", explicó.
"Nos gustaría que el Estado nos dé una contención", acotó Jorge, oriundo de Cerrito, quien contó que allá vive su hermana, y que le gustaría volverse pero no tiene cómo.
Mientras estaban ayer sentados en un banco de la Plaza, tomando sol después de tanta lluvia, una señora les alcanzó un pedazo de tarta. Le agradecieron y se sentaron a compartir las porciones y un vino en cajita para que los ayudara a digerir no solo la comida sino también la realidad adversa que los hostiga. Reniegan del alcohol y sueñan con dejarlo, pero sin ayuda saben que será imposible superar esta enfermedad que los atrapó buscando un escape a un cruel destino de abandono y sufrimiento.
Luis Garay, defensor del Pueblo de Paraná, recordó a UNO que ya han hecho recomendaciones al municipio para que se haga un abordaje integral de la problemática de las personas en situación de calle, y señaló: "Creemos que no hay que abordar este tema desde el asistencialismo, sino desde la inclusión. Para eso hace falta tener un dispositivo que sea un centro de día, donde empiecen a encontrar su identidad y el saber por qué volvieron a la calle, porque no es solamente una cuestión económica. Obviamente que la crisis ha hecho que mucha gente ya no pueda pagar alquiler, pero hay muchas personas en situación de calle que tienen problemas afectivos, emocionales o sociales que de alguna u otra manera las llevó a esa situación".
"El Estado tiene que escucharlos para saber lo que necesitan. Estamos hablando de personas con sus derechos vulnerados. No creo que alguien una noche piense 'mañana me voy a vivir a la calle'. Pasan un montón de cosas en el medio y esas cuestiones no se están teniendo en cuenta. Se pueden abrir albergues para lo coyuntural y que en invierno no se mueran de frío, o comedores para que no pasen hambre, pero el problema sigue", dijo, y analizó: "Hay que trabajar con la persona en forma individual, aparte de lo social, para saber qué es lo que está necesitando para salir de esa situación. Se llama situación porque se puede cambiar, se puede revertir".
En este marco, manifestó: "Por eso creemos que hay que abordarlo con otra mirada, con equipos interdisciplinarios, con profesionales dispuestos a trabajar en el tema. En el Estado hay abogados, acompañantes terapéuticos, psicólogos y demás profesionales que puedan atender la problemática y acompañarlos en ese proceso".
Por último, reflexionó: "Entendemos lo coyuntural y rescato el valioso trabajo de Suma de Voluntades, pero creo que es el Estado el que tiene que abordar el tema, desde otra mirada y no solo desde el voluntariado, porque sino desliga su responsabilidad en las ONG".

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