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Enz, Rossi y Calderón Correa tres enfoques de una realidad

De la variedad de servicios y conocimientos que involucra el periodismo, seleccionamos tres miradas diferentes que revelan un universo de rebeldías contra la tendencia a ver en la prensa un apéndice del sistema

Lunes 05 de Junio de 2017

Con vistas al Día del Periodista nos permitimos este año rendir un reconocimiento a las mujeres y los hombres que ejercen el oficio de la comunicación social en las más diversas prácticas.

Nos concentramos para ello en tres colegas que, mirando desde ángulos diferentes, expresan un fragmento de la amplia gama del periodismo. Podríamos, claro, seleccionar otros de enorme significación. Amigos incluso y de talento. Pero los elegimos porque casualmente acaban de presentar libros que nos pintan bien, haciendo foco desde distintos tiempos y distancias, en el caso de Daniel Enz y Juan José Rossi, y sin tiempo ni distancia en Fortunato Calderón Correa.

Fortunato, nacido en Paraná y con residencia en La Picada; Daniel con cuna en Reconquista, Santa Fe, y casa en Paraná; Juanjo de General Arenales, Buenos Aires, y habitando en cercanías del Mocoretá. Hasta en lo geográfico, tres puntos de vista de un mismo paisaje.



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El eje torcido



Juan José Rossi hizo periodismo en los años 60 y 70 junto a plumas como Tomás Eloy Martínez. Hoy, con 84 años, acaba de publicar Historia saboteada de Abya yala, una obra de 600 páginas para reivindicar las culturas de nuestro continente y denunciar las mentiras sostenidas por 500 años por el poder invasor.

Rossi divulga por distintos medios los engaños del atropello europeo y europeísta, y sostiene que hoy persisten. No habla solo del pasado sino del presente con sus raíces.

¿No es el sistema impuesto hace 500 años el que permite que una persona concentre en pleno siglo XXI una propiedad de 1 millón de hectáreas en la Argentina? Los terratenientes, el capital financiero, la patente incluso de las semillas, son problemas actuales, y no podremos superarlos si no observamos las fuentes occidentales que justifican esta aberración.

Para asegurarse los títulos de propiedad han destruido las otras formas del conocer y de la organización social, o las han menospreciado hasta ridiculizarlas.

Juanjo Rossi dice y repite que la invasión europea le torció el eje histórico milenario a este continente y nuestra misión es enderezarlo, es decir, devolvernos al curso natural. Claro que será muy difícil esquivar los paradigmas europeos impuestos y naturalizados, sea en los medios masivos como en la universidad o las religiones preponderantes.

Así es como un periodista que hace medio siglo denunciaba el manejo de fondos en la cúspide de la Iglesia argentina llegó a ver algo más hondo: la complicidad de esa Iglesia en el genocidio de dos continentes y en el sostenimiento del capitalismo.


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Calderón
Calderón


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Patrañas del poder


Daniel Enz nos deja, en su obra El Clan, una serie de interrogantes en torno del funcionamiento del Estado con sus organismos permeables a la corrupción. Al describir a un político, Sergio Urribarri, describe a muchos. Al mostrar el funcionamiento de los partidos y los tres poderes, y sus vínculos con la patria contratista y el narcotráfico, nos está señalando la punta del témpano. No esperemos que lo desnude por completo. ¿Acaso necesitamos ese paternalismo, para conocer? Enz nos da la punta del ovillo, ¿no alcanza?

Cada página (de las 426) merece una respuesta del poder acusado, pero las respuestas posibles no llegan. Eso nos permite suponer que a la casta política, tan habituada a hablar o callar por conveniencia, no le conviene porque quizá la vía sea una confesión que es imposible sin quedar entre rejas. Se comprende entonces el silencio, mientras funcionarios, fiscales y jueces socios (ahí no hay amigos) ayuden un poco a zafar, es decir, cumplan lo que ha sido más o menos su rol en la historia reciente de esta "república".

El libro, redactado con valentía y alto riesgo lo mismo que su obra anterior sobre narcotráfico, ayuda también a preguntarnos por los vecinos honestos y de innegables propósitos comunitarios, con virtudes notables (incluso algunos de ellos con intención revolucionaria), caídos en el vicio de encolumnarse en personas y partidos que no los representan.

