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Escapar del seminario, la odisea de un chico por evitar los abusos

Un denunciante contó que Ilarraz se llevaba chicos a un departamento para abusarlos. Por entonces, 1989, la víctima, de solo 14 años, escapó entre el monte para evitar las vejaciones.

Miércoles 21 de Noviembre de 2012

Marcelo Medina / Redacción de UNO
mmedina@unoentrerios.com.ar

Salió agazapado. No quería que el cura Justo José Ilarraz se metiera otra noche en su cama y lo tocara. Le daba asco. Lo que había vivido a la tarde lo marcó para siempre. Ante cada paso, miró para los costados. Aprovechó cada árbol para esconderse: quería llegar al portón de ingreso al Seminario, que da a calle Don Bosco. Desde allí pensaba huir al norte entrerriano.
 

En diciembre de 1989 esa zona de Paraná estaba despoblada. Había poca luz y mucho monte. La noche lo asustó. Tenía solo 14 años. Si bien toda su niñez la vivió en una zona rural, jamás se había enfrentado a la oscuridad. No se animó a seguir. Volvió y se escondió en el estanque de agua, que esta atrás de la cocina. Allí durmió. A pesar del calor, tenía escalofríos. Se quedó ahí, pero no cerró los ojos. Por 20 años guardó su historia en la cabeza. En ese lapso atravesó dos intentos de suicidios y muchas sesiones con el psiquiatra.

A los Tribunales de Paraná llegó como testigo, pero su relato reveló que es una víctima del cura Justo José Ilarraz y también del actual arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, quien no atendió su pedido de auxilio. Él aseguró que si Puiggari hubiera actuado se podrían haber evitado nuevas víctimas.
 

El nuevo denunciante relató que en 1989, antes de su intento de fuga, le confesó a su director espiritual, Puiggari, que Ilarraz se metía en su cama, lo besa y lo masturbaba. La respuesta del arzobispo fue que los gestos de Ilarraz eran “mal interpretados”, que les hacía eso porque “los quería”. Ese día eligió cambiar de director espiritual. Se cruzó con Emilio Andrés Senger y le contó todo. El muchacho dice que Senger fue a hablar con Puiggari. “Discutían mucho”, recordó ante la mirada atenta de los fiscales.
 

Como método para evitar que Ilarraz lo masturbara, el joven, que hoy tiene 37 años, comenzó a hacer ruido en el pabellón cada vez que el cura entraba. De esta manera, Ilarraz lo sacaba del lugar. Esto le posibilitó observar cómo el sacerdote abusaba de otros chicos. También este testigo dice que llegó a ver momentos de sexo explícito entre el sacerdote y un seminarista.
 

La sensación de frío y las contracciones musculares que sentía tenían relación con la situación que había vivido a la tarde, cuando Ilarraz lo llevó junto a otros dos chicos en un Renault 12 a un departamento céntrico de Paraná. Dos son denunciantes, el restante tendrá que declarar en el futuro. Las escenas que relató son asquerosas, más aún porque los chicos tuvieron que mirar cómo otro era abusado. Tras los hechos vividos, volvieron al seminario. Este hombre, que por primera vez en su vida se animó a hablar, recordó que esa noche llegó, juntó sus cosas en una mochila y salió agazapado. No escapó. Volvió a la madrugada, el sol ya asomaba al este. Con 14 años, sus padres lo habían visitado solo para la fiesta de la Familia que se hace en octubre. Allí, se encontró con ellos, pero no se animó hablar. Estaban fascinados con Ilarraz. Sin embargo, se fue al pueblo, pero su familia le pidió que regresara. Volvió. Le habían dicho que Ilarraz no se le acercaría más, pero ocurrió todo lo contrario. En el campamento de enero en Córdoba le tocó ser testigo de otras violaciones. Hecho que significó su alejamiento definitivo del Seminario. Ahora espera justicia.

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