Paraná
Domingo 11 de Marzo de 2018

Es sastre y custodia los saberes de un oficio que se resiste a desaparecer

A pesar del avance de la industria textil, los trajes a medida son valorados. Sergio Sánchez es uno de los pocos expertos que quedan en la provincia.

En tiempos donde la industrialización fue ganando terreno, distintos oficios corren el riesgo de extinguirse. El de los maestros sastres es uno de ellos. Se trata de un trabajo exigente, para el que hay que prepararse adquiriendo conocimientos no solo de costura, sino de anatomía, geometría, matemáticas, colores, texturas, géneros, entre tantas otras cosas.

También hay que contar con la sensibilidad necesaria para interpretar al cliente y un gusto exquisito para poder proponerle cuál es la mejor opción de acuerdo al uso que le dará al traje quien lo encarga. "El sastre puede hacer prendas a medida en forma artesanal, y se dedica más bien a la parte masculina. Las modistas están más abocadas a las prendas de damas y de niños; es más general su trabajo", contó a UNO Sergio Sánchez, quien es uno de los últimos sastres en actividad de Paraná y cumple sobradamente con estos requisitos.

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Foto <b>UNO </b>Juan Manuel Hernández.&nbsp;
Foto UNO Juan Manuel Hernández.


Muchos de sus pares se fueron retirando con los años y las sastrerías, que en décadas anteriores eran comunes en la capital provincial, fueron desapareciendo. Trabajo no le falta porque hay un segmento de la población que queda excluido de las medidas estándares de la fabricación en serie de las fábricas textiles; además porque son numerosas las personas que por su profesión deben portar esta prenda y eligen una confección artesanal, como abogados, visitadores médicos, políticos, entre otros. También, porque para momentos únicos de la vida, como una recepción o un casamiento, hay quienes entienden que un traje a medida no puede faltar, ajustándose a los detalles de cada cuerpo, disimulando alguna asimetría, ofreciendo una caída perfecta que aporte estilo, elegancia y confort.

"Empecé en 1981 como cadete en la sastrería de don Benintende. Barría el piso, alcanzaba cosas. Después fui vendedor e iba aprendiendo cuestiones del oficio para asesorar a los clientes: qué largo de manga iba, qué tan ancho debía ser el pantalón. Más tarde fui aprendiz, hasta que se dio la ocasión, ya casado y con hijos chicos, de abrirme camino por mi cuenta. Hay que conseguir volú- menes, formas. Cuando arranqué no tenía idea de que esto existía, y otro sastre me volcó sus conocimientos", confió el hombre, que hoy tiene 53 años. Sobre la merma de referentes en su oficio, analizó que se debe a distintos factores: "Se empezó a industrializar mucho el traje, pero sobre todo, no se volcó el oficio a otros. Los sastres de antes aprendían de sus padres o de sus tíos, pero después a sus hijos los mandaron a estudiar otra cosa; otros fueron a la facultad de Rosario para formarse como Maestro Sastre, que era una tecnicatura de tres años y hoy se transformó en diseñador textil, pero más dedicada a la alta costura; otro eran de oficio, como yo", expresó.

Sergio con el tiempo fue comprando libros, que hoy atesora en su taller, y fue ampliando sus saberes. En el índice de uno de ellos pueden leerse los temas que aborda: Anatomía, Parte exterior del cuerpo humano, Conformación del hombre, Geometría elemental, El metro, Tabla de división de las medidas. Aunque fue editado a mediados el siglo pasado, no pierde vigencia. En sus comienzos tenía el taller en su casa y sin horarios hacía los moldes, cortaba, hilvanaba, cosía, y culminaba cada una de sus creaciones. Iba a lo de cada cliente para que se probara su traje, volvía y hacía correcciones.

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Foto <b>UNO</b> Juan Manuel Hernández.&nbsp;
Foto UNO Juan Manuel Hernández.

Sergio destacó la valiosa colaboración de su esposa, Viviana, que lo ayuda en su taller, ahora situado en calle Ecuador 90. Ella asegura que cuando se conocieron no sabía pegar ni un botón, y hoy disfruta acompañándolo y compartiendo el trabajo en ese espacio donde su compañero transforma un pedazo de tela en una bella y fina prenda que abraza el cuerpo de quien la viste.

No es una tarea sencilla: hacer un pantalón lleva unas 16 horas, un saco el triple de tiempo, sin contar lo que se dedica a hacer el molde, y cortar el género. Si alguien no conoce de telas, él explica las virtudes de cada una, y recomienda cuál es la mejor alternativa según si el atuendo es para uso cotidiano y para el trabajo o si su destino será para un evento puntual: "Se hace el traje respetando la forma anatómica de la persona. Según el gusto, la necesidad, para qué lo va a usar y qué efecto quiere causar. Si es para el trabajo tendrá que ser una tela fuerte, ya que en el día a día hay mucha fricción; si es para un evento en especial se puede hacer de una tela como pura lana, o súper 100, que tiene otra vista, otro confort, pero es muy frágil para utilizarla todos los días", explicó Sergio, y agregó: "Existen telas de lana, seda y lino, que son espectaculares para nuestro clima en cualquier época del año. Son fibras naturales, que dejan que la piel respire y son atérmicas, se pueden usar en cualquier época del año, con distinto espesor en meses más fríos".

Para poder culminar el trabajo que empezó con una charla con su cliente, para involucrarse en su diseño, Sergio pide un plazo de 30 días. Dentro de ese tiempo le va dando forma al traje: "Se hacen hombreras, mangas. La persona se lo prueba unas tres veces", indicó. Acerca de cuánto cuesta un traje a medida, señaló: "Tenemos que cobrar de acuerdo al medio donde estamos viviendo. En Buenos Aires deben estar pidiendo por un pantalón unos 3.500 o 4.000 pesos solamente la hechura, sin la tela, o sea que puede llegar a valer alrededor de 7.000 pesos. Acá nosotros cobramos la hechura de un pantalón 1.350 pesos, que con una muy buena tela y una buena forrería, va a salir cerca de 2.300 pesos". Asimismo, afirmó: Es un valor similar al que uno paga por un pantalón de confección de marca. Un traje bueno en el mercado vale 11.000 o 12.000 pesos, y eso es lo que sale también un traje a medida, que es un precio acomodado a nuestra sociedad para poder trabajar y poder desarrollar el oficio". "Antes se hacía todo a mano, el traje entero se cosía así, y quedaba una prenda totalmente distinta. Lo que pasa es que los tiempos de hoy no te permiten", rememoró con nostalgia el hombre que custodia los saberes de un oficio que se resiste a desaparecer.

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