Uno huele una tendencia a la resignación que nos hace declinar de principios y metas, e ingresar en una disputa menor, estéril, un entretenimiento banal a bordo del Titanic.

Lo cierto es que, de la colonialidad que denuncia Rossi, Enz brinda ejemplos cotidianos en los acotados rubros de la política y la economía.


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Enz
Enz



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Sabiduría perenne



Fortunato Calderón Correa ha ejercido el periodismo por décadas, principalmente en Télam y en la agencia informativa AIM.

Acaba de editar una obra titulada A la luz de la tradición eterna, con 400 páginas de temas que parecen desconectados entre sí pero con un hilo conductor: la perspectiva no occidental.

Como Enz y Rossi, no entra en los cánones. A diferencia de pensamientos concentrados en los fenómenos al alcance de los sentidos, Calderón Correa toma como fuentes las tradiciones y filosofías del Abya yala (América), Asia y África, principalmente, y desde la metafísica nos permite mirar de otro modo a los acontecimientos del día y sus protagonistas.

Desde las tradiciones coincidentes de distintas culturas del mundo (sabiduría perenne) que aborda Calderón Correa, los periodistas deberemos entender que trabajamos en torno de personas, paisajes, ideas cambiantes, efímeras que son manifestaciones de una unidad suprema, como las gotas de lluvia y el mar. De modo que nunca seremos tan distintos unos de otros, y nunca podremos excluir al otro como si fuera de un mundo distinto.

Así, nadie será absolutamente malo ni absolutamente bueno. Todos seremos a la vez lo uno y lo otro, porque lo que parece distinto no está afuera de ese absoluto que compartimos.

Para recuperar el eje (según las inquietudes de Rossi), Calderón mostrará el reverdecer de saberes de nuestros pueblos del Abya yala, sean toltecas, tojolabales, aymaras, como en antiguas tradiciones de India, China o África o la propia Europa. No faltarán desde los más recientes y cercanos Tekumumán y Rodolfo Kusch hasta los más lejanos Shankara y Lao Tse.


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Rossi 
Rossi



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Antídotos



Con Enz constatamos que el poder miente, que la república está en veremos. Con Rossi, que la mentira panificada lleva 500 años en nuestro continente y no cesa ni da tregua, al contrario, se renueva. Con Calderón Correa vemos que nuestros propios conocimientos desinteresados, honestos, son una ilusión en la medida que no tomamos conciencia de su condición, es decir: que los fenómenos transitorios, a la vez que nos entretienen nos desvían de realidades profundas y nos empujan a conflictos inconducentes. Así, la liberación (en la que coincidimos tantos), pasará por quitarnos los ropajes colocados unos sobre otros; desnudarnos y romper incluso las fronteras entre el sujeto y el objeto para alcanzar el conocimiento.

Lo que equivale, en el periodismo, a buscar lo que hay atrás de lo que se mueve, a no quedarnos en la impresión, y menos en las tendencias o modas (para ello hay que tener espaldas, digamos, y olvidarse del éxito).

En sus planos, los tres periodistas panzaverdes nos llaman a desconfiar de lo establecido. Hay una rebeldía en Enz contra la corrupción del sistema, hay una rebeldía en Rossi contra el sistema, y hay una invitación en Calderón a oír los silencios de un mundo que está en nosotros pero oculto bajo los barullos y el apuro y la competencia de la dinámica actual.

Tres planos de una misma realidad. Desconfiar del poder. Desconfiar de occidente. Desconfiar de los frutos del genocidio, como el capitalismo o el Estado mismo. Y desconfiar incluso de la información que nos proporcionan nuestros sentidos, tan propensos a la medida y la cantidad. Desconfiar de los casilleros de la ciencia, de los compartimentos estancos y de las chapas que otorga el poder. Romper la agenda. Los tres nos llaman a prestar atención a la verdad que brilla en vías menos convencionales.

Recomendamos la lectura de El Clan, de Historia saboteada de Abya yala y de A la luz de la tradición eterna. Y saludamos a sus autores que, cada cual a su modo, rompe los límites impuestos al periodismo.


